De lo local hasta lo internacional
Autores:
Mter. Felipe Rodolfo Arella*
La elección del título se corresponde plenamente con
la tesis que presentamos aquí sobre el desarrollo local y la participación que
las organizaciones intermedias deberían tener para su logro teniendo en cuenta
la proyección internacional de sus emprendimientos, fueran éstos productivos,
de servicios o culturales-educativos.
Vivimos en una época que se caracteriza por dos
circunstancias novedosas: la posmodernidad y la globalización.
La
posmodernidad es un producto
cultural que tiene como paradigma la inestabilidad y la inconsistencia. Es,
podríamos decir, la cultura “light”.
La
globalización es el resultado de los
avances científicos y tecnológicos incorporados a los procesos productivos y de
servicios, los cuales trascienden las tradicionales fronteras nacionales.
Ambos
procesos tienen como soporte la tecnología informática de los multimedias:
radios, diarios, televisión, telefonía celular, computación, Internet, y ellos
están modificando la socialización en las distintas comunidades. Precisamente,
la falta de espíritu de grupo, de sentirse parte de un todo conformado por
otras personas, atenta muchas veces contra el desarrollo comunitario.
Con acierto dice
Colomer Viadel (1993):
Un sentimiento de seguridad física, psicológica, se refleja a medida que el hombre se siente más integrado en el grupo (sea éste de cualquier índole). Si forzamos al hombre a ir más allá de los límites de sus posibilidades físicas o mentales; si le atemorizamos con el manejo de su persona como un utensilio o una herramienta de la que en cualquier momento se puede prescindir, estamos destruyendo o desintegrando los asideros comunitarios del fenómeno humano, y si se acaba la armonía entre lo personal y lo comunitario, erosionamos gravemente a ambos. (pág 41).
El feroz
individualismo que se ha incorporado en la cultura universal a partir de
mediados del siglo pasado y acrecentado desde la caída del muro de Berlín ha
hecho que muchas personas, que antes de esa época tenían como modelo de vida el
trabajar en una fábrica o en el Estado, quieran ahora ser sus propios
empresarios. Ello fue impulsado adecuadamente por una constante prédica
originada en los centros de poder con el objeto de desligarse de las
responsabilidades sociales que la legislación social les había impuesto.
Consecuentemente, el estado actual
de penuria de muchos pueblos, no sólo de los países subdesarrollados sino en
los mismos países superindustrializados, no se debe exclusivamente a la
tecnología ni a la posmodernidad, sino a una nueva práctica propia del
capitalismo financiero que encontró una nueva forma de crecer sin tener
empresas ni muchas personas en relación de dependencia. Ahora tiene “empresas”
que le venden bienes y servicios.
Manuel Castells señala, al hablar de
las estrategias que aplican las personas para poder sobrevivir, que existen
cuatro nuevas formas de marginalidad: a) Trabajadores asalariados del sector
“tradicional” de la economía; b) pequeños comerciantes y artesanos; c)
vendedores de su fuerza de trabajo a otras personas; d) vendedores de sus
cuerpos. Todos ellos se creen “independientes” porque piensan que administran
su tiempo de trabajo y que pueden dejar a su contratante cuando lo deseen.
Podemos ver, entonces, que el tejido
social se ha abierto extremadamente y que los vínculos entre las personas son
muy laxos. Ante esta situación, ¿cómo se puede alcanzar un desarrollo social
sostenible? Creemos que esa es una responsabilidad de las entidades intermedias
(cooperativa, mutuales, asociaciones y sindicatos) y de ciertos actores
sociales de predicamento y protagonismo social.
¿Es
culpable la tecnología?
Las nuevas
tecnologías, principalmente las que actúan en la informática y en los procesos
productivos, han modificado la manera de hacer los bienes y de prestar los
servicios y por ello se concitan temores. Pero también pueden alumbrar esperanzas
en nuestras sociedades en crisis. Se debate su contenido específico y se desconocen
en buena medida sus efectos precisos, pero apenas nadie pone en duda su
importancia histórica en el cambio cualitativo que introducen en nuestro modo
de producir, de gestionar, de consumir, de aprender, de vivir y hasta de morir.
Esa
tecnología nos permite estar conectados con cualquier parte del mundo, con lo
cual los negocios, las inversiones, las decisiones políticas y económicas
tomadas en un lugar cualquiera del planeta tienen efecto inmediato en una o
varias regiones del mundo. También un pequeño empresario puede utilizar los
nuevos soportes de la comunicación para hacer negocios de importación y
exportación de bienes y servicios. Solamente tiene que estar capacitado para
ello.
Frente
a esa homogeneización de costumbres y procesos económicos ¿qué pasa con la
cultura y la economía nacionales, ya sea de la Argentina, del Uruguay,
de Chile, de Francia o del Japón? ¿Qué pasa con las tradiciones culturales, con
la producción y consumo de bienes de cada país?
Ese
es el gran problema. Es allí donde lo nuevo y lo tradicional se enfrentan de
manera despiadada y despareja porque lo nuevo tiene el apoyo de la tecnología,
del capital y de personas entrenadas en la competencia.
Si
bien todas las culturas se modifican con el transcurso del tiempo, muchos de
sus antiguos rasgos tienden a conservarse y eso es lo que hace diferente la
cultura de una nación de la de otra. Esos cambios fueron consecuencia de los
impactos que cada nuevo aporte tecnológico producía en la sociedad a poco de su
aparición. Esa transformación cultural no se daba de la manera acelerada con
que se presenta en la actualidad. Había un ritmo más lento y menos radical en
el proceso y cada comunidad podía ponerle su acento particular. Hoy,
prácticamente, ya no existe tiempo para amortiguar el impacto de lo nuevo y se
tienen que incorporar de inmediato porque, de lo contrario, las sociedades y
las naciones quedarían rezagados al cabo de pocos años.
Si
eso pasa en el nivel internacional, ¿qué nos puede llegar a pasar a nivel
nacional, en una de nuestras provincias o, más local aún, a nivel de cualquier
ciudad del interior o de un barrio de la ciudad de Buenos Aires?
Pasará
que si en la localidad del interior no nos ponemos en la misma frecuencia que
el mundo, quedaremos afuera. Para ello es necesario que haya un acuerdo social
de todos los interesados, buscando la integración, inclusive, con los
diferentes y rechazar el carácter inevitable de la confrontación y el
aniquilamiento entre los pueblos, al servicio sólo de los intereses de ciertos
grupos dirigentes.
Entidades intermedias
Consideramos entidades intermedias a
toda organización civil que se encuentra ubicada entre el individuo-familia y
el Estado con el fin de acercar posiciones y organizar acciones que permitan un
entendimiento recíproco entre ambas partes. Entre ellas predominan tres
importantes grupos: las cooperativas como empresas que desarrollan actividades
económicas; las mutuales que actúan en el ámbito asistencial; los sindicatos,
que proyectan mejores condiciones laborales
y remunerativas de los trabajadores en relación de dependencia. También
están las asociaciones profesionales, de consumidores y sociedades de fomento,
entre otras.
¿Cuál es el rol de las entidades
intermedias? Fundamentalmente propiciar
el desarrollo integral de la persona humana “para producir un adecuado cambio
local, nacional e internacional, según sus propias esferas de competencia y
especificación en algunos de los sectores del saber.” [1]
Las entidades intermedias deberían
ser un ejemplo de prácticas democráticas, entendiéndose por ello que no basta
el cumplimiento de las elecciones periódicas de sus autoridades, cosa que se
hace normalmente, sino de la renovación de éstas en sus cargos, cosa que no se
hace habitualmente.
También es necesaria la capacitación
permanente de los dirigentes porque, como venimos señalando, los cambios en la
sociedad global son muy acelerados. Este tópico se ensambla con el anterior;
por más actualización de conocimientos alcance un dirigente que lleve varios
lustros en la conducción de la entidad, su visión del mundo tendrá el
contrapeso de sus prejuicios y de su formación anterior.
¿Cómo
pensar, entonces, en el desarrollo local? Hay que pensarlo como el resultado de
una serie de acciones que tienen que estar correlacionadas con lo que ocurre a
nivel nacional y mundial. En estas acciones el periodista local tiene un
importante rol que desempeñar porque debe estar atento para reflejar las
innovaciones, alertar sobre los peligros de las malas prácticas y dar a conocer
los nuevos productos y servicios en otras regiones del país y, de ser posible,
del mundo.
Por
ejemplo, el establecimiento de una agroindustria en una pequeña localidad del
interior tendrá éxito si sus productos responden a determinadas exigencias de
calidad intrínseca y de calidad del proceso general, el que no debe provocar
impacto ambiental negativo. Si el producto es de buena calidad, si está
realizado con materia primas orgánicas, pero el establecimiento contamina el
ambiente, puede encontrar las puertas cerradas en el exterior.
En
la actualidad hay que pensar globalmente para poder desarrollarse localmente.
El compromiso de la red social
El desarrollo
local puede lograrse si existe un compromiso explícito o tácito de toda la
comunidad, que comprenda a las autoridades políticas municipales, los
empresarios, los trabajadores, las familias, a la gente mayor, a los jóvenes y
a los niños y las organizaciones intermedias. Ese compromiso debe estar
sostenido por un proceso educativo integral, tanto formal (escuela primaria,
colegio secundario) como informal (cursos de actualización profesional
continua, de capacitación laboral, de divulgación) organizados por las empresas
y entidades intermedias.
No pueden quedar
fuera de este compromiso otros actores de la sociedad organizada: escuelas,
hospitales, iglesias, bibliotecas públicas, bomberos, policía, empresas de
servicios públicos, bancos y cámaras empresarias.
Afortunadamente en
la actualidad se está valorizando y preservando el medio ambiente, que es otro
capital social que tanto particulares como el Estado deben actuar de manera tal
que permita utilizar sus potencialidades sin generarle escasez a las futuras
generaciones.
La educación
Hicimos
referencia a la necesidad de una tarea educativa dinámica y diversificada para
poder sostener alguna forma de desarrollo local. Son muchas las voces que se
escuchan acerca de la necesidad de educarse para poder entrar en el mercado
laboral. Eso es cierto, como también lo es la necesidad de la actualización
profesional o la capacitación específica para desempeñarse mejor en la tarea
que tenemos asignada.
Detengámonos
en este punto: la educación y la capacitación deben realizarse siguiendo una
política de largo plazo en la materia y para trazar esa política hay que tener
objetivos que alcanzar.
Esos
objetivos no tienen por qué ser de tipo macro: la educación nacional, la
educación provincial. Puede haber muy válidos objetivos micro: la educación que
responda a las necesidades inmediatas del municipio y su comunidad. Ello no
quiere decir que no se deba estudiar la historia de Europa o la geografía de
África o la historia de la filosofía. Muy por el contrario, se debe estudiar
todo eso y más porque estamos en un mundo globalizado y hay que conocerlo. Lo
que pretendemos es que, por un lado, se detecten necesidades concretas de la
comarca y que, aparte de conocer las necesidades, se elabore una política de
crecimiento regional para poner énfasis
en educar para satisfacer esas necesidades y tener personas preparadas para que sean protagonistas
en el logro del objetivo de crecimiento.
Así
se hizo en el siglo pasado cuando, ante la necesidad de tener maestros se
elaboró la política de los estudios pedagógicos y se abrieron los colegios
normales de donde egresarían los docentes. Otro tanto ocurrió cuando la Argentina comenzó a
sustituir importaciones durante la Segunda Guerra Mundial y había necesidad de
técnicos industriales. Se elaboró toda una política conducente a la apertura de
las escuelas industriales de donde salieron, no sólo jóvenes especializados en
distintas técnicas, sino muchos de los empresarios que tuvo el país.
Por
su parte las universidades deben prestar asistencia científica a los gobiernos
municipales y entidades intermedias para desarrollar programas productivos y
sociales. El conocimiento universitario es sumamente valioso en la concreción
de los objetivos locales.
Las entidades
intermedias y los organismos oficiales, como así también las instituciones
religiosas y de seguridad deberían volver sus miradas hacia los adultos
semianalfabetos que abundan en nuestro territorio. La Argentina tiene una
larga tradición en la educación primaria de los adultos. Queremos traer a la
memoria las disposiciones de los artículos 11 y 12 de la Ley de Educación Común N°
1.420, sancionada en 1884:
En el tercer párrafo
del artículo 11 podemos leer:
"Escuelas para adultos, en los cuarteles, guarniciones, buques de guerra, cárceles, fábricas y otros establecimientos donde pueda encontrarse ordinariamente reunido un número, cuando menos, de cuarenta adultos ineducados.”
Y
en el artículo 12 se establece:
"El mínimun de enseñanza para las escuelas ambulantes y de adultos, comprenderá estas ramas: Lectura, Escritura, Aritmética (las cuatro primeras reglas y el sistema métrico decimal), Moral y Urbanidad, nociones de Idioma Nacional, de Geografía Nacional y enseñanza de los objetos más comunes que se relaciones con la industria habitual de los alumnos de la escuela.” [2]
Esta preocupación por la educación de los
adultos y de los niños mayores de 14 años que estuvieran trabajando en relación
de dependencia permitió a numerosas personas mejorar su status social y
económico.
La
propiedad privada y la propiedad social
Creemos
firmemente que el hombre sin propiedad privada, y de los medios de producción
no puede llegar a ser un hombre libre. El cooperativismo y el mutualismo son
formadores de hombres libres que son propietarios de sus empresas económicas y
asistenciales.
Pero
la propiedad privada no garantiza la armonía social porque no todos están en
condiciones o interesados en gozar de la propiedad privada. De ahí la necesidad
de la propiedad social representada en los servicios que debe prestar el Estado
en educación, salud, transportes, vías de comunicación, energía eléctrica,
suministro de agua potable y cloacas.
Dentro
de este acápite queremos referirnos a la importancia que tiene, para el
desarrollo local un programa de viviendas populares con precios subsidiados por
el Estado. La mejor calidad de vida de los pobladores garantiza la salud, una
mejor alimentación y un ámbito para el estudio. Es ridículo pensar en grandes
planes educativos para niños que viven en precarias casillas en villas
miserias, sin un espacio mínimo para el estudio.
En
los programas de vivienda popular deben participar las entidades intermedias,
la escuela y las iglesias de los diferentes cultos que tengan los destinatarios
del programa. Sus beneficiarios deberían encontrarse en alguno de los cuatro
grupos de trabajadores que Castells considera como marginales y a los cuales
hicimos referencia más arriba.
Podemos
señalar que el cooperativismo argentino de viviendas viene cumpliendo un
importante función social y de desarrollo local desde su aparición a principios
del siglo XX. Numerosos barrios obreros fueron construidos por cooperativas
integradas por los mismos destinatarios, así como también cooperativas y
mutuales de empleados públicos, de las fuerzas armadas y de seguridad
construyeron viviendas o facilitaron el crédito para que sus asociados pudieran
tener su propia vivienda.
Un
ejemplo de esa labor se puede encontrar en las cooperativas asociadas a la Federación de
Cooperativas de Viviendas de La
Matanza, uno de los partidos del Gran Buenos de mayor
densidad poblacional. (3)
La Argentina cuenta
actualmente con más de un 34 por ciento de su población que ha perdido su
estatus socioeconómico en los últimos veinte años. Se incrementó la población
de pobres, de subocupados y desocupados en todo el territorio nacional y la
educación, que era el camino por el cual se podía ascender en la pirámide
social, no puede contrarrestar, por sí misma los embates que la concentración
de la riqueza produjo contra las clases menos pudientes de la sociedad.
(3) Puede verse en la página web de la Universidad de
Belgrano (www.ub.edu.ar) Departamento de Investigación, el
Documento de Trabajo N° 136: Arella, Felipe Rodolfo “La vivienda popular.
Aspectos antropológicos y sociales de las cooperativas de viviendas”, Buenos Aires, 2006.
Incidencia de la pobreza e indigencia en el total urbano EPH y por región estadística
Primer semestre 2006
|
||||
Región
|
Hogares bajo la línea de
indigencia
|
Personas bajo la línea de
indigencia
|
Hogares bajo la línea de pobreza
|
Personas bajo la línea de pobreza
|
Total urbano
EPH
|
8,0
|
11,2
|
23,1
|
31,4
|
Cuyo
|
6,5
|
8,7
|
23,0
|
30,0
|
Gran Buenos
Aires
|
7,6
|
10,3
|
21,8
|
29,4
|
Noreste
|
15,3
|
21,3
|
39,7
|
51,2
|
Noroeste
|
10,8
|
15,4
|
34,9
|
45,8
|
Pampeana
|
7,4
|
10,3
|
20,0
|
27,5
|
Patagonia
|
5,4
|
6,9
|
14,3
|
18,8
|
Nota: en la
región Patagónica las estimaciones están sujetas a coeficientes de variación
superiores al 10%
|
||||
Fuente: INDEC Encuesta Permanente de
Hogares, Primer Semestre de 2006
Otros casos de actividades cooperativas que produjeron impactos positivos en comunidades del conurbano bonaerense y del interior del país los hallamos en las cooperativas de servicio telefónico y suministro de energía eléctrica las que, en estos últimos años de crisis económica bonifican a sus asociados cuando tienen dificultades para el pago de los servicios.
Dentro del campo del
mutualismo las entidades que prestan atención médica a sus asociados cumplen
una función social en localidades en las cuales muchas veces carecen de la
asistencia médica que debería prestar el Estado.
La
articulación de estas organizaciones entre sí y con instituciones públicas,
indudablemente contribuirá a generar desarrollo local sostenible un cualquier
región del país si existe una voluntad manifiesta de sus pobladores en mejorar
su actual situación socioeconómica.Conclusiones
La cultura
posmoderna ha influido profundamente sobre la mente de los hombres de
esta última etapa del siglo y, naturalmente, sobre los dirigentes de las
diferentes organizaciones sociales: partidos políticos, organizaciones
sindicales y empresariales, clubes deportivos, cooperativas, mutuales, entre
otras muchas.
Los
psicólogos y sociólogos vienen detectando una preocupante sensación de vacío y
de angustia en un número creciente de personas por las pérdidas de
expectativas. Ello lleva a la pérdida del sentido de pertenencia y a la falta
de solidaridad entre los individuos de un mismo grupo, por lo cual se
acrecienta la impresión de crisis generalizada.
El periodismo como
institución y el periodista como persona que vive diariamente las alegrías,
problemas, vicisitudes y esperanzas de la gente de su ciudad, tiene el
compromiso de informar y orientar en el análisis hacia adentro de la sociedad y
difundir hacia fuera lo que esa misma sociedad tiene y produce, para conectarla
con el mundo.
Sin
embargo, la crisis no es sinónimo de muerte y de ella siempre ha surgido algo
nuevo y enriquecedor si es que estamos dispuestos a introducir cambios en los
modelos conocidos, cambios que sean el resultado de un análisis de la situación
y elaborado conscientemente por nosotros. No el cambio por el cambio mismo
porque ello nos incrementará la angustia, el vacío.
Cada
comunidad tiene que fortalecer sus vínculos de solidaridad, quizá con otros
objetivos, con otros incentivos o con otras formas de relacionarnos
grupalmente. De esa manera será posible crecer individual y colectivamente
porque no hacerlo puede significar el atraso, el quedar afuera, el no ser.
No
hay recetas para encarar ese cambio ni fórmulas para el desarrollo local. Habrá
cambios y desarrollo si la comunidad llega a un acuerdo generalizado que
permita definir su futuro a través de las acciones concertadas de las entidades
intermedias y los poderes públicos.
Es
necesario recordar el pasado para no repetir los errores y no hay que apostar
al olvido porque ello nos lleva al no compromiso y hoy, aquí y en cualquier
otro lugar es necesario volver a estar comprometido con la comunidad, con las
organizaciones, con la familia y con uno mismo.
Bibliografía
Arella, Felipe Rodolfo “La vivienda popular.
Aspectos antropológicos y sociales de las cooperativas de viviendas”,
Universidad de Belgrano, Documento de Trabajo, Buenos Aires, 2006
Arella, Felipe Rodolfo Asociativismo Empresario, un método para enfrentar con éxito la
globalización ; Edición Colegio de Graduados en Cooperativismo y Mutualismo
de la República
Argentina, Buenos Aires, 1997.
Arella, Felipe Rodolfo y Sosa, Juan Federico Agroindustria cooperativa; Editorial Felro, Buenos Aires, 1987.
Carlisky, Néstor J., Katz de Eskenazi,
Kijak, Moisés Vivir sin proyecto, psicoanálisis y sociedad
posmoderna, Editorial Lumen,Buenos Aires, 1998.
Castells, Manuel Capital multinacional, Estados nacionales, Comunidades locales, Siglo
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Colomer Viadel, Antonio El retorno de Ulises a la comunidad de los libres, Ediciones ¨Madre
Tierra¨, Nossa y J. Editores, Madrid, 1993.
Chomsky, Noam y Dietrich, Heinz La
sociedad global, Educación, Mercado y Democracia, Editorial Contrapuntos,
México, 1997.
King, Alexander y Schneider, Bertrand La primera revolución mundial, Plaza y
Jamnes Editores, Barcelona, 1992.
Orlando, Juan Carlos y Steiger, Carlos Agronegocios, un desafío para el crecimiento
argentino, Edición Colegio de Graduados en Cooperativismo y Mutualismo de la República Argentina,
Buenos Aires, 1998.
Palumbo, Carmelo E. Vigencia actual de las organizaciones sociales intermedias CIES,
Fundación Aletheia, Organizaciones
sociales intermedias – Propuestas para una eficiente gestión del desarrollo,
Cuartas Jornadas Nacionales sobre Ética y Economía; San Francisco,
Córdoba, 18 y 19 de setiembre de 1996; Buenos Aires, 1997.
Pontoriero de Baglivo, Josefina: Historia del desarrollo social en la Argentina; Ediciones
Corregidor, Buenos Aires, 2000.
Resumen de la ponencia
En esta época nos ha tocado vivir en una
sociedad en la que los cambios económicos, científicos, culturales,
tecnológicos se producen aceleradamente. Este fenómeno, que ha sido
caracterizado como de globalización económica, se complementa con una nueva
estructura de las ideas y de los valores a la que se la denomina posmodernidad.
Ambos fenómenos
conmueven profundamente al hombre porque viviendo con un paradigma inseguro,
surge en él una sensación de angustia al no poder consolidar sus acciones
familiares, laborares, productivas, creativas o de su propia satisfacción
espiritual.
Si
bien el proceso de globalización ha levantado numerosas barreras nacionales por
la penetración que tienen los medios de comunicación, se está generando un
trabajo de revalorización de lo local frente a lo global.
La
propuesta de los autores consiste en la revitalización de los procesos
económicos, culturales y sociales de carácter local y su interrelación a través
de la formación de redes que permitan consolidar actitudes solidarias entre
todos los participantes para poder enfrentar con identidad propia al proceso de
globalización y de posmodernismo.
Las
empresas cooperativas, especialmente las de trabajo, tienen que desarrollar sus
acciones con altos niveles de calidad y excelencia y deben estar preparadas
para competir en los mercados de productos y servicios, para lo cual resultará
conveniente la celebración de alianzas estratégicas con otras cooperativas o
con empresas de capital. En la actualidad no se aceptan las improvisaciones y
existe una exigencia cada vez mayor sobre el cumplimiento de las normas
internacionales de calidad y de preservación del medio ambiente.
La
responsabilidad de los dirigentes de las entidades intermedias es muy grande y
para poderla afrontar con idoneidad y éxito necesitan asumir su capacitación
permanente con el objetivo de estar en condiciones de dar las respuestas
solidarias más adecuadas a los intereses de sus asociados.
En
el campo de la educación general las organizaciones locales deberán, asimismo,
tener un gran protagonismo para que los planes de estudios respondan a las
necesidades inmediatas y futuras de la región en que actúan. De esa manera se
podrá recuperar el protagonismo de la sociedad en un tema que es sumamente
sensible e importante para el desarrollo local armónico evitándose la migración
de los jóvenes hacia grandes centros con la esperanza de poder aplicar en ellos
sus conocimientos profesionales.
* Felipe Rodolfo Arella es
licenciado en Cooperativismo y Mutualismo y Máster en Educación Social y Animación
Sociocultural. Presidente del Centro de Estudios para la Autogestión y
Cogestión (CEPAC), secretario y director de Estudios del Colegio de Graduados
en Cooperativismo y Mutualismo de la República Argentina,
periodista, investigador sobre temas sociales, docente y consultor
internacional sobre asociativismo empresario y cooperativismo. En la Universidad de
Belgrano tiene a su cargo el Área de estudios en Cooperativismo y Mutualismo.
Es docente en la
Universidad a Distancia Hernandarias y en un Centro de
Educación Nivel Secundario dependiente del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
**Alicia Susana Rovella
es licenciada y doctora en Sociología, profesora titular de Sociología General
en la Facultad
de Derecho y Ciencias Sociales, y de Sociología Aplicada en la Facultad de Humanidades
de la Universidad
de Belgrano. Docente de la
Diplomatura en Gestión y Desarrollo de Mutuales y
Cooperativas y evaluadora social de cooperativas y mutuales del Colegio de
Graduados en Cooperativismo y Mutualismo. Investigadora y colaboradora de
revistas internacionales.
[1]
Palumbo, Carmelo E. Vigencia actual de
las organizaciones sociales intermedias, en: Organizaciones sociales
intermedias, CIES Fundación Aletheia, pág. 24.
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