sábado, 25 de octubre de 2014

Primera norma legal sobre regulación de mutuales en la Argentina





Primera norma legal sobre

regulación de mutuales en la Argentina



Escribe: Felipe Rodolfo Arella*

            Al revisar, junto a mi hijo la tesis que presenté a la Universidad del Museo Social Argentino para obtener la licenciatura en Cooperativismo y Mutualismo, porque pensaba realizar una edición en CD, nos encontramos con que la cita de un libro estaba incompleta: faltaba la editorial, el año y lugar de impresión. La obra de Juan L. Páez, Derecho de las asociaciones, había sido muy consultado por mí para redactar la tesis, así que me molestó esa falta de precisión en la referencia bibliográfica. Recordé en qué bibliotecas había estado consultando bibliografías y me reencontré con el libro en la Biblioteca del Congreso.

            Ya con el libro en las manos comencé a recorrer su índice y allí hallé un apartado que hacía referencia a una normativa sobre mutuales. Voy al texto y me sorprendo al encontrar un decreto de 1938 que fue el primer ordenamiento jurídico dado en la Argentina sobre las características y funcionamiento de las mutuales.

            No podía comprender cómo ese texto se me había escapado, tres décadas atrás, al trabajar con la obra de Páez. Encontré una justificación a mi desaprensión en el hecho de que el tema de mi tesis no se orientaba hacia los aspectos jurídicos de la mutuales, sino hacia el rol educativo que debían continuar teniendo las mutuales dentro de cada una de ellas y en la sociedad; otra excusa, para justificar esa falta de interés en tan importante texto la encontré en que el motivo de la consulta del libro de Páez era distinguir a las mutuales de las asociaciones.

            El descubrimiento que estaba haciendo era verdaderamente increíble porque en la bibliografía disponible sobre antecedentes del mutualismo en la Argentina no se hace mención al decreto 3.320/38. Para corroborar la existencia material y legal de esa norma, recurrí inmediatamente a la sección reservada de la Biblioteca del Congreso  de la Nación y a la Biblioteca de la Inspección General de Justicia donde encontré la publicación del decreto en el Boletín Oficial como así también numerosos antecedentes sumamente valiosos para conocer y comprender el importante papel que jugaron las mutuales en más de ciento cincuenta años de la reciente historia social argentina.

            Ese decreto fue firmado por el Presidente de la Nación Roberto M. Ortiz el 29 de abril de 1938 y para su redacción se tuvo en cuenta un informe elevado por la Inspección General de Justicia (que era el organismo que otorgaba la personería a las mutuales) sobre el estado y desarrollo de las mutuales en el cual se recomendaba el dictado de una norma que regulara su fundación, organización y regulación.

            Los capítulos comprendidos en esa norma son: estatuto; clases de asociados; responsabilidades y derechos de los asociados; órganos de administración y fiscalización; tipos y régimen de las asambleas; mutuales constituidas en empresas; contabilidad; balances; estadísticas; fusión, reciprocidad en la prestación de servicios; constitución de federaciones; fomento del mutualismo por parte del gobierno y a través de la Inspección General de Justicia; constitución de un Comité Consultivo ad honorem dentro del mismo organismo; y otras disposiciones transitorias entre las cuales figuraba el plazo de un año para que las mutuales acomodaran sus estatutos y funcionamiento a las disposiciones del Decreto 3.320/38.

            Vale la pena señalar que este decreto fue tomado por el senador Francisco M. Álvarez para redactar su proyecto de ley en 1941.

            El silencio que cubrió ese decreto nos hizo pensar si la “historia oficial” (difundida por las repeticiones de los docentes y apologistas del mutualismo de los cuales  formamos parte) no estaba carente de una revisión y de una mirada más abarcadora de ese fenómeno social y solidario que es el mutualismo desarrollado en la Argentina.

………………
 


* Licenciado en Cooperativismo y Mutualismo por la Universidad del Museo Social Argentino; Magister en Educación Social y Animación Sociocultural por la Universidad de Sevilla; Diplomado en Ética Social, Liderazgo y Participación Ciudadana por la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla y la Fundación Aletheia.
Fue investigador a cargo del Área de Estudios en Cooperativismo y Mutualismo de la Universidad de Belgrano y directivo del Colegio de Graduados en Cooperativismo y Mutualismo.
Consultor de la PNUD; ensayista, docente y periodista.
Actualmente es Director del Instituto de Estudios del Pensamiento y la Acción Solidaria (IEPAS) organismo autónomo del CGCyM.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Empresas de capital y empresas cooperativas



De la empresa de capital
a la empresa cooperativa
Felipe Rodolfo Arella*

Este escrito ha sido realizado especialmente para la jornada de capacitación
de los asociados de Copegraf Ltda., cooperativa de trabajos gráficos y periodísticos, 
editora del diario El Independiente, de la ciudad de La Rioja,
a dictarse el 17 de octubre de 2014 en su sede social.

 
Las cooperativas de trabajo tienen como principal objetivo brindar trabajo a sus asociados para que éstos puedan tener recursos económicos que les permita mantenerse y atender las múltiples necesidades familiares. La seguridad que les brinda la empresa de la cuál ellos son al mismo tiempo dueños y trabajadores, debe estimularlos a mejorar constantemente sus habilidades profesionales, su educación y cultura personal. Todo ello será beneficioso para el grupo empresario, lo que le permitirá consolidarse en el mercado y ampliar sus horizontes productivos.

Es importante, desde el principio, conocer algunas particularidades que distinguen a una empresa de capital (unipersonal, sociedad anónima o de responsabilidad limitada) y una empresa cooperativa.

Las empresas de capital tienen un dueño, que puede ser una sola persona o un grupo de accionistas que aportan capital con la finalidad de obtener un beneficio económico. En consecuencia, esos aportantes pueden decidir cerrar las actividades cuando la renta recibida no sea la esperada. Sacando los pequeños talleres o comercios en que el dueño está directamente al frente del negocio, las otras empresas son administradas por gerentes o directores quienes no necesitan haber aportado capital para desempeñar sus funciones. Su rol en la empresa es obtener ganancias para los accionistas, para lo cual deben desarrollar productos y servicios que sean comprados por los consumidores los que siempre están predispuestos a exigir a sus proveedores mayor calidad, menores precios y novedades. Todo ello obliga a los empresarios a investigar directa o indirectamente sobre nuevos materiales, a aplicar procesos más eficientes y contar con personal permanentemente capacitado y leal.

Por su parte las empresas cooperativas en general se caracteriza por estar organizada sobre la base de personas que tienen determinados objetivos comunes, principalmente abaratar precios de los servicios y mercaderías (como las cooperativas de consumo o de provisión de electricidad, telefonía, agua potable, etc.) o contar con una prestación que nadie les brinda como, por ejemplo, agua potable, cloacas, acopio de productos agropecuarios, reciclado de residuos, transporte público, etc.). Hay, además, cooperativas de trabajo o de producción cuya finalidad principal, como señalara al principio, es dar trabajo a sus asociados.

Este tipo de cooperativas son las que requieren un mayor cuidado en su administración porque sus miembros son asociados, aportaron un determinado capital que los hace dueños de la empresa, tienen todos los mismos derechos y las mismas obligaciones; debe prevalecer la lealtad y el compromiso de cada uno con el colectivo porque de ello dependerá la continuidad de la organización y la estabilidad laboral de todos.

Problemas a enfrentar

Por falta de conocimiento de los qué es una cooperativa de trabajo los asociados discuten largamente acerca de sus roles, derechos y obligaciones basándose en los conceptos de solidaridad, democracia e igualdad.

La solidaridad en las cooperativas consiste en que cada uno acompañe a sus compañeros en el trabajo para que la organización se asiente en el mercado, crezca y brinde mayores servicios a sus integrantes. Ese acompañamiento debe terminar cuando alguno de los asociados no cumple sus obligaciones y se aprovecha de la buena voluntad de sus compañeros exigiéndoles beneficios que él no contribuyó a generar.

Los miembros de la cooperativa, principalmente las de trabajo, deben evitar que la idea de solidaridad los desbarranque hacia la complicidad con los que no cumplen sus obligaciones.

Muchos piensan, equivocadamente, que el criterio de distribuir a cada asociado según el esfuerzo realizado en la cooperativa es un principio liberal-capitalista y que para superarlo se debe imponer la práctica de una distribución igualitaria de los beneficios.

Si leemos de primera mano las obras de pensadores socialista, previos y posteriores a Marx y Engels, sabremos que el principio de distribución equitativa es defendido por ellos, como lo hace claramente Lenin en su obra El Estado y la revolución (1917).

Según el líder de la Revolución rusa, "El que no trabaja no come" es un principio necesario en el socialismo, fase preliminar de la evolución hacia la sociedad comunista. 

A través de esta consigna Lenin explica que en los estados socialistas sólo individuos productivos se puede permitir el acceso a los artículos de consumo. Tanto es así que el el artículo doce de la Constitución de la Unión Soviética de 1936 expresa:

El trabajo es en la URSS una obligación y una causa de honor de cada ciudadano apto para el mismo, de acuerdo con el principio de «el que no trabaja, no come».
En la URSS se cumple el principio del socialismo: «De cada uno, según su capacidad; a cada uno, según su trabajo». 

Este concepto también lo comparten los anarquistas y tiene sus raíces en el Nuevo Testamento: Segunda Epístola de San Pablo a los tesanolicenses:

3-10 Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma.
3-11 Porque oímos que algunos de entre vosotros andan desordenadamente, no trabajando en nada, sino entremetiéndose en lo ajeno.
3-12 A los tales mandamos y exhortamos por nuestro Señor Jesucristo, que trabajando sosegadamente, coman su propio pan.

Consideré necesario detenerme un instante en esta cuestión porque en ella anidan los conflictos dentro de las cooperativas de trabajo y nadie, ninguna persona, sea o no miembro de una cooperativa o cualquier otro tipo de organización pública o privada tiene derecho a vivir de lo que otros producen. Quien tiene ese comportamiento es un parásito para la sociedad.

¡Pero atención, no nos confundamos! Hay momentos en la vida de cualquier persona que necesita del auxilio de los otros para conservar la vida. En ese caso sí es válido recibir ayuda, como cuando cayó maná del cielo o cristo multiplicó los peces. Debemos recordar, además, que el mutualismo tiene sus orígenes en la atención de los compañeros sin trabajo o de las viudas y huérfanos de los compañeros muertos, pero éstos estuvieron aportando regularmente la contribución requerida para que se pudieran atender esas necesidades.
Aclarado este punto, analicemos rápidamente el tema de la igualdad.

Todos los asociados son iguales en la cooperativa. Así lo establece la tradición, los principios y la ley. La igualdad se manifiesta en el momento de votar en las asambleas o en los consejos de administración si se integra ese órgano social. También se exterioriza la igualdad en que ningún asociado goza de privilegios sobre el resto del colectivo por más capital que hubiere aportado o si es fundador de la entidad. Otra manera es que cualquier asociado puede elegir y ser elegido para los cargos directivos y de fiscalización y también puede opinar y peticionar dentro de las disposiciones estatutarias y reglamentarias.

También hay igualdad si se le cobra al presidente u otra autoridad la prestación de un servicio cualquiera. 

En conclusión, en las cooperativas todos son iguales en cuanto a sus derechos, obligaciones y oportunidades de crecimiento en la cooperativa.

Pasemos ahora a explicar el tema de la democracia.

La democracia es un sistema político basado en la participación ciudadanos en las cuestiones del Estado. Hay distintos tipos de democracia: 

a)    Democracia directa cuando el número de la población es pequeño y todos los ciudadanos pueden emitir su opinión y su voto de manera directa sin recurrir a intermediarios.
b)    Democracia representativa, cuando los ciudadanos deben elegir sus representantes para que legislen y administren el país. Es la más común porque el gran número de ciudadanos en los países hace imposible la participación directa de todos.
c)    Democracia calificada o aristocrática, en la cual solamente los ciudadanos que reúnen determinadas condiciones están en condiciones de elegir a sus gobernantes y legisladores.

En las organizaciones sociales como cooperativas, mutuales, clubes, asociaciones civiles impera la democracia directa, salvo en los casos en que esas instituciones tengan un gran número de asociados en un solo distrito o que tengan varias filiales en distintas partes del país. Entonces la ley establece la elección de delegados con derecho a asistir a la asamblea en representación de los consocios de su región.

Las cooperativas de trabajo de primer grado son, por lo general, entidades de pocos asociados que trabajan conjuntamente en un mismo lugar, por lo cual se aplica en ellas la democracia directa en la que todos los socios tienen un solo voto.

Pero cualquiera fuera el tipo de democracia que se aplica en un país o en una organización no lucrativa, la consolidación del sistema se logra cuando se respetan las disposiciones legales y estatutarias y hay una renovación periódica de autoridades.

 Problemas de la administración

Administrar cualquier tipo de organización, pequeña como una familia o grande como el Estado es algo complejo. Tan complejo es administrar que aún para uno mismo resulta dificultoso. ¿Cómo administro mi tiempo y mis recursos económicos?

En las organizaciones la administración consiste en programar el uso de los recursos, las actividades de las personas vinculadas, el tiempo demandado por cada tarea y la venta de lo realizado. Para que la administración sea eficaz es necesario establecer controles en determinadas etapas para verificar cantidad y calidad y saber si se está cumpliendo con la rutina programada.

No hay administración eficaz sin controles adecuados. Si nos damos cuenta tarde que algo no anduvo bien, habremos perdido dinero y credibilidad ante nuestros clientes y proveedores. Por esa razón es conveniente recordar siempre las recomendaciones que siguen:

·        Ninguna empresa puede desempeñarse mejor que la capacidad que posee sus miembros en toda la estructura.

·        El rendimiento de las personas está directamente relacionado con el nivel de educación y capacitación de cada una de ellas.

·        Decisiones tomadas sobre la ubicación de cada persona en la estructura organizacional determinará la calidad de sus productos y servicios, como también la continuidad de la empresa en el mercado.

·        Ninguna persona está capacitada para desempeñar eficazmente cualquier cargo. Cada cual es más apto para algunas funciones que para otras. Si se desea promover a alguien a un nuevo cargo, deberá saberse si está capacitado para el mismo y si desea ocuparlo.

·        Toda organización influye, inevitablemente, en el desarrollo de las personas: las ayuda a crecer o las atrofia; las forma o las deforma.

·        No se debe designar príncipes herederos.

·        Quienes tienen la responsabilidad de administrar no deben encandilarse con los jóvenes “que prometen”. Deben fijarse siempre en el desempeño previo, no en las posibles futuras realizaciones.

·        No se debe designar a ninguna persona en un cargo si no tiene talento para desempeñarlo.

·        Cada cooperativa de trabajo tiene que establecer un sistema de compensación económica sus asociados de acuerdo al cargo que ocupe. Las convenciones colectivas de trabajo, en las que se establecen los niveles mínimos de salarios, condiciones laborales, derechos de los trabajadores son una excelente fuente de consulta para dirimir las controversias en la distribución de los excedentes.

Formación de equipos

Una cooperativa es eficiente cuando todos sus asociados se sienten comprometidos con la organización y toman conciencia que su éxito personal depende del éxito del conjunto. Ese sentimiento se va manifestando cuando se trabaja en pequeños equipos porque el pequeño grupo permite un contacto más cercano entre los compañeros de trabajo.

Para los administradores la formación de equipos no resulta una terea fácil.; más bien es un trabajo duro y tiene que realizarse sistemáticamente. Algunas claves:

·        Partir teniendo en cuenta las tareas, no las personas.
·        Se debe ubicar a las personas más hábiles en el desempeño eficiente de cada tarea.
·        Cada equipo debe saber qué debe hacer y que su obra tiene como destinatario otro equipo que depende de él.

No es fácil que en los equipos haya unanimidad de pensamientos y de intereses, pero sus miembros deben tener en cuenta que es necesario realizar las acciones pertinentes para alcanzar el objetivo del sector. Por eso es importante que se combínenlos rendimientos y talentos individuales de sus miembros para obtener un resultado conjunto.

Tanto el líder de un equipo como los administradores, jamás deberán olvidarse que está dirigiendo personas.

Toda persona que durante años realiza la misma tarea durante muchos años se aburre, pierde interés en lo que hace y baja el rendimiento. Por eso en necesario que los administradores planifiquen un sistema de rotación de los trabajadores en distintas funciones, de acuerdo a sus capacidades.

Para que un plan de rotación de las personas sea eficiente es necesario que vaya acompañado de un sistema de capacitación permanente de los asociados y de una etapa de entrenamiento en el nuevo sector antes de ser designado en el cargo.

Elección de los directivos

En las cooperativas de trabajo los directivos asumen una responsabilidad trascendente: la de brindar trabajo a sus compañeros y que puedan tener altos retornos para que puedan satisfacer los requerimientos personales y familiares.

Por eso los asociados, en el momento de elegir las autoridades de la cooperativa, deben pensar en la idoneidad y condiciones éticas de los candidatos.

En las empresas de capital, principalmente en las sociedades anónimas, los accionistas delegan a un directivo o a un comité la conducción de la empresa y se desentienden de lo que éste haga para mantener activa y floreciente la organización. No conocen a los trabajadores ni les importan sus problemas. Si hay que contratar más personal es un problema del directivo, como también lo es si se debe despedir a los trabajadores. Lo que le interesa a los accionistas es el rédito que recibirán por cada peso invertido.

Las cooperativas, en cambio, quienes aportan el escaso capital de trabajo son los mismos usuarios de los servicios brindados por la entidad y en las cooperativas de trabajo son, además, sus trabajadores. Por lo tanto, cuando se eligen a las autoridades tienen que tomar en cuenta lo señalado más arriba: idoneidad y ética.

Como nadie puede saber de antemano cómo actuarán las personas cuando tienen un cargo, es importante controlar la gestión. Ese control se debe realizar a través del síndico y esta persona también debe ser elegida con los mismos recaudos. Al síndico deben recurrir los asociados apenas perciban algún desajuste en el normal desempeño de la cooperativa, como pérdida de clientes, incremento de los gastos, designación de personas no calificadas en cargos sensibles, entre otras cuestiones.

Las personas que han trabajado en empresas de capital y se asocian a una cooperativa de trabajo tienen dificultades en entender cómo funciona esa organización. Solamente la práctica cotidiana les permitirá descubrir los secretos de la cooperación y las grandes responsabilidades que tienen con sus compañeros de trabajo.

No existen manual ni clases de concientización para quien entra a la cooperativa con ideas equivocadas acerca del rol de la entidad y de sus propias funciones, derechos y obligaciones. El neófito debe ingresar con humildad para aprender y con el convencimiento de que si el trabajo cooperativo no es lo que buscaba, se retirará de la entidad en busca de otras formas societarias o del trabajo personal.

Por último, los directivos deben establecer actividades permanentes de capacitación laboral. Si los directivos se olvidan, los asociados trabajadores deben exigir que se los capacite para un mejor desempeño laboral.


* Licenciado en Cooperativismo y Mutualismo por la Universidad del Museo social Argentino; Magister en Educación Social y Animación Sociocultural por la Universidad de Sevilla; Diplomado en Ética Social, Liderazgo y Participación Ciudadana por la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla y la Fundación Aletheia.
Consultor de la PNUD; ensayista, docente y periodista.