sábado, 13 de septiembre de 2014

De lo local hasta lo internacional

De lo local hasta lo internacional

                                                                 Autores: Mter. Felipe Rodolfo Arella*
                                                                                Dra. Alicia Susana Rovella**

La elección del título se corresponde plenamente con la tesis que presentamos aquí sobre el desarrollo local y la participación que las organizaciones intermedias deberían tener para su logro teniendo en cuenta la proyección internacional de sus emprendimientos, fueran éstos productivos, de servicios o culturales-educativos.

Vivimos en una época que se caracteriza por dos circunstancias novedosas: la posmodernidad y la globalización.

            La posmodernidad es un producto cultural que tiene como paradigma la inestabilidad y la inconsistencia. Es, podríamos decir, la cultura “light”.

            La globalización es el resultado de los avances científicos y tecnológicos incorporados a los procesos productivos y de servicios, los cuales trascienden las tradicionales fronteras nacionales.

            Ambos procesos tienen como soporte la tecnología informática de los multimedias: radios, diarios, televisión, telefonía celular, computación, Internet, y ellos están modificando la socialización en las distintas comunidades. Precisamente, la falta de espíritu de grupo, de sentirse parte de un todo conformado por otras personas, atenta muchas veces contra el desarrollo comunitario.

           

Con acierto dice Colomer Viadel (1993):

            Un sentimiento de seguridad física, psicológica, se refleja a medida que el hombre se siente más integrado en el grupo (sea éste de cualquier índole). Si forzamos al hombre a ir más allá de los límites de sus posibilidades físicas o mentales; si le atemorizamos con el manejo de su persona como un utensilio o una herramienta de la que en cualquier momento se puede prescindir, estamos destruyendo o desintegrando los asideros comunitarios del fenómeno humano, y si se acaba la armonía entre lo personal y lo comunitario, erosionamos gravemente a ambos. (pág 41).

El feroz individualismo que se ha incorporado en la cultura universal a partir de mediados del siglo pasado y acrecentado desde la caída del muro de Berlín ha hecho que muchas personas, que antes de esa época tenían como modelo de vida el trabajar en una fábrica o en el Estado, quieran ahora ser sus propios empresarios. Ello fue impulsado adecuadamente por una constante prédica originada en los centros de poder con el objeto de desligarse de las responsabilidades sociales que la legislación social les había impuesto.

      Consecuentemente, el estado actual de penuria de muchos pueblos, no sólo de los países subdesarrollados sino en los mismos países superindustrializados, no se debe exclusivamente a la tecnología ni a la posmodernidad, sino a una nueva práctica propia del capitalismo financiero que encontró una nueva forma de crecer sin tener empresas ni muchas personas en relación de dependencia. Ahora tiene “empresas” que le venden bienes y servicios.

            Manuel Castells señala, al hablar de las estrategias que aplican las personas para poder sobrevivir, que existen cuatro nuevas formas de marginalidad: a) Trabajadores asalariados del sector “tradicional” de la economía; b) pequeños comerciantes y artesanos; c) vendedores de su fuerza de trabajo a otras personas; d) vendedores de sus cuerpos. Todos ellos se creen “independientes” porque piensan que administran su tiempo de trabajo y que pueden dejar a su contratante cuando lo deseen.

      Podemos ver, entonces, que el tejido social se ha abierto extremadamente y que los vínculos entre las personas son muy laxos. Ante esta situación, ¿cómo se puede alcanzar un desarrollo social sostenible? Creemos que esa es una responsabilidad de las entidades intermedias (cooperativa, mutuales, asociaciones y sindicatos) y de ciertos actores sociales de predicamento y protagonismo social.



¿Es culpable la tecnología?

  Las nuevas tecnologías, principalmente las que actúan en la informática y en los procesos productivos, han modificado la manera de hacer los bienes y de prestar los servicios y por ello se concitan temores. Pero también pueden alumbrar esperanzas en nuestras sociedades en crisis. Se debate su contenido específico y se desconocen en buena medida sus efectos precisos, pero apenas nadie pone en duda su importancia histórica en el cambio cualitativo que introducen en nuestro modo de producir, de gestionar, de consumir, de aprender, de vivir y hasta de morir.

            Esa tecnología nos permite estar conectados con cualquier parte del mundo, con lo cual los negocios, las inversiones, las decisiones políticas y económicas tomadas en un lugar cualquiera del planeta tienen efecto inmediato en una o varias regiones del mundo. También un pequeño empresario puede utilizar los nuevos soportes de la comunicación para hacer negocios de importación y exportación de bienes y servicios. Solamente tiene que estar capacitado para ello.

       Frente a esa homogeneización de costumbres y procesos económicos ¿qué pasa con la cultura y la economía nacionales, ya sea de la Argentina, del Uruguay, de Chile, de Francia o del Japón? ¿Qué pasa con las tradiciones culturales, con la producción y consumo de bienes de cada país?

            Ese es el gran problema. Es allí donde lo nuevo y lo tradicional se enfrentan de manera despiadada y despareja porque lo nuevo tiene el apoyo de la tecnología, del capital y de personas entrenadas en la competencia.

            Si bien todas las culturas se modifican con el transcurso del tiempo, muchos de sus antiguos rasgos tienden a conservarse y eso es lo que hace diferente la cultura de una nación de la de otra. Esos cambios fueron consecuencia de los impactos que cada nuevo aporte tecnológico producía en la sociedad a poco de su aparición. Esa transformación cultural no se daba de la manera acelerada con que se presenta en la actualidad. Había un ritmo más lento y menos radical en el proceso y cada comunidad podía ponerle su acento particular. Hoy, prácticamente, ya no existe tiempo para amortiguar el impacto de lo nuevo y se tienen que incorporar de inmediato porque, de lo contrario, las sociedades y las naciones quedarían rezagados al cabo de pocos años.

            Si eso pasa en el nivel internacional, ¿qué nos puede llegar a pasar a nivel nacional, en una de nuestras provincias o, más local aún, a nivel de cualquier ciudad del interior o de un barrio de la ciudad de Buenos Aires?

            Pasará que si en la localidad del interior no nos ponemos en la misma frecuencia que el mundo, quedaremos afuera. Para ello es necesario que haya un acuerdo social de todos los interesados, buscando la integración, inclusive, con los diferentes y rechazar el carácter inevitable de la confrontación y el aniquilamiento entre los pueblos, al servicio sólo de los intereses de ciertos grupos dirigentes.



Entidades intermedias

            Consideramos entidades intermedias a toda organización civil que se encuentra ubicada entre el individuo-familia y el Estado con el fin de acercar posiciones y organizar acciones que permitan un entendimiento recíproco entre ambas partes. Entre ellas predominan tres importantes grupos: las cooperativas como empresas que desarrollan actividades económicas; las mutuales que actúan en el ámbito asistencial; los sindicatos, que proyectan mejores condiciones laborales  y remunerativas de los trabajadores en relación de dependencia. También están las asociaciones profesionales, de consumidores y sociedades de fomento, entre otras.

            ¿Cuál es el rol de las entidades intermedias?  Fundamentalmente propiciar el desarrollo integral de la persona humana “para producir un adecuado cambio local, nacional e internacional, según sus propias esferas de competencia y especificación en algunos de los sectores del saber.” [1]

            Las entidades intermedias deberían ser un ejemplo de prácticas democráticas, entendiéndose por ello que no basta el cumplimiento de las elecciones periódicas de sus autoridades, cosa que se hace normalmente, sino de la renovación de éstas en sus cargos, cosa que no se hace habitualmente.

            También es necesaria la capacitación permanente de los dirigentes porque, como venimos señalando, los cambios en la sociedad global son muy acelerados. Este tópico se ensambla con el anterior; por más actualización de conocimientos alcance un dirigente que lleve varios lustros en la conducción de la entidad, su visión del mundo tendrá el contrapeso de sus prejuicios y de su formación anterior.

            ¿Cómo pensar, entonces, en el desarrollo local? Hay que pensarlo como el resultado de una serie de acciones que tienen que estar correlacionadas con lo que ocurre a nivel nacional y mundial. En estas acciones el periodista local tiene un importante rol que desempeñar porque debe estar atento para reflejar las innovaciones, alertar sobre los peligros de las malas prácticas y dar a conocer los nuevos productos y servicios en otras regiones del país y, de ser posible, del mundo.

            Por ejemplo, el establecimiento de una agroindustria en una pequeña localidad del interior tendrá éxito si sus productos responden a determinadas exigencias de calidad intrínseca y de calidad del proceso general, el que no debe provocar impacto ambiental negativo. Si el producto es de buena calidad, si está realizado con materia primas orgánicas, pero el establecimiento contamina el ambiente, puede encontrar las puertas cerradas en el exterior.

En la actualidad hay que pensar globalmente para poder desarrollarse localmente.



El compromiso de la red social

El desarrollo local puede lograrse si existe un compromiso explícito o tácito de toda la comunidad, que comprenda a las autoridades políticas municipales, los empresarios, los trabajadores, las familias, a la gente mayor, a los jóvenes y a los niños y las organizaciones intermedias. Ese compromiso debe estar sostenido por un proceso educativo integral, tanto formal (escuela primaria, colegio secundario) como informal (cursos de actualización profesional continua, de capacitación laboral, de divulgación) organizados por las empresas y entidades intermedias.

No pueden quedar fuera de este compromiso otros actores de la sociedad organizada: escuelas, hospitales, iglesias, bibliotecas públicas, bomberos, policía, empresas de servicios públicos, bancos y cámaras empresarias.

Afortunadamente en la actualidad se está valorizando y preservando el medio ambiente, que es otro capital social que tanto particulares como el Estado deben actuar de manera tal que permita utilizar sus potencialidades sin generarle escasez a las futuras generaciones.


La educación

            Hicimos referencia a la necesidad de una tarea educativa dinámica y diversificada para poder sostener alguna forma de desarrollo local. Son muchas las voces que se escuchan acerca de la necesidad de educarse para poder entrar en el mercado laboral. Eso es cierto, como también lo es la necesidad de la actualización profesional o la capacitación específica para desempeñarse mejor en la tarea que tenemos asignada.

            Detengámonos en este punto: la educación y la capacitación deben realizarse siguiendo una política de largo plazo en la materia y para trazar esa política hay que tener objetivos que alcanzar.

            Esos objetivos no tienen por qué ser de tipo macro: la educación nacional, la educación provincial. Puede haber muy válidos objetivos micro: la educación que responda a las necesidades inmediatas del municipio y su comunidad. Ello no quiere decir que no se deba estudiar la historia de Europa o la geografía de África o la historia de la filosofía. Muy por el contrario, se debe estudiar todo eso y más porque estamos en un mundo globalizado y hay que conocerlo. Lo que pretendemos es que, por un lado, se detecten necesidades concretas de la comarca y que, aparte de conocer las necesidades, se elabore una política de crecimiento regional para poner énfasis en educar para satisfacer esas necesidades y tener personas preparadas para que sean protagonistas en el logro del objetivo de crecimiento.

            Así se hizo en el siglo pasado cuando, ante la necesidad de tener maestros se elaboró la política de los estudios pedagógicos y se abrieron los colegios normales de donde egresarían los docentes. Otro tanto ocurrió cuando la Argentina comenzó a sustituir importaciones durante la Segunda Guerra Mundial y había necesidad de técnicos industriales. Se elaboró toda una política conducente a la apertura de las escuelas industriales de donde salieron, no sólo jóvenes especializados en distintas técnicas, sino muchos de los empresarios que tuvo el país.

            Por su parte las universidades deben prestar asistencia científica a los gobiernos municipales y entidades intermedias para desarrollar programas productivos y sociales. El conocimiento universitario es sumamente valioso en la concreción de los objetivos locales.

Las entidades intermedias y los organismos oficiales, como así también las instituciones religiosas y de seguridad deberían volver sus miradas hacia los adultos semianalfabetos que abundan en nuestro territorio. La Argentina tiene una larga tradición en la educación primaria de los adultos. Queremos traer a la memoria las disposiciones de los artículos 11 y 12 de la Ley de Educación Común N° 1.420, sancionada en 1884:

            En el tercer párrafo del artículo 11 podemos leer:

"Escuelas para adultos, en los cuarteles, guarniciones, buques de guerra, cárceles, fábricas y otros establecimientos donde pueda encontrarse ordinariamente reunido un número, cuando menos, de cuarenta adultos ineducados.” 

            Y en el artículo 12 se establece:

  "El mínimun de enseñanza para las escuelas ambulantes y de adultos, comprenderá estas ramas: Lectura, Escritura, Aritmética (las cuatro primeras reglas y el sistema métrico decimal), Moral y Urbanidad, nociones de Idioma Nacional, de Geografía Nacional y enseñanza de los objetos más comunes que se relaciones con la industria habitual de los alumnos de la escuela.” [2]

            Esta preocupación por la educación de los adultos y de los niños mayores de 14 años que estuvieran trabajando en relación de dependencia permitió a numerosas personas mejorar su status social y económico.



La propiedad privada y la propiedad social

            Creemos firmemente que el hombre sin propiedad privada, y de los medios de producción no puede llegar a ser un hombre libre. El cooperativismo y el mutualismo son formadores de hombres libres que son propietarios de sus empresas económicas y asistenciales.

            Pero la propiedad privada no garantiza la armonía social porque no todos están en condiciones o interesados en gozar de la propiedad privada. De ahí la necesidad de la propiedad social representada en los servicios que debe prestar el Estado en educación, salud, transportes, vías de comunicación, energía eléctrica, suministro de agua potable y cloacas.

            Dentro de este acápite queremos referirnos a la importancia que tiene, para el desarrollo local un programa de viviendas populares con precios subsidiados por el Estado. La mejor calidad de vida de los pobladores garantiza la salud, una mejor alimentación y un ámbito para el estudio. Es ridículo pensar en grandes planes educativos para niños que viven en precarias casillas en villas miserias, sin un espacio mínimo para el estudio.

            En los programas de vivienda popular deben participar las entidades intermedias, la escuela y las iglesias de los diferentes cultos que tengan los destinatarios del programa. Sus beneficiarios deberían encontrarse en alguno de los cuatro grupos de trabajadores que Castells considera como marginales y a los cuales hicimos referencia más arriba.

            Podemos señalar que el cooperativismo argentino de viviendas viene cumpliendo un importante función social y de desarrollo local desde su aparición a principios del siglo XX. Numerosos barrios obreros fueron construidos por cooperativas integradas por los mismos destinatarios, así como también cooperativas y mutuales de empleados públicos, de las fuerzas armadas y de seguridad construyeron viviendas o facilitaron el crédito para que sus asociados pudieran tener su propia vivienda.

            Un ejemplo de esa labor se puede encontrar en las cooperativas asociadas a la Federación de Cooperativas de Viviendas de La Matanza, uno de los partidos del Gran Buenos de mayor densidad poblacional. (3)

            La Argentina cuenta actualmente con más de un 34 por ciento de su población que ha perdido su estatus socioeconómico en los últimos veinte años. Se incrementó la población de pobres, de subocupados y desocupados en todo el territorio nacional y la educación, que era el camino por el cual se podía ascender en la pirámide social, no puede contrarrestar, por sí misma los embates que la concentración de la riqueza produjo contra las clases menos pudientes de la sociedad.



(3) Puede verse en la página web de la Universidad de Belgrano (www.ub.edu.ar) Departamento de Investigación, el Documento de Trabajo N° 136: Arella, Felipe Rodolfo “La vivienda popular. Aspectos antropológicos y sociales de las cooperativas de viviendas”, Buenos Aires, 2006.



Incidencia de la pobreza e indigencia en el total urbano EPH y por región estadística

Primer semestre 2006





Región
Hogares bajo la línea de indigencia
Personas bajo la línea de indigencia
Hogares bajo la línea de pobreza
Personas bajo la línea de pobreza
Total urbano EPH
                               8,0
                         11,2
                           23,1
                      31,4
Cuyo
                               6,5
                           8,7
                           23,0
                      30,0
Gran Buenos Aires
                               7,6
                         10,3
                           21,8
                      29,4
Noreste
                             15,3
                         21,3
                           39,7
                      51,2
Noroeste
                             10,8
                         15,4
                           34,9
                      45,8
Pampeana
                               7,4
                         10,3
                           20,0
                      27,5
Patagonia
                               5,4
                           6,9
                           14,3
                      18,8





Nota: en la región Patagónica las estimaciones están sujetas a coeficientes de variación superiores al 10%




Fuente: INDEC Encuesta Permanente de Hogares, Primer Semestre de 2006



            Otros casos de actividades cooperativas que produjeron impactos positivos en comunidades del conurbano bonaerense y del interior del país los hallamos en las cooperativas de servicio telefónico y suministro de energía eléctrica las que, en estos últimos años de crisis económica bonifican a sus asociados cuando tienen dificultades para el pago de los servicios.

            Dentro del campo del mutualismo las entidades que prestan atención médica a sus asociados cumplen una función social en localidades en las cuales muchas veces carecen de la asistencia médica que debería prestar el Estado.
            La articulación de estas organizaciones entre sí y con instituciones públicas, indudablemente contribuirá a generar desarrollo local sostenible un cualquier región del país si existe una voluntad manifiesta de sus pobladores en mejorar su actual situación socioeconómica.

Conclusiones

La cultura posmoderna ha influido profundamente sobre la mente de los hombres de esta última etapa del siglo y, naturalmente, sobre los dirigentes de las diferentes organizaciones sociales: partidos políticos, organizaciones sindicales y empresariales, clubes deportivos, cooperativas, mutuales, entre otras muchas.

            Los psicólogos y sociólogos vienen detectando una preocupante sensación de vacío y de angustia en un número creciente de personas por las pérdidas de expectativas. Ello lleva a la pérdida del sentido de pertenencia y a la falta de solidaridad entre los individuos de un mismo grupo, por lo cual se acrecienta la impresión de crisis generalizada.

El periodismo como institución y el periodista como persona que vive diariamente las alegrías, problemas, vicisitudes y esperanzas de la gente de su ciudad, tiene el compromiso de informar y orientar en el análisis hacia adentro de la sociedad y difundir hacia fuera lo que esa misma sociedad tiene y produce, para conectarla con el mundo. 

            Sin embargo, la crisis no es sinónimo de muerte y de ella siempre ha surgido algo nuevo y enriquecedor si es que estamos dispuestos a introducir cambios en los modelos conocidos, cambios que sean el resultado de un análisis de la situación y elaborado conscientemente por nosotros. No el cambio por el cambio mismo porque ello nos incrementará la angustia, el vacío.

            Cada comunidad tiene que fortalecer sus vínculos de solidaridad, quizá con otros objetivos, con otros incentivos o con otras formas de relacionarnos grupalmente. De esa manera será posible crecer individual y colectivamente porque no hacerlo puede significar el atraso, el quedar afuera, el no ser.

            No hay recetas para encarar ese cambio ni fórmulas para el desarrollo local. Habrá cambios y desarrollo si la comunidad llega a un acuerdo generalizado que permita definir su futuro a través de las acciones concertadas de las entidades intermedias y los poderes públicos.

            Es necesario recordar el pasado para no repetir los errores y no hay que apostar al olvido porque ello nos lleva al no compromiso y hoy, aquí y en cualquier otro lugar es necesario volver a estar comprometido con la comunidad, con las organizaciones, con la familia y con uno mismo.


Bibliografía

Arella, Felipe Rodolfo “La vivienda popular. Aspectos antropológicos y sociales de las cooperativas de viviendas”, Universidad de Belgrano, Documento de Trabajo, Buenos Aires, 2006

Arella, Felipe Rodolfo Asociativismo Empresario, un método para enfrentar con éxito la globalización ; Edición Colegio de Graduados en Cooperativismo y Mutualismo de la República Argentina, Buenos Aires, 1997.

Arella, Felipe Rodolfo  y Sosa, Juan Federico Agroindustria cooperativa; Editorial Felro, Buenos Aires, 1987.

Carlisky, Néstor J., Katz de Eskenazi, Kijak, Moisés  Vivir sin proyecto, psicoanálisis y sociedad posmoderna, Editorial Lumen,Buenos Aires, 1998.

Castells, Manuel Capital multinacional, Estados nacionales, Comunidades locales, Siglo XXI, México, 1987

Colomer Viadel, Antonio El retorno de Ulises a la comunidad de los libres, Ediciones ¨Madre Tierra¨, Nossa y J. Editores, Madrid, 1993.

Chomsky, Noam y Dietrich, Heinz  La sociedad global, Educación, Mercado y Democracia, Editorial Contrapuntos, México, 1997.

King, Alexander y Schneider, Bertrand La primera revolución mundial, Plaza y Jamnes Editores, Barcelona, 1992.

Orlando, Juan Carlos y Steiger, Carlos Agronegocios, un desafío para el crecimiento argentino, Edición Colegio de Graduados en Cooperativismo y Mutualismo de la República Argentina, Buenos Aires, 1998.

Palumbo, Carmelo E. Vigencia actual de las organizaciones sociales intermedias CIES, Fundación Aletheia, Organizaciones sociales intermedias – Propuestas para una eficiente gestión del desarrollo, Cuartas Jornadas Nacionales sobre Ética y Economía;  San Francisco, Córdoba, 18 y 19 de setiembre de 1996; Buenos Aires, 1997.

Pontoriero de Baglivo, Josefina: Historia del desarrollo social en la Argentina; Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 2000.



Resumen de la ponencia

           En esta época nos ha tocado vivir en una sociedad en la que los cambios económicos, científicos, culturales, tecnológicos se producen aceleradamente. Este fenómeno, que ha sido caracterizado como de globalización económica, se complementa con una nueva estructura de las ideas y de los valores a la que se la denomina posmodernidad.



            Ambos fenómenos conmueven profundamente al hombre porque viviendo con un paradigma inseguro, surge en él una sensación de angustia al no poder consolidar sus acciones familiares, laborares, productivas, creativas o de su propia satisfacción espiritual.

        Si bien el proceso de globalización ha levantado numerosas barreras nacionales por la penetración que tienen los medios de comunicación, se está generando un trabajo de revalorización de lo local frente a lo global.

            La propuesta de los autores consiste en la revitalización de los procesos económicos, culturales y sociales de carácter local y su interrelación a través de la formación de redes que permitan consolidar actitudes solidarias entre todos los participantes para poder enfrentar con identidad propia al proceso de globalización y de posmodernismo.

            Las empresas cooperativas, especialmente las de trabajo, tienen que desarrollar sus acciones con altos niveles de calidad y excelencia y deben estar preparadas para competir en los mercados de productos y servicios, para lo cual resultará conveniente la celebración de alianzas estratégicas con otras cooperativas o con empresas de capital. En la actualidad no se aceptan las improvisaciones y existe una exigencia cada vez mayor sobre el cumplimiento de las normas internacionales de calidad y de preservación del medio ambiente.

            La responsabilidad de los dirigentes de las entidades intermedias es muy grande y para poderla afrontar con idoneidad y éxito necesitan asumir su capacitación permanente con el objetivo de estar en condiciones de dar las respuestas solidarias más adecuadas a los intereses de sus asociados.

            En el campo de la educación general las organizaciones locales deberán, asimismo, tener un gran protagonismo para que los planes de estudios respondan a las necesidades inmediatas y futuras de la región en que actúan. De esa manera se podrá recuperar el protagonismo de la sociedad en un tema que es sumamente sensible e importante para el desarrollo local armónico evitándose la migración de los jóvenes hacia grandes centros con la esperanza de poder aplicar en ellos sus conocimientos profesionales.




* Felipe Rodolfo Arella es licenciado en Cooperativismo y Mutualismo y Máster en Educación Social y Animación Sociocultural. Presidente del Centro de Estudios para la Autogestión y Cogestión (CEPAC), secretario y director de Estudios del Colegio de Graduados en Cooperativismo y Mutualismo de la República Argentina, periodista, investigador sobre temas sociales, docente y consultor internacional sobre asociativismo empresario y cooperativismo. En la Universidad de Belgrano tiene a su cargo el Área de estudios en Cooperativismo y Mutualismo. Es docente en la Universidad a Distancia Hernandarias y en un Centro de Educación Nivel Secundario dependiente del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.


**Alicia Susana Rovella es licenciada y doctora en Sociología, profesora titular de Sociología General en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, y de Sociología Aplicada en la Facultad de Humanidades de la Universidad de Belgrano. Docente de la Diplomatura en Gestión y Desarrollo de Mutuales y Cooperativas y evaluadora social de cooperativas y mutuales del Colegio de Graduados en Cooperativismo y Mutualismo. Investigadora y colaboradora de revistas internacionales.

[1] Palumbo, Carmelo E. Vigencia actual de las organizaciones sociales intermedias, en: Organizaciones sociales intermedias, CIES Fundación Aletheia, pág. 24.



[2] Pontoriero de Baglivo, Josefina: Historia del desarrollo social de la Argentina; pág. 185.

Educación y humanismo

Educación y humanismo


Por Felipe Rodolfo Arella



            El Humanismo es el nombre de un sistema de pensamiento que, entre los siglos XV y XVII, renovó el pensamiento occidental rescatando del olvido las filosofías de griegos y romanos que habían quedado sepultadas bajo los escombros materiales de las ciudades destruidas por las guerras y de los escombros intelectuales del olvido de las fuentes de la civilización grecolatina.

            ¿Cómo se pudo acceder a esas antiguas obras? Gracias al trabajo aparentemente infecundo de centenares de monjes copistas que en sus conventos transcribían y guardaban los textos olvidados por las nuevas sociedades. Esos monjes rutinarios cultivaron el terreno del nuevo pensamiento que brotó con fuerza con el Humanismo.

            ¿Y por qué el nombre de “Humanismo” a la producción de los nuevos filósofos? Porque volvieron a poner al hombre, paulatinamente, en el centro del interés cotidiano y en el camino de la trascendencia humana. Y sobre este último asunto quiero señalar dos cosas: primero, que el hombre de la antigüedad grecolatina tenía una relación cotidiana con los dioses, que eran muchos y le ayudaban en todos sus quehaceres diarios: el amor y la guerra; el trabajo y la contemplación. Ellos eran reflejo de sus dioses y sus dioses eran iguales a ellos. Es lo que se conoce como paganismo.

            Segundo, que el proceso evolutivo del pensamiento judío hacia el reconocimiento de un solo dios universal que desembocó en el cristianismo y en la cultura judeocristiana, desvinculó las acciones de los hombres de los designios de Dios porque Él los creó y al mismo tiempo los liberó dándoles el libre albedrío: es decir, la libertad, que es la responsabilidad no ante Dios sino ante si mismo.

            A partir del cristianismo los hombres nos peleamos o amamos, producimos o haraganeamos porque así lo queremos, no porque los dioses nos manejan para resolver sus conflictos celestiales.

            Al rescatarse el pensamiento antiguo hubo, a fines del siglo XV, toda una conmoción entre los pensadores, gobernantes y eclesiásticos. Debemos recordar que es la época de los grandes descubrimientos y de los grandes cismas: la imprenta, la teoría heliocéntrica, los descubrimientos geográficos, la Reforma.
            Los intelectuales de la época no podían sustraerse a la nueva realidad: no podían desconocer los textos antiguos como tampoco podían dejar de corregir los errores en la percepción del mundo real que quedaron de manifiesto con Galileo Galilei, Isaac Newton, Copérnico, Leonardo Da Vinci, Miguel Servet, el médico que se atrevió a describir la circulación periférica de la sangre contrariando los conocimientos establecidos dogmáticamente.            

       Pero había diferencias: estaban los que rescataban lo antiguo y lo reelaboraban poniendo su mirada en Dios, en los dogmas del credo cristiano, y los que, a mi entender, sin perder la fe, cuestionaron los dogmas y se atrevieron a humanizar al hombre y retomar sin culpa la libertad de pensar y hacer.


            Entre los primeros creo que los más destacados fueron el español Juan Luis Vives, olvidado injustamente, y el inglés Tomás Moro autor de Utopía,. Entre los otros hay varios conocidos: Martín Lutero, Nicolás Maquiavelo, Erasmo de Rotterdam (que oficiaba como un pivote entre católicos y protestantes) y Giovanni Pico della Mirándola, quien escribió lo siguiente en sus Conclusiones philosophicae, cabalisticae et theologicae, conocidas como Las 900 tesis.

            Cuando Dios ha completado la creación del mundo, empieza a considerar la posibilidad de la creación del hombre, cuya función será meditar, admirar y amar la grandeza de la creación de Dios. Pero Dios no encontraba un modelo para hacer al hombre. Por lo tanto se dirige al prospecto de criatura, y le dice: "No te he dado una forma, ni una función especifica, a ti, Adán. Por tal motivo, tú tendrás la forma y función que desees. La naturaleza de las demás criaturas, la he dado de acuerdo a mi deseo. Pero tú no tendrás límites. Tú definirás tus propias limitantes de acuerdo a tu libre albedrío. Te colocaré en el centro del universo, de manera que te sea más fácil dominar tus alrededores. No te he hecho ni mortal, ni inmortal. Ni de la tierra, ni del cielo. De tal manera, que tú podrás transformarte a ti mismo en lo que desees. Podrás descender a la forma más baja de existencia como si fueras una bestia o podrás, en cambio, renacer más allá del juicio de tu propia alma, entre los más altos espíritus, aquellos que son divinos”.


            El Humanismo, entonces, es una corriente filosófica que rescata al hombre en todas sus potencialidades para grandeza de Dios, según algunos, y para grandeza del mismo hombre, a criterio de otros.

            Fue el Humanismo quien preparó el camino al Renacimiento y éste al desarrollo científico y tecnológico como también al pensamiento racional no dogmático que a veces derivó en el ateísmo y agnosticismo. Pero de esto no hablaré hoy. Simplemente diré que en ese período se fue gestionando un nuevo paradigma, como veremos más adelante, y que todo cambio de paradigma genera reacciones y en esa época la reacción estuvo a cargo de la Inquisición.

El mutualismo

            ¿Qué tiene que ver el humanismo con el mutualismo? Creo que mucho por las siguientes razones: el mutualismo o ayuda mutua es una actitud natural en el hombre para con sus conocidos, sus cofrades. Siempre se dice que sus orígenes se pierden en la profundidad de los tiempos y debe ser verdad a pesar de que no se tengan documentaciones claras de ello. El Antiguo Testamento contiene numerosos versículos en los que aparece la ayuda mutua como una obligación del pueblo de Israel, especialmente en la atención de la viuda y sus hijos; aún para con los extranjeros. Así lo encontramos en los libros: Éxodo 22.3-4-5; Ruth 1.16; I Reyes 17.9-10-20; Deuteronomio 10.18.            Durante la Edad Media comienza a desarrollarse cada vez más la práctica mutualista entre los trabajadores y artesanos cuyas corporaciones ofrecen retablos a las iglesias para agradecer a su santo patrono y contar con su protección. Puedo afirmar, sin gran error, que el mutualismo estuvo siempre ligado a las prácticas religiosas de los diferentes pueblos y una prueba de ello es que el objetivo principal de esas organizaciones era las honras fúnebres y entierro de sus muertos y, complementariamente la asistencia a las viudas y sus hijos pequeños como una práctica de la caridad hacia los necesitados.

            La caridad, elevada al rango de virtud teologal por los cristianos, está presente en el desarrollo del mutualismo hasta mediados del siglo XIX, época en que otras motivaciones no religiosas, sino humanas y materialistas, concurren en la organización del mutualismo.

           Para comprender lo anterior, es necesario retomar el Humanismo y el Renacimiento, ya que desde ahí emergen el Iluminismo, el liberalismo, el capitalismo, el socialismo, el comunismo, el anarquismo, la doctrina social de la Iglesia y la asistencia social del estado. Todas esas nuevas postulaciones ideológicas avanzaron, en mayor o menor medida, sobre la libre determinación de los hombres de organizarse solidariamente.Hoy, debido a la complejidad de las relaciones sociales, el crecimiento de la población, las migraciones familiares, las crisis económicas y la pobreza, nos parece imprescindible que se plasmen políticas de Estado (no de gobierno) que alienten la formación de organizaciones populares de ayuda mutua y cooperación, como también que desde organizaciones supranacionales como las Iglesias de diferentes credos (no desde la teocracia) e instituciones laicas y no gubernamentales se sostenga la difusión del mutualismo.

            No obstante lo anterior, deberíamos recordar, siempre, las opiniones de dos pioneros del mutualismo argentino: Domingo Borea y Belisario J. Montero quienes, en ocasión del Congreso Internacional de la Mutualidad de 1916, decían, respectivamente: “la mutualidad debe ser libre si ha de ser virtuosa” y “Por la mutualidad el hombre se emancipa de la caridad privada, se independiza de la asistencia oficial y realiza al fin su libertad porque es más libre quien menos necesita de la tutela del Estado y de los poderosos.” [1]

            El mutualismo tradicional, ese que encontramos en la antigüedad y que llegó hasta mediados del siglo XIX estaba cargado de mística religiosa; era un mutualismo trascendente.

            Cabe señalar que tanto el mutualismo como el cooperativismo de los siglos XIX y XX fueron primordialmente laicos y desarrollaron la mística del laicismo, de la igualdad, la equidad y el compromiso solidario. Los mismos movimientos en el siglo XXI tienen otra impronta que los diferencia del anterior en la falta de participación y compromiso de los propios protagonistas y este es un fenómeno que merece ser estudiado.En la actualidad, por lo menos en nuestro país, el mutualismo está falto de toda mística, aún de la de carácter político. Este fenómeno se debe a que el pueblo espera soluciones provenientes de la asistencia estatal y no de sus propias organizaciones, en las cuales podrían participar para planificar las acciones dirigidas a satisfacer necesidades personales o a socorrerse mutua y solidariamente ante los avatares de la vida.

La educación

             En las organizaciones mutualistas no se conocían principios doctrinarios como los que ostenta el cooperativismo. En nuestro país, recién a fines de la década de 1970 y por  inspiración de Blas José Castelli se establecieron los principios mutualistas en el IV Congreso Argentino de Mutuales. Entre ellos está el tema de la educación.


            Pero las mutuales fueron siempre, en sí mismas, verdaderas escuelas de vida, de respeto, de aprendizaje social y, en la Argentina, las instituciones organizadas por las distintas corrientes inmigratorias desarrollaron cursos de educación para los hijos de sus asociados y para ellos mismos.

            Los impulsores del Humanismo fueron grandes educadores y aquí volvemos a mencionar a Francesco Petrarca, considerado el padre del Humanismo, Giovanni Boccaccio, Giovanni Pico della Mirándola, que escribió, además de la obra antes señalada, Diálogo sobre la dignidad del hombre, Juan Luis Vives, Robert Estienne, Tomás Moro, Antonio Nebrija y Michel de Montaigne, entre otros muchos que supieron aprovechar el invento de la imprenta  para difundir sus ideas y reproducir los textos de los clásicos grecolatinos que utilizaban en sus escuelas que ya no estaban bajo la protección del clero seglar y órdenes monacales sino sostenidas por nobles y señores que asumieron el mensaje antropocéntrico de ese movimiento filosófico renovador.

            Tal esfuerzo educativo tuvo que repercutir entre los dirigentes mutualistas de los gremios de la época, como también lo hizo entre la pequeña y alta burguesía que apoyaron, dos siglos después, la Revolución francesa, porque ese movimiento no fue solamente el resultado de las grandes necesidades y atropellos que sufrían trabajadores y propietarios por parte del sistema monárquico sino, fundamentalmente, por las ideas de que era posible lograr un nuevo orden social y gubernativo en el cual, a través del ejercicio de la libertad, la igualdad, la fraternidad y la democracia, el pueblo podría ser valorado porque está compuesto por personas y no por tratarse de un ente abstracto que solamente era valorado en su maleabilidad para dirimir cuestiones de poder político y económico.

            La educación, además de transmitir conocimientos, forma los espíritus de la manera que pretendan los educadores. Se puede educar para la libertad o para la dependencia; para que seamos egoístas o solidarios. Por eso es tan importante la educación mutualista y es lo que traté de demostrar en este libro que acabamos de presentar.Buenos Aires, 23 de junio de 2009.  


[1] Arella, Felipe Rodolfo: Mutualismo y Educación – Claves para crecer; Derecho Cooperativo y Mutual, Buenos Aires, 2009, pág.  66.