Los argentinos de hoy y el Papado
Felipe Rodolfo Arella
Hasta
hace poco más de un año, antes de que el cardenal Jorge Mario Bergoglio fuera
elegido Papa[1],
si alguien hacía referencia a recomendaciones de la Iglesia, o comentaba
respetuosamente o con admiración sobre lo que opinaba algún sacerdote sobre la
pobreza, la falta de oportunidades de los jóvenes, la corrupción, el aborto o
el matrimonio gay, era tildado de retrógrado y “chupa cirio”.
En
ocasión de realizar el Colegio de Graduados en Cooperativismo y Mutualismo (CGCyM)
la Exposición Solidaria ´97 que contó con la participación de gran número de
cooperativas y mutuales que mostraron sus productos y servicios, se organizaron
once paneles en los cuales se discutieron distintos aspectos vinculados directamente
a esas organizaciones, como también uno dedicado a la Economía Social. Uno de
los participantes del mismo fue monseñor Osvaldo Musto, sacerdote especializado
en la Doctrina Social de la Iglesia.
La
participación de Musto no concitó muchas adhesiones porque algunos de los
co-organizadores argumentaban que no debía incorporase el tema religioso ya que
el cooperativismo y mutualismo eran movimientos abiertos y, por lo tanto, no
adscribían a dogmas políticos, confesionales, raciales, de género o sociales ya
que esa concepción está plasmada en el primer principio del cooperativismo
tradicionalmente sustentado por la Alianza Cooperativa Internacional.
Tampoco
fue bien visto que en 2001 el CGCyM hiciera un acto para celebrar el centésimo
diez aniversario de la publicación de la encíclica “Rerum Novarum”, del papa
León XIII, documento que abrió el camino a de la Iglesia hacia la atención de
la cuestión social.
Así
fueron siempre las cosas hasta que Bergoglio se convirtió en el Papa Francisco.
A partir de entonces la gran mayoría de dirigentes cooperativista y mutualista
se alinearon detrás del jefe de la Iglesia. ¡Y qué decir de los referentes
políticos, de organizaciones sociales y de entidades deportivas! ¡Todos piensan
en tener un acercamiento al Papa! Y los que no pueden llegarse al Vaticano para
la foto, toman un predio y le ponen Papa Francisco.
Como
ocurre frecuentemente, las personas accionamos por estímulos externos y no por
reflexión ni convencimiento. Solemos comportarnos como los mosquitos que giran
alrededor del foco de luz hasta que la misma se apaga.
Habría
que tener en cuenta que Francisco “se la sabe lunga”, como dicen los muchachos.
Cuando era cardenal dijo, en una entrevista concedida a la agencia AICA el 9 de
noviembre 2011 “es más
cómodo ser monaguillo que protagonista”. En ese reportaje señaló que, en el fondo la
cuestión es que -a pesar de las exhaustivas reflexiones que se han hecho a raíz
del Concilio Vaticano II- todavía hay
muchos laicos acomplejados, incapaces de entender que la Iglesia no son
únicamente los sacerdotes y las religiosas, sino todos los bautizados. Algo
–aparentemente sencillo de poner en práctica- ha dado lugar a una serie de
malas interpretaciones que hacen de la sacristía un refugio de hombres y
mujeres que tratan de legitimarse, hablando y vistiendo al estilo de los
religiosos, en lugar de asumir la identidad que les corresponde en el mundo y,
por supuesto, en la Iglesia. Uno de los motivos por los que muy pocas
parroquias son comunidades agradables y acogedoras, se debe a la clericalización de los laicos, quienes
pretenden suplantar al párroco, provocando intrigas y, por ende, excluyendo a
los nuevos miembros. Se vicia el ambiente, dando lugar a los dimes y diretes.
La vida parroquial requiere de los laicos pero en otro sentido. Por ejemplo,
involucrándose activamente en los diferentes grupos y comisiones, sin
desconectarse de lo que sucede en las calles, en sus trabajos y familias. Los templos no son una guarida de miedosos,
sino espacios para encontrarse con Dios y, al mismo tiempo, con los demás.
También
el 24
de septiembre en la Casa Santa Marta del Vaticano concedió una entrevista al
director del diario La Repubblica y en algún tramo se produjo el siguiente
diálogo: [Francisco]: “Usted, por lo que
he entendido, no es creyente pero no es anticlerical. Son dos cosas muy
distintas”. [Director] Es verdad, no soy anticlerical. Pero me convierto en
eso cuando me encuentro con un clerical. Sonríe y me dice: “Me pasa a mí también, cuando tengo enfrente a un clerical, me
convierto en anticlerical de repente. El clericalismo no tiene nada que ver con
el cristianismo. San Pablo fue el primero en hablarle a los Gentiles, a los
paganos, a los creyentes de otras religiones, fue el primero que nos lo
enseñó”.
En
otros mensajes el Papa mostró su postura contraria al clericalismo oportunista,
algo que la experiencia social conoce muy bien y que se ha convertido en una
modalidad preocupante tanto en nuestro país como en otros de América latina,
según lo señalara el pontífice.
Es
mi deseo que ese descubrimiento de la Doctrina Social de la Iglesia que han
hecho nuestros dirigentes cooperativistas y mutualistas sirva para que sus
asociados y trabajadores sean receptores de programas que mejoren su situación
personal y familiar tanto en la distribución equitativa de los excedentes,
capacitación laboral, salarios justos, prácticas democráticas y preservación
del ambiente, entre otras acciones solidarias y que no solo se realicen
encuentros para hablar de las bondades de la DSI, que, si bien es necesario, no
es suficiente para atender las necesidades humanas.
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