Felipe Rodolfo Arella
Cambios Estructurales del Agro Argentino
y el Cooperativismo Agrario
Indice
Patria
– Poema de Gervasio Melgar
Introducción
5
Nota
sobre la presente edición
Primera
Parte
Comentario general sobre las transformaciones
del Agro Argentino 11
Capitulo
I: La Argentina pre-agropecuaria
12
Capitulo
II: Conflictos y cambios 26
Capitulo
III: Transformaciones y resultados 42
Capitulo
IV: El gran salto a la empresa moderna 63
Capitulo
V: Esfuerzos, crecimiento y riquezas;
una relación inversa 72
Anexo:
Cuadros estadísticos 99
- Evolución de la red
vial en los últimos años (red nacional) 100
-
Evolución de la red vial en los últimos años (red provincial) 101
- Actualización de la
red provincial al 30/11/85 102
- Estado de la red
nacional, 1985 103
- Distribución de la producción del grupo de cultivos
totales
del país 104
- Volumen de las
exportaciones de productos vitivinícolas 106
- Superficie implantada
con vid en el país 107
- Estadística de alimentos balanceados
producidos por empresas
adheridas a CAFAB 108
- Alimentos balanceados (producción) 109
- Fertilizantes (consumo en toneladas
de nutrientes) 110
- Relación histórica de abastecimiento
nacional de fertilizantes 111
- Maquinaria agrícola (ventas en el
mercado interno) 112
- Tractores (producción en unidades) 113
Segunda
Parte:
Argentina: Agro y sociedad –
Relación con la tierra 114
Capitulo
I: Predominio social del factor tierra
115
Capitulo
II: Distribución y tendencia de la
tierra 141
Anexo: Reforma Agraria 160
Capitulo
III: El éxodo rural 172
Tercera
Parte:
El origen y transformaciones de la
tecnología agropecuaria 183
Capitulo
I: Evolución de la producción de
carnes 184
Capitulo
II: Ampliación de la frontera de carnes
202
a) Desarrollo de los
cultivos 202
b) Nuevas Tecnologías 221
Capitulo
III: Causas y consecuencias en la
evolución de las mecanización
agrícola 228
Cuarta
Parte:
Testimonios 243
1. De Industriales 244
1.1 Mario Tanzi 245
1.2 Orlando Catellani, de Apache S.A. 253
1.3 Agr. Jorge A. Maroni, de E. Gherardi e Hijos S.A. 255
1.4 Ricardo Sode, de Sode S.A. 262
1.5 Hugo José Fernández, de Metfer S.A. 266
1.6 Tello Russo, de Silos Machado 167
2. De Productores 271
2.1 Gregorio Villafañe 272
2.2 Juan Manuel Suárez Hearne 282
3. De Funcionarios 289
3.1 Mario Castellani, Secretario de la Intendencia de Las
Parejas
(Santa Fe). 290
3.2 Oscar Galaretto, Gerente de la cooperativa agropecuaria de
Carcaraña Ltda. 293
3.3 Martín Graciano Duhalde, Ex –Presidente de la Unión General
de Tamberos 299
3.4 Carlos Bourruel, Gerente de la cooperativa agropecuaria de
Capitán Sarmiento Ltda. 306
4. De Periodistas 314
4.1 Amilcar Dinsen, de radio Tres Arroyos y La voz del pueblo,
Tres Arroyos 315
4.2 Norman Fernández, de La nueva provincia de Bahía Blanca 318
4.3 M.
Daniel Ibarra, de Agro Nuestro, Acaecer, Rosario 321
Conclusiones
326
331
Apéndice
1.-
Juan Carlos Orlando - Los agronegocios
Bibliografía
Patria*
Patria*
Gervasio Melgar
¿Ve m´hijo esos campos?
¿Ve esa tierra arada?
¿Ve ese potro negro?
¿Ve esa vaca blanca,
y ese monte alegre,
y esta senda plácida,
y ese arroyo fresco que va entre
los juncos
cantando la vieja canción de las
aguas?
Ve m´hijo, bien eso?...
¡Tuito es de la Patria!
Con nosotros, m´hijo,
la vida jué mala:
desde muy chiquito quedaste sin
madre...
¡Qué poquitos besos te dió la
finada!
Quedaste, hijo mío,
Sin esa ternura que es sol de la
infancia;
Pero Dios, que es justo,
Que hace abrir las flores y
alegra las casas,
te ha dáo otra madre que también
te quiere
que también te cuida, que también
es santa.
Te quitó la que era la luz de mis
días.
¡y te ha dáo la Patria!
Queréla, hijo mío,
Dale tuita el alma,
Dale tu cariño, dale tu dulzura,
Dale tu esperanza.
Queréla, hijo mío,
Como si ella fuera la pobre
finada...
Queréla, hijo mío, con tuitas tus
ansias,
que si acaso pronto
me voy con mis cuitas por la
senda aciaga,
tendrás una madre que sabrá
cuidarte,
tendrás una linda madrecita
santa,
como aquella otra que se jué pa
siempre
dejando mil penas sobre mi
guitarra...
Es m´hijo, muy güena,
Muy grande la Patria,
trabajando siempre
Con jueza y con ganas.
Se quiere, hijo mío,
Se quiere a la Patria,
Trabajando siempre
Con juerza y con ganas.
Poniendo en el surco,
Mil veces bendito de la tierra
amada,
La semilla de oro que se vuelve
espiga
pa alegrar las casas,
como las gotitas de fresco rocío,
se vuelven diamantes pa alegrar
las plantas.
Se quiere, hijo mío,
Se quiere a la Patria,
Siendo juerte y güeno
Como Dios lo manda
Y teniendo limpia, muy limpia la
frente
Y un rosal de ensueño metido en
el alma.
Se quiere, hijo mío,
Se quiere a la Patria,
No mintiendo nunca,
No robando nada,
No bebiendo el vaso de caña o ginebra
Que enferma y que mata...
Se quiere, hijo mío,
Se quiere a la Patria,
Construyendo hogares llenosd de
ilusiones,
Llenos de virtudes, llenos de
esperanzas,
Donde hayan niños
Que beban el agua
Cristalina y fresca
De la buena crianza,
Y en donde se tenga temor y
cariño
Por el Dios tan sabio que tanto
nos ama,
Que manda las lluvias,
Que alegra las casas,
Que pone bellezas en la flor del
trébol
Y en la nube parda,
Que hace que en las tardes
cantenlos zorzales
Y digan sus cuitas las dulces
calandrias.
Se quiere, hijo mío,
Se quiere a la Patria,
Respetando al hombre que vino de
lejos,
A ese gringo grande que trajo la
pala,
Y el músculo juerte,
Y el alma muy blanca,
Y cargáo de sangre, de vida y de
ensueño
rubias cabelleras le puso a las
pampas...
Y en fin, hijo mío,
Se quiere a la Patria,
Siendo juerte y güeno
Como Dios lo manda,
y teniendo limpia, muy limpia la
frente
y un rosal de ensueño metido en
el alma,
pa que así ese trapo de color de
cielo
que supo del humo de muchas
batallas,
y supo de penas y angustias
enormes,
y supo de espinas, y flores, y
lágrimas,
recorra la senda de sus
hidalguías
muy cargáo de gloria, muy lleno
de gracia,
pa llamar a todos los hombres del
mundo
con el gran lenguaje de las
esperanzas...
¿Ve m´hijo esos campos?
¿Ve esa tierra arada?
¿Ve ese potro negro?
¿Ve esa vaca blanca,
y ese monte alegre,
y esta senda plácida,
y ese arroyo fresco que va entre
los juncos
cantando la vieja canción de las
aguas?
Ve m´hijo, bien eso?...
¡Tuito es de la Patria!
*
Composición premiada con violeta de oro y diploma en los juegos florales
realizados el 11 de abril de 1930 en Bahía Blanca, bajo el patrocinio de la
“Comisión de Damas Pro – Templo Parroquial”.
Introducción
Este trabajo sobre
las transformaciones del agro y el cooperativismo agrario argentino está
enfocado desde distintos puntos de vista: el histórico, que abarca hechos
políticos y económicos que se produjeron en el país; el sociológico, que revela
los conflictos entre diversos grupos sociales por la posesión de tierra; el
tecnológico, que posibilita la valoración de los progresos habidos en este
sector; el testimonial, serie de reportajes a personas relacionadas a la
actividad agropecuaria. Se trata de un trabajo que puede ser calificado de comprensivo y panorámico porque muestra al sector en el amplio marco de la labor agropecuaria
propiamente dicha, de los sectores proveedores y transformadores de la
producción y, fundamentalmente de los hombres que trabajan en ellos.
La obra comienza
con una afirmación: “La
Argentina no fue siempre un país agropecuario ni
agroexportador”. A partir de ahí se analizan los hechos económicos, políticos,
sociales, jurídicos, tecnológicos, que se generan en el sector agropecuario.
Esta primera parte arranca necesariamente de fines del siglo XIX y, en apretada
síntesis, arriba hasta a la última década del siglo XX, no sin antes detenerse
en los últimos cuarenta años a través de un meticuloso y documentado análisis.
Se va conociendo así de qué manera la república fue pasando de ser un país
pastoril y recolector a ser, paulatinamente, agropecuario y exportador de
materias primas para completar su ciclo como fabricante y exportador de insumos
y alimentos industrializados.
Existe una
concepción urbana del agro entendido como estático y conservador. Nada más
alejado de la realidad: los progresos del agro fueron el resultado de la
necesidad de afrontar adversidades del más diverso origen y de una firme
voluntad de mejorar la situación socioeconómica de la población rural.
Tal visión general
del fenómeno agropecuario argentino (en el cual tuvimos que obviar algunos rubros
del sector) abre las puertas al análisis de dos factores primordiales: el
hombre y su relación con la tierra (desarrollado en la segunda parte) y la
incorporación de tecnología (estudiado en la tercera parte).
El fenómeno de
relación íntima con la tierra –el pathos
telúrico– tiene que ver con el proceso social de los pueblos y constituye un
fondo antropológico complejo. Uno de los aspectos más interesantes es la importancia
económica de la tierra. Efectivamente: la tierra –el land de la economía clásica inglesa– es el factor primario de la producción. Es el recurso de
los recursos. Si bien es cierto que la tierra productiva (agropecuaria) ha
retrocedido como valor económico frente a la industria y el turismo. Sin
embargo la humanidad, con los agricultores, ecologistas y paisajistas, sigue
beneficiándose con alimentos, materia prima y belleza.
La explotación de
la tierra como factor económico, tuvo larga evolución relacionada con el
desarrollo de la sociedad humana, de la ciencia y de la tecnología. Obligó a
buscar las mejores tierras y a roturarlas. Por otra parte la agricultura fue
aglutinante y socializadora; terminó con el nomadismo y la dispersión de familias
cazadoras, permitió que éstas se asentaran en lugares determinados y que se
constituyan los poblados. La dimensión social de la agricultura dio pie a la
formación de comunidades basadas en el factor tierra, en algunos casos con tal
poder político que constituyeron la clase gobernante.
Este proceso, tal
como se dio en nuestro país, con las peculiaridades derivadas del choque entre
grupos de inmigrantes y la sociedad tradicional, y del juego de las fuerzas
económicas y políticas, es desarrollada en la segunda parte.
La tercera parte
encara la evolución de la producción de carnes, la ampliación de la frontera
agrícola y el desarrollo de la tecnología, especialmente en la región de la
pampa húmeda.
Las posibilidades
ecológicas de nuestro país, los inmensos rodeos de hacienda y las necesidades
de alimentos de Europa impulsaron las notables transformaciones en el sector
ganadero con la incorporación de diversas razas. Ello permitió gozar de los
beneficios del comercio de carnes y lanas que dieron lugar a la aparición de
las estancias.
Posteriormente se
analiza el desarrollo de la agricultura, escasamente practicada en nuestro país
hasta fines del siglo pasado. Las perspectivas de buenos negocios con la
exportación de cereales a Europa fueron generando entre los mismos estancieros
el interés por la producción de granos. Así se irá viendo cómo crece
paulatinamente la frontera agrícola y la incorporación de nuevos cultivos:
cereales, oleaginosos e industriales.
Todo ese progreso,
aparte del trabajo y del interés de miles de productores, requirió del aporte
tecnológico. Esta cuestión se desarrolla en el tercer capítulo. Los cambios
revolucionarios en la maquinaria agrícola, la fertilización, los híbridos, la
inseminación artificial, son presentados como hechos relevantes pero concluidos
y se plantean las expectativas del nuevo gran salto tecnológico a partir de la
cibernética, la genética y la biotecnología agraria, de resultados
insospechados.
En la cuarta parte
he incorporado los testimonios, serie
de reportajes a productores, industriales de maquinaria agrícola, dirigentes,
funcionarios y periodistas cuyas palabras –que reflejan la experiencia viva y
cotidiana de quienes participaron en el proceso agropecuario argentino en los
últimos cuarenta años– corroboran el relato del autor.
El Anexo
En los últimos veinte años se
desarrolló un modelo de negociación muy activo y diferenciado de los productos
agropecuarios y por esa razón incluí una colaboración especialmente realizada
para este libro por el ingeniero agrónomo Juan Carlos Orlando. Esta visión, que
tanto costó incorporar en la mente de los hombres de campo experimentados en
producir pero no en comerciar y diversificar sus productos, está pasando en
estos momentos por un período difícil porque el intromisión del gobierno
nacional en la producción, industrialización y comercialización agropecuaria
desalientan a los productores a desarrollar iniciativas destinadas a llevar sus
productos con un mayor valor agregado a la casa de los consumidores nacionales
y del exterior.
También he incorporado cuadros y
gráficos sobre la producción agrícola y ganadera de este período, las
exportaciones y la transformación
operada en la industria frigorífica en la cual están participando empresas cooperativas.
Cierra el trabajo, obviamente, unas palabras finales: las Conclusiones. En ellas se mencionan los
resultados y posibilidades del agro argentino, previa liberación de errores,
improvisaciones, abandonos y frustraciones. También aspiraciones y deseos
La obra le
permitirá al lector encontrar una rápida reseña histórica de lo acontecido en
los últimos cuarenta años en el agro argentino como, también, el análisis de
situaciones que estimo primordiales y la opinión que me merece cada uno de los
temas, expresada con convicción y sin prejuicios.
Reconocimientos
El
autor agradece a quienes, en el momento de realizar la investigación le
prestaron amplia colaboración: Nicolás Berretta, del Consejo Vial Federal,
Ricardo S. Giancol, director del Museo Ferroviario, Edgardo Guillermo Muñoz Ratto
del Departamento de Fertilizantes de la Secretaria de Agricultura, Ganadería y Pesca; José
Ángel Babastro Petroni y Nicolás Martínez Boero de la Cámara Argentina
de Fabricantes de Alimentos Balanceado, Edwald Favret y Horacio Rizzo,
científicos del Centro Nacional de Investigaciones Agropecuaria del INTA,
Castelar; al personal que facilito las tareas de la Biblioteca de la Bolsa de Cereales y de la Biblioteca del Congreso
de la Nación;
y finalmente a funcionarios de la Junta Nacional de Granos, del Ministerio de Obras
Publicas, de la Asociación
de Cooperativas Argentinas y del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria.
Un especial reconocimiento merecen los periodistas M. Daniel
Ibarra y Amilcar Dinsen por asistirme y establecer contactos con los industriales del sur de Santa Fe y
Tres Arroyos.
El profesor Juan Federico Sosa tiene mucho que ver en esta
obra ya que gracias a sus observaciones y críticas me pude mantener en el
camino de la investigación y concluirla.
Quiero recordar especialmente a dos personas que fueron mis
maestros de periodismo: Marcos De Aracama quien, además de enseñarme a buscar
la información, asegurarme la confiabilidad de las fuentes y a redactar, me
introdujo en el mundo interior del diario, esos talleres donde se concluía el
trabajo de escritorio y se debían resolver sobre la marcha los problemas de
espacio, discutir con los correctores y los encargados del taller que nos
apuraban para que cerráramos la edición. El otro fue Néstor Barbieri, periodista
de radio. Él me enseñó que antes de ponerse frente a un micrófono había que
preparar la audición, no improvisar ni acaparar el espacio que le corresponde
al entrevistado. También recuerdo a Nicolás Santiago Stancich, diagramador,
quien frente a la hoja en blanco del diagrama hacía surgir la imagen del
periódico o la revista y nos torturaba con sus cuentas para hacer los títulos y
la nota a la medida exacta de lo que había creado. Él me enseñó a imaginarme
cómo quedaría la página antes de hacer la nota.
Las fotografías de tapa y del interior fueron realizadas por
Marta Elisetch, a quien agradezco su interés por hermosear esta obra.
Pimera Parte:
Comentario
General de las
Transformaciones
del Agro Argentino
Capitulo I
La Argentina Agropecuaria
La
Argentina no
fue siempre un país agropecuario ni agroexportador.
Si recorremos rápidamente la historia económica del país
veremos que en ella predominó la actividad comercial, es decir, el sector
servicios (contándose en ellos a la burocracia oficial y a los comerciantes) y
en menor medida a la actividad reproductiva industrial confinada
fundamentalmente a la faena y venta de carnes. Estas tareas no requerían un
gran número de personas ya que pocos paisanos de a caballo realizaban el
cuidado de la hacienda y su faenamiento. Recordemos lo que Juan Álvarez señala
al respecto: “Según Azara, a principios
de siglo XIX, 10.000 cabezas de ganado vacuno requerían el cuidado de un
capataz y 10 peones, los que dedicados a ese oficio producían al año varios
millones de pesos mas que si hubiesen aplicado sus esfuerzos a sembrar trigo.
Lastarria publica un cálculo en 1802, con arreglo al cual un capataz y cuatro
peones bastaban para atender 4.000 o 5.000 cabezas sobre tres leguas
cuadradas”. [1]
Tan
escasa demanda de mano de obra en las estancias hizo que no se requiriese mayor
población en el país que aquella que crecía vegetativamente. De ahí que las
grandes distancias entre los pocos centros poblados no permitía dinamizar la
economía ni el intercambio de productos ni las vías de comunicación. Además, la
escasa población no necesitaba expandirse sobre las vastas extensiones ocupadas
por los indios, salvo cuando la economía del saladero y la valorización de las
haciendas impulsaron las acciones sobre el territorio indio. El comercio, monopolista
en tiempos de la colonia, se reducía a transacciones de productos de la tierra
y a la circulación de mercadería introducidas por la propia España y por el
puerto de El Callao, las que descendían por el territorio del virreinato hasta
llegar a Buenos Aires.
Cuando
la salazón de cueros y la preparación de tasajo fue requerida para la
exportación, el puerto de Buenos Aires se abrió al comercio con España
sufriendo, empero, alternativas diversas que volvían a cerrarlo para tal fin.
Esa incertidumbre sobre la continuidad de la legislación permisiva y el férreo
monopolio incentivaron la práctica del contrabando, tanto para introducir
productos extranjeros cuanto para exportar los cueros con destino a puestos no
españoles en los cuales se les cobraba menos derechos de importación, lo que
redundaba en beneficio de los productores locales. Las dificultades de los
hacendados fueron expuestos por Mariano Moreno en su famosa “Representación” y
señalada por Manuel Belgrano en repetidas oportunidades. [2]
La agricultura, mientras tanto, tan solo cumplía las
funciones de autoabastecimiento, limitado éste a las poblaciones urbanas, ya
que existía repulsa entre los gauchos y hacendados hacia la producción y
consumo de verduras, frutos y hortalizas.
“...
la agricultura librada a los agentes naturales no progresa por las plantas
cultivadas no pueden triunfar en lucha abierta contra las especies autóctonas.
Los indios no abundaban y desconocían las prácticas agrícolas; los negros eran
muy caros, españoles o criollos “decentes” no hacían labores manuales y las
clases bajas preferían la ganadería o el latrocinio. Cuenta Juan A. García: «La agricultura es oficio bajo. En la
madre patria arar la tierra es tarea de villanos y de siervos, en América de
tontos.» El mercado interno resultaba ínfimo, y
el externo que hubiera apoyado la faena agrícola, no existía” [3]
Acerca de las penurias de los pocos agricultores que había
en el país y de sus reducidas producciones, Belgrano señala como causa a la
existencia de grandes majadas de animales, ya fueran bovinos, equinos o
lanares; la falta de mano de obra porque los gauchos se resistían a trabajar
como agricultores y aquellos que malamente se avenían a ello por necesidad,
trabajaban con desgano provocando a la vez grandes desperdicios de granos; otro
mal era la presencia de usureros que “tragan las substancias del pobre, y
aniquilan al ciudadano” [4].
Esta situación, empero, no era igual en todo el virreinato,
ya que en el interior, donde la carencia de pastos naturales no favorecía la
cría de ganado, se desarrollaba una agricultura satisfactoria para cubrir las
necesidades de la población junto con algunos productos industriales. Así
Córdoba fabricaba tejidos, aunque de baja calidad; Mendoza, vinos y frutas secas;
La Rioja y
Catamarca también elaboraban vinos junto con la producción de algodón,
minerales y ganado; Salta, por su parte, desarrolló la industria del alcohol,
el curtido de cueros para suelas y tejidos.
Luego de la
Revolución de Mayo la estructura económica del país siguió
igual que en tiempos de la colonia con el agravante de tener que competir
malamente los productos locales con aquellos similares pero de gran calidad
importados desde Europa. Ello provocó un serio problema para los gobiernos
patrios y fue el origen del levantamiento de caudillos del interior y sus
montoneras contra el puerto de Buenos Aires, por donde ingresan los productos
extranjeros que enriquecían a los comerciantes porteños, en detrimento de las
producciones que se venían haciendo en las provincias y porque el flujo
comercial, que era de norte a sur, cambió de sentido al iniciarse en Buenos
Aires. También hay que sumar los varios años de guerra con el Alto Perú, lo que
no hacía viable la entrada de productos desde esa región. La valorización de la
carne por las guerras civiles y el descubrimiento de las cualidades del
arsénico para la conservación indefinida de los cueros, contribuyeron a que los
estancieros de las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, sur de Córdoba y Entre
Ríos volcasen mayor cuidado a sus rodeos. Se extendió así la práctica de cercar
los campos con tunas, palos y zanjas para evitar la salida de sus ganados y
proteger, en algunos casos, los propios cultivos de trigo y maíz. Vino luego la
incorporación del alambrado para determinar los predios y posteriormente la
utilización de los molinos de viento para extraer agua del subsuelo.
Junto a esos dos avances tecnológicos (el alambramiento y el
molino) cabe señalar la importación del primer reproductor Shorthorn destinado
a mejorar el rodeo de John Miller, un estanciero inglés radicado en Cañuelas.
Estaban fundadas así, las bases para el desarrollo ganadero argentino. Vendría
luego la industria del frío con la cual se desarrollan los frigoríficos y los
barcos a vapor equipados con cámaras de frío. Mientras la ganadería bovina se
desarrollaba como consecuencia del valor que obtenían las carnes y el cuero, se
produce un desplazamiento geográfico de los ovinos al tiempo que también la
carne de cerdo comienza a ser requerida por los frigoríficos pagando por ellos
buenos precios. Esa situación favorable incentiva a los productores de cerdo a
importar reproductores Polan–China de los Estados Unidos y Large-White Yorksire
de Inglaterra.
Llegando ya al último cuarto del siglo XIX otra
transformación de importancia se presenta en la economía argentina: el
desarrollo de la agricultura impulsado por los grandes contingentes de
inmigrantes europeos que se fueron radicando en el país. En pocos años la Argentina fue creciendo
en la producción de granos llegándose a la exportación de importantes volúmenes
de trigo, maíz, lino y hasta los productos de la industria, como la harina de
trigo y los aceites.
Llegan los inmigrantes
Paulatinamente, los contingentes de inmigrantes procedentes
de diversos países europeos, especialmente de la zona central, fueron
incorporando nuevos cereales y oleaginosas a las producciones que se realizaban
en la Argentina,
lo que amplió el espectro de la actividad agraria. Lo mismo ocurrió con otros
productos como el algodón, la vid, frutales, que se arraigaron sin dificultades
en nuestro territorio dadas sus excelentes condiciones ecológicas. La venta
asegurada de la producción agropecuaria a Europa, especialmente Inglaterra,
favoreció un trabajo sin mayores preocupaciones y en continua expansión. Recién
cuando aparecen las grandes crisis en los países europeos, que conducen a la Primera Guerra
Mundial, se sienten en la
Argentina las consecuencias de esa situación, especialmente
en la repatriación de millares de europeos que restan mano de obra al campo y a
las ciudades.
Con los inmigrantes llegó al país el conocimiento de las
luchas obreras, de la agitación política y de la práctica del cooperativismo.
La presencia de gran número de inmigrantes que revestían el carácter de
verdaderos exiliados políticos hizo que se transformara el panorama social de la Argentina. Las
huelgas, las marchas, los atentados, comenzaron a conocerse tanto en el campo
como en las ciudades. Las crisis económicas hallaron, entonces, diversos
portavoces para expresar el desconocimiento popular, como el aumento de los
precios, la disminución del consumo, los onerosos arriendos de los campos o el
bajo precio recibido por el grano o la carne. La imposibilidad casi absoluta
que tenían los colosos de conocer el valor de sus productos en los distintos mercados
del país o del exterior los colocaban a merced del comprador, generalmente un
acopiador local asociado o vinculado a algunas de las firmas exportadoras.
Debido a esa difícil situación los productores siguieron dos vías reivindicativas:
la lucha gremial de los peones rurales y de los pequeños productores y la
organización de cooperativas para mejorar su posición en el mercado.
Para enmarcar este periodo conviene señalar que es entonces
cuando se produce “El Grito de Alcorta”
(1912) y el alzamiento de los peones y laneros
de la Patagonia,
(1920/21) ambos consecuencia de la crisis derivada de los precios del mercado internacional
y las carencias de mercados que no fuesen europeos para nuestros productos,
además de la falta de empresarios nacionales que encarasen la exportación de
los productos agropecuarios quedando el comercio exterior en manos de compañías
multinacionales. Por su parte, los grandes terratenientes ni reaccionaron con
espíritu emprendedor para organizar empresas dedicadas a la comercialización de la producción de carnes y
granos. Volcados a la especulación de la Bolsa, y de las tierras, prefirieron asumir
plenamente el papel de proveedores asociados a las empresas extranjeras que introducirse
en el comercio mundial de los productos agropecuarios. Muchos dejaron de hacer,
pero hubo otros pocos con una concepción distinta: pensaron en organizar sus
propios frigoríficos, molinos harineros, empresas de exportación. Éstos
sufrieron las presiones aunadas de gobernantes y multinacionales que culminaron
con la pérdida del esfuerzo realizado en lamentables quiebras.
Antes de la crisis del `29 en la región central de Córdoba y
Santa Fe, zonas eminentemente trigueras, se habían organizado numerosas
cooperativas agrarias que fundaron, en 1922, la Asociación de
Cooperativas Rurales de la
Zona Central, conocida luego con el nombre de Asociación de
Cooperativas Argentinas. Esta entidad se segundo grado se embarcó en una
campaña tendiente a la construcción de silos elevadores de grano en cada una de
sus asociadas. La prédica tuvo éxito y pronto las cooperativas iniciaron las
obras de sus elevadores, inaugurándose el primero en Leones, provincia de
Córdoba, en 1929. La misma Asociación de Cooperativas Argentinas construyo un
elevador terminal, en el puerto de Rosario, de 80.000 toneladas para
incursionar en el campo del exportación directa de los cereales producidos por
los asociados a sus cooperativas adheridas. Ese elevador terminal y el de las
cooperativas fueron expropiados por el gobierno nacional en 1932. Con esa
medida gubernamental quedó trunca una etapa de crecimiento independiente de los
productores argentinos, etapa de notable aporte del sector agrario para mejorar
el sistema de almacenamiento eliminando las bolsas de arpilleras cuya
comercialización estaba en manos de acopiadores y empresas internacionales. La
eliminación de la bolsa y el acopio a granel disminuía los costos y facilitaba
la conservación de la mercaderías por largo tiempo.
Trust y Juntas reguladoras
Conviene recordar que la formación de un trust en el
comercio de la carne, tanto destinada al mercado interno como a la exportación,
se generó a partir de la radicación de capitales norteamericanos en la
industria frigorífica. Ello dio lugar, en los años 1932-1933, a intensos debates
parlamentarios que concluyeron con la sanción de varias leyes (Nº 11.205, de
“Frigoríficos y depósitos de distribución de carnes”, Nº 11.226 de “Control de
comercio de carnes”, Nº 11.227 de “Precio mínimo y máximo de carnes” y Nº 11.228 de “Venta de ganado al peso vivo”), que
procuraron morigerar la acción que los frigoríficos desarrollaban en detrimento
de los ganaderos nacionales. Estas leyes no llegaron a impedir que el monopolio
exportador del trust de frigoríficos norteamericanos continuase manejando la
exportación de carnes en detrimento de las empresas argentinas y de los
frigoríficos ingleses.
En este tiempo se pensó en la organización de una
cooperativa de todos los ganaderos del país que tendrá carácter nacional. Entre
sus objetivos debía figurar la atención de la producción, la industria y el
comercio de carnes eliminándose así la acción de intermediarios, lo que
redundaría en beneficio de los mismos hacendados asociados. Ese proyecto no
prosperó perdiéndose una oportunidad más para que los ganaderos transitaran el
camino de la propia industrialización de sus productos.
El problema de la carne, como el de los granos, volvería
sobre el tapete tiempo después con la crisis de 1929 y sus secuelas. En nuestro
país desembocó en el pacto Roca-Runciman celebrado el 1º de Mayo de 1933 entre la Argentina y Gran
Bretaña. Este acuerdo tenía como antecedentes la reunión que el reino europeo
realizara con sus colonias en Ottawa en 1932 para superar su crisis económica
que se inició como consecuencia de la Primera Guerra Mundial.
El convenio Anglo-Argentino significo un duro golpe al
progreso autónomo de nuestra economía al ligarla estrechamente a los intereses
y conveniencias de Gran Bretaña. Para paliar sus alcances y atemperar las
fuertes críticas que se levantaron en los círculos políticos locales, el
gobierno propició la sanción de una ley (11.747) “de Carnes”, que contenía en
su articulado la creación de la Junta Nacional de Carnes y de la Corporación Argentina
de Productores de Carnes (CAP). En el mismo sentido se organizó la Junta Reguladora
de Granos (1933) que luego se transformó en la Junta Reguladora de la Producción Agrícola
(1944). También se sancionó la ley Nº 11.742 en 1933 que impulsaría la
construcción de una red de elevadores de granos, a la que estaban integrados
los elevadores construidos por la cooperativas agrarias años antes y que les
fueron expropiados.
Posteriormente, en 1935, se sanciono la ley Nº 12.253, de
Granos, por la cual se creó la Comisión Nacional de Granos y Elevadores que
luego cambiaría varias veces de nombre, haciendo gala nuestros gobernantes de
ser preclaros revolucionarios semánticos: Dirección Nacional de Granos y
Elevadores (1949); Instituto Nacional de Granos y Elevadores (1955), que
cumplía la función de la
Junta Reguladora de la Producción Agrícola,
también conocida como IAPI (Instituto Argentino de Promoción del Intercambio
desde 1946) y de la
Dirección Nacional de Granos y Elevadores.
Cuando en 1956 se sanciono la nueva reglamentación de granos
(Decreto Ley Nº 19.697) el Instituto Nacional de Granos y Elevadores pasa a
llamarse Junta Nacional de Granos, nombre que conserva hasta ahora. La
legislación sobre el comercio de gramos se modifica y ordena en 1963 con el
Decreto Ley Nº 6.698 conocido como Ley de Granos que rige actualmente. Otro
sector agropecuario que tuvo una dinámica propia aunque acotada por los mismos
parámetros de la política económica fue el de la leche.
Los productores agrarios, como consecuencia de las
incertidumbres que vivían por los fluctuantes valores de las cosechas y las
alternativas propias de los cultivos ante los cambios climáticos y las plagas
(la langosta), comenzaron a realizar explotaciones mixtas, principalmente los
colonos que habían alcanzado a ser propietarios de sus campos. No así los
arrendatarios que tenían prohibido, la más de las veces, destinar el predio
arrendado a otra cosa no fuese la producción de granos. Esa explotación mixta
dio lugar a la actividad tambera que para muchos productores pasó a ser la
mayor fuente de ingresos. También comenzaron a surgir en las provincias de
Santa Fe y Córdoba algunos establecimientos industriales que transformaban la
leche en crema, manteca y quesos, apareciendo al mismo tiempo cooperativas de
productores tamberos que realizaban la industrialización de la leche.
El afincamiento de importantes usinas lácteas de capital
extranjero y la constitución de monopolios en ese rubro, por un lado, y la
carencia de premios para el producto de calidad, por el otro, provocó la
dependencia de los productores a esas grandes empresas monopólicas.
Simultáneamente, esa situación alertó a los cooperativistas, quienes comenzaron
a organizar federaciones fuertes para enfrentar los monopolios.
En 1937 el gobierno nacional impulsó un proyecto destinado a
crear un tribunal arbitral que funcionaria permanentemente con el fin de
establecer el precio de la crema y la leche en forma obligatoria para los
productores, industriales y distribuidores. Ese proyecto no se concretó por
oposición del sector cooperativo que no deseaba caer en una trampa de esa
naturaleza. No obstante el gobierno organiza la Junta Reguladora
de la Industria
de la Leche
(1937), que pronto fracasó por no contar con el apoyo de los productores. Esa
era otra junta más que se sumaba a las de Granos y Carnes para controlar desde
el poder político central, la producción agropecuaria y fijarle los precios de
acuerdo con la sugerencia de los exportadores.
En 1938 se organiza la cooperativa San-Cor, una federación
de cooperativas tamberas de la zona central de Santa Fe y Córdoba que pudo
afrontar con éxito la defensa de los productos contra el monopolio de Dairyco.
A poco de su fundación San-Cor comienza a disputarle a esa empresa el mercado
internacional. También en la provincia de Buenos Aires se presenta el mismo
fenómeno con los productores tamberos, los que se organizan en cooperativas
(algunas a principio de siglo) como la Liga Agrícola Ganadera de Junín (1906) que se
inicio como cooperativa agrícola –ganadera e incorporando posteriormente la
industria láctea. La
Unión General de Tamberos también agrupó, a los productores
de la cuenca lechera del oeste bonaerense con el objetivo de defender el precio
de la producción. Productos regionales como el algodón, la yerba mate y el vino
contaron también con sus específicas leyes reguladoras que dieron origen a la
organización de las respectivas Juntas Nacionales.
Todas esas leyes, sancionadas en los primeros años de la
tercera década de este siglo, y esos organismos se fueron transformando según
las diferentes orientaciones de la política gubernamental, no tanto en sus
objetivos sino en el aspecto administrativo de dependencia jerárquica.
La
Junta Nacional del
Algodón (organizada por el Decreto Nº 59.802/35) contribuyó a la expansión de
la producción algodonera impulsada años antes por el ministro de Agricultura el
Dr. Tomas A. Le Bretón principalmente en la Provincia de Chaco. Este
organismo oficial “cumplió con todos los objetivos fijados. En poco mas de 3 o
4 años logro aumentar el rendimiento del viejo tipo Chaco de algodón, que no
rendía mas de veintiocho por ciento de fibra al desmote, con variedades
excelentes traídas directamente de los
Estados Unidos y que rendía hasta treinta y tres por ciento de la fibra y con
excelentes rendimientos agrícolas”. [5]
La producción y comercialización de la yerba mate, así como
la promoción de su consumo fue contemplada en la Ley Nº 12.236 que creó la Comisión Reguladora
de la Producción
y Comercialización de la
Yerba Mate. Entre sus objetivos está la determinación de las
“condiciones de elaboración, sanidad e higiene del producto en el ciclo de la
zafra hasta su entrega al consumidor”. También reglamentaba la época en que
debía efectuarse la poda, quedando prohibida la poda prematura o “zafriña” y
propendía la construcción de secaderos y noques, al desarrollo del crédito
yerbatero para la producción, almacenamiento y expendio del producto, a la
mejor organización de los productos, a fin de facilitar su acceso directo y sin
trabas a los mercados, para lo cual debían establecerse organizaciones de
concentración de venta de las que no podrá salir yerba cachada sin certificado
de análisis. De esta manera se procuraba un producto perfectamente testificado,
indispensable para que la promoción del consumo de yerba dispuesto por la ley
se sustentase sobre bases sólidas.
La ley también establecía que la comisión, previa
autorización del Poder Ejecutivo Nacional, debería “aplicar y percibir un
impuesto móvil interno (...) uniformemente sobre toda yerba elaborada, sea
importada o molida en el país” con el propósito de “compensar a los productores
la diferencia entre el costo medio normal y corriente del producto (...) y la
cotización media de la yerba canchada argentina”. Esas disposiciones era algo
sumamente importante porque contemplaba procedimientos de industrialización
capaces de fomentar el consumo interno y la conquista de nuevos mercados en el
exterior.
La
Junta Reguladora de
Vinos fue organizada por la Ley
Nº 12.137 y su función principal era evitar que la producción
vitivinícola nacional siga excediendo los requerimientos normales de la
población y su incremento, razón por la cual quedaba “especialmente facultada
para otorgar indemnizaciones equitativas que promuevan la supresión en la
medida indispensable de la vid vinífera o su substitución por uva de mesa o de
pasas o por otros cultivos”. Siguiendo ese objetivo la Junta estaba facultada para
“adquirir los excedentes de vino de los bodegueros que se obliguen a
recuperarlo cuando la Junta
decidiese venderlos en forma que considerase más conveniente, a los fines de
regular su oferta ajustándola a la capacidad de absorción del consumo”. Además
promovía “la agrupación de los productores de uva sin bodega en entidades
cooperativas de acuerdo a la Ley
Nº 11.388 para la industrialización y comercialización de sus
cosechas”. La elaboración de vino genuino, estipulaba, sólo podrá efectuarse
dentro de la provincia o territorio nacional en que se produjese la materia
prima empleada; y agrega que “las bodegas existentes en la actualidad, situadas
fuera de las zonas productoras de uva, cuya elaboración anual supere los 20.000
hectolitros, podrán seguir elaborando vinos genuinos con uvas traídas de aquellas,
de acuerdo con lo que al respecto establezca la reglamentación de la presente
ley”.
Como puede verse estas leyes permiten que el Estado concurra
a solucionar distintos tipos de problemas originados en la producción de
algodón, yerba y vinos. La ley sobre algodón procura promover su producción y
mejorar la calidad en una región hasta entonces despoblada y a la que estaban
arribando importantes contingentes de colonos a quienes se les debían brindar
seguridades para la radicación definitiva en el medio geográfico. La industria
textil, asimismo requería una fibra de mejor calidad que aún no se logró a
pesar de los trabajos de investigación realizados por el INTA. Recién en los
últimos años se obtuvieron variedades de fibras largas.
También la plantación de yerba mate y posteriormente la de
te, fueron determinantes para que los colonos se radicaran definitivamente en
Misiones. La regulación, asesoramiento técnico, la industrialización
cooperativa y la comercialización del producto debían contar, necesariamente,
con el apoyo y control del Estado, que aspiraba a exportar el producto. No
ocurre lo mismo con la producción de vinos, regulada para que no excediera el
consumo interno y su probable crecimiento. Se procura incentivar la
diversificación productiva orientada a los viñateros hacia la horticultura y
fruticultura. Creemos que esa medida no fue acertada porque no procuró fomentar
la exportación de vinos, si bien las condiciones económicas de los mercados
mundiales no eran mejores que las de Argentina al haber sido afectados por la
crisis de 1929. Esa actitud se volvería a repetir en otras oportunidades en que
la industria vitivinícola se halle en crisis. La solución pasa siempre por la
erradicación de vides, por la regulación de la producción, por la caución de
vinos, pero muy difícilmente por la promoción de las exportaciones.
En este caso estimo que el problema para exportar es la
falta de tipificación de los vinos nacionales y que por eso no conquistaron
mercados ya que nuestros productos
vitivinícolas no pueden ser reconocidos fácilmente por los consumidores
extranjeros. Por sus características ecológicas, las diferentes regiones
productoras dan distintos tipos de vinos que, si bien fueron obtenidos con uvas
de cepas originarias de Europa, son distintos a los europeos por la influencia
que el suelo y el clima ejercen sobre ellos. Cuando nuestros productores e
industriales se percaten de la necesidad de tipificar adecuadamente sus vinos,
Argentina podrá estar presente en los mercados mundiales con vinos de excelente
calidad.
Otras medidas tomadas en
los años `30 referidas a la economía nacional que conviene tener en
cuenta por su influencia directa o indirecta en el sector agropecuario, fueron:
a) la supresión de la Caja
de Conversión y la creación del Banco Central de la República Argentina,
al que se le transfirieron las funciones de aquella, especialmente la de
concentrar reservas suficientes para moderar las consecuencias que la
fluctuación en las exportaciones e inversiones de capitales extranjeros, el
crédito u las actividades, tienen sobre la moneda, a fin de mantener su valor.
El Banco Central fue concebido para regular los medios de pago no comprometiendo
las reservas en el crecimiento innecesario de los medios de pago controlándose
la actividad bancaria privada; b) la
creación del Instituto Movilizador de Inversiones Bancarias con la finalidad de
aliviar, con el apoyo oficial, la situación del sistema bancario, que todavía
se hallaba seriamente deteriorado desde la crisis de 1929; c) la organización
de la Dirección
Nacional de Vialidad, que impulso la ampliación de la red
caminera, la pavimentación de rutas y la construcción de puentes, con lo cual
la preocupación agropecuaria contó con una posibilidad más, aparte del
ferrocarril, para movilizarse dentro del país.
A mediados de la década la crisis económica mundial
continuaba porque se estaban viviendo “no solo las consecuencias materiales de
un cambio total en las reglas económicas mundiales, sino también una gran confusión
intelectual acerca de qué era indicado hacer y qué era lo contraindicado. No
hay que olvidar que muy poco después, en 1936, John Maynard Keynes
revolucionará la economía con su “Teoría
general de la ocupación, el interés y el dinero”, donde surgiere que los
gobiernos pueden y deben manipular el nivel de actividad económica adoptando
deliberadamente la oferta de dinero y las tasas de interés. Pueden comprenderse
las dificultades de entender lo que sucedía en aquel momento si se tiene
presente que hoy, más de cuatro décadas después, las ideas keynesianas, siguen
siendo aceptadas por unos, rechazadas por otros, aplicas en unos países,
descartadas en otros y objeto de polémica en todo el mundo.” [6]
En 1936 se desencadena la Segunda Guerra
Mundial que se prolonga hasta 1945. Ese largo y desbastador conflicto bélico
repercutirá en nuestro país tanto en lo social como lo económico. La población
se ve influenciada en esa época por las ideas nacionalistas que se originaban
en Europa por impulso de la propaganda fascista, nazi y franquista. Se
organizan movimientos populares que apoyan esas ideas, también sustentadas por
numerosos dirigentes políticos y jefes militares.
Industria y sindicatos
La industria que venia desarrollándose paulatinamente como
consecuencias del contraste incremento de la población, alcanza un gran
desarrollo en la época de la guerra al tener que sustituir importaciones de
productos europeos. El sindicalismo está más organizado y alcanza, en
consecuencia, una fuerza reivindicatoria que hasta entonces no se conocía.
“Un año antes de la caída de Yrigoyen, los efectivos
sindicales en nuestro país, según una información del Departamento Nacional de
Trabajo, citada por Diego Luis Molinari, en su proyecto del Código de Trabajo,
eran los siguientes: Unión Sindical Argentina 10.000; Confederación Obrera
Argentina 85.000; otros núcleos 33.000; sumados los cuales el numero de
agremiados alcanzaba a 128.000 (...). Pocos días después del pronunciamiento
militar, el 27 de septiembre de 1930, se crea la Confederación General
del Trabajo, mediante la fusión de la
COA y la USA,
fusión a la cual se llega por la mediación de la Federación Obrera
Poligráfica Argentina. Es este capítulo de la historia sindical argentina una
etapa en la lucha de los sindicatos contra la oligarquía y el imperialismo.”[7]
En el aspecto económico, “al igual que la crisis del `30, el
país saldrá de la guerra fortalecido económicamente, acreedor de las naciones
más poderosas del mundo y con una industria mucho más sólida que la que tenía
antes de comenzar el conflicto. En 1944 la producción agropecuaria era un 28
por ciento superior a los promedios de 1937-1939. La producción industrial
había crecido un 35 por ciento, en tanto que la construcción lo había hecho en
un 93 por ciento.”
“Se iniciaba un periodo de amplia expansión basado en los
altos precios de nuestros productos exportables.” [8]
La política argentina cambia de filosofía a partir de 1930,
año en que es derrocado Hipólito Yrigoyen, presidente constitucional. A partir
de entonces se suceden las presidencias de Uriburu, jefe de la sublevación y a
éste le sigue el general Agustín P. Justo, elegido presidente en elecciones
realizadas con la abstención de la Unión Cívica Radical por habérsele vetado los
candidatos. El mandato de Justo se cumple hasta 1938, siendo reemplazado por
Roberto M. Ortiz quien, enfermo, delega la presidencia en el Vice, Ramón S.
Castillo, quien tampoco puede cumplir el mandato ya que el 4 de junio de 1943
lo derroca un golpe de Estado.
Durante la Segunda Guerra
la Argentina
mantuvo una posición neutral no cediendo a las presiones que realizan los
Estados Unidos en la
Conferencia de Cancilleres de Río de Janeiro (1942). Esa
posición fue firmemente sostenida por Castillo. A su derrocamiento asume la
presidencia el general Arturo Rawson el 4 de junio para renunciar 2 días
después siendo reemplazado por el general Pedro Pablo Ramírez, quien en enero
de 1944 rompe relaciones con el eje y renuncia siendo reemplazado por el
general Edelmiro J. Farrell en marzo de ese año. En 1946 asume un gobierno
constitucional luego de un periodo de tres anos de administración militar del
país. Es proclamado presidente el general Juan Domingo Perón.
Capitulo II
Conflictos y cambios
No es completo ningún análisis económico o social que deje
de lado la referencia a ideas políticas que se desarrollaran durante el período
bajo estudio y aquellas que le sirven de antecedentes porque en ellas se
encontrará la explicación a muchas actitudes que, de otra manera, nos
parecerían arbitrarias. Entre estas ideas tenemos que involucrar las teorías
económicas, las que siempre dan una explicación u ofrecen una propuesta de
acción para que se logre el objetivo político.
Es así que el periodo que abarcan estos últimos cuarenta
años está caracterizado por la influencia de las ideas socialistas de
distribución democrática de la riqueza. Es la época de expansión del socialismo
soviético, del nacional socialismo alemán, del corporativismo italiano,
tendencias políticas que logran grandes núcleos de adeptos en nuestro país. Al
mismo tiempo, se está produciendo en el mundo un repliegue del capitalismo, el
que va tiñéndose, también, de ideas socialistas. Al respecto Ricardo M. Ortiz [9]
en la década del cuarenta señalaba “la orientación de la economía mundial hacia
la democracia y el socialismo; el predominio del interés colectivo sobre el
lucro privado”.
Las crisis económicas se resuelven mediante un
reacomodamiento de la participación de los factores productivos en la
distribución de las ganancias. De igual manera, las crisis económicas mundiales
se solucionan a través de una distribución de actividades que deben cumplir las
distintas naciones vinculadas por la producción y el comercio. La crisis de
1929 generó nuevas tendencias hacia la reorganización de la economía mundial:
“Nuevas corrientes y nuevos conceptos orientan a esta gestión. La concentración
de capitales ha conducido a innumerables industrias de economía privada a la
esterilidad en cuando se refiere a la capacidad de realizar el servicio social
al cual estaban destinadas. (...). De su grado de utilidad social depende que
sean abandonadas a su suerte o que la propia colectividad tome su comando,
pasándolo del dominio privado al patrimonio social”. “Tal lo acontecido en Gran
Bretaña con el carbón, el hierro, el acero; los transportes; el régimen
bancario y de seguros; en Francia, con diversidad de industria e instituciones
financieras; en Polonia, México, Brasil etc. y en la propia Argentina, en la
cual se ha dado comienzo a esta modalidad practicándola en bancos y seguros”. [10]
“Pero esta tendencia no es solamente una imposición de la
economía y de la técnica; constituye también un definido sentido político en
cuanto permite fijar la orientación de una nueva etapa.” “La Argentina ha
desarrollado sus fuerzas productoras bajo el signo de la protección
imperialista. Las ha desarrollado en la medida y en la actividad que mejor se
avenía con el rendimiento exigido a esos capitales. El régimen de producción no
obedece a las normas de la competencia, desde que su concurrencia al mercado
mundial no se realiza en demanda de compradores; su destino está fijado de
antemano en calidad y extensión” [11]
Esta actividad de factoría no ha sido modificada en el
transcurso del tiempo ya que a despecho de los distintos gobiernos que
dirigieron el destino del país, con diversas ideologías políticas, la nación
continúa haciendo lo mismo: esperar que haya alguien que nos solicite la
producción de algún bien para abastecer su propio mercado. La larga vida de
dependencia económica respecto de alguna metrópoli (España, Inglaterra)
pareciera que nos marcó para siempre inhabilitándonos para asumir actividades
claras e independientes, corriendo por nuestra cuenta los riesgos propios de
los mercados, aguzando el ingenio para producir y vender lo que en mejores
condiciones podemos realizar. Nuestro modo habitual de producciones fue siempre
“a pedido”. Así, por ejemplo, el trigo candeal lo producíamos para Italia
porque ese país estaba necesitando esa mercadería. Cuando Italia deja de
comprarnos disminuimos la producción del candeal en vez de buscar otros
compradores. Lo mismo ocurre con la carne: Inglaterra buscaba un tipo de carne
ajustado a sus gustos. Los ganaderos argentinos mejoran sus rodeos hasta
obtener ese tipo de carne, aumentando la producción. Se instalan frigoríficos
que abastecen a los ingleses. Cuando por distintas razones Inglaterra deja de
estar interesada en nuestras carnes, nosotros, en vez de buscar nuevos mercados
que pudiesen absorber la producción que en cantidad y calidad estamos en
condiciones de ofrecer, nos retiramos prácticamente del mercado: disminuye el
stock ganadero, se cierran frigoríficos importantes y nos comemos alegremente
los novillos sin pensar que si se sale a vender no faltarán compradores: es
suficiente para corroborarlo el ejemplo que está dado Brasil.
Otro prejuicio que tienen nuestros dirigentes y la gran
mayoría de las personas de opinión es adoptar la ideología de moda que se
genera en alguna parte del mundo. Así es que nosotros somos proteccionistas a
ultranza para pasar a ser liberales o socialistas; de desarrollistas
entusiastas nos transformamos en tristes monetaristas y si por ahí anda alguna
idea estatista nos adherimos a ella con la misma fuerza con que luego asumimos
la defensa del estado chico y del privativismo absoluto. Este diletantismo
provoca inevitables retrocesos en cada cambio de política económica y social.
Los piases en los cuales se producen los cambios y que nos sirven de ejemplo
para imitarlos, llegan a ellos como consecuencia de un proceso interno que les
va dando sustento para ser realizados. Los acontecimientos políticos, económicos
y sociales son dinámicos en sí mismos y los gobiernos observan y miden sus
productos con meticulosa preocupación para conocer hacia dónde se dirige el
sentir del accionar de sus respectivos pueblos. Cuando se impulsa desde el
gobierno alguna determinada modalidad económica y política, es tan sólo como
corolario de la propia dinámica social.
La historia ha dado constantes ejemplos de esas actividades,
y sean suficientes recordar algunos de ellos:
“La gran depresión y las respuestas
correspondientes” [12]
“El pánico del mercado de valores de Nueva York comenzó como
muchos casos similares, cuando un numero suficiente de inversores resolvió que
los precios de las acciones habían excedido los posibles dividendos, situación
que había prevalecido durante bastante más de un año antes de octubre de 1929.
Pero las ramificaciones del pánico en Nueva York no tuvieron precedentes y
reflejaron el nuevo predominio financiero conquistado por Estados Unidos
durante la Primera
Guerra Mundial y más tarde aun. Los bancos neoyorkinos
comenzaron a reclamar los créditos que habían adelantado a Alemania, lo cual
precipitó el derrumbe financiero en ese país. El efecto de la paralización de
Alemania se extendió a otros países europeos y recayó sobre Estados Unidos. Al
cabo de dos años, casi la mitad de los trabajadores industriales alemanes estaban
desocupados o trabajando sólo parte del tiempo; en otros países la Crisis, aunque no tan
drástica, tuvo también graves efectos paralizadores. A fines de 1932, cerca de
15 millones de norteamericanos carecían de trabajo y nadie sabía que hacer”
( ... )
“No se disponía de un cuerpo teórico con práctica, Keynes
produjo su obra cierto tiempo después. Los hombres procedieron sin respaldo
teórico, y en Estados Unidos y Alemania, los dos países donde la Crisis produjo efectos más
graves y las respuestas fueron más eficaces, se echó mano, natural e inevitablemente,
a las pautas de movilización económica ensayadas inicialmente durante la Primera Guerra
Mundial.”[13]
Reacciones: Norteamérica, Alemania,
soviética [14]
“Los violentos cambios de gobierno ocurridos tanto en
Estados Unidos con en Alemania en 1933, simbolizaron y permitieron este retorno
a las pautas de organización económica de tiempo de guerra. Los demócratas que
habían gobernado en Estados Unidos durante el período final de la Primera Guerra
Mundial, retornaron al poder en las elecciones de 1932. Bajo la dirección de
Franklin D. Roosevelt, inauguraron en marzo de 1933 la política del “New Deal”.
“Tres meses antes el fanático ex–cabo Adolfo Hitler se había
convertido en Canciller de Alemania e impuesto su dictadura a la nación. Poco
antes Japón y Rusia habían lanzado también sus propias versiones de la
movilización económica, con planes quinquenales de Stalin y la invasión de
Manchuria por parte de los japoneses, operación seguida de un proceso de
inversión masiva. Cada uno de estos movimientos merece un pequeño examen antes
de considerar cómo una nueva serie de choques internacionales condujo al
estallido de la Segunda
Guerra Mundial.”
“Puesto que comenzó en 1928, el Primer Plan Quinquenal dio a
los rusos cierta ventaja cronológica para afrontar la crisis económica, con el
agregado de la inflexibilidad con que Stalin y sus subordinados utilizaron los
recursos humanos y naturales de la Unión Soviética. Pero la reducida base industrial
y la falta de conocimientos técnicos con que los rusos comenzaron representó un
tremendo inconveniente. En este aspecto parece útil señalar dos puntos.
Primero, la concepción y los métodos de la planificación económica rusa estaban
estrechamente relacionados con la planificación militar practicada durante la Primera Guerra
Mundial. Sus cálculos se apoyaban en decisiones imperialistas: construir un dique
aquí, una fábrica allá, establecer un nuevo ferrocarril o crear otra instalación
fundamental. Luego, se agrupaban los recursos materiales y la fuerza de trabajo
indispensable, del mismo modo que un general reúne sus tropas y suministros
para una campaña. Cuando faltaban elementos, se resolvía el problema como una
campaña militar, mediante ordenes, disposiciones y decretos de emergencia.
Hasta la retórica comunista tenia un carácter militar: la campaña de los
cereales, el frente industrial, lucha contra los saboteadores, etc...”
“Segundo, los objetos de los dos primeros planes quinquenales
fueron esencialmente industriales. En curso del Segundo Plan Quinquenal,
1932-1937, la amenaza militar de la
Alemania hitleriana comenzó a parecer grave. En respuesta a
esta situación, Stalin desplazó, discreta y silenciosamente las prioridades
industriales de la producción civil a la militar y comenzó a ampliar y
reequipar sus fuerzas en escala masiva. Bajo este régimen, disminuyó
constantemente la producción de bienes de consumo, de viviendas y de otros
artículos, y se amplió con rapidez la industria básica y la producción de
armamentos.”
“A pesar de la fatiga y la tensión, los habitantes de Rusia
acataron en general las imposiciones de los planificadores. No necesitaban
muchas pruebas para comprender la necesidad de armamentos en un mundo en el
cual Hitler reclamaba desafortunadamente espacio vital en las llanuras
ucranianas. Ni siquiera las purgas de 1936-1938, que eliminaron a todos los
antiguos bolcheviques sobrevivientes y sacrificaron a muchos hombres capaces,
víctima de los temores paranoicos de Stalin, influyeron sobre la tradicional
sumisión de las masas rusas. De ese modo, gracias a los planes quinquenales, en
1939 la Rusia
Soviética era una potencia militar enormemente mayor que el
Imperio del Zar, Nicolás II en 1914. Pero este hecho no era evidente para los
países extranjeros. Las purgas habían dado cuenta de la mayoría de los
oficiales veteranos del ejército. Así, la mayoría de los observadores se
preguntaban que podía haber quedado de la moral militar rusa”.
“Hitler
y los nazis” [15]
“Hitler alcanzo el poder legalmente en enero de 1933,
después de dos años de crisis económica. Como cabía esperarlo, el resultado de
la crisis en Alemania fue el ascenso de los movimientos políticos
revolucionarios: los nacional socialistas o nazis de Hitler, por una parte y
los comunistas por el otro. Ninguno de estos partidos conquistó jamás la
mayoría en una elección libre, y sólo cuando la marea nazi parecía retroceder y
Hitler había sufrido un contraste considerable en las urnas en noviembre de
1932, se lo designó Canciller. Tuvo esa oportunidad por que los conservadores
nacionalistas supusieron que podían utilizar a los nazis para dar mas amplio
apoyo popular a su propia política. Por el contrario, fue Hitler quien los
utilizó, y tres meses después de ocupar el cargo habían adquirido poder
dictatorial, utilizando también en este caso las formas legales. Usó su
autoridad para eliminar a los restantes partidos políticos, persiguiendo a los
judíos – a quienes convirtió en chivo emisario de la mayoría de los padecimientos
alemanes– y lanzar un programa de obras públicas y rearme secreto que en un
lapso relativamente breve atenuó el problema de la desocupación”.
( ... )
“La inteligencia suscitaba en los nazis desconfianza y
antipatía reales. Lo más importante era la voluntad y el sentimiento, la sangre
y el suelo. Ciertamente, Hitler tenía la voluntad, y se proponía ocupar el
suelo de la mayor parte de Europa con la misma combinación de baladronada y
brutalidad que tan útil le había sido entre 1933 y 1936 para imponerse en la
misma Alemania. La consecuencia final fue la Segunda Guerra
Mundial, con la derrota y la destrucción total del movimiento nazi. Sin embargo
a breve plazo, el hecho de que en Alemania pudiese disponerse fácilmente de
hombres y maquinas confirió a la mística voluntarista de Hitler un éxito casi
mágico –o por lo menos así pareció– en aquellos años en que otras naciones
europeas avanzaban penosamente bajo el peso de la desocupación masiva y
jaqueadas por la sombría crisis que también Alemania había padecido antes de la
llegada de Hitler al poder”[16]
“El
sol naciente de Japón” [17]
“En cierto sentido, los métodos de movilización económica de
los japoneses eran los más convenientes entre las cuatro grandes potencias
innovadoras. Las tres naciones restantes transformaron sus respectivas
economías en tiempo de paz; Japón primero fue a la guerra y luego, poco a poco,
bajo la presión de prolongadas operaciones militares, amplió y reorganizó la
economía imperial. La lucha comenzó en 1931, cuando las tropas japonesas
invadieron Manchuria. La reacción de las potencias europeas y de la Sociedad de las Naciones
ante esta ruptura desembozada fue débil e ineficaz; cuando Japón, en un gesto
colérico, se retiró de la
Sociedad en 1933, la única respuesta occidental fue negarse a
reconocer el nuevo Estado títere de Manchukuo, que los militares japoneses
habían eregido en la antigua provincia china de Manchuria.
“Desde el comienzo el gobierno civil de Japón controló a
medias las actividades del ejercito japonés en el continente. Pero hasta los
ministros menos dispuestos debieron ceder a los reclamos de dinero y equipos
para las tropas. Adoptar otra actividad habría sido antipatriótico y también
peligroso, pues en varias ocasiones jóvenes y fanáticos oficiales del ejército
asesinaron a los dirigentes políticos que no respondían a la definición militar
de patriotismo. También los financistas se vieron forzados a cooperar,
quisieran o no, desarrollando los recursos generales y otros productos de las
llanuras de Manchuria. Así se creó un poder semi–independiente en las filas del
ejército japonés. Este gobierno entre bambalinas mas de una vez impuso su
voluntad a las autoridades japonesas metropolitanas y manejó Manchuria y Corea
casi como un feudo militar autónomo”.
“Franklin D.
Roosevelt y el New Deal” [18]
“en 1933, cuando Franklin D. Roosevelt (fallecido en 1945)
ascendió a la presidencia y se propuso resolver la crisis económica, convoco a
varios veteranos de guerra y aprovecho las experiencias de estos hombres acerca
de las formas desmovilización de los recursos nacionales en 1917-1918. Algunos
organismos de emergencia como Administración de Recuperación Nacional (National
Recovery Administration) dirigida por el general Hugh Jomhson y el cuerpo civil
de conservación (Civilian Conservation Corps) reconocida claramente su origen
en la Primera Guerra
Mundial. En cambio, otras importantes medidas del New Deal como la
desvalorización del dólar y la Ley
de Adaptación Agrícola (Agriculture Adjustement Act) no tenían equivalentes
directos en el periodo de la guerra. Perro la idea general dominante –adaptar
la oferta a la demanda- provenía directamente de los años de la guerra, y
penetro toda la estructura del New Deal”. (...)
“A pesar de la moderación y de las medidas no del todo
consecuentes que caracterizaron al New
Deal norteamericano cuando se la compara con la política de los nazis, de los
rusos o de los japoneses, de todos modos trajo aparejado un espíritu tal de
aventura y audacia en las instituciones del gobierno, que persuadió a la mayoría
de los norteamericanos y a algunos europeos de que las instituciones
parlamentarias liberales eran capaces de afrontar la crisis económica. El
comunismo y otras doctrinas políticas extremistas hallaron escaso campo de
acción en los Estados Unidos. En lugar de incorporarse a dichos movimientos,
los hombres de buena voluntad podían confiar en la posibilidad de obtener
resultados prácticos si hallaban trabajo en el gobierno y ayudaban a
administrar algún programa nuevo de mejoramiento social. Los críticos
conservadores afirmaron que el New Deal era un programa socialista: no
obstante, la mayoría de los norteamericanos lo aprobó, según se demostró con
las reelecciones sin precedente de Franklin D. Roosevelt en 1936, 1940 y 1944.”
Conviene señalar también, los cambios
que se producen mas recientemente en la política de Estados Unidos y de
Inglaterra, cuna esta última del keynesianismo. Veamos primero el caso
norteamericano:
- Odoacro no llega de repente: todo imperio empieza a
agrietarse mucho antes de caer, aunque rara vez grietas son reconocidas.
- Desde dentro, no se las quiere ver. Desde fuera, no se
puede: La majestad del Imperio sigue abrumando a quienes lo observan.
- Esta ocurriendo con Estados Unidos. Sus desventuras son
explicadas con anécdotas: la culpa la tiene “la mafia georgiana” o la voracidad
de los árabes, pero –en todo caso- la crisis norteamericana parece obedecer a
accidentes superables.
Eso lo haría transitoriamente.
- Hay poca gente dispuesta a entender que Jimmy Carter, el
SALT II y la OPEP
son tan solo partes de un rompecabezas. Y caso nadie estaría dispuesto a
admitir que hechos distantes, y aparentemente inconexos –como la muerte de
Kennedy y el embargo petrolero-, sean otras piezas del mismo juego. Sin
embargo, en menos de 20 años los norteamericanos han asistido a una sucesión de
acontecimientos que alguna relación deben tener entre si.
- Al principio, Estados Unidos aceptó compartir el liderazgo
mundial –hasta entonces exclusivo- con la URSS. Los soviéticos le habían arrebatado el
monopolio nuclear y los norteamericanos optaron por la coexistencia pacifica.
- El mundo fue repartido, pero luego los norteamericanos
fracasaron en su intento de evitar la instalación de un régimen comunista en el
Caribe, a noventa millas de su territorio.
-
La
seguridad interna de Estado Unidos fue conmovida por los asesinatos
consecutivos de un Presidente, un candidato a Presidente y un líder negro.
-
El
presidente militar fue rasgado –y el poder mundial de Norteamérica disminuido-
por la ominosa derrota en Vietnam.
-
La
cima del poder siguió poblándose: Washington debió aceptar a China, luego de
fingir, durante años, su inexistencia.
-
El
poder político interno se hizo inestable: un Vicepresidente, primero y un
Presidente, después, fueron –en realidad- destruidos. La Casa Blanca alojó, por
primera vez, a gobernantes no electos.
-
Por
ultimo, el sistema económico mostró su impensada fragilidad. Los países
exportadores de petróleo se aliaron a empresas de origen norteamericanos para
multiplicar el precio del petróleo, resquebrajando una economía que, el
parecer, no puede funcionar sin energía barata. El dólar se sumió en la anemia.
-
A lo
largo de este proceso, los norteamericanos debieron despojarse del sentimiento
de omnipotencia, y aprender a durar: de su superioridad, de su poder militar,
de su sistema político, y hasta de su sistema económico.
-
Es
hora de Diocleciano. Las leyes de la Historia –aunque no lo parezca- son tan
inexorables como las de la física.
-
El
orgullo norteamericano buscara el Restaurador. “no podemos permitir...”, dirá
éste, y será creído por un publico deseoso de admitir que, en efecto, el futuro
de Estados Unidos depende de los que los norteamericanos permitan o dejen de
permitir.
-
“Se ha
probado que la teoría del domino era cierta: tras retirarnos en Vietnam,
Camboya y Laos cayeron en poder de los comunistas”, dirá el Restaurador.
“Tuvimos la debilidad de sentirnos culpables, pero los vietnamitas no se
sintieron culpables de invadir Camboya, y China no se sintió culpable de
invadir Vietnam. A Hanoi no le importa echar miles de vietnamitas a morir en alta
mar”. La audiencia era enfervorizándose” Debemos recuperar la confianza de
nuestros aliados que comprometimos al traicionar a Taiwan y, en cierta forma, a
Corea”, postulará el Restaurador. “Y acabar con nuestras debilidades. Hemos
perdido a Irán, Afganistán también ha caído. Los cubanos están en África.
Nicaragua puede ser otra Cuba. Que no tienen inhibiciones para avanzar,
mientras nosotros claudicamos, maniatados a la CIA y recibimos odas a los derechos humanos”. La
multitud creerá haber encontrado al líder. “Le hemos cedido, contractualmente,
la supremacía bélica a nuestros enemigos. El SALT II nos convertirá en una
potencia de segunda”.
-
El
Restaurador será seguido, y ungido. Pero –aunque los hombres no aprendan- los
procesos históricos siguen siendo independientes de la voluntad. En determinado
momento, todo es inútil: perseguir a los cristianos o protestantes; armarse
contra los bárbaros o tratar de asimilarlos.
-
A
Estados Unidos le falta, de todos modos, atravesar una etapa, inevitablemente
en estos casos: el intento de restauración” [19]
En Inglaterra el ascenso de Margaret
Thatcher es analizado de la siguiente manera:
-
“El
mundo anglosajón esta experimentando un fenómeno que, invisible a muchos ojos,
es a menudo subestimado por quienes alcanzan a verlo. Este mundo, que ha
dominado la historia contemporánea y fue origen de todos sus ideologías
(liberal, socialista, comunista, ahora una con su marca anglosajona) se siente
compelido, ahora a iniciar una regresión, saltando etapas hacia delante.
-
Margaret
Thacher fue forzada, en 1983,
a descubrir las raíces del fenómeno. Un periodista
ingles, Brian Walden, la obligo a descubrirla, ante las cámaras de televisión,
el país que ella ambiciona, Seria un país habitado por gente “independiente del
Estado”, donde nadie se declarara en
huelga o saldrá a la calle para pedir la ayuda del gobierno. Un país asentado
sobre los “valores victorianos”, según los cuales, “la gente debe prosperar por
si misma, y luego, dar prosperidad a los otros, voluntariamente, merced a un
sentimiento benefactor y no por obra de la compulsión estatal”. Una naciones
despreocupada de la igualdad social, porque las naciones que han buscado esa
igualdad “se quedaron sin libertas y sin justicia y han promovido una mayor
desigualdad entre su gente”. Una nación cuyo Estado no caería en la tentación
sede ser compasivo, porque la compasión es atributo exclusivo de los individuos
y un Estado no debe ejercer la piedad en favor de unos con el dinero de otros.
Una nación, en fin, capaz de revivir los valores que el siglo pasado, “la
hicieron grande”. “Cuando Walden insinúo que semejante retorno requería
consenso, Thacher se apresuro a replicar: “¿Consenso? En el mundo no habrían
existido grandes filósofos, ni se habrían hecho cosas grandiosas, si cada uno
que tuvo una convicción hubiera salido a proclamar: ¡Hermanos, síganme! ¡yo
creo en el consenso!”. Ella no lanzara semejante proclama. Tiene una convicción
y quiere llevarla adelante, sin esperar la aprobación. Eso es una revolución:
aunque su mira no este adelante sino en las espaldas.
-
Seria
engañoso creer que se trata, simplemente, de una visión lunática. Lejos de
convertirla en un personaje extravagante, esa visión le ha conferido a Thacher
su liderazgo. En menos de cuatro años, su gobierno ha dejado sin empleo a tres
millones de británicos y ha llevado al país a una guerra para recuperar una
diminuta y lejana colonia. A pesar de eso (mas bien, como consecuencia de eso),
ella fue reelecta. Es que la nostalgia por el fulgor decimonónico se ha
esparcido por la sociedad británica, y una difundida convicción hace que no se
les conceda a las minorías, (aunque sean numerosas, como en el caso de los
desempleados) el derecho de frustrar el sueño.
-
El
gobierno británico se propuso ahora, según se ha aumentado, crean “familias
responsables”, “reduciendo lo protección estatal”. Las madres serán
“estimuladas a permanecer en el hogar”, los padres serán ayudados a “establecer
sus propias escuelas” y a los educadores públicos se les pedirá que fomentes
“una clara base moral”, de contenidos religiosos. Se pondrá énfasis en producir
“un cambio cultural tendiente a que los negocios y las riquezas sean aceptados
como fines deseables y laudatorios”. El gobierno “estudiara en que medida los
profesionales, tales como trabajadores sociales, maestros o médicos, tienden a
socavar la responsabilidad” por su propio mantenimiento a la edad del retiro.
Se eliminará “el prejuicio impositivo contra las ganancias que no son fruto del
trabajo”. [20]
______________
-
No es
un tema que ataña solo a los pobladores de Gran Bretaña. El diputado Frank
Dobson pregunto en el Parlamento si la Primera Ministro
creía que los valores victorianos la autorizaban a librar una larga serie de
guerras coloniales. Thacher se limitó a declarar frente a los Comunes. “Yo creo
en el Imperio Británico, que llevó la liberación y el reino del derecho a
países que de otro modo nunca habrían conocido la libertad ni el derecho.”
-
Es
como parte de esa cruzada que, siente la Primera Ministro,
Gran Bretaña ha instalado una formidable base militar en el Atlántico Sur.
Estados Unidos –que la ha ayudado en esa tarea ecuménica del mismo modo que
ayudo a Israel de Menachen Beguín a civilizar a su manera el Medio Oriente
–esta entregado, según Kenneth H. Bacon, a dejar “que los ricos sean más ricos
y los pobres más pobres”, mientras el gobierno empieza a confirmarse a si mismo
en los Departamentos de Estado y Defensa.
-
Este
no es el retorno de los antiguos republicanos: Reagan, contra lo que muchos
creen, no representa la ortodoxia conservadora. Arthur Schlesinger recuerda que
la libre empresa fue, más bien, una expresión del liberalismo del siglo XIX. La
tradición conservadora, en la
Gran Bretaña de Edmund Burke y en el Estado como una “necesidad
moral” y como el motor del desarrollo. Fue un republicano, Teodoro Roosevelt,
quien inicio la batalla contra los monopolios y la pobreza, sosteniendo que “la
propiedad privada esta sujeta al derecho que la comunidad tiene que regular su
uso, hasta el punto en que el bienestar social así lo requiera.”
-
El
proceso que esta en marcha hoy en día, tanto en Inglaterra como en Estados
Unidos, no presenta sencillamente volver a la preguerra o ignorar los hallazgos
de Lord Keynes. Mucho más profundo, trata de llevar a esas sociedades de vuelta
a los albores del capitalismo, mientras sus respectivos estados se militarizan
y concentran recursos y energías en la guerra imperialista con la Unión Soviética.
Es un proyecto serio y complejo, cuyas consecuencias excéntricas largamente la
personalidad y las limitaciones de sus lideres para dar lugar a un mundo
inquietante.”[21]
En nuestro país, luego de la larga
dictadura militar iniciada en 1976 se fue generando en la población una actitud
participativa en la búsqueda de soluciones a los serios problemas con que se
enfrenta la sociedad. Se busca una salida plausible para todos. Es por eso que
los hechos políticos y económicos se revisan, se cuestionan, se alarma o se
repudian con ardor o con resignación. La salida a nuestra propia crisis actual
se encontrará según mi opinión, si se atiende nuestra propios apetencias,
nuestras propias conductas, nuestros propios deseos y nuestros propios
comportamientos. La intensión de modelar una salida “a la inglesa”, “a la
americana”, “a la hitleriana”, “a la japonesa” o “a la soviética”, por señalar
algunos modelos, nos proveerá nuevos conflictos porque quizás no sea ningún de
ellos el modelo al que aspiramos los argentinos. Cuando encontramos, a través
del reconocimiento de nuestra propia personalidad, que es lo que queremos como
nación, entonces podrá movilizarse la creatividad, la acción para llegar a ser
la que queremos y con los métodos que estemos dispuestos a aceptar. Quizás ello
nos lleva a chocar con viejos mitos, con tabúes internacionalizados, pero luego
del enfrentamiento con la fantasía estaremos en condiciones de afrontar los
problemas con seriedad.
La inestabilidad de un país tiene
múltiples causas, algunas de carácter interno y otras provenientes del
exterior. Los cambios tecnológicos han contribuido, también, a generar crisis
diversas, y los cambios en la legislación inducen a los comprendidos en ella a
entablar demandas para encuadrarse en el nuevo orden legal, ya sea para
reclamar los beneficios de la ley o para rechazar sus disposiciones si se
sienten afectados. La complejidad con que se presentan los problemas confunde
la visión y la interpretación de los que ocurre, razón por la cual es necesario
contar con lideres y estadísticas que orienten a los pueblos hacia su felicidad
conociendo, imprescindiblemente, la vocación natural de sus integrantes: si son
comerciantes, industriosos, navegantes, agricultores o burócratas. Conocido el
perfil de los sentimientos, actitudes y esperanza de los ciudadanos, será
posible a los estadistas planificar la acción correcta, menos dolorosa y que
brinde mejores resultados en su desarrollo.
Hoy la moda ideológica rechaza la idea
de planificación como si las acciones de los ciudadanos pudieran hacerse más
allá del interés general. Conviene en este tema recordar algunos conceptos de
un economista español quien señala la existencia de algunos sofistas y falacias
sobre el tema:
-
“La
falacia, por ejemplo, de que la planificación solamente sirva para las épocas
de bonanza. Se dice que hoy los parámetros son inciertos, que estamos en una
situación coloidal, que cualquier predicción carecería de la mínima firmeza
indispensable. Pero una crítica así carece de sentido. Porque asigna a la
planificación un papel de poco alcance: simplemente confirmar el procedimiento
inercial, como si de modo ineludible la política económica hubiera de seguir
las tendencias del pasado. Tal posición es antitética con la idea de
planificación, pues por muy refinados y sofisticados –y de computadora- que
sean los modelos de programación inercia, no hacen mas que propagar hacia el
futuro la estructura del pasado, que en parte considerable es, por lo tanto,
altamente obsoleta y criticable. Al contrario, la verdadera planificación
democrática ha de introducir nuevos acondicionamientos en base a opciones
decididas por la comunidad sobre el modelo de desarrollo; con la suficiente
fuerza como para crear un horizonte de futuro que venza las incertidumbres de
las dificultades del presente, frente a quienes apoyan la idea de que solo cabe
imaginar el futuro desde la bonanza.
-
También
esta falacia de que la planificación significa autoritarismo, de que con ella
se tiene desde el Estado a sustituir la decisión individual, idea que no es
exacta sino en función de que se
corresponde con el concepto del Estado monopólico, de la pirámide en
cuya cúspide se sitúa el presidente del Gobierno, y que termina abajo con los
gobernadores, apenas sin mas transición. Pero precisamente con la planificación
democrática es factible cambiar esa concepción de Estado, sustituyendo el
monopolio centralista por una constelación de poderes públicos coordinados, una
retícula en la cual la participación popular vaya haciendo posible el propósito
de una democracia avanzada y en un Estado de autonomías, tal como se plantea en
la Constitución
de 1978.
-
También
se asevera que la planificación desemboca en un máximo de rigidez en cuanto a
los precios y al aprovechamiento de los recursos. Cuando en el fondo, de los
que se trata es de sustituir la rigidez histórica del autoritarismo de un
Estado sobre el que pesan de forma decisiva los grupos de presión, por
planteamientos flexibles y de máxima participación. Por muchos que esté ahí el artículo
38 de la Constitución
sobre la economía de mercados y la empresa libre, hoy no son los ciudadanos
individualizados quienes realmente deciden. Son las agrupaciones de intereses,
los consorcios, las empresas con dominio del mercado; las situaciones
caracterizadas por el control de la publicidad, la promoción, el marketing y el
acceso directo a los centros de decisión dentro del Estado mismo.
-
Por
otra parte, muchas veces se insiste que la planificación es puro arbitrismo, o
que es sustituir la voluntad individual por la imposición colectiva. Y ya en el
máximo nivel de rechazo, llega a decirse que es pura utopía. Pero hay que ser
claros; la planificación implica una esperanza, precisamente porque es el
mínimo de utopía indispensable en cualquier sociedad.” [22]
Así como en nuestra economía predomino
la vinculación caso exclusiva con Gran Bretaña, que marco un sistema productivo
y comercial acorde con los intereses del país europeo y de los dirigentes
políticos y de los empresarios, pertenecientes ambos a la misma clase social,
en esta época urge definir la política económica que encuadre la actividad de
los particulares. La claridad se impone en estos difíciles años de crisis
generalizada por el exceso de producción de las materias primas, especialmente
las destinadas a la alimentación.
En el transcurso de estas cuatro
décadas bajo estudio se han visto las pujas entre los viejos sectores
oligárquicos ubicados ahora en las actividades financieras y especulativas y
aquellos otros que tienen como forma de vida la producción, ya sea agrícola o
industrial.
El presidente Alfonsí, en 1980
caracterizaba a la oligarquía de la siguiente manera: “... hay sí un conjunto
de comportamientos que define los rasgos de un grupo social, y ámbitos en los
que la oligarquía se reconoce y organiza. No hay una guía social que enumere
taxativamente a sus integrantes. Quedan algunos de los de ayer, otros se
incorporan. Porque no se trata de un grupo cerrado, sino de un circulo definido
por un comportamiento histórico. Más que por sus apellidos se define por lo que
hacen y por lo que están dispuestos a hacer. En lo económico aprovechan la
oportunidad especulativa antes de pensar en la producción. En lo político,
excluir a los que molestan y monopolizar el poder, utilizando al Estado para
crear las oportunidades especulativas.” [23]
Por eso esa clase social, que se
desorganizó políticamente al no conciliar la atención del pueblo que la llevase
al poder mediante el voto general y secreto, comenzó a valerse de sus
influencias para derrocar gobiernos mediante golpes militares, que en el poder
no acertaron a imprimir la concepción conservadora y liberal a las masas porque
utilizaron como método la represión. Cada intento democrático tuvo que afrontar
la lucha por su propia estabilidad, lo que le restaba fuerza para administrar
la nación, y al producir un nuevo golpe a los pocos años de gestión, todo el
esfuerzo realizado, tanto por gobernantes como por empresarios y trabajadores
quedaba anulado.
Ese es el encuadre de estas cuatro
décadas, en las cuales el sector agropecuario contó con momentos de
desatención, y con periodos de auge. Según quien gobernase se producía el
desbalance económico que siempre termino con perjuicios para los productores:
por ejemplo, en una época floreciente realizaba inversiones en maquinas o en
arriendos pensando en que la prosperidad seria duradera, y se encontraba de
pronto con que se cambiaba la política económica y sus ganancias de ayer se
perdían en las deudas de hoy.
Los problemas que afronta la Argentina en nuestros
días con respectos a su comercio exterior de carnes y granos se origina,
básicamente, en esa política alternante de desalentó a empresarios de comercio,
a industriales de la carne y a los mismos productores a encarar planes para
ganar mercados y diversificar la oferta de productos, especialmente en el rubro
de las agroindustrias. Ese desaliento por la falta de medidas económicas
estables, les hizo participar del juego especulativo porque con menos riesgos
obtenían mejores resultados. Se transformaban así, en clientes de sus propios
enemigos: la oligarquía financiera.
“Quienes reinvierten en el campo o en
la industria, no solo pierde porque la
actividad agraria o industrial tiene menor rentabilidad, sino también porque
entierra en un pozo su dinero, cuando la condición para ganar en disponer
libremente de él.” [24]
La baja de precios en los mercados
internacionales y los subsidios que tanto la Comunidad Económica
Europea como los Estados Unidos y otros piases otorgan a sus productores, así
como las facilidades crediticias como que favorecen a sus compradores,
perjudican a nuestro país que no ha podido en estos cuarenta últimos años
hacerse de un espacio comercial propio a pesar de haberlo tenido hasta los años
´30 enancado en el comercio ingles. Por eso dice Prebisch que “igualmente
graves por sus consecuencias fueron las medidas que se tomaron para reprimir la
inflación, o para eliminar mediante el autoritarismos de Estado o el
monetarismo. El péndulo argentino ha oscilado en verdad entre el populismo y
estas medidas contraproducente. Se sacrifica el consumo popular para
restablecer la dinámica del sistema y la sociedad privilegiada de consumo.”
“En cuanto al desequilibrio exterior,
el error más importante se cometió cuando se sitio por inercia, con medidas
sustitutivas de la importación, cuando las condiciones internacionales se
volvieron favorables a la exportación de manufacturas. Tardamos mucho tiempo en
hacerlo. Lamentablemente, demoramos la acción del Estado en el progreso técnico
de la agricultura, en perjuicio de las exportación agrícolas, maltratadas
algunas veces. Y si bien estimulamos tímidamente esas exportaciones de
manufacturas, la hicimos sin persistencia y continuidad, y abandonando la
sustitución, cuando debimos haberla continuado, combinándolo con la promoción
de exportaciones. Incurrimos, después, en tiempos mas recientes, en un
aperturismo comercial y financiero que resulto ser funesto, así como en la
irresponsabilidad del endeudamiento exterior. Con todo ello se ha sofocado el
desarrollo”. [25]
Es decir que, además de las
dificultades que se nos presentan en el exterior por la acción de los países
que procuran afirmarse como protagonistas, los mayores problemas los tenemos
dentro de nuestro propio país, y hasta que no estemos en condiciones de
reconocerlo y de sincerarnos, no lograremos mejorar en lo económico no
permanecer entables en lo político.
Estabilidad política no significa
conservadorismo ni quietismo, Se expresa es esos términos la condición
necesaria que debe prevalecer en toso los piases para alcanzar metas en el
largo plazo, porque el temor a que no nos quede tiempo para hacer planes para
el futuro, nos impele a ocuparnos tan solo de los inmediato, de lo que se pueda
corregir, agregar, quitar o resolver de un día para otro. La estabilidad
política, entonces, generara el ambiente adecuado para planificar un modelo de
país mas allá de la estrategia política que pueda aplicarse para lograr los
objetivos trascendentes.
Capitulo III
Transformaciones y resultados
La actividad agropecuaria, a pesar de
las políticas económicas no siempre favorables, fue transformándose paulatinamente.
Algunos de esos cambios se generaron desde el sector oficial, muchas veces,
surgieron desde adentro mismo del sector respondiendo a necesidades perentorias
de crecimiento y adecuación a las nuevas tendencias que se estaban produciendo
en otros países grandes productores de alimentos.
Ya hemos visto como se produjeron
algunas transformaciones de importancia entre mediados del siglo pasado y los
primeros cuarenta años del actual[26],
las que dieron sustento a nuestra actividad agropecuaria. En 1946 el gobierno
peronista había planteado su política económica de “redistribución de ingresos,
expansión del empleo y aumento de la participación del sector publico en el
sistema productivo”.[27]
El sector agropecuario sufrió esa política porque se fijaron bajos precios a
sus productos para favorecer el consumo de la población, transformando sus
recursos a los otros sectores. Como consecuencia de ello el agro no realizo
inversiones que le permitiesen alcanzar niveles de producción mayores a los que
venían obteniendo desde la década de 1930.
A pesar de que los precios
internacionales al finalizar la guerra y durante varios años eran altos, los
productores no pudieron aquiparse debido a esa transferencia de ingresos hacia
el consumo y a la imposibilidad de importar tractores e implementos por las
restricciones del gobierno a la importación y a dificultades originadas en el
exterior luego de la guerra y el inicial la reconstrucción de sus economías los
países beligentes, especialmente los europeos. Recién en 1952, como
consecuencia de una crisis del sistema económico que se estaba aplicando, (a la
que contribuyó la caída de las exportaciones agropecuarias) el gobierno cambia
de rumbo, lo que le permite a los productores recuperar posiciones perdidas y
equiparse. En esta época el gobierno autoriza la radicación de empresas
automotrices extranjeras para la fabricación de tractores y camiones, que serán
adquiridos por los productores. También el cambio económico hace que “en el
trineo 1953-55”
los precios agropecuarios mejoraran su relación frente a los precios
industriales en el 40%, pese a que los términos de intercambio internacionales
de deterioraron en 25% entre los mismos años. La tentativa de mantener el
salario real, mientras mejoraba la posición relativa del sector agropecuario,
plantea un conflicto serio a la política económica, que fue zanjando mediante
el otorgamiento se subsidios. Así fue posible mantener deprimidos los precios
para el consumo interno y elevar, simultáneamente, el ingreso de los
productores. Esto se reflejo en el aumento de la participación de los subsidios
en los gastos corrientes del gobierno (del 20% al 30% entre 1952 y 1955) y en
las crecientes perdidas de comercialización del IAPI, por pagar a los
productores un precio mayor que el que obtenían a través de los tipos
sobrevaluados de cambio para la producción primaria.”[28]
Pero esa política del gobierno hizo que
no se pudiera evitar el agio, la especulación ni la escasez de productos
alimenticios. En ese sentido conviene recordar la falta de productor tales como
vino, azúcar, harina y carne (cuyo consumo fue vedado, por primera vez en
nuestros hábitos alimenticios por su escasez, pero con la excusa oficial de
sustituirla por el pescado para lograr una dieta mas equilibrada).
Industria y sindicatos
A partir del golpe de estado en 1943
comienzan a presentarse importantes cambios en la sociedad política. Los
sindicatos, que hasta pocos años atrás carecían de fuerza para obtener sus
reivindicación, van ocupando cada vez mas espacio políticos por una legislación
proclive a favorecer su desarrollo. Se sanciona la ley de asociaciones
profesionales, se organizan los sindicatos únicos y se establecen disposiciones
que protegen al trabajador tanto en el orden laboral cuanto en las
presentaciones de asistencia medica y social a través de las obras sociales
sindicales. La sindicalización de la actividad productiva hace que se genere
cierta preocupación en el medio rural no acostumbrado a que los trabajadores
del campo, los peones rurales, tuvieran algún tipo de legislación protectora de
su trabajo y de su condición de persona. Como bien señala Luparia[29],
a pesar de ser la actividad agropecuaria la única de alguna importancia
económica en el país, los trabajadores no contaban con ningún tipo de
protección, quedando librados a las disposiciones de los códigos Civil o
Comercial de libre contratación entre patrón y peón, estando este ultimo en una
posición de suma debilidad e impotencia frente a aquel.
La sanción del estatuto del peón de
campo transformó las relaciones laborales generándose una serie de reacciones
por parte de los propietarios y arrendatarios de tierras que usaban mano de
obra contratada y familiar. La agremiación de trabajadores agrarios, fue
rechazada por todos las organizaciones y cooperativas, en especial las
disposiciones que establecían la obligatoriedad de agremiaciones a todo
trabajador rural, aunque fuese hijo del productor. El régimen de jubilación y
de protección social y de salud también fue rechazada por los patrones, lo que
genero algunos conflictos que se fueron superando paulatinamente.
Cabe señalar que si bien los
trabajadores rurales no poseían organización gremial alguna hasta la sanción
del estatuto del peón rural, no ocurría lo mismo con los productores
agropecuarios, agremiados en las asociaciones rurales o en cooperativas,
entidades estas ultimas que no solo atendían actividades económicas, sino
también asuntos de carácter gremial, ejerciendo la representatividad de
pequeños y medianos productores, especialmente agrícolas.
A partir de 1942, se inicia la
legislación que pauta las relaciones entre patrones y trabajadores rurales:
estatuto del peón de campo (decreto 28.169/44); estatuto del tambero-mediero
(decreto 3.750/46); estatuto del trabajador temporero o cosechero (ley 13.020);
el estatuto azucarero (decreto 10.644/44); el estatuto de contratista de viñas
y frutales (ley 20.589); la ley de contrato de trabajo (20.744) que acogió las
disposiciones de los estatutos anteriores y modificada a su vez por la ley
21.297 sancionada el 23 de abril de 1976; la regulación de la actividad de
exportación de viñas y frutales (ley 22.163) y por ultimo el régimen nacional
de trabajo agrario (ley 22.248, sancionada el 3 de julio de 1980).
Al mismo tiempo se sancionan otras
normas que atienden la protección personal y familiar del trabajador rural,
como la ley de seguro obligatorio a favor de los trabajadores rurales que se
desempeñan en forma permanente en actividades comprendidas en el estatuto del
peón rural y que realicen aportes a la respectiva caja de jubilación (ley
16.600). La creación del Instituto de Servicios Social para las Actividades
Rurales y Afines (ASSARA) por la ley 19.316, protege la salud de los
productores rurales, los tamberos-medieros, a los trabajadores comprendidos en
estatutos especiales de la actividad rural y a los trabajadores rurales
comprendidos en el estatuto del peón rural. Esa asistencia social se extiende,
también a los integrantes del grupo familiar primario de la persona adherida.
Esa labor legislativa impulsada por las
tendencias reivindicativas y valorizadas de la personalidad humana, durante
siglo subordinada al poder económico, fue cambiando las relaciones laborales y
las actividades de los patrones frente a sus empleados. La legislación se
sustentaba en las tendencias y recomendaciones de carácter social que comenzó a
propagarse a partir de los primeros años de este siglo. Estas leyes, junto con las referidas a arrendamientos y
aparcerías rurales (ley 13.246 y 17.253), como las destinadas a prorrogar los
plazos de desalojos o a fomentar la actividad agraria, pretendía además de las
mejores social de productores y peones rurales, estimular la permanencia en el
campo de la población dedicada a las actividades agropecuarias. Era necesario,
y continua siéndolo, poner en un mismo pie de igualdad a los trabajadores y
productores rurales con sus correlatos de las ciudades, porque tanto los
empresarios y los obreros industriales contaban con una protección legislativa
que no alcanzaba a los peones y productores rurales.
Si bien la figura del campesino, tal
como se le conoce en otras partes del mundo, no es frecuente en nuestro medio
rural, los trabajadores de estas, obrajes, fincas vitivinícolas, chacras y
otras exportaciones agropecuarios, por el mismo tipo de actividad temporaria,
carecían de los mínimos medios para desarrollar una vida digna en esos
establecimientos. En la época de cosecha, cuando los productores no se habían
mecanizado porque no existían equipos para ser usados privativamente en sus
chacras, la contratación de los cosecheros y de las trilladores requerían el
concurso de mucha mano de obra temporal. Por esa característica del trabajo no
le resultaba económico al dueño o arrendatario del campo ofrecer ningún tipo de
alojamiento a los peones, ni ningún tipo de asistencia más allá del pago de los
jornales.
Los aportes de la mecanización hicieron
cambiar rápidamente la vida en el campo. Uno de los primeros impactos se hizo
sentir en la pérdida de trabajo de los cosechadores manuales y de los
trilladores de la región cerealera, que fueron los primeros migrantes hacia las
ciudades en busca de trabajo en las industrias que por entonces tenían un
acentuado crecimiento.
“Entre 1947 y 1960 disminuye el numero
de obreros rurales casi en un 60%. En los obreros transitorios se eleva ese
porcentaje casi en un 80%, en virtud del proceso de mecanización de las tareas
agrícolas, que comienza por el alza en el costo de los salarios y la escasez de
mano de obra, originada por el proceso de migración hacia las ciudades donde
existen mayores y mejores perspectivas. Los obreros transitorios encuentran
ocupación en determinadas épocas del año, debiendo recurrir para subsistir a
tareas no calificadas en las ciudades y poblaciones rurales. Por otra parte, no
hay para esta clase de trabajadores oportunidades de tareas, dadas las
características y las exigencias del proceso industrial moderno. Entre tanto
aumenta la capacitación de los obreros permanentes, de conformidad con las
nuevas modalidades productivas”[30]
Los ferrocarriles
Durante el gobierno peronista
(1946-1955) se procedió a la nacionalización de los ferrocarriles, que eran
propiedad de diversa empresas de capital británico. Esa determinación, tomada
en 1947 con el objetivo de evitar que esa amplia e importante red de transporte
fuera controlada por extranjeros a cuyo servicio esta íntimamente vinculada la
producción agropecuaria, tuvo, en el transcurso del tiempo, incidencia negativa
en la economía nacional porque desde el Estado no se supo conservar ni ampliar
ni mejorar los servicios de carga y de pasajeros como consecuencia de políticas
equivocadas de ni inversión y de exponer al sistema ferroviario a la
competencia contra el transporte automotor en vez de establecer servicios
complementarios.
El ferrocarril desempeñó en la economía
argentina, un papel sumamente destacado.
La mayoría de las poblaciones que
existían en la región de la pampa húmeda surgieron a medida que avanzaban las
líneas férreas llevando a los colonos europeos que trabajaban en la producción
agrícola que desplazaría paulatinamente a la ganadería hacia zonas mas alejadas
porque la facilidad del transporte ferroviario colocaba a la hacienda
rápidamente y a bajo costo en las plantas frigoríficas para su faenamiento y
exportación.
La adquisición de los ferrocarriles se
produce cuando ya los ingleses habían perdido parte de su interés por las
empresas por dos razones.
Primero mencionaremos el pronto
cumplimiento de una cláusula de la llamada “Ley Mitre” (Ley 5315). Esa ley,
sancionada en 1907 en rápidas sesiones de ambas cámaras legislativas, otorgaba
a las empresas (art. 8º) franquicias aduaneras de todos “los materiales y
artículos de construcción y exportación que se introduzcan al país.” También
las empresas quedaban exoneradas de pagar “todo impuesto nacional, provincial y
municipal”. En compensación de esas ventajas se le fijaba “una contribución
única igual a tres por ciento (3%) del producto liquido de sus líneas.”
Esta disposición de la ley 5315 regia
hasta el 1º de enero de 1947, es decir durante cuarenta años.
Al mismo tiempo, el artículo 9º
establecía que “las tarifas de pasajeros y de carga serán intervenidas por el
Poder Ejecutivo” con lo cual el Estado procuraba evitar abusos por parte de las
empresas en la fijación de las tarifas.
Es decir que lo único que vencía el 31
de diciembre de 1946 “es la cláusula que contiene el artículo 8º, referente,
por una parte, a la franquicia de derechos de importación y a la exención de
pagos de impuestos nacionales, provinciales y municipales, y por otra, a la contribución
del 3% del producto liquido. Todas sus demás disposiciones y, desde luego, la
fundamental, es decir la concesión misma, continua imperturbables a través del
tiempo, porque, lo repetimos, el legislador en su oportunidad les atribuyo un
carácter de eternidad que nada tiene bajo el sol.”[31]
El segundo factor del menguado interés
de los ingleses por los ferrocarriles se debe rastrear en la modificación del
orden económico mundial luego de la crisis de los años ´30. A partir de
entonces las naciones desarrolladas modifican sus actividades con respecto a la
importancia de bienes de consumo, a la radicación de capitales en el exterior y
a su preocupación por desarrollar sus economías básicas, a mas de sus
industrias. Por esas razones el interés de los empresarios ingleses por los
ferrocarriles que funcionaban en la Argentina se atenúa como consecuencia del
decaimiento de las importaciones de carne por parte de Gran Bretaña, lo que
hace disminuir el trabajo de los frigoríficos y del transporte de haciendas. Cuando
se produce la Segunda
Guerra Mundial también decaen las exportaciones de granos, lo
cual afecta, también, el transporte ferroviario.
Concluida la guerra las economías
europeas procuran recuperarse, al tiempo que las tendencias nacionalistas en la
mayoría de los países dependientes les quitan atractivo a los inversores. De
ahí, pues, que la nacionalización de los ferrocarriles se realice sin conflicto
entre las partes.
La compra se realiza en un momento en
que tanto el parque rodante como las instalaciones fijas no representaban su
mejor estado de conservación a raíz de la falta de importación de elementos
debido al conflicto bélico (1939-1945), situación que debe remontar la empresa
estatal con serias dificultades.
Conviene recordar que luego de la guerra
se produce una redistribución de las influencias del capitalismo norteamericano
e ingles, que concluye con la retracción de la esfera de influencia de este último.
Esta puja se nota también en nuestro país en el cual una manifestación clara
está en el desarrollo de la red vial para la imposición del transporte
automotor firmemente liderado por las empresas norteamericanas. De ahí que la
superposición de las rutas con las líneas férreas no haya sido un error de
planificación sino el resultado de una influencia económica interesada en
quitarle fuerza al transporte ferroviario, estuviese este en manos de los
ingleses o del Estado argentino.
Por otro lado, el problema de la
eficiencia en los ferrocarriles, al igual que en otras empresas del Estado o en
su propia administración, debe rastrearse en la inestabilidad política
constante que viene sufriendo el país desde hace casi sesenta años. La
legislación social ha procurado mantener alejados de los cambios de gobierno y
de política a los funcionarios públicos y de las empresas estatales mediante
leyes de estabilidad en los cargos. Esas normas, buenas y justas en sí mismas,
han provocado la generación de una clase burocrática con más poder que el que
pueda detentar el mimo gobierno, ya que los integrantes de este pasan
fugazmente por los cargos con los consiguientes concepciones ideológicas y
programas de acción que se plantean y no se alcanzan a cumplir por el fugaz
paso por la función publica. Ello trae como consecuencia que tanto la
administración del Estado como la de las empresas públicas, quedan en manos de
los estadios medios de su estructura funcional.
Actualmente el ferrocarril ha perdido
la importancia que tenía hace 30 ó 40 años. Los productores no confían en su
eficiencia y los acopiadores y cooperativas cuentan con sus propios medios de
transporte para llegar desde las mismas exploraciones agropecuarias las
mercaderías a los puertos, a las fabricas o hacia los países limítrofes.
Asimismo, la aplicación de políticas de racionalización de la red ferroviaria
afectó grandemente el servicio de cargas y de pasajeros en localidades del
interior, y la falta de presupuesto para reparar vías, locomotoras, vagones y
sistemas de señalización acrecienta la ineficiencia y el déficit de los
ferrocarriles, medio de transporte que debería ser primordial en un país tan
extenso como la Argentina.
Damos a continuación algunas cifras
sobre la evolución de los ferrocarriles según información suministrada por el
Departamento de Relaciones Publicas de Ferrocarriles Argentinos.
Transcribimos a continuación algunos
conceptos de la publicación del departamento de Relaciones Publicas de
Ferrocarriles Argentinos que merecen ser tenidas en cuenta:
“Sería oportuno destacar, empero, que a
pesar de los graves inconvenientes, el ferrocarril siguió siendo un elemento
primordial para la economía y el desarrollo nacional. Muchas regiones pudieron
subsistir y fomentar sus economías merced a la presencia de las vías férreas,
pues de otro modo resultaban inimaginable su vida. La carencia de agua, por
ejemplo, en área desérticas, fue tradicionalmente subsanada por el
ferrocarril.”
“Por otra parte, la competencia del
transporte automotor que se incrementó de manera cada vez mas sostenida, colocó
en desventaja a los ferrocarriles, que si eran un medio considerado como
“servicio público” y estaba sometido a un régimen que abarcaba la totalidad de
la prestación –tarifas, control de movimiento de fondos, mantenimiento de la
infraestructura, servicios obligatorios gratuitos- el transporte automotor tuvo
mas flexibilidad en su desarrollo y menos trabas, situación que aun subsiste.
Con todo, este problema debe encuadrarse dentro de sus términos exactos. Ambos
medios necesitan complementase e integrarse, en vez de considerarse
competitivos. Este es el criterio preciso para tratar la cuestión.”
“Fue a comienzos de la década del 60
cuando se entabló, a nivel tecnológico, una discusión sobre el problema
ferroviario. Afirmaban unos que el medio debería desaparecer y ser reemplazado.
Otros, en cambio, sostuvieron la tesis de que los ferrocarriles, dentro del
ritmo posible, debían incorporar todos las innovaciones de la moderna
tecnología y agilizar o flexibilizar su funcionamiento. Este criterio resultó
el prevaleciente. Los países mas avanzados del mundo invirtieron enormes
capitales para reacomodar sus sistemas. Una vez más, el ferrocarril demostraba
su fundamental vigencia, sobre todo para los transportes masivos a larga
distancia y para el transporte de pasajeros en zonas urbanas. Se construyeron,
al mismo tiempo, trenes de lujo, dotados de altas velocidades, que comenzaron a
competir exitosamente con los restantes medios.”
“En la Argentina, ese proceso
comenzó el 10 de enero de 1967. Un equipo de civiles y militares ocupó los
cargos de conducción de la
Empresa y puso en marcha un plan de acción, dividido en
etapas de corto, mediano y largo plazo.”
“Los resultados de la nueva estrategia
se pudieron apreciar claramente. En todos los niveles de Ferrocarriles
Argentinos se efectuó un ordenamiento racional, paralelo al redimensionamiento
de la Empresa,
que permitió establecer, con criterios empresarios, sus posibilidades y
perspectivas. A la distancia del personal, la mayor seguridad y puntualidad de
los servicios, la recuperación de los talleres y todo el material rodante en
condiciones de ser afectado a los servicios, se agregaron objetivos de
expansión.”
“Así se produjo le entrega del tramo
férreo construido entre Yacuiba y Santa Cruz de la Sierra en Bolivia, a los
ferrocarriles del país hermano, con lo que se abrió una vía de
intercomunicaciones vital con nuestro país vecino del norte. Conexión que
continuada con la línea en construcción al Mamoré, permitía concretar un
gigantesco proyecto: la unión de las cuencas del Amazonas y del Plata y
apertura de una vía de comunicación en el corazón de esta parte sur del
continente americano. Por otra parte, el intercambio ferroviario con Bolivia
observa niveles ascendentes y ya comienzan a apreciarse sus resultados en la
animación de las áreas geoeconómicas beneficiadas en ambos países, habiéndose
logrado una reducción de diecinueve horas en el recorrido Buenos Aires-La Paz”.
Industria
Aceitera
Al desarrollo de la agricultura y de la
ganadería debe computarse la evolución habida en la rama de las agroindustrias.
Como se viera anteriormente, las primeras manifestaciones se encuentran en los
frigoríficos, cremerías y molinos harineros. También las fabricas de aceite
comenzaron a expandirse con lentitud, siendo, durante largos años, los aceites
de lino y de maní los únicos que se producían en el país en cantidades de
importancia. Esta industria sufrió, también, los altibajos del comercio
exterior consecuencia de las diversas crisis económicas y de las guerras.
Recién a finales de la década de 1920 se expande la industria del aceite de
soja. Las restricciones a la importación de aceites estimularon la construcción
de fábricas, fenómeno que contribuyó a incrementar el cultivo de oleaginosos,
incluso los olivos para sustituir el aceite de oliva que se había dejado de
importar.
La evolución del sector de oleaginosos
puede verse en los cuadros elaborados por el Centro de Estudios de
Comercialización Agropecuario y Agroindustria (CECA), desde 1930 que se
insertan en el apéndice.
Alimentos
Balanceados
Nuestro país fue exportador de aves antes
que consumidor de ellas. Recién en la década que se inicia en 1940 se expande
la producción de pollos para el consumo interno, lo que incentivo la
fabricación de mezcla alimenticias que no pueden ser denominadas con propiedad,
alimentos balanceados.
Es la firma de Américo Petroni la
promotora de los alimentos balanceados distribuidos entre los granjeros sus
mezclas de cereal, harina de leche y carne, algunas vitaminas, sulfato de
magnesio y aceite de tiburón (vitamina A) y harina de avena y alfalfa. [32]
La avicultura, hasta 1950 se
desarrollaba en las chacras como una actividad complementaria; los pollos y
gallinas se criaban “a campo”, pero en los años ´50 se inicia la avicultura
especializada, principalmente en la provincia de Entre Ríos. Esas granjas, ya
requerían, necesariamente, aprovisionarse de alimentos balanceados para la
crianza.
El primer alimento balanceado que puede
ser considerado como tal lo produce la firma Buxton S.A.
La producción de alimentos balanceados
y el auge del consumo de aves y huevos impulsa al Ministerio de Agricultura y
Ganadería a reglamentar la producción avícola y establece un registro de
fabricantes de alimentos balanceados.
Las granjas independientes van cediendo
lugar a un sistema de producción integrado en las fábricas de alimentos
balanceados que les aseguran la provisión de pollos BB, el alimento y el
cuidado del veterinario así como también la colocación de aves en el mercado.
La producción de aves y huevos sufre
permanentemente alguna crisis, lo que hace inestables al mercado. No obstante,
se ha ido incrementando en el mercado interno pero ha perdido espacio en el
comercio internacional.
Las cifras de este sector, elaboradas
por el CECA, pueden consultarse en el apéndice.
La fabricación de alimentos balanceados
fue ganando otros rubros, tales como alimentación para cerdos, vacunos (con
destino a carne o a leche) suplementos minerales para los mismos, y también
alimentos para perros, pájaros, etc.
Los primeros alimentos balanceados
estuvieron destinados a la producción de huevos y se colocaban entre los
granjeros de Entre Ríos y del norte de Buenos Aires (General Pacheco, Don
Torcuato, Escobar) y luego se incorporó la crianza de pollos para carne. Un
dato ilustrativo de la evolución del alimento balanceado lo dan las siguientes
cifras: entre 1959-1965, se necesitaban 90 días para lograr un pollo de 1.800 Kg. en criadero;
actualmente se requieres solo 55 o 58 días para obtener pollos de 2 Kg. con menor conversión de
alimentos por kilogramo de carne.
El desarrollo del sector fue impulsado,
además, por la incorporación de pollos híbridos.
En el apéndice podrá analizase la
evolución de la fabricación de alimentos balanceados elaborados por CAFAB.
Los
fertilizantes
La extensa y ubérrima pampa húmeda,
cantada por poemas, alabada por políticos y especuladores, fue considerada como
el regalo que Dios nos hizo a los argentinos para que alimentemos al mundo
acallados los quejidos de hambre que elevaban en regiones áridas e
improductivas millones de hombres sumidos en la desnutrición.
Los millones de agricultores que
llegaron a estas tierras vírgenes que les daban sustento a ellos y a sus
familias, que les permitían ir ascendiendo en la escala social y contar con
dinero para evitar a sus parientes que quedaban en Europa[33],
no cuidaron adecuadamente el regalo de Dios ya sea por excesiva confianza en la
calidad del suelo, por ignorancia o desaprensión o por estar acuciados en
algunos momentos por las crisis del sector.
Es así que la feraz tierra de la pampa
húmeda, como también las de otras regiones productoras, fueron agotándose de a
poco por el trabajo permanente de la agricultura y la eliminación de los rodeos
de ganado con cuya rotación se lograba mantener niveles aceptados por la crisis
del sector.
El uso de fertilizantes no fue adoptado
por los agricultores en las zonas de producción extensiva como la pampa húmeda,
y recién en los primeros años de la década de 1960, comienzan a reconocerse las
ventajas de la fertilización y la necesidad de su uso en la región pampeana.
Es necesario destacar el esfuerzo
realizado por técnicos del INTA para esclarecer a los productores sobre las
ventajas y necesidades que tenían de fertilizar sus tierras.
En un artículo de los ingenieros
Bellatti y Pécora, publicado por la
Bolsa de Cereales en 1966[34],
señala que “en el área triguera del país, hay por lo menos 500.000 hectáreas
que reclaman fertilización, de las cuales, una cuarta parte, o sea, 125.000 hectáreas,
requieren inmediata aplicación de fertilizantes”. Con respecto a la zona
maicera la situación es más grave, según los autores, porque “existen más de 500.000 hectáreas
que exigen fertilizantes y, por lo menos un 20% de esa superficie tendrá que
ser abandonada ya por el cultivo por resultar manifiestamente antieconómicos
los rendimientos, salvo urgentes fertilización”.
Los productores son responsables de esa
situación, si bien puede aducirse en su defensa que la escasa rentabilidad de
sus productos les impidieron o dificultaron la incorporación de la tecnología
del fertilizante. Pero lo real es que no solo se han agotado los nutrientes del
suelo, sino lo que es mas grave, se ha degradado la estructura del suelo.
Quizás la introducción de variedades de
híbridos que permitían obtener mayores rendimientos por hectárea engañó a los
productores en cuanto a la calidad de la tierra que estaban trabajando. Engaño
éste que podía estar relacionado con la antigua creencia de que la pampa
argentina era inagotable.
Los fertilizantes en nuestro país
fueron siempre caros y su precio desalentó a los productores. La fabricación
nacional protegida tampoco ayudó a bajar los precios; por el contrario, cuando
en el exterior valían manos en el país el precio seguía alto. Además, jamás se
logró el abastecimiento total de la producción nacional y recién en los últimos
años se está trabajando con mayor firmeza en la idea de instalar fábricas que
permitan llegar al autoabastecimiento.
Hace más de 20 años los autores citados
decían, concluyendo su articulo: “... solo mediante la elaboracion en el pais
de todos los fertilizantes que requiere la agricultura, podremos superar en
gran parte los obstáculos que se oponen a una franca expansión en el uso de los
abonos, obstáculos que en su mayor proporción giran en torno a alto precio que
debemos pagar por los fertilizantes importados. Ese elevado precio está formado
por la sangría de divisas, los gastos de fletes y manipuleo de cargas y
descarga en un puerto de bien conquistada fama de ser de los más caros del
mundo”.
“Por fortuna, no está lejano el día en
que el país se autoabastecerá de estos productos tan esenciales en momentos en
que tanto se espera de la contribución de la agricultura argentina para aplacar
el hambre de un mundo en acelerada expansión demográfica.”[35]
Veintidós años después continuamos
pensando en lo mismo y no se han construido las fábricas que permitirán que la
agricultura argentina contribuya a aplacar el hambre en el mundo.
La postergación de los proyectos que
exceden las posibilidades de realización en el ámbito privado es una constante
en nuestra economía por razones que no son fáciles de hallar. Existe una
tendencia a la trabazón de cualquier tipo de emprendimiento, aun los de
carácter estratégico, dentro de los cuales puede ubicarse a la fabricación de
fertilizantes, que no llega a ser comprensible por propios y extraños.
Un país que cuenta con buenos recursos
naturales y cuya economía está basada en la producción agropecuaria, no pude
quedar dependiendo de las compras de fertilizantes al exterior ya que son
muchas veces sus mismos compradores de granos los que le proveen de ese
importante insumo. Tal los casos por ejemplo, de Rumania, Brasil y Chile.
Los cultivos que requieren de
fertilizantes son, en orden de importancia la caña de azúcar en el 100%, lo
mismo que las hortalizas y las papas que se producen en el SE de la provincia
de Buenos Aires; luego le siguen el vid, principalmente en Mendoza y San Juan,
los citrus en la zona de Concordia, provincia de Entre Ríos y de la provincia
de Corrientes; los perales y manzanos también necesitan fertilizantes y últimamente
el trigo debe ser fertilizado como consecuencia de lo expuesto anteriormente.
Uno de los problemas que se ha
presentado con el uso de fertilizantes en la región triguera durante las
ultimas campañas es la carencia de suficiente información sobre esta tecnología
por parte de los productores. La utilización de fertilizantes por sí solo no
garantiza un mayor rendimiento de las plantas si no se lo acompaña con la
utilización de herbicidas para combatir las malezas que son terribles enemigos
por competir con los cereales en la apropiación de los nutrientes. Si el
productor sustentase principios ecológicos y rechaza el uso de herbicidas,
deberá realizar las tareas de escardado para arrancar las malezas en cuanto
comienzan a crecer.
Otra de las recomendación que suele
hacérsele a los productores es que antes de fertilizar hagan analizar sus
tierras para conocer exactamente las carencias del suelo y aplicar,
consecuentemente, los nutrientes adecuados en la cantidad necesaria, no mas no
menos. También el momento en que se aplica y las maquinarias que utilizan son
de suma importancia.
Fertilizar, en consecuencia, no es tan
solo arrojar nutrientes al suelo, sino la aplicación de un conjunto de
tecnologías concurrentes destinadas a lograr los resultados esperados, que es
el mayor rendimiento por planta y en el caso del trigo un aumento de las
proteínas del grano.
Pero, ¿es posible utilizar tosa esa
tecnología en nuestro país? Es posible porque se cuenta con los técnicos, con
las maquinas y con los productores necesarios. Sin embargo, se hace difícil
porque los productores, que buscan permanentemente la mayor rentabilidad, se
encuentran con los ingresos disminuidos por la baja de los precios
internacionales y por las retenciones que realiza el Estado, situación esta que
no los alienta a invertir si no están seguros de recuperar capital arriesgado.
Otra dificultad reside en la carencia de suficientes centros de extensión
agropecuarias y de la utilización de los recursos humanos disponibles para
difundir y asesorar a los productores acerca de esta técnica. Las Estaciones y
Agencias del INTA, los grupos CREA y las cooperativas vienen actuando en la
difusión constante y masiva realizada perfectamente por radios y televisión,
porque la inestabilidad de los precios de los distintos mercados (frutas,
hortalizas, cereales, etc.) influyen directamente en la toma de decisión de los
productores y agotamiento del suelo cada día se va agravando mas y si no se lo
cuida hoy, nuestros descendientes tendrán gravísimos problemas de producción en
una nación que un día fue denominada “el granero del mundo”.
Capitulo IV
El gran salto hacia la empresa moderna
A partir de mediados de los años ´50 se
inicia en el país un fuerte movimiento destinado a reactivar y modernizar la
actividad agropecuaria.
Ya comenzaban a verse los resultados
del esfuerzo que numerosos países realizaban para recomponer sus sectores
productivos luego de la extensa y devastada guerra mundial. La tensión
prioritaria fue puesta en la producción de alimentos para que los pueblos
pudiesen mejorar sus dietas y con el objetivo de lograr niveles de
autoabastecimiento.
Con el deseo de adecuar nuestra
producción agropecuaria a la moderna tecnología que se desarrolla en el mundo y
sabiéndose que era necesario educar a los productores para que aprovechasen los
nuevos equipos de maquinarias, las nuevas variedades de semillas, la mejor
manera de cultivar y de cosechar, así como los cuidados que debían tener los
granos durante su almacenamiento o las atenciones de manejo y alimentación del
ganado, y también la introducción de nuevas producciones, el gobierno nacional
dispuso la creación del Intitulo Nacional de Tecnología Agropecuaria.
El INTA se origino en el decreto-ley
21.680, firmado el 4 de diciembre de 1956 e inicio sus actividades en octubre
del año siguiente para cumplir la tarea de “impulsar y vigorizar el desarrollo
de la investigación y extensión agropecuaria y acelerar con el beneficio de
estas funciones fundamentalmente la tecnificación y el mejoramiento de la
empresa agraria y de la vida rural”.
Para cumplir con ese objetivo en todo
el país el INTA posee una amplia estructura consistente en 13 estaciones
experimentales agropecuarias regionales de las que dependen 4 subestaciones
experimentales de acuerdo con las áreas ecologías y con la naturaleza de los
problemas que deben encarar en sus regiones de influencia; cuanta con 22
estaciones experimentales de extensión y 180 agencias de extensión.
En las estaciones experimentales se
cumplen dos funciones: la de investigaron y la de extensión, pero el organismo
tiene, además, una estación cooperativa de experimentación y extensión, tres
centros de investigación (Recursos Naturales, Ciencias Agronómicas y Ciencias
Veterinarias) que conforman el Centro Nacional de Investigaciones Agropecuarias,
ubicado en Catelar, provincia de Buenos Aires.
Caso al mismo tiempo, pero surgiendo la
idea dentro del ámbito empresarial privado, doce productores agropecuarios
fundan, a principios de 1957, el primer grupo CREA, de Henderson-Daireause.
Esta iniciativa partió del productor
Pablo Hary, quien en sus viajes a Europa había tomado conocimiento de la
existencia de los Centros de Estudios Técnicos Agrícolas (CETA) organizados por
los productores franceses y destinados a mejorar las condiciones y resultados
de la empresa agropecuaria.
Ese primer Consorcio Regional de
Extensión Agropecuaria contaba con un asesor técnico que tenia como misión
lograr que los miembros del grupo modificasen los métodos tradicionales de
labor adoptando aquella nueva tecnología que mejor se adaptara a sus
necesidades y a cada uno de los campos que componían el consorcio.
El crecimiento de estos grupos fue
lento debido a la idiosincrasia de los productores agrarios, remisos y
desconfiados para aceptar cambios en sus actitudes. Pero el predicamento sobre
otros productores hizo que se organizaran otros tres grupos en Pirovano,
Guanaco-Las Toscas y Laboulaye-Mackenna, decidiéndose entonces a fundar la Federación Argentina
de Consorcios Regionales de Extensión Agropecuaria (FACREA), el 22 de junio de
1960. Esta entidad se trasformará en la Asociación Argentina
de Consorcios Regionales de Extensión Agropecuaria (AA-CREA), en 1967.
La función de los grupos CREA fue
sumamente importante en sus primeros años de organización porque fueron los
mismos productores los que se acercaron entre sí para discutir sus problemas y
encontrar, en el ejemplo de otros productores la solución a sus inconvenientes
de producción o de administración de la empresa agraria. El otro gran avance
fue que los mismos productores eran quienes buscaban el asesoramiento constante
de un ingeniero agrónomo.
Estas dos organizaciones, el INTA y los
CREA, tienen un antecesor de suma valía: la Asociaciones Amigos
del Suelo, fundada por el ingeniero agrónomo Carlos Sauberán[36]
el 11 de abril de 1956.
Los fines de esta entidad son
conservación y mejoramiento de los suelos en todo el país, para lo cual se
propone reunir a todos aquellos que trabajan por un mayor conocimiento de las
vitales relaciones existentes entre el suelo, las plantas, los animales y el
hombre, propiciando la iniciación y coordinación de las investigaciones que se
realicen es ese sentido y reunir y distribuir el conocimiento adquirido a fin
de crear una opción pública bien informada.
La producción agropecuaria, lo hemos
visto, cuando se realiza con solo objeto de obtener el mayor rédito posible,
trae aparejado el deterioro del suelo, que es el capital con que cuenta toda la
ciudadanía y sus futuros descendientes.
La existencia de entidades como las que
estamos presentando hace alentar algún tipo de esperanza en los que se refiere
al cambio de actitud de los productores, que cada vez se van sumando más a la
organización de grupos CREA o de sus similares grupos cooperativos de
extensión.
En el sector del cooperativismo agrario
se está fomentando, desde hace casi una década, la organización de los
productores asociados en pequeños grupos de 10 a 12 personas que
intercambian información, realizan experiencias y modifican hábitos siempre
bajo el asesoramiento de in ingeniero agrónomo que depende de la cooperativa
local. En este sentido la acción que desarrollan las entidades de segundo grado
San-Cor, Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA) y la Federación Argentina
de Cooperativas Agrarias (FACA), es de suma relevancia.
Las tareas de extensión agropecuaria
son de suma importancia en un país, que, como la Argentina, está dotado
por la naturaleza con un clima templado y tierras de calidad para el cultivo de
cereales y oleaginosos, especialmente en la región de la pampa húmeda (Buenos
Aires, Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos y parte de La Pampa y Corrientes).
Si se tiene en cuanta que el 75% del
país está constituido por tierras áridas y semiáridas y que en el resto, es
decir el 25% de su superficie se produce el 75% de nuestra producción
agrícolo-ganadera, es fácil deducir la importancia que tiene el extensionismo.
La transformación estructural de la
producción agropecuaria se logrará con el aporte de los ingenieros y técnicos
agrónomos ya que de ellos dependerá la orientación acertada de los productores.
En las regiones semiáridas y áridas es
posible radicar haciendas y al mismo tiempo es posible, cuidando el suelo,
obtener mayores rendimientos en la región pampeana, la cual vería incrementada
su área de siembra al quitarse de ella a gran parte de los rodeos que hay la
ocupan.
Para hacer producir a las regiones
áridas y semiáridas se requiere el trabajo de los extensionistas y la formación
de grupos de producción que inicien las tareas en ese sentido, trasformando sus
explotaciones de cría en empresas mixtas. A su vez, en la región pampeana se
deberá operar la transformación en los campos de invernada para dedicarlos a la
agricultura, con lo cual podrá aumentar la producción de granos y su
exportación.
Los productores paulatinamente están
haciendo de sus exportaciones rurales verdaderas empresas económicas, aceptando
los cambios propuestos por técnicos avezados o impulsados por la necesidad de
mejorar su trabajo para no quedar afuera del mercado.
“Nuestro chacarero está muy lejos de
ser el hombre rutinario y atrasado tipo ´campesino de país subdesarrollado´,
que se ha pintado muy a menudo.
El chacarero o el ganadero se resisten
a aceptar improvisados consejos de técnicos y burócratas que no conocen los
trabajos propios de agro. Pero cuando el técnico le ofrece ´métodos nuevos´,
más eficientes que los suyos y se les demuestra esto prácticamente, es el
primero en adoptarlas”. [37]
La planificación, el control de la
gestión, el cuidado en la inversión, el seguimiento contable, la búsqueda de
información y la consulta a los asesores técnicos y contables es una práctica
cotidiana en la vida del empresario agropecuario.
Ese cambio de actitud se produjo por la
tarea que el INTA, a nivel nacional comenzó a desarrollar a poco de su
organización. Su presencia permitió a los ingenieros agrónomos y veterinarios
encontrar el medio adecuado para llegar a transformar la tranquera de la
chacra, del tambo o de la estancia, tranquera que hasta entonces no se les
abría si iban como técnicos y asesores.
Los medios masivos de información, las
publicaciones especializadas, los boletines informativos del INTA y de los
CREA, las reuniones de productores para efectuarles diversas demostraciones, el
asesoramiento técnico para el uso de maquinas, semillas híbridas, fertilizantes
y agroquímicos, que las mismas empresas fabricantes realizan a diario en los
pueblos del interior, ha vinculado al hombre de campo al progreso tecnológico y
a modernas técnicas de producción y control económico necesario para su
empresa.
Estas páginas no pretenden trasmitir
optimismo insensato. Tan sólo relatan los avances alcanzados en la actitud
espiritual del productor gracias a la tecnología moderna y a la tarea de
extensión que acerca a su empresa al adecuado conocimiento sobre ella y la
mejor forma de utilizar aquella tecnología.
Grecia, un país cuya producción de
trigo era sumamente deficitaria, adopto en 1927 un plan de producción basado en
asegurar mejores precios a los agricultores y en las compras concentradas de la
producción por parte del gobierno. Esa política, duramente criticada al
principio, permitió que en diez años se pasase de 300.000 toneladas en 1930 a 800.000 toneladas en
1940, y en 1980 se estuviese produciendo 2.970.000 toneladas de trigo.
La explicación de este “milagro” la
brinda Papadakis: “La década de los 30 ha sido para todo el mundo un período de
crisis; Grecia desarrolló durante ese período su industria y sobrepasó el
subdesarrollo. Es característico que Grecia era un República en 1927, vino la
dictadura de Mitaxas en 1936, la ocupación ítalo-germana en 1941, los ingleses
y americanos en 1944, la guerra civil en 1944-1950; la dictadura militar en
1967, la República
en 1974; deben de haber cambiado mas de 50 gobiernos; pero el sistema de
´concentración´ del trigo nunca se interrumpió y continua todavía”. [38]
El de Grecia no es el único ejemplo que
podemos traer para remarcar las bondades de la continuidad de un política
económica nacional perfectamente definida para que todas las fuerzas económicas
se acomoden a ella.
Nuestro agro, lamentablemente, no vivió
largas etapas de estabilizas, como tampoco lo pudieron gozar los sectores de la
industria, del comercio, o de los servicios, porque ninguna política económica
supero los seis años de vida, siendo frecuentemente los de rumbo de cada dos o
tres años y aun en lapsos menores.
Durante el decenio que abarca los años 1956 a 1965, pueden notarse
algunos cambios en el sector agrario como es el incremento de la mecanización
de los medios de transporte automotor, pero no se registraron progresos en lo
que respecta al área sembrada no al rendimiento de los productos por hectárea.
La producción ganadera, por su parte, sufrió importantes oscilación,
registrándose el más bajo consumo de carne del periodo en 1959, con 1.427.485 toneladas,
siendo el promedio de los diez años de 1.803.985 toneladas y la menor
exportación en 1960, con 384.972 toneladas, cuando el promedio fue de 549.680
toneladas.
Las áreas de siembra destinadas a maíz
y trigo se incrementan, lo mismo que la producción de ambos cereales. La mayor
producción es colocada sin dificultad porque se lograron, durante la
presidencia del doctor Arturo Illia, formalizar contratos con la Unión Soviética y
China Continental.
Estas ventas fueron “las operaciones
individuales más grandes que arrojó nuestro historial triguero; cabe destacar
también que, por primera vez en muchos años, Brasil no sólo ha adquirido
íntegramente el básico de un millón de toneladas anuales que tenia comprometido
con la Argentina,
sino que lo excedió en 150.000 toneladas adicionales.”[39]
No está de más recordar que luego del
golpe militar que derrocó al gobierno del DR. Íllia, se suspendieron las
relaciones comerciales con la
URSS y la República Popular China, y creemos que esas
relaciones comerciales con las máximas naciones comunistas fueron las causas de
la caída del gobierno constitucional, porque aún está viviendo, a nivel
internacional la “guerra fría” entablada por dos grandes bloques económicos,
liderados por los EE.UU. y la
URSS.
La Guerra
fría entablada entre ambos bloques era de carácter fundamentalmente político,
pero arrastraba consigo la adopción de medidas económicas por parte de EE.UU.
con el fin de dificultar el crecimiento de las naciones del Este. Es así que
Norteamérica impulsó una política de embargo contra las exportaciones que se
pretendiesen realizar hacia los países socialistas, arrastrado en esa líneas a
sus aliados europeos y el Japón. Esas medidas se endurecieron en 1952 e incluyo
a China Popular como país prohibido para exportarle. La mitad de los productos
que se comercian internacionalmente estaban incluidos en las listas de
mercaderías embargables. Los europeos occidentales, si bien apoyaron la acción
de los EE.UU. en lo formal político, realizaron, no obstante, importantes
inversiones en la construcción de complejos industriales en el bloque oriental.
Luego de la política de distensión propiciada
por Henry Kissinger se fueron reduciendo paulatinamente las listas de embargos
y en 1974 sólo restaban 150 productos principalmente de carácter estratégico y
militar o tecnológico de punta en el listado de las prohibiciones.
Fue recién en 1975 con la Conferencia sobre
Seguridad y Cooperación en Europa celebrada en Helsinki, que se selló la
distensión política y económica entre el Este y el Oeste. “El acta final,
firmada en 1º de agosto de ese mismo año por 33 países europeos, así como por
Estados Unidos y Canadá, continua al lado de disposiciones relativas a la
seguridad europea y a la cooperación en asuntos de tipo humanitario, también normas
para la cooperación en economía, ciencia, tecnología y problemas de medio
ambiente. La necesidad multilateralizada del comercio entre el Este y el Oeste
fue recogida en el acuerdo. En la medida en que se reconocía la eficiencia de
la cláusula de nación más favorecida, principio fundamental del GATT, se dio
lugar a una primera vinculación con este ultimo.”[40]
Durante el periodo que analizaremos
(1956-1965) se impone la cosecha a granel en forma definitiva gracias al
desarrollo en el país de maquinas cosechadoras automáticas para el maíz, el
trigo y el girasol. Algunas de estas maquinas ya se las conocía desde hacia
varios años, como la cosechadora autopropulsada creada por Miguel Druetta en
1938 o la plataforma girasolera que se fabricaba en el país desde 1936 o el
desarrollo de plataforma maicería impulsado por el gobierno entre 1949-1950
mediante el otorgamiento de créditos de fomento a tres empresas argentinas:
Druetta, Vassalli y Ginbergia. Pero el uso popularizado de estas maquinas se
logró recién a partir de 1957, en que comenzó a usarse en la zona de Tres
Arroyos maquinas cosechadoras provistas con tolvas equipadas con sistemas de
transferencia de los granos a acoplados que eran remolcados por tractores para
llevarlos posteriormente a las plantas de almacenamiento.[41]
El sistema de cosecha a granel hizo
desarrollar otra tecnología: la del almacenamiento a granel en plantas de
elevadores que debían estar equipadas con secadoras de granos y sistemas de
descarga, carga y transferencia con el fin de agilizar el movimiento de granos
y su conservación.
Un nuevo paisaje se podía ver en la
pampa húmeda en cuyo horizonte se recortaban las siluetas de los silos de
chacra y de los elevadores de cooperativas y acopiadores. Y un sentimiento de
nostalgia se acallaba en nuestros hombres al ver que los campos iban
despoblándose y que ya no estaban mas la cuadrillas de trilladores. Esos
hombres se fueron del zampo para encontrar un trabajo en las fabricas que los
reclamaba. Luego, todo se detuvo, las fabricas no aumentaron su trabajo, sobró
mano de obra pero el que se había ido del campo empujando por la maquina ya no
encontraría un lugar en su antiguo hábitat.
En nuestro país el desarrollo
industrial de las maquinarias agrícolas contó con dos elementos fundamentales.
Uno fue de carácter económico: el crédito de fomento. El otro de visión
industrial y el ingenio creado de muchos empresarios que se iniciaron en la
fabricación desde sus talleres de reparación de las maquinas importadas. En
esas herrerías de campaña, cuando hubo talento y deseo de crecer se asientan
las raíces de casi todas las empresas argentinas que hoy proveen al productor
agropecuario con maquinas que ostentan los máximos adelantos tecnológicos
adaptados a las características y necesidades de la Argentina.
La industria Láctea también tuvo su
momento de cambio durante este periodo ya que disposiciones oficiales hicieron
obligatoria la pasteurización de la leche fluida destinada al consumo.
Esa medida de carácter sanitario,
tomada durante el gobierno del doctor Arturo Frondizi en 1958, hizo desarrollar
a las usinas lácteas ya que edemas de pasteurizarlas la leche la debían envasar
en botellas de un litro para su venta al publico. Con ello se transformaron hábitos productivos y
de consumo que permitieron, en consecuencia, modernizar la producción tambera.
Capitulo V
Esfuerzo,
crecimiento y riquezas: una relación inversa
“... el proceso económico argentino se
encuentra en una etapa histórica, una etapa en que si no se convierte al agro
en un sector económico altamente rentable, no será posible resolver el problema
de la ampliación del mercado internacional de productos industriales de consumo
y de bienes de capital. Hay que decir enfáticamente que sin el desarrollo
vigoroso del campo no se podrá acrecentar con rapidez la masa de divisas
necesaria para afrontar los pagos de la deuda externa y financiar las obras
básicas de infraestructura y desarrollo industrial moderno.
Nunca debe olvidarse que la expansión
de la agricultura y de la ganadería nos dará los capitales propios necesarios,
no sólo para pagar deudas, sino también para construir en la próxima década la Argentina moderna que
todos anhelamos.”[42]
El decenio 1966-1975 presenta un
intenso y dramático cuadro político que subsume todos los esfuerzos y esperanzas
destinados a poner en movimiento las potencialidades económicas del agro y de
la industria. La turbulencia de las aguas políticas, saturadas de preceptos
ideológicos provenientes de grupos extremistas de derecha e izquierda, impide a
los dirigentes y gobernantes, tener una clara visión de los objetivos y
comenzamos a movernos en “la coyuntura” porque nadie sabe si, en medio de la
disputa de los sectores extremistas no caerá víctima de alguna acción
guerrillera.
La persecución ideológica va minando la
moral de todos y no escapa de esa situación los cuadros dirigentes del sector
agropecuario que deben moderar la expresión de sus inquietudes, minimizar sus
reclamos, evitar el compromiso político con los hombres de gobierno y mantener
a los asociados de sus organizaciones en una calma forzada para que no sean
confundidos como subversivos ni colaboradores.
En ese ambiente de inseguridad y de
despotismo no existe entusiasmo ni posibilidad para pensar en el futuro, sino
en solucionar los problemas individuales y sectoriales adecuándose lo mejor
posible a las variables reglas de juego de la política económica.
Mientras tanto el mundo sigue andando. La Comunidad Económica
Europea ya está mostrando los resultados de su organización y que es lo que
puede ocurrirle a los países productores de materias primas alimenticias
habituales proveedores del mercado europeo.
La producción de los países miembros de
la CEE había
llegado en 1962 a
autoabastecerse en un 90% de trigo y en forrajes se destaca un aumento del 30%
en el decenio 1952-1962. Por su parte los rendimientos en trigos se
incrementaron en el mismo periodo de 18.5 quintales por hectárea a 23, es decir
un 24.3%.
El incremento del rendimiento está muy
ligado al uso de fertilizantes, a las mejores variedades de semillas, a los
productos fitosanitarios y a una mayor mecanización, sin olvidar los factores
climáticos.
Pero en los países de la Comunidad algo
determinante fue, además, la implantación de un política de precios altos al
productor y obligatoriedad para los molinos de usar productos nacionales.
Diversos análisis de la situación
productiva en la Comunidad
preveían que el uso de trigo para la alimentación humana disminuiría en un 3%
en 1970 como consecuencia del mejor nivel de vida de los europeos, razón por la
cual los trigos se destinarían a la elaboración de alimentos para el ganado,
estimándose un incremento del 50% para este fin en 1970. Ello derivaría en un
mayor desarrollo de la ganadería europea y el achicamiento de las ventas de la Argentina hacia ese destino.
Numerosos análisis de la época que
comentamos señalaron que la
Argentina debería incrementar la producción de forrajes y
encarar la venta de alimentos elaborados con destino a los países europeos o a
otros que ya mostraban un mejoramiento en sus economías, traducido en un mejor
nivel de vida de sus habitantes. También huno quienes especularon con las
distintas alternativas que se podían presentar en la economía del MCE con la
incorporación de otros países, especialmente de Gran Bretaña. Esas especulaciones
contribuyeron a acentuar el statu quo de nuestra economía debilitando los
esfuerzos que se realizaban para aumentar nuestros clientes y diversificar la
oferta de alimentación.
El decenio 1966-1975 pudo haber sido
decisivo para el sector agropecuario pero se convierto en un tiempo perdido
durante el cual decayeron nuestras exportaciones.
El agro, tan realzado y requerido en
los momentos en que los funcionario gubernamentales tienen que incrementar las
arcas del tesoro, no ha sido protegido en forma adecuada y muchas veces quedó
librado a su suerte. Sólo el empeño de los mismos productores y la acción
desarrollada por algunas organizaciones privadas y desde el INTA, que continuo
pensando en nuevas alternativas para lograr el desarrollo agropecuario y su
proyección en el mundo, evitó un destino infeliz.
El
desarrollo de la soja
Debido a ello es que van incorporando
nuevas tecnologías, tanto en el rubro maquinarias agrícolas como en la
propiamente productivo. Así, durante el decenio se puede advertir una notable
expansión del área cultivada con soja.
Su introducción en el país impulsada
por el ministro de Agricultura y Ganadería Tomás Le Breton durante el gobierno
del doctor Marcelo Torcuato de Alvear, pero sus primeras siembras fueron un
fracaso. Recién a partir de 1957 puede hablarse de un afianzamiento de la soja
gracias a la labor conjunta del INTA y de empresas privadas subsidiarias, en el
campo de la investigación e industrialización, de compañías norteamericanas.
“Entonces se inicio la segunda seria de
la soja en la Argentina.
La provincia de Misiones es la que ha dedicado mayor
superficie el cultivo de la soja. Pero también incursionaron en ella
agricultores del centro y sur de Santa Fe; sur de Córdoba; en el radio de
influencia de Río Cuarto; en las zonas marginales del azúcar en Tucumán y, en
menor escala, en otras provincias.
Ese crecimiento fue alcanzado gracias a
la decisión de la
Cooperativa Agropecuaria “Coronel Bogado” limitada que
fomentó el cultivo al realizar un convenio comercial con una empresa aceitera
que se comprometía a elaborar toda la producción que le proveyera la
cooperativa. Esa entidad, a su vez, aseguraba a sus asociados que cultivasen
soja, la colocación de la producción en la industria.”[43]
A partir de entonces el cultivo va ampliando
su superficie de producción para llegar, en la campaña 1966/67 a 18.470 hectáreas
con un rendimiento de 1.188
kg./ha. Y una producción total de 20.500 toneladas.
Diez años después la producción cubría
una superficie de 442.500
hectáreas y el volumen cosechado llegaba a 695.000
toneladas alcanzando una participación de 1.1 % sobre el total mundial.
El gran avance de esta oleaginosa se
producirá en años posteriores, como muestra el cuadro siguiente.
Inseminación
artificial
También por esos años alcanza gran
difusión la inseminación artificial. Esta tecnología ya era conocida en nuestro
país desde los años ´40. En 1946 se organiza la primera cooperativa de
productores tamberos, con el objetivo de desarrollar la práctica de la inseminación artificial entre ellos. A
esa cooperativa, radicada en la localidad de Devoto, provincia de Córdoba, le
siguieron otras organizaciones similares impulsadas siempre por el entonces
Ministro de agricultura y Ganadería de la Nación a través de su Dirección de Lechería.
La inseminación artificial, iniciada en
el ámbito de la producción tambera se expandió luego a la producción de carne.
Esta tecnología para alcanzar sus máximos resultados, requiere la incorporación
de nuevas modalidades de trabajo en la actualidad ganadera, ya que los
productores deben acompañar a la inseminación artificial con el seguimiento
sanitario de los animales, la implantación de pasturas y el registro de su
ganado.
El mayor desarrollo de esta tecnica se
alcanza a partir de los años ´70 lo que motiva al Ministro de Agricultura y
Ganadería de la Nación
a impulsar la sanción de una ley destinada a reglar esa actividad y la forma en
que se deben ejecutar los métodos de inseminación artificial. Esa norma se
conoce como decreto–ley Nº 20.425/73 y su reglamentación en el decreto Nº
4678/73.
Otra importante incorporación
tecnológica de los últimos años es el sistema de implantes de embrión, que
comenzó a experimentase a mediados de la del ´70.
Las
carnes van dejando el mercado externo
No obstante las buenas intenciones de
contribuir con nuestros productos alimentación a acabar con el hambre en el
mundo, las exportaciones de carne comienzan a disminuir a partir de 1973,
mientras que el consumo interno se incrementa.
La perdida de mercados por parte de la Argentina es aprovechada
por otros países que, de importadores, pasan a ser exportadores. Tal el caso
del Brasil.
Algo similar ha ocurrido con el ganado
porcino, cuya exportación fue diminuyendo constantemente desde 1946, según los
muestran los siguientes promedios: 1946/55: 27.136 toneladas; 1956/68: 11.485
toneladas; 1966/75: 8.875 toneladas; 1976/84: 310 toneladas.
El ganado ovino también perdió posición
en el mercado mundial, ya que de un promedio de 89.901 toneladas exportadas en
el periodo 1946/55, pasó a un promedio de 41.619 toneladas durante veinte años
(1956/75) para decaer finalmente a un promedio anual de exportaciones de 25.798
toneladas entre 1976 y 1984.
En cuanto al comercio exterior de lana
se advierte que la Argentina
cedió posiciones a partir de 1969.
Los promedios de los volúmenes
exportados son los siguientes: 1946/55: 132.617 tn; 1956/65: 124.092 tn;
1966/75: 93.069 tn; 1976/84: 81.043 tn.
Aves.
Producción de gallináceas
TABLA
Aves.
Comercio
TABLA
La producción avícola, que fue desarrollándose
con ciclos de depresión y auge no alcanzó aun la suficiente estabilidad y
crecimiento para recuperar la participación que tenia en el comercio mundial
Los
precios de los granos y la baja rentabilidad
En el decenio siguiente, la situación
del sector agropecuario se agravó si bien hubo un periodo breve de bonanza con
altos excedentes en la producción de granos y altos precios externos. Pero ese
bienestar fue efímero y no pasó de las campañas que van de 1980 a 1984.
Durante el gobierno justicialista
(1973-1976) los productores agropecuarios vivieron pendientes de la
implantación de leyes expropiatorias y durante el gobierno militar
(1976-1983)sufrieron los embates de una política económica que llevó a la
quiebra y desesperación a muchos productores, especialmente aquellos radicados
fuera de la pampa húmeda.
Tan sólo a partir de la no adhesión al
boicot cerealero establecido por los EE.UU. contra la URSS y la venta masiva de
granos y carnes a esta nación, llegaron a dar un poco de alivio a su afligente
situación aunque debieron soportar los efectos de la política cambiaría del
gobierno militar que mantuvo sobrevaluado al peso con respecto al dólar lo cual
reducía los ingresos derivados de los productos exportados. Por la misma causa
fueron deteriorándose las producciones regionales (algodón, vitivinicultura,
caña de azúcar, te, frutas al natural, tabaco, lana, etc) que además debían
soportar la competencia de mercaderías extranjeras que ingresaban al país
amparadas por la política de libre importación. Ello trajo como consecuencia un
acrecentamiento del éxodo rural hacia las grandes ciudades y, se conocen casos
de productores vitivinícolas que se radican en Brasil para desarrollar en la
zona sur de ese país tareas productivas.
La única medida favorable al agro y con
visión de futuro, que se adopta en ese periodo, es la sanción de la ley 22.418
de “fomento de la conservación de suelos” destinada a corregir los prejuicios
provocados por el trabajo agrícola.
Al mismo tiempo se inicia una
transformación en el sector de la comercialización de granos mediante la
autorización concedida a los exportadores de poder construir sus propios
puertos y la licitación de obsoletas plantas de almacenamiento de la Junta Nacional de
Granos ubicadas en la campaña y en puertos (Rosario, San Lorenzo, Quequen, Dock
Sud).
Esa disposición permitió que el
movimiento cooperativo recuperase alguna de las instalaciones que le había sido
expropiadas en la década de los años ´30 y que las modernizaran para obtener un
eficaz rendimiento de ellas, construyendo tres importantes puertos. Todo ello
hizo que la capacidad de almacenamiento de granos creciera rápidamente para
llegar en la actualidad a más de
32.000.000 de toneladas.
Las
vías de comunicación y transporte
En cuanto a la circulación, haremos
referencia a la red vial con que cuenta el país para el traslado de su
producción agropecuaria.
La red vial se divide en dos grandes
jurisdicciones: la nacional y la provincial.
Ambas, a la vez, están clasificadas en
red urbana y red rural, denominaciones a las que arribó en mayo de 1983 el
Consejo Vial Federal, organismo creado por decreto-ley 505/58 y ratificado por
la ley 14.468.
La red
urbana está conformada por los caminos de circulación y/o penetración a
radios urbanos (red arterial); aquellos otros de transito general que penetren
en el radio urbano; los de acceso a poblaciones desde rutas nacionales o
provinciales; las calles y avenidas.
En la red rural, por su parte, están comprendidas: la red troncal
nacional y las redes primarias y secundarias provinciales. También está la red
terciaria integrada por rutas de uso público que no están comprendidas dentro
de las clasificaciones de las redes primarias y secundarias, pudiendo ser de
jurisdicción provincial o municipal.
Los caminos vecinales son los que no
están comprendidos en la red urbana ni en la red troncal nacional ni en las
redes primarias y secundarias provinciales, coincidiendo con las
características de la red arterial mencionada anteriormente.
El estado de conservación de los
caminos tiene una gran importancia para la circulación de los productores
agropecuarios. La evaluación más reciente (1985) nos indica que de los 37.750,97 km. totales
de caminos de red nacional, 28.020,75 km. están pavimentados. De la red
pavimentada el 37 por ciento se encuentra en buen estado de conservación, el 22
por ciento en condiciones regulares y el 41 por ciento en mal estado.
La red provincial en 1985 alcanzaba una
longitud de 175.063 km.
de los cuales solamente 29.684
km. estaban pavimentados.
En la región cerealera la provincia que
tiene los caminos de la red nacional más afectados es Buenos Aires (44% malos y
38% regulares). La siguiente Córdoba (55% malos y 11% regulares) y La Pampa (63% malos y 14%
regulares).[44]
Por su parte el transporte de cargas
por camión se ha ido incrementado constantemente en detrimento del servicio que
brindo el ferrocarril, según puede verse en el siguiente cuadro, y el
transporte por barcazas o barcos para cabotaje fluvial o marítimo se ha
mantenido estabilizado.
La situación
actual
La economía argentina está afrontando
desde hace muchos años una crisis de difícil resolución. El sector
agropecuario, principalmente abastecedor de divisas se encuentra en grandes
dificultades, tanto económicas y financieras cuanto estructurales. Por su parte
el sector industrial, que había alcanzado una destacada posición como exportado
de manufacturas de alta calidad de los más diversos rubros, perdió rápidamente
los mercados externos y decayó en su actividad productiva a partir de la implantación
de una política monetaria que mantuvo sobrevaluada de la moneda argentina, como
lo señaláramos más arriba, durante la actuación del doctor José Alfredo
Martínez de Hoz como ministro de Economía.
Una grave y profunda sectorización de
la economía y la falta de emperramientos conjuntos entre las fuerzas
productivas del agro y de la industrial, están provocando un mayor atraso al
imprescindible, por vital, crecimiento del país.
Creemos que los males actuales y los ya
vividos tienen sus fuentes en la carencia de una política económica estable,
continua, que determine los limites dentro de los cuales deberán moverse los
empresarios agrarios e industriales.
Existe, además, la falta de acuerdo
entre los dirigentes empresariales urbanos y rurales que dificultan la
armonización de los respectivos intereses sectoriales en un proyecto conjunto
de concretas realizaciones sociales, económicas y políticas. Esa actividad de
los dirigentes sectoriales se origina en que, inconscientemente, cayeron en las
seductoras redes del tejido corporativista en el que se mueve nuestra sociedad
desde hace más de cincuenta años.
La corporativización de nuestra
economía y de nuestro sistema político se realizó en forma vergonzante, como
con culpa. Se careció de una profundización ideológica y se arribó a través de
la práctica cotidiana. Gobernantes y dirigentes abundan en reflexiones que se
corresponden con la democracia liberal: convocan a asumir la democracia, a
defenderla y a legarla a nuestros hijos; se hacen golpes de estado contra
gobiernos democráticos para reimplantar el sistema democrático en toda su
pureza; se convoca al pueblo a elecciones cambiando la ley electoral,
modificando los distritos políticos, proscribiendo partidos políticos o
haciendo alianzas, más que ideológicas, por afinidad económica. Pero en
realidad, sus actitudes con de corte corporativista.
Si bien ese sistema es el que más se
adecuaría a la democracia social, política y económica, cayó en descrédito y se
generó una gran antipatía hacia él por los ejemplos dados por el fascismo
italiano, al nazismo, el franquismo y el salazarismo, que convirtieron al mundo
en las primeras décadas de este siglo, usando la teoría corporativista para
acceder y sostener sus políticas dictatoriales y totalitarias.
En nuestro país el corporativismo fue
ganado almas paulatinamente, sin que nos diéramos cuanta, y es asó como en la
actualidad los reclamos no los realizan los grandes sectores políticos o
económicos, como podría ser la industria o el agro, sino los subsectores que en
ellos están involucrados. Los reclamos vienen de la rama juvenil o femenina o
gremial de un partido político, de una delegación regional o de una comisión
gremial interna de una empresa en vez de estar impulsada por el sindicato (con
cuya conducción se suele estar en desacuerdo); los reclamos del agro se
subdividen en los que pueden formular las entidades que nucléan a productores
de carne o de aquellas cuyas asociaciones son agricultores o de las otras que
representan a alguna producción regional; nada en común, a su vez, parecen
tener los industriales metalúrgicos con los del plástico ni éstos con los
madereros. Los ejemplos son infinitos: es suficiente, para encontrarlos, seguir
la lectura cotidiana de los diarios y revistas.
La falta de actitudes claramente
realizadas son las causas principales de nuestro conflicto, de nuestras
contradicciones, de nuestro lento pero constante retroceso. Una buena terapia
social consistirá en saber cómo somos y, como dicen los psicoanalistas
“asumirnos” en nuestra personalidad social.
Otros problemas que percibimos en
nuestra sociedad es la dificultad que tenemos para ser comerciantes
emprendedores, exploradores de mercados, y sea en lo interno como en el
exterior. No tenemos, tampoco, vocación marinera, lo que nos hace hombres de
tierra firme, con la mirada puesta en el interior de nuestras cosas y carentes
del espíritu del viajero que puede adquirir una correcta ubicación en el mundo.
Esas dos características de nuestra psicología social, apoyada muchas veces en
concepciones ideológicas deformantes, anulan la necesidad de crecer que tiene
todo ser vivo.
De ahí que, en vez de ser pioneros y
exploradores, en vez de contar con gran cantidad de empresarios, nuestro cuerpo
social provea buenos burócratas y administradores, que no desean correr riesgos
aunque lo único que les toque administrar sea la pobreza.
La corporativización no asumida y la
perdida de los ímpetus creadores que tenían nuestros abuelos nos inmovilizan y
nos impiden crecer por la molicie social que nos asfixia a todos por igual.
Los esfuerzos que miles de productores
han venido haciendo en estos cuarenta últimos años para crecer y tener un mayor
patrimonio para legar a sus hijos, no se han visto premiados como se lo
merecían porque el resultado alcanzado fue inversamente proporcional al trabajo
y capitales volcados en la producción y hubo muchos que perdieron lo que tenían
en el esperanzado intento.
Pero aún hay posibilidades. Las nuevas
generaciones de profesionales del agro, de la economía y de las ciencias sociales;
los hombres de trabajo herederos de la tierra y de los medios tecnológicos que
adquirieron sus padres; los futuros dirigentes y los nuevos burócratas
reaccionarán pronto, todos juntos, para lograr renovados aires que vuelvan a
reanimar a un cuerpo social que no está muerto pero sí alertado. Y será del
campo, del suelo argentino por años maltratado, y de la industria asociada a la
transformación de la materia prima agropecuaria, de donde vendrán los ímpetus
reactivadores de nuestra economía y numerosos mercaderes tendrán por misión
expandir esos productos por el mundo dinamizando para siempre la producción y
el comercio argentino.
Segunda Parte
Argentina: Agro y Sociedad
Relación con la tierra
Capitulo I
Argentina: Agro y Sociedad
Relación con la tierra
“Sin
embargo, la tierra, en cualquier situación, produce por lo regular mayor
cantidad de alimento que el puramente suficiente para mantener todo el trabajo
que se necesita para ponerlo en estado de venta, sosteniéndolo del modo más franco
y liberal que sea proporcionalmente posible. El sobrante es siempre mayor
también que el que basta para reemplazar el fondo empleado en aquel trabajo,
con sus respectivas ganancias; luego el alimento necesario es una producción de
la tierra que deja siempre renta al dueño del terreno.”[45]
Concepto
económico del factor tierra
Por la naturaleza de este trabajo, aquí
interesa el aspecto económico del factor tierra. Es decir, la tierra como
núcleo de la economía y a su vez extendida en su concepto a todo recurso
natural. El hombre fue descubriendo en la naturaleza lo que era útil o vital
para su vida; y lo que tenía capacidad, conocida o por conocerse, de generar
riquezas.
Dentro de la economía general de la
tierra es el factor primario. Los otros son el capital y el trabajo. Según los
economistas, la tierra se diferencia del trabajo porque en sí no es aporte
humano; y se diferencia del capital porque “ningún incremento en el precio
significa un aumento en su oferta global”.[46]
La producción de la tierra así entendida,
calificada de “primaria, proporciona un espacio definido y amplio para la
actividad económica, y sustenta un mercado directo, si se trata, por ejemplo,
de alimentos naturales; o indirecto, si son derivados o materia prima
elaborada. La producción de la tierra conocida como primaria tiene,
generalmente, su correspondiente correlato industrial, cuyo alcance aún no ha
sido totalmente determinado.
Como recurso natural, el factor tierra
del país es rico, y se acepta una potencialidad económica de envergadura. Los
atributos generales de nuestra tierra son:
a)
Una
superficie de 209.122.310
hectáreas, con climas apropiados para la producción de
distintas especies. Se destaca la región pampeana con 83.156.500 hectáreas
y una producción agropecuaria considerables, aunque lejos de los niveles
posibles.
b)
Complementan
tierras con aptitud, en determinadas regiones, para la producción vitivinícola
y frutícola, caña de azúcar y tabaco, yerba mate y té y algodón, dando lugar a
“economías regionales” y a industrias derivadas específicas.
c)
Un
litoral marítimo de 4.000
kilómetros y con una riqueza ictícola aún no
cuantificada; posibilidades en la región antártica; y además una pesca de río
no despreciable.
d)
La
riqueza mineral, particularmente en zonas cordilleranas, que aún no han sido
debidamente exploradas y menos cubicadas; y la riqueza petrolera y gasífera.
El concepto económico de la tierra aún
puede extenderse, desde luego, a la silvicultura y producción de maderas; a la
hidrografía y el aprovechamiento hidroeléctrico; a fuentes terminales que, por
su belleza natural, como las Cataratas del Iguazú a los lagos del sur, pueden
destinarse a centros turísticos o deportivos.
Los economistas analizan el factor
tierra y aquello que en el mismo puede hacer el capital. En otras palabras, el
valor de la tierra en sí puede recibir otros que el hombre consigue mediante
aportes de capital. Así se agregan valores consecuentes por mejoras y por
diversas etapas de elaboración industrial. Cuando se habla de “campo libre de
mejoras” o del “valor agregado”, se supone que una cosa es el recurso natural
puro y otro lo que se consigue con el capital.
Todo lo que integra y compone el factor
tierra, como núcleo básico de la economía, debe ser inventariado en nuestro
país. Hoy es necesario la codificación científica de todos nuestros recursos
naturales, de acuerdo a un nomenclador general establecido por técnicos del
mejor nivel, con clasificaciones por sector y en los niveles necesarios, hasta
llegar a la línea de los últimos componentes; y todo esto definido en programas
totales de computación e informática a fin de contar con los datos precisos y
manejarlos en el campo de tecnología agraria, minera o marina y también del
espacio aéreo y el cosmos, en la parte que nos corresponde, porque los vientos
y los rayos solares, como fuentes de energía, también son recursos.
El valor económico del factor tierra de
nuestro país es enorme. Sabemos, sin embargo, que el nivel económico de la
población argentina es bajo, tortuoso y contradictorio con sus recursos
naturales. Paul Claudel, aludiendo a los que tienen una verdad como recurso
extraordinario y no lo aprovechan, dijo que esos “llevan el sol en el
bolsillo”. Es lo que venimos haciendo los argentinos: guardamos “el sol en el
bolsillo” y nos dedicamos durante décadas a encender fósforos...
Apetencia
de la tierra y poder social
El comportamiento humano con respecto
al factor tierra ha cambiado según la tecnología, el desarrollo alcanzado y el
nivel de aspiraciones. No lo vieron lo mismo el pastor, el terrateniente y el
industrial. El dueño de una industria tiene un modo particular de considerar a
la tierra, sobre la cual, teóricamente, no tiene un modo particular de
considerar a la tierra, sobre la cual, teóricamente, no tiene competencia. El
dueño de una estancia tiene una forma más directa de mirar el factor tierra y
lo siente suyo, además domina. El pastor recorre el campo y lo transita como si
fuera suyo, pero no lo domina. Pero todos apetecen la tierra, aún el
industrial; y el que posee grandes extensiones, basándose en el valor que le
asigna, domina en la sociedad como si tuviera algún derecho o titulo especial
para hacerlo.
El factor tierra, por su capacidad y
aptitud productivas, “afecta en muchos sentidos la estructura social de la
comunidad y sus modos de vida”. [47]
La relación hombre – tierra es clara y goza de un alto grado de universalidad.
En la mente del hombre, como obsesión natural, está la tierra. Nadie pudo
escapar a las categorías de espacio y de tiempo, tampoco esta universalidad.
El campesino europeo, particularmente
en la época medieval, se vio perturbado por las guerras de los señores
feudales, sin embargo no perdió su relación con la tierra. La agricultura, con
la pesca y la producción pecuaria de subsistencia, fueron la base de la economía
europea en el momento del descubrimiento de América. Es cierto que la actividad
industrial y el comercio eran florecientes, pero en realidad se trataba de una
especialidad en las artesanías y un afán de lograr “il capo lavoro” como título
para levantar el valor del trabajo. Recién a fines del siglo XVIII, con el
advenimiento de la máquina, se pasa de las artesanías a la industria
propiamente dicha; y entonces se inicia en Europa la declinación del valor de
la tierra en el campo de la economía.[48]
Las comunidades indígenas, que habitan
el suelo argentino al iniciarse la conquista española (siglo XVI), habían
logrado distinta relación con la tierra, según fueses sus miembros cazadores
nómades o agricultores. Se coincide que entre esas comunidades, los humahuacas
y los diaguitas representaban el grado más alto del progreso. Fueron
agricultores y estuvieron ligados a la tierra de una manera casi absoluta. En
la comunidad -el Ayllu- nadie era dueño de la tierra, salvo el auqui o curaca,
el cual era dueño en representación del inca de Cuzco. Su famosa chacra
(chajera en su origen) quedó entre nosotros como unidad agrícola; también en la
toponimia y el folklore argentinos.[49]
El conquistador español, y el europeo
en general, llegó con la idea de poseer tierras. Algunos llegaron obsesionados
por el oro, pero en general, el español que soñaba en España con un feudo
imposible, vio la posibilidad de conseguirlo en América. Antes de partir de su
tierra natal, ya figuraba en la mente del español un predio para su feudo, con lo
cual traía una organización retrógrada. No obstante las críticas sobre la
imprevisión española en materia de colonización, lo cierto es que llegaron
buscando tierras y gestionando “encomiendas” y “mercedes” para explotarlas con
la mano de obra barata del indio. La famosa institución de la “encomienda”,
además de sus objetivos religiosos y artesanales, ligaban al titular a una
determinada tierra con población indígena, base poblacional de su feudo, lo
cual le permitía cumplir con la misión de colonizar y lograr un rango social,
con lo cual se apuntaba a la constitución de una elite local dominante e
influyente. [50]
Mucho más tarde, coincidiendo con el
período de la economía primaria de exportación (1860-1930), llegaron los
inmigrantes. Fue el trajinado y expectante tiempo de los “inmigrantes”. También
ellos, lidiando en el puerto de Buenos Aires con sus bártulos, llegaron
pensando en una tierra para trabajarla y hacerla suya. Tenían información de
que se trataba de una tierra inmensa, pero ignoraban las trabas que les imponía
la sociedad tradicional existente. La elite de la sociedad tradicional
sustentaba su rango precisamente con sus grandes extensiones de tierra y en ese
medio no admitía más que subordinados. El país que los recibía con una economía
basada en la tierra y nadie prosperaba sin ella. Era lógico, entonces, arribar
al puerto de Buenos Ares y pretender un campo o algún terreno baldío...
Es decir, la tierra fue el factor
dominante. Por lo menos tan dominante en materia económica como el comercio y los
servicios. [51]
El hombre pobre acudió a ella para vivir, en tanto el hombre rico la
instrumentó para vivir bien y dominar. Su gravitación, en el juego de intereses
y en la estructura social, fue pautando valores, niveles sociales,
asentimientos poblacionales (colonias), marginaciones y ruinas. Es decir, la
tierra como factor económico, determina en cierta medida una sociedad.
Como secuencia global, en bruto,
tenemos:
a)
Valor
y categoría de la tenencia de grandes extensiones de tierra, generándose el status
o alto nivel social y la constitución de una elite orgullosa. El señor español
gestionaba una “encomienda”, pero en realidad buscaba su feudo; el señor que
vino después hablaba de poblar la pampa y asentar colonias; cumplió en parte y
terminó siendo un terrateniente.
b)
Poder
político y económico de la elite terrateniente ante funcionarios y
comerciantes, los cuales, por su nivel, entraban en una grupo de los
privilegiados y, desde luego, poder sobre las clases inferiores; amistad con
militares y ascendiente ante el clero.
c)
Producción
y comercialización fácil de productos primarios, con escaso gasto de mano de
obra y renta segura.
d)
Porcentaje
comparativamente elevado de población campesina -poblados y familias aisladas-,
generalmente analfabeta y sin “toma de conciencia” social, sumisa y resignada.
Estos cuatro presupuestos generales,
que se dieron, salvando distancias, como en otros países, condicionaron y
perfilaron a la sociedad tradicional argentina, primero en época de la colonia,
luego en las décadas de transición y finalmente durante el período de la
economía agro-exportadora. Las elites que hipócritamente se sucedieron, como
herencias calificadas, se enriquecieron y tuvieron proyección en Europa, aún
más allá de España.
Los términos de tal afirmación no son
absorbidos y tuvo numerosas excepciones y colonizaciones ajenas a la elite de
la sociedad tradicional, como la de los franceses de Aveyron en Pigüé y la de
los galeses en el sur. Por otra parte, los inmigrantes trajeron experiencias
gremiales y de cambios operados en Europa, reaccionando con una visión que no
tuvieron los indios y enfrentando a los grandes poseedores de la tierra.
Algunos hechos, como el “Grito de Alcorta” (1912) y la inmediata constitución
de la Federación
Agraria Argentina, fueron elocuentes testimonios de la lucha
de los colonos y dejaron huellas profundas en los pueblos del sur de Santa Fe.
Por otra parte, para no ser injusto,
conviene señalar que en el campo argentino existía una distancia entre peón,
capataz, sobrestante y mayordomo; entre aparceros y arrendatarios y entre
pequeños, mediano y grandes propietarios de tierra. Y durante mucho tiempo el
estanciero, identificado como hacendado o ganadero, fue mucho más que el
chacarero, cuyo rol era la agricultura. Básicamente la elite de la sociedad
tradicional estuvo compuesta por grandes estancieros, quienes concentraban
poder y manejaban intereses en Buenos Aires.
La sociedad sustentada sobre la tierra,
aquí y en Europa, duró siglos, y, por tal razón, tuvo tiempo para armar una
estructura económica, consolidarse en varias generaciones –el valioso statu quo-,
y también para fosilizarse, siendo calificada por los sociólogos como sociedad
tradicional. Nada, no el desarrollo de las artesanías locales, luego
frustradas, pudo cambiar a esta sociedad. Sin embargo, con la revolución
industrial inglesa (1750-1850), y luego el de otras naciones europeas, se
preanunciaron los cambios sociales y entraron en juego los agentes de la
burguesía industrial. Las inversiones de los científicos y las instalaciones de
los pioneros de la industria, así como los movimientos “unionistas”, cuyo
frutos fueron las mutuales, los sindicatos, y las cooperativas; los
socialismos, utópicos y científicos, con la defensa de la clase obrera
industrial, así como la OIT
y las organizaciones gremiales de nivel internacional o nacional, fueron
“desplazando” al mundo, desplazando a la cerrada sociedad tradicional, y, en
gran medida, alejándose del factor tierra como título del domino social.
El hecho agudo de la sociedad tradicional
fue la concentración del poder político y económico en manos de una elite y la
instrumentación de un sistema formal para perpetuarse, puesto que le statu quo,
en connivencia con otros poderes colaterales, como el militar y el
eclesiástico, lógicamente permitía a las familias “de apellido” y a su
descendencia, gozar de lujos y privilegios, contar con una mano de obra barata
en la estancia y una servidumbre domestica de la mansión. El terrateniente en
la estancia ejercía el poder como “patrón” y en los centros del poder
gubernamental, casa de gobierno, parlamento o estados judiciales, como
personaje “influyente”. En Buenos Aires, además, existían centros o lugares
distinguidos, donde los miembros de la elite y sus adlátares digitaban
elegantemente la cosa publica y los destinos del país. Con este rol figuraban: la Facultad de Derecho de la Universidad, el Club
del Progreso, el famosísimo Jockey Club, la Sociedad Rural
Argentina y también la
Unión Industrial. En la sede de tales instituciones los
miembros de la elite de la sociedad tradicional oficiaban de selectores de los
funcionarios públicos, pues, en aquel
entonces –edad de oro de la sociedad tradicional- no existían los partidos
políticos y los gremios no tenían la fuerza política necesaria.
Ideología
para la tierra: por Dios, por la
Corona y por mi.
Siempre se necesitaba algún tipo de
ideología o doctrina que explique el sentido de las acciones. En la época
colonial la doctrina venía de la
Iglesia y los intereses finales de la Corona española. Es claro
que el individuo, aquí y en cualquier parte, se encuentra con su pensamiento y
busca sus propios intereses. En ese sentido dice Robert Lekachman: “Fue la
utilidad comercial y no las enseñanzas de la Iglesia, la que guió la acción económica”.[52]
Los componentes de la elite
rioplatenses no fueron por tal circunstancia hombres dedicados a desarrollar
una ideología. El estanciero tiene una mira técnica y sobre todo económica. La
filosofía y las discusiones sobre el fundamento de la moral política y de las
leyes económicas eran temas lejanos, aunque, naturalmente, le interesaba que
una doctrina o ideología respaldara en sus acciones.
La escuela de los fisiócratas, propiciadoras
de un agrarismo de tipo medieval, pareció respaldar, en un primer momento, a
las elites tradicionales de Francia y Europa; y desde allí, como otras tantas
cosas, derivaría a tierras americanas. Francisco Quesnay, principal propulsor
de esta escuela económica, afirmó en su “Tableau de la circulation des
richesses” (1758), que solo la agricultura era creadora de riqueza, puesto que
produce más de lo que consume. Pero Quesnay hizo algunas distinciones y no
confundió terratenientes con agricultores productivos. Vio con claridad que,
ante la sociedad, la razón de ser del factor tierra tenía sentido en manos de
los agricultores productivos y no en poder de los terratenientes. Así Quesnay,
obsesionado con la producción y la multiplicación de la riqueza de la tierra,
se olvidó de quienes detentaban el poder y entró en conflicto con los
poderosos, a los cuales él, en su esquema económico, había relegado a un
segundo lugar.
Los fisiócratas desaparecieron pronto
de la escena y el grupo se desintegró silenciosamente, aunque tuvieron alguna
influencia posterior en la escuela inglesa y en el mismo Adam Smith.
Pretendiendo asignarle al factor tierra, en el campo económico, un nivel
mitológico, olvidando el contexto social político.
Desaparecieron sin circunstanciarse con
la sociedad tradicional:
a)
porque
no alentaron ninguna tecnología, quedándose con las “mejoras primitivas” y
rutinarias de la tierra;
b)
porque
no apoyaron a la industria moderna, precisamente cuando se iniciaba la
“revolución industrial”; en cambio promovieron las viejas artesanías
desarrolladas en el seno de las corporaciones y que indiscutiblemente era de
primer nivel y tenía éxito en un mercado selecto, pero imposible de
masificarlas y llevarlas a un nivel popular.
c)
porque
no apoyaron a los terratenientes, con sus legados feudales adornados por
títulos nobiliarios, los cuales, como elite, aún tenían poder para cambiar la
actitud de quienes intentasen cambiar las normas establecidas por la sociedad
tradicional.
La presencia del industrial despertó a
los grandes propietarios de la tierra. Aquí en Buenos Aires se estimaba las
finas artesanías europeas y se conocían las criollas, pero la instalación de
industrias era otra cosa. Primero fue la industria de los derivados (ingenios
azucareros, frigoríficos, bodegas, etc.) y luego metalúrgicos, eléctricos y
electrónicos. Evidentemente la industria de los derivados o agro-industria le
interesaba a los dueños de la tierra, por cuanto era un mercado para sus
productos. Sin embargo, surgió la rivalidad. Agro e industria. Productores
agropecuarios y productores industriales. El dominio de la tierra ya no resultaba
suficiente para mantener el statu quo invicto y cerrar el paso a los intrusos;
no obstante, el gran propietario de tierras, con visión y buen calculo
estratégico, se acercó y aceptó el requerimiento del rival, concertando
intereses con los industriales de los derivados y conformando, poco a poco y a
lo largo de un siglo, nuevos grupos dominantes, integrados por los mismos
rivales, mas el respaldo de grandes empresas extrajeras.
Unos y otros, en términos generales,
tuvieron como apoyo teórico los principios de la economía liberal – los
fisiócratas y mercantilistas ya no existían -, inaugurada por Adam Smith con la Wealth of Nations (1776) y difundida a todos
los continentes por numerosos estudiosos y adeptos. Cuando otro teórico de la
economía liberal, Jhon Stuart Mill, publicó en 1848 sus Principles of Political Economy, las doctrinas liberales ya eran
conocidas en el Río de la
Plata. Difusión de la economía liberal fue amplísima. No es
exagerada la afirmación de Daniel Villey sobre esta difusión: “El principio
smithiano de la economía de intereses ha dado la vuelta al mundo”.[53]
En nuestro medio las ideas de los
economistas liberales tuvieron eco tanto como los conceptos individuales de
Rousseau y los términos de la
Constitución de los Estados Unidos. Políticos, estadistas,
parlamentarios, comerciantes y “ruralistas” de grandes extensiones de tierra
revelaron sus ideas liberales. Cada uno se ubicó, en el juego político
(libertades públicas) o en el juego económico (ley de oferta y de la demanda),
configurando en el nivel más alto de una sociedad tradicional de signo liberal.
Ezequiel Gallo considera que la
adopción de los principios de la economía liberal por parte de terratenientes,
comerciantes y el mismo gobierno en el período más floreciente de la sociedad
tradicional, es cosa sabida y no puede discutirse. Es rotundo: “Que el
liberalismo, tanto en sus aspectos económicos como políticos fue la ideología
predominante en este período es cosa sabida”. Cierta polémica en está época
entre “proteccionistas” y “libecambistas” animó el tema, pero Ezequiel Gallo
insiste: “En líneas generales, pocas dudas caben de que en sus rasgos
dominantes la política comercial del país estuvo inspirada por principios
librecambistas”.[54]
De esa manera la sociedad tradicional
argentina, en política como en su desarrollo económico y social, adquirió el
sello liberal. La misma pampa húmeda y el Puerto de Buenos Aires, como tierra
productora y puerta de exportación, fue concebida por ideas liberales y
combinada con intereses propios y extranjeros. Las guerras de la independencia,
las acciones contra el Brasil y las luchas internas, no permitieron ver con
claridad la circulación de las ideas liberales, pero en la calma del período de
organización nacional y particularmente en los gobiernos de Avellaneda, Roca y
Juárez Celman, el hecho fue más evidente.
La sociedad tradicional tuvo sus fases
y cambios de modalidad. No hubo saltos y cortes capaces de romper con la
sociedad tradicional y empezar otra. La vida colonial y la vida nacional no suponen
sociedades tradicionales distintas, tampoco entre sociedades del tiempo de la anarquía
y la que inicia la “generación del ´80”, y, hasta la fecha, sólo relativamente
se advierte un cambio esencial entre la sociedad tradicional con predominio del
factor tierra y la sociedad nueva con predominio de la industria. En el fondo
se trata de una misma sociedad tradicional metamorfoseada por diversos
factores.
La ideología de la sociedad tradicional
en la época de la colonia tuvo un carácter religioso y absolutista: por la Iglesia y por la Corona. El liberalismo
económico, estructurado sobre un “inocente” egoísmo individual, daba un sentido
a lo propio; y conseguir lo propio, desde arriba, era fácil. En cambio, desde
abajo, era muy difícil. Los hombres de la elite tradicional estaban arriba y
les resulto fácil agregar riqueza a la riqueza, por lo cual no titubearon en
adoptar las ideas de la economía liberal.
Un economista ingles, David Ricardo,
perteneciente a la corriente liberal desarrolla la teoría sobre la renta de la
tierra, que ha sido resumida por Lekachman de la siguiente manera:
“Los que demandaban el cultivo de la
peor de las tierras, establecían el precio de los cereales. La calidad de la
tierra utilizada la determinaba el volumen de la población. Ateniéndose a la
premisa malthusiana, la población tenia tendencia a crecer, la calidad de las
tierras cultivadas a declinar y la distribución de rentas en el producto
nacional a incrementar. La agricultura era una industria en la cual los
rendimientos decrecientes constituían la ley que regía cada uno de los países
civilizados. Tales eran las consecuencias de la teoría de Ricardo sobre la
renta”.[55]
Es interesante, o curioso, la
relacionar las “revoluciones agrarias” descriptas por Butz con los “tipos de
poblaciones” determinadas por Theodore W. Schultz y las etapas de la sociedad.[56]
Los principios de la economía liberal,
por la libertad individual que defiende, estimuló a ciertos hombres pioneros a
crear empresas y a buscar la mejor tecnología para aumentar la producción,
bajar costos y desarrollar programas nuevos en el campo y en la industria. Pero
en nuestro caso la economía liberal, por esa libertad individual que defiende,
tuvo efectos contrarios. En este asunto los terratenientes argentinos actuaron
con total libertad y señorío y, sin embargo, no tuvieron iniciativas en materia
de tecnología agraria. Les interesaba tanto el statu quo, que nunca promovieron
cambios tecnológicos profundos y el desarrollo de investigaciones científicas
locales. Los grupos CREA, inspirados en una experiencia francesa, constituyen
la única muestra positiva y de aliento de la iniciativa privada.
Con evidente analogía los principios
del liberalismo económico tienen relación con la ley del más fuerte y la
“selección natural” del evolucionismo darwiniano. Pero en el mundo posterior a la Revolución Francesa
el hombre fuerte fue abandonando las formas despóticas y crueles del
absolutismo, y adoptando relaciones más liberales y conformes con esa predicada
libertad individual. De esa manera se pasó del despotismo al paternalismo. La
nueva actividad no tiene la maldad de los castigos físicos y de los tormentos
aplicados por los señores medievales, sin embargo, bajo un punto de vista
social y psicológico es marginador y humilla al hombre, a su familia y a toda
una clase social.
Se ilustra aquí la relación humana en
la sociedad tradicional, tomando en ese cuadro comparativo, para ser
didácticos, los extremos de la realidad. Aquí la distancia del fuerte y el
débil es también la medida del paternalismo y consecuentemente una suerte de
“apartheid” criollo.
Cada uno de los temas del Cuadro A
merece un capítulo. Aquí sólo interesa una especie de comparativa y sin
absolutizar sus términos. La sociedad argentina siguió evolucionando. Nuevos
factores socio-culturales, relacionando con la industrialización, las
frustraciones políticas y económicas y los mensajes que cotidianamente llegan a
través de los medios de comunicación social, van dejando al tipo de relación
humana de aquella sociedad tradicional; poco a poco, con la experiencia que dan
los conflictos (división) y el espíritu de solidaridad (unión), se llegará a
una relación humana más igualitaria.
Cuadro A: Relación Humana
Sociedad
tradicional
Comparativa:
Elite y campesinado
|
Relación
|
Elite tradicional
|
Campesinado
|
|
Etnia
|
Españoles de origen y nacidos en América. Europeos en
general con statu y fortuna
|
Aborígenes, mestizos o criollos; gauchos, inmigrantes
pobres y algunos negros y mulatos.
|
|
Poder
|
El que confiere el patrimonio físico (la tierra) y la
riqueza acumulada, pesando sobre gobiernos y poderes.
|
Ningún poder, salvo mano de obra en la siembra y la
cosecha, cuidando del ganado, doma y artesanías camperas.
|
|
Statu quo
|
Consolidación en la estructura social para mantener poder
y privilegios. Para la familia y sus descendientes.
|
Consolidación en la marginación, es decir, en un statu quo
al revés Impotencia para salir de esa situación y resignación
|
|
Vivienda
|
Mansión en el casco de la estancia; casa de estilo en
Buenos Aires o piso de jerarquía; muebles, piano, cuadros y esculturas
europeas.
|
Rancho de adobe con techo de barro y paja, sostenido con
horcones y la cumbrera; galpón, ropero y baúl, masón y sillas con asiento de
cuero y catres.
|
|
Vestuario
|
Telas inglesas; paños italianos y franceses; confección de
la más distinguida moda europea; galera y frac. Influencia victoriana a fines
del siglo XIX.
|
Gastada ropa de trabajo y alguna pilcha dominguera;
cinturón y botas de cuero; tejidos de la mujer; poncho y pañuelo al cuello;
alicaído sombrero.
|
|
Dieta
|
Cocina española y francesa, luego italiana. Vinos de
Burdeos y de España. Luego italiano. Y el wisky. Champagne. Asado criollo en
reuniones campestres de amigos.
|
Puchero criollo, carbonada, locro y mazamorra; asado con
cuero y al asador. Vizcacha. Mas tarde polenta. Vino. Ginebra y aguardiente.
|
|
Trato
|
Paternal: como si el peón, el colono, el aparcero y el
arrendado fueran seres “heterónomos”, es decir sin autonomía personal y
dependendientes de otros.
|
Sumiso. Acorralado. Además analfabeto o de escaso conocimiento
y por lo tanto desprolijo culturalmente para negociar y tratar con el patrón.
|
Las normas internas de la elite, reguladoras de la vida de
la familia como comunidad bloque, tienen el valor de coraza protectora y sobre
todo de barrera, y, en consecuencia, resultan socialmente marginante.
Resguardan a la familia privilegiada y la apartan de las otras. La elite es
sensible a la condición económica –también a la moda, la etiqueta o el
lenguaje-, como se refleja en este texto de Ricardo Rodríguez Molas:
“En el Nuevo Mundo, de acuerdo con lo que era tradición en
la metrópolis, la clase alta y los integrantes del poder político impiden que
se concrete casamientos definidos como “é sin capa y ella sin manto”. Ese
planteamiento y esa imposición vertical tiene su base en el hecho de que la
carencia de medios económicos dificultaba la crianza de los hijos en el
acatamiento al orden establecido e impide perturbar una estirpe sometida al
dominio ideológico. Es más: temen asimismo la proliferación de una descendencia
alejada de la obediencia al jefe de la familia, o sea, según vimos, al primer
nivel establecido en la escala del acatamiento al sistema. Basándonos en lo
expuesto, la familia constituye una de las columnas básicas donde asiste todo
sistema autoritario. Siempre, en mayor o menor grado, ha sido así. En el ámbito
de los poseedores, sin ninguna duda, la imposición de tipo vertical entre los
padres e hijos y entre aquellos y los sirvientes, fámulas en latín, constituye una consecuencia directa de la
propiedad de las tierras, del control de los alimentos en última instancia. Y
también de las leyes que rigen la herencia de los bienes”.[57]
Del texto es oportuno destacar:
a)
que
hay una tradición de la clase lata que impide
la relación con otras y en este caso es el casamiento el motivo;
b)
la
razón de la existencia de esta tradición es el hecho que la falta de medios
económicos impide perpetuar la
estirpe;
c)
y crea
un temor social al bastardismo y a la pérdida de categoría;
d)
que
esta tradición es parte de un sistema autoritario;
e)
y
finalmente que tal imposición vertical “entre los padrea e hijos y aquellos y
los sirvientes” –y, ¿quién no es sirviente del patrón en la estancia?-,
“constituye una consecuencia directa de la propiedad de la tierra”.
En este trabajo cobre el factor tierra resulta interesante
el último punto que explica el hecho como “consecuencia directa de la propiedad
de la tierra”. El análisis histórico es coherente y confirma la interpretación. En la familia
se coherente el sentido de comunidad bloque en virtud de una categoría basada
en el poder económico que confiere la tierra. Con el poder entran en juego el
egoísmo y el orgullo de clase, fenómenos profundamente humanos y justificados a
nivel sistema por la economía liberal.
El hecho no está circunscrito a la familia de los
componentes de la elite tradicional. Tiene un proyecto social, porque el poder,
desde arriba, concluye en soledad. Esto explica que los partidos conservadores
no lograran obtener el apoyo de las clases medias (en su mayoría inmigrantes), un
fenómeno por cierto bastante peculiar, que producirá más adelante no pocos
conflictos, ya que los grupos tradicionales, con enorme gravitación social y
política, se encontraron básicamente aislados y al someterse a la confrontación
electoral descubrieron que eran minoría”. [58]
El
factor tierra y la sociedad vistos desde
la industria
Argentina es un país no definido. Desde
afuera no consideran un país agropecuario y por una razón muy simple: los
productos que exportamos son del agro. Internamente se polemiza sobre la
identidad social (el “ser nacional”) y se discute si la sociedad argentina está
basada en la economía agrícola – ganadera o si ha ingresado de lleno en la
etapa industrial. También se habla en otros términos: si es un país
desarrollado o en vías de desarrollo, si pertenece a un mundo industrial como
el de las naciones del norte (primer mundo), o si, por el contrario, se
encuentra entre las naciones productoras de materia prima del sur (tercer
mundo); y finalmente su tenemos raíces indígenas o europeas.
En general se acepta que el factor
tierra y la elite de la sociedad
tradicional predominaron desde el tiempo de la colonia hasta el fin del período
de la economía agro-exportadora. Sin embargo, encontramos industrial e
industriales antes de 1930; y estancias y terratenientes poderosos después de
esa fecha. Surgen obviamente las preguntas: ¿continúa hoy en día el predominio
de la elite terrateniente? ¿el que
estudia el comportamiento de la sociedad argentina debe mirar desde la tierra p
desde la industria? ¿cuál de estos dos factores condiciona la estructura
social? ¿o en realidad el único factor es la política?.
En la interpretación de la realidad
argentina es necesario no absolutizar. Ella es compleja intervienen numerosos
factores y el funcionamiento es de aceptación o rechazo. Tomar a uno solo de
los factores y absolutizarlo, es decir, convertirlo en el todo y excluir a los
otros, es correrse a uno de los extremos y montar, a modo de fortaleza
ideológica, uno de los tantos “extremismos”; y correrse a uno de los extremos
significa también salir “del justo medio” y alienarse, es decir, escapar de la
realidad.
Si tomamos el libro clásico de Aldo
Ferrer, La economía argentina,
encontramos una frontera definida y didácticamente aceptable: en 1930 termina
la economía agro – exportadora iniciada en 1860 y se inicia la economía semi-industrial
dependiente, la cual dentro de ciertas condiciones predecibles nos llevaría a
una economía industrial avanzada. Tecnológicamente
de avanzada o de punta.
Adolfo Dorfman y Jorge Schvarzer han
estudiado el desarrollo industrial anterior a 1930. El primero, para evitar
confusiones, procesó el significado y el alcance de lo que se llama industria.
La investigación de estos autores, dejando a un lado las artesanías indígenas y
coloniales, se ocupó de la conocida industria de los derivados de la tierra y
que afectivamente tomaron gran impulso antes de 1930. En la zona pampeana se
desarrollaron industrias frigoríficas y molinos harineros, lácteos y aceites
vegetales; en otras regiones del interior de desarrollaron: la industria
azucarera del Tucumán y el norte, la vitivinícola en Mendoza y San Juan, la
tabacalera en Corrientes y Salta, la del algodón en el Chaco, norte
santafecino, Santiago del Estero, Formosa y oeste de Corrientes; y además yerba
mate en Misiones y Corrientes.
Es decir, se trata de industrias
relacionadas con el agro. Sobre las existencias de tales industrial dice Jorge
Schvarzer:
“La Argentina no carecía en
absoluto de establecimientos industriales en la época de predominio del modelo
agroexportador como suponen algunos. En realidad, había ya una cierta base
industrial, relativamente diversificada y escasamente integrada, que pocos años
después iba a exhibir abiertamente sus fallas y limitaciones”.[59]
Pero Milcíades Peña pone el acento en
el año 1935 por razones que son de peso: la recuperación del país de la “crisis
del 30”,
el comienzo de un período de gran desarrollo industrial (1935-1946. Porcentaje
de crecimiento: 75.4%) y la realización de un censo industrial satisfactorio.
Para ser más amplios y no sujetarnos a
una fecha determinada (1922-1930-1935; 1946 para otros), adoptaremos el
criterio de Daniel Bell: “la sociedad post-industrial no desplazará a la
sociedad industrial, del mismo modo que esta no desplazó a la agricultura”.[60]
El paso de la sociedad tradicional a la
sociedad industrial no ha sido un hecho transparente y definido, pero se ha
dado como en la mayoría de los países[61].
Los patrones indicadores del cambio estructural han sido los siguientes:
a)
Reducción
del sector agrícola y aumento del sector manufacturero con el consiguiente
movimiento poblacional y demográfico.
b)
Aumento
nacional per capita, aún para el sector agrícola, ampliándose el ingreso en la
población.
c)
Aumento
de los servicios de transporte, de profesionales y de asistencia técnica en
general.
d)
Aumento
y diversificación del consumo, particularmente de artículos para el hogar antes
desconocidos.
e)
Y en
el sector agrícola nuevas herramientas, máquinas y equipos, así como variedades
de semillas, técnicas de cultivo, fertilizantes, plaguicidas y desfoliadores.
Destino
de la elite tradicional
No obstante estos cambios
estructurales, que han modificado con profundidad a la sociedad argentina, la elite de la sociedad tradicional
desarrolló su estrategia frente a los cambios y logró su continuidad.
Naturalmente la continuidad tuvo propiamente una mentalidad industrial. En el
período de la economía agro- exportadora, que coincide con el desarrollo de la
industria de los derivados de la tierra (frigoríficos, molinos harineros,
ingenios azucareros, bodegas, tabaco, yerba mate), jugó su rol con habilidad y
con la convicción de que tales industrias lo favorecían, por cuanto recibían su
producción primaria. Su relación con el gobierno y con los centros importadores
y financieros del exterior fueron excelentes y ventajosos. Igualmente su
relación con los industriales nacionales y extranjeros.
En relación con este período dice
Ezequiel Gallo:
“En primer lugar favoreció la
instalación de aquellas industrias que procesaban las materias primas
destinadas a la exportación, como los molinos harineros y los frigoríficos, que
adquirieron gran relieve durante el lapso histórico aquí considerado. Ambas
industrial se agregaron por lo tanto a las más tradicionales de las curtiembres
y los saladeros. En segundo lugar, progresaron las industrial dirigidas a
producir bienes insumos por el sector agropecuario o de transporte. Tal es el
caso de los talleres de reparación de material ferroviario y de maquinarias
agrícolas. En tercer lugar la gran expansión agroexportadora produjo un
incremento sustancial en los ingresos de la población, que se tradujo en un
apreciable aumento de la demanda”.
Y más abajo, tomando un mensaje de
Juárez Celman, uno de los máximos exponentes de la sociedad tradicional, agrega
Ezequiel Gallo.
“En su mensaje presidencial de 1889 Juárez Celman pudo
señalar los importantes progresos realizados en la sustitución de importaciones
en los rubros de alimentos, bebidas, tabaco y madera.”[62]
La relación con los industriales ha
sido estrecha y activa, participando desde el primer momento de la Unión Industrial
Argentina (1887), figurando en la
UIA nada menos que 49 hectáreas, solo
superados en número por los 77 comerciantes. Algunos industriales fueron a la
vez productores del agro. Esto significo que los grandes poseedores de la
tierra supieron ubicarse en esa primera fase del desarrollo industrial.
Ahora bien, los terratenientes
ejercieron su poder social en dos formas distintas y lo hicieron como una
estrategia para resguardar sus intereses. Si analizamos el comportamiento ante
el gobierno, lo industriales o los centros económicos del exterior, su
ascendiente lo ejercía en términos amistosos y con un criterio positivo y
abierto para la instalación de industrias; por el contrario, su estaba entre
los chacareros (aparceros y arrendatarios, pequeños y medianos productores) se
dedicaba a bloquear toda iniciativa de tipo industrial, mientras los incitaba a
producir únicamente los frutos de la tierra.
Esta dualidad generó una confusión y
muchos creyeron que los terratenientes estaban contra la industria. Debe
entenderse, ese es verdad, que estaba contra una industria que se les escapara
de las manos.
Un conocedor directo de los chacareros
de la Pampa
húmeda, Celestino Sierra (h), hace alusión a esa táctica bloqueadora de los
terratenientes:
“Durante ochenta años los intereses que expoliaron y
avasallaron a nuestro país, han trabajado con maqueavalismo extraordinario
convenciendo a los hombres del campo de que su misión era producir mucho trigo,
mucho maíz, mucho lino, mucha carne, mucha lana. Al mismo tiempo esos intereses
que medraban y crecían como monstruos sobre el esfuerzo de los productores que
hicieron la grandeza argentina, introdujeron en el cerebro y en el corazón de estos,
el pensamiento de que debían ser ayudados. Crearon un clima moral que aún hoy
persiste en las ciudades y en el mismo campo, de que los productores sólo deben
reducirse a producir; que hay que ayudar a los pobrecitos agricultores; que los
chacareros no pueden; que los chacareros no pueden ni valen.”[63]
Esta relación de Sienrra, que es ese
momento (1953) se desempeñaba como presidente del consejo de administración de la Asociación de
Cooperativas Argentinas (ACA), revela el deseo profundo de una relación con la
industria y la intención de llegar, desde abajo, a la actividad moderna y
renovara a la cual los terratenientes habían llegado desde arriba.
Con el gobierno popular de Hipólito
Yrigoyen y obviamente el retroceso de las fuerzas conservadoras, la elite
tradicional perdió algunos graso de su poder social, pero reapareció con el
gobierno del general Agustín P. Justo.
Conocidos los términos de la Conferencia de Otawa
(1932), entre Inglaterra y sus dominios, “cundió el pánico entre nuestros
ganaderos”[64],
porque si el Reino Unido importaba carne únicamente de sus dominios, la
producción argentina sufriría un colapso. Y el gobierno, consustanciado con los
ganaderos envió aquella famosísima misión diplomática y comercial integrada por
el vicepresidente de la Nación,
Julio A. Roca, y por los doctores Guillermo Leguizamón, Miguel Angel Cárcano y
Raúl Prebisch. Se pusieron en juego los intereses argentinos, los de Inglaterra
y el de los ganaderos de nuestra Pampa húmeda.
La misión cedió y halagó al gobierno
inglés, “al punto de dar a entender que siempre había existido un paralelismo
de situaciones entre la
Argentina y los Dominios Británicos respecto de Inglaterra”[65].
El resultado fue el Tratado Roca-Runciman. Y los beneficios para Inglaterra y
nuestros ganaderos.
Por otra parte, la elite tradicional estuvo presente en el desarrollo industrial que
cobraba impulso en 1935 –según Milcíades Peña-, aliándose a la naciente
burguesía industrial y colocándose en connivencia con ella. Los intereses se
enfrentaban y conformaban una nueva sociedad, con vestigios de aquella
tradicional y nievas formas de relación e integración. No obstante, y a pesar
de su responsabilidad en el sector agrario, no pudo incorporar la tecnología
del área desarrollada en otros países y mucho menos promocionar tecnologías
nacionales o estimular las correspondientes inversiones. Un sector
tradicionalmente inspirado en la economía liberal no puede alegar que la
responsabilidad fue estado o de los chacareros.
Jorge Federico Sábato resume estas
etapas del agro argentino:
“Desde fines del siglo pasado hasta comienzos de la Segunda Guerra,
Mundial tuvo un crecimiento importante, con características parecidas y niveles
de productividad similares a los que se daban en las grandes praderas
norteamericanas y canadienses.
Pero aproximadamente a partir de 1940 se produjo una fuerte
divergencia: mientras en los Estados Unidos de Norteamérica y en el Canadá se
asistía a una segunda etapa de gran crecimiento de la producción, gracias a la
adopción masiva de nuevas tecnologías, en la pampa argentina, paralizado el
progreso técnico, la producción se estancó y aún retrocedió durante dos
décadas.
Recién hacia 1960 comenzó a observarse una recuperación
suave, seguida luego por un aumento acentuado de la producción que se basó en
el uso de buenas técnicas.”[66]
La sociedad tradicional y su elite sufrieron un golpe con el
advenimiento del peronismo. Este movimiento combatió a la oligarquía y tuvo
expresiones violentas contra los más caracterizados y poderosos representantes
del agro y contra sus instituciones como el Jockey Club y la Sociedad Rural
Argentina. Creo que los ataques del peronismo obligaron a los miembros o
descendientes de la elite tradicional
a resguardarse y colaborar en las actuaciones para derrocar al gobierno peronista.
El peronismo tendió a romper el
paternalismo o proteccionismo de la elite
tradicional. Cuando Perón, antes de las elecciones, instruía e incitaba a los
chacareros y peones rurales “a saltar la tranquera” para ir a votar, estaban
destruyendo el paternalismo del patrón. El mismo Estatuto del Peón Rural del
gobierno peronista tuvo ese propósito, aunque es razonable preguntarse si más
allá del Estatuto estaba otro paternalismo. El primer Código Rural Argentino,
sancionado el 31 de Octubre de 1865 en la provincia de Buenos Aires, contempla
la relación de peones y patrones (Sección 3ra del título III), pero
es incuestionable su paternalismo y hasta su injusticia con respecto a los
peones. Serres exaltó al Código Rural Argentino y dijo que se anticipaba a las
ideas sociales, sin embargo allí el peón es un ser socialmente disminuido y no
guarda paridad ante la ley con su patrón.
El peronismo destapó la conciencia
social de la clase humilde, tanto del campo como del medio urbano. Peones
rurales y obreros siguieron a Perón, con lo cual el paternalismo se hacia
difícil para la oligarquía. Afectó la relación dentro de la estratificación
social y ninguna capa social pudo seguir siendo la misma. Lo cual, sin embargo,
no significa que se haya dado un desarrollo positivo en el campo o en la
industria.
La sociedad tradicional, establecida
sobre la base del factor tierra, fue perdiendo su gravitación por los cambios
que de suyo provoca la industria en la sociedad y por la política
anti-oligárquica llevaba a cabo durante los dos primeros gobiernos peronistas.
La acción de la izquierda marxista no tuvo mayor eco en los medios urbanos y
aún menos en el medio rural, por lo menos hasta la década 1970-1980, de tal
manera que en la declinación de la sociedad tradicional no tuvo un rol
importante. Es necesario, no obstante, reconocer en los últimos años la
presencia de la literatura marxista y su manera particular de analizar la
economía e incitar a las luchas sociales y participar en la “guerra
revolucionaria”.
La
elite tradicional y la burguesía industrial
Milcíades Peña recuerda un error de
Perón. Dice que en junio de 1945 apareció en los diarios porteños un Manifiesto
del Comercio y la Industria,
firmado por las asociaciones patronales, incluida la Sociedad Rural
Argentina, y excepto la
Unión Industrial. Desde luego el Manifiesto era contra el
coronel Perón. Y éste, creyendo que la Unión Industrial
estaba de su parte, expresó que le resultaba “muy grato comprobar que los
señores industriales no están representados en el manifiesto”, mientras que sí
habían firmado los terratenientes, enemigos de la industria, que “han
representado dentro del país la eterna oligarquía económica”.[67]
De inmediato la Unión
Industrial, según los testimonios de La Prensa,
se apresuró a refutar a Perón y demostrar su solidaridad con la Sociedad Rural
Argentina.
El hecho es claro y demuestra la unión
de la elite tradicional con la
burguesía industrial. Deriva tal mancomunidad desde el momento que empezaron a
compartir intereses. A fines del siglo pasado y comienzos de éste los
industriales fueron reticentes, porque los terratenientes no hacían sus compras
en el mercado local, sino en el más selecto de Europa. Se acercaron, sin
embargo, y poco a poco los miembros de la elite
tradicional se incorporaron al clan industrial, en tanto que los industriales
adquirieron campos y disfrutaron de la amistad de los terratenientes.
El principio de la responsabilidad
limitada, reconocida en Inglaterra en el año 1855 y aplicada a la bance tres
años después, se expandió al campo; y en Buenos Aires se puso de moda, tanto
que en las últimas décadas hasta las primeras y precarias cooperativas llevaban
el agregado de “sociedad anónima”, según nos relata Nestor Colli. T se
perfeccionó una forma jurídica, la sociedad anónima, obviamente de
responsabilidad limitada, y que, cubriendo en silencio a los individuos,
resultaba un verdadero refugio para los grandes accionistas. En efecto, la
sociedad anónima se conoce y publica, pero los accionistas, es decir las
personas de carne y hueso, son en general desconocidas para el público. Una
persona común, de la calle, sabe que los Acevedo y los Martínez de Hoz son
apellidos de aquella elite
tradicional, pero ignora, por ejemplo, que son accionistas de Acindar S.A.
Los estancieros o terratenientes,
relacionados o asociados con la industria y además impuestos de las novedades
de Europa, conocieron esta forma jurídica; y ellos mismos, o grupos
industriales interesados en otro tipo de inversiones, fueron adquiriendo
grandes extensiones de tierra, particularmente en la pampa húmeda.
Celestino Sienrra (h) habló de este
hecho como quien hace una denuncia y lo hizo con fervor, aunque en realidad,
dentro de la legislación argentina, no aparece como un fenómeno anormal. Dice
Sienrra:
“El problema de la subdivisión no puede
ser diferido. Antes de ahora los latifundios estaban en manos de familias
afortunadas y su fraccionamiento sujeto a las posibilidades que las leyes
civiles han establecido en materia de herencia. Hoy, el problema se ha
agravado, porque grandes extensiones de tierra están siendo acaparadas por
Sociedades Anónimas, en cuyos estatutos no caben fórmulas sentimentales y para
quien el lucro es el único móvil de sus iniciativas. Este latifundio es
extraordinariamente peligroso, y al señalarlo lo hacemos en esperanza de que
nuevas fórmulas de legislación opongan un dique a su peligroso e infecundo
desenvolvimiento”.[68]
Al terrateniente y a la familia del
mismo, conociendo la óptica popular y el marco actual de la opinión pública, no
les agrada verse señalados por el dedo y prefiere, dentro de la ley,
desaparecer detrás de una sociedad Anónima. El fenómeno es conocido en el
ámbito de la estratificación social, donde las capas que componen la sociedad
luchan e interaccionan. Unas buscan dominar y otras dejar de ser dominadas.
Las elites
de aquella sociedad tradicional ya no se exhibe públicamente como en la ópera
de Juárez Celman o Carlos Pellegrini; hoy prefiere pasar desapercibida o identificarse
con los numerosos grupos empresarios y aún con profesionales y gente del nivel
medio. Reaparece en el poder, con el apoyo militar, pero sin consenso y sin
proyección. El intento de inspirarse en la “generación del `80”, para retomar
el antiguo esplendor es un absurdo.
Algunas familias de la sociedad tradicional
se han extinguido y por causas simplemente vegetativas; otras retienen en su
esfera social la categoría del apellido, pero su nivel económico ha descendido;
aún existen familias fuertes, vinculadas a la industria, al comercio y al poder
político.
Nuevas
formas de poder social: Rurales, federados y cooperativistas.
La línea ruralista, impuesta por la Sociedad Rural
Argentina, concentró el poder agrarios y se expandió por la pampa húmeda con
todo el peso de la elite tradicional
y con instituciones locales de gran influencia en la respectiva zona. Por
diversos factores externos, la línea rural tuvo que acostumbrarse a compartir
el poder político y gremial del agro con los federados y las cooperativistas.
Los federados surgieron como adherentes de la Federación Agraria
Argentina y los cooperativistas como socios de las entidades cooperativistas.
El hecho de compartir el poder social
emergente del agro no significa que los federados y cooperativistas hayan
ingresado alguna vez en la elite de
la sociedad tradicional, por el contrario, fueron reunidos y organizados
durante décadas a los arrendatarios y aparceros, a los pequeños y medianos
productores y a los chacareros en general, es decir, a los que trabajaban y
producían siempre dependiendo, políticamente de la elite terrateniente y en el aspecto comercial de los acopiadores,
los cuales también tuvieron que achicar su imperio sobre la compra de las
cosechas.
La línea de los federados, típicamente
gremial, se originó en el “Grito de Alcorta” (1912), una suerte de epopeya de
los arrendatarios y que repercutió profundamente en el sur santafesino y en
todo el ámbito agrario del país. Se allí surgió la Federación Agraria
Argentina diseñada por Francisco Netri y una viva historia gremial en defensa
del chacarero y promoción de su afiliación a entidades cooperativas. La acción
de sus grandes líderes, como Esteban Piacenza, y las campañas con el periódico La Tierra, así como sus
congresos y concentraciones, permitió a la Federación Argentina
un espacio importante y la representación de miles de productores ante los
poderes públicos y los centros del poder agrario.
En lo que respecta a la cooperación en
el medio agrario, tenemos una primera experiencia en 1898 con la constitución
de la cooperativa “El Progreso Agrícola” de Pigüé. Hasta 1926 no existió una
ley nacional de cooperativas y, además, no eran muchos los que conocían la
naturaleza y organización de las mismas, por lo cual no se podía esperar una
rápida multiplicación de este tipo de entidades. En esto fue decisiva la
experiencia de los colonos que llegaron de Europa. En la provincia de Entre
Ríos, gracias a los contingentes judíos que trajo la Jewish Colonization
Association, surgieron la “Sociedad Agrícola Lucierville” de Basavilbaso (1900)
y el “Fondo Comunal” de Colonia Clara (1904) y la cooperativa de seguros ligada
al agro “La Prevención”
(1904); en la provincia de Chaco la “Cooperativa Agrícola de Margarita Belén”
(1905); y en la provincia de Santa Fe “La Mutual Agrícola”
de Moises Ville (1905) y la Sociedad Cooperativa de Lechería de Zavalla
(1918).
Se fundaron otras cooperativas
primarias y tuvieron éxito y se convirtieron en el centro de la vida activa de
numerosos pueblos. Pero el poder social de un pueblo se mide por la magnitud
poblacional y socia-económica de éste; y por tal circunstancia ningún pueblo
del medio rural podía competir con Buenos Aires -, y por consiguiente tener
algún poder de decisión a nivel nacional o en las esferas del gobierno. Por esa
razón, en las primeras etapas del cooperativismo agrario, cuando la influencia
de una entidad primaria quedaba restringida al ámbito local, no se inquietaron
los terratenientes y poderosos del agro argentino.
Para romper el localismo y terminar con
la fragmentación, las cooperativas del primer grado iniciaron un proceso de
integración vertical. El primer intento, el de la Confederación Entrerriana
de Cooperativas (1913), tuvo una suerte efímera. Pero el segundo, el de la Asociación de
Cooperativas Rurales de la
Zona Central(1922), tuvo una proyección extraordinaria y
llegó a inquietar tanto a los grandes productores como a los acopiadores. Sus
planes sobre almacenaje de la cosecha y elevadores de granos (1928-1932),
aprobados por el gobierno del general Uriburu, fueron luego negados por el
gobierno del Gral. Justos, cuyo acuerdo de ministerios del 13 de abril de 1932
dio por tierra con el decreto del 7 de noviembre de 1931, mediante el cual se
había aprobado el contrato ad referendum
celebrado entre el gobierno provisional de Uriburu, la Asociación de Cooperativas
Argentinas y la
Corporación Americana de Fomento Rural. Los personajes de la elite tradicional se movieron,
justamente con el gobierno conservador, para frustrar la obre de la Asociación de
Cooperativas Argentinas y tomarle las obras ya realizadas, dejándole únicamente
las deudas.
Otras federaciones, como la definitiva
Federación Entrerriana de Cooperativas, Cooperativas Ltda. (1930), la Fraternidad Agraria,
Cooperativa de Cooperativas Ltda. (1926 o 1928), UCAL Unión de Cooperativas
Agrícolas Chaqueñas (1934), Fábricas de Manteca “SanCor” Cooperativas Unidas
Ltda. (1938), Federación de Cooperativas Agrícolas de Misiones Ltda. (1939).
Además dos relacionadas con la producción láctea, en Freyre y Ceres; y la Federación Argentina
de Cooperativas Agrarias Sociedad Cooperativa Ltda. (1947).[69]
Estas instituciones de segundo grado
tuvieron mas peso y un panorama más amplio. Se hicieron sentir y el gobierno
nacional tuvo que escucharlas y aún participar en los congresos convocados por
ellas. Un ejemplo fue el Congreso Agrario Cooperativo, realizado en el Salón
del Consejo Deliberante de la Capital Federal en 1939, al cual concurrieron las
más altas autoridades del país, incluyendo al mismo presidente de la república,
el Dr. Roberto M. Ortiz.
La idea de confederarse estaba en la
mente de los dirigentes, pero temían a la politización y al estatismo, hasta
que el presidente, Gral. Perón, sugirió la creación de un Organismo Central
Cooperativo, que representara a las federaciones ante el gobierno. El 24 de
abril de 1953 se concretó la idea con la constitución del Consejo
Intercooperativo Agrario de Coordinación y Arbitraje, el cual fue un paso
previo para la fundación definitiva de la Confederación
Intercooperativas Agropecuarias, Cooperativa Ltda., desde
entonces conocida con la sigla CONINAGRO y considerada como la máxima expresión
del cooperativismo agrario.
El movimiento cooperativo logró un
espacio importante. Nadie puede desconocer esa realidad. Significa ante todo
que las instituciones rurales no tienen todo el poder, porque, aunque se trate
de terratenientes y de productores poderosos, las cooperativas primarias y sus
federaciones han logrado afiliar a un 75% de los productores del país.
La misma Sociedad Rural Argentina ha
comprendido la nueva situación y la relación de poder existente, de tal manera
que hoy no objeta la presencia del cooperativismo en los distintos foros del
país y aún ha compartido jornadas de trabajo con CONINAGRO.
El poder social logrado por el
cooperativismo tiene un sentido político- gremial. No asume ningún título
nobiliario y tampoco forma parte de una elite nieva. Por razones propias de las
sociedades tradicionales y de sus típicos grupos elitistas, nunca pudo ser
posible a los dirigentes de las cooperativas ingresar a tan selecto grupo. Es
un imposible. Las elite no se transfieren ni se mezclan.
Capitulo II
Distribución y tenencia de la tierra
“No habrá base seria de solución integral y armónica para
los problemas que preocupan al país y que, muy especialmente afectan a los
agricultores, mientras éstos no pueden detentar la propiedad de la tierra que
trabajan o alcanzar la seguridad de la posesión tranquila y continua”.[70]
La
tierra como espacio físico a distribuir equitativamente
El español habló, después de Colón, del
“nuevo mundo”. Era “nuevo” como dice Alberto Caturelli, para la conciencia
europea; en cambio “no lo era” para la conciencia indígena pues, para él, era
su “viejo, antiguo mundo”.[71]
El punto de vista de uno y otro era
distinto: el español los consideraba nuevo y el indio lo tenía por viejo. La
conquista española se hizo para tomarlo en propiedad, mientras el indio lo
defendió como cosa suya. El español llegó para tomar posesión de una tierra
nueva y el indio sintió en carne viva que tenía en ella sus raíces y de siglos...
La tierra fue disputada. Y cruelmente disputada. Dirimir, en una sociedad
civilizada, es asunto propio de la razón y justicia; aquí sin embargo, fue
asunto casi exclusivo de apetito y violencia.
La disputa persistió de alguna manera
hasta nuestros días, lo cual significa que nunca tuvo una solución adecuada. No
es, por lo tanto, un tema viejo. Aún hay comunidades indígenas que solicitan el
título de propiedad de la tierra y no lo consiguen; y arrendatarios que nunca
tuvieron acceso a la tierra.
Los indios ecuatorianos, con Manuel
Imbaquinco y el descendiente de Atuhalpa, Luis Felipe Duchicela XVII, a la
cabeza de una concentración, le decían al Papa Juan Pablo II: “Dime tu, porque
hay malos cristianos que nos quitan nuestras tierras?”. Estos indígenas no
estaban pensando en el siglo XVI, sino en las postrimarías del siglo XX, porque
aún siguen apoderándose de sus tierras.
En nuestro país, desde el tiempo de la
conquista española hasta la conquista del desierto, las tierras fueron
consideradas un “botín” y se repartieron entre los más fuertes. Hubo leyes y
burladores de leyes. En el régimen de la “encomienda” y en la concesión de
“mercedes” por parte de la autoridad española, como en la ley de “enfiteusis”
de Rivadavia y en la de “inmigración y colonización” de Avellaneda, hubo en el
propósito inicial buena intención, mas luego todo fue desvirtuado y el reparto
de tierras públicas es, como dice Celestino Sienrra (h), “el drama nacional de
la tierra”.[72]
Por eso tampoco en nuestro país el tema está resulto definitivamente; y se hace
necesario el análisis, histórico y funcional, para conocer antecedentes y
consecuencias, y sobre todo el resultado final, es decir la incidencia
económica y la estratificación social que de ello se derivan.
El actual territorio argentino era para
el conquistador español simplemente una tierra inmensa. Hoy se sabe que el
territorio continental comprende 277.957.700 hectáreas,
de las cuales 207.122.310,7
hectáreas están censadas. La región pampeana, extensa y
fértil, comprende 75.479.360,7 hectáreas, cifra que representa un
36.1% del total censado. Así mismo, se encuentran es esta región 269.594
explotación del país, que alcanza las 522.796 unidades.
Existe en nuestro país una
contradicción: escasa población, enorme superficie de tierra, y, sin embargo,
“escasez de tierras públicas que pudieran servir para atender la demanda de
quienes, teniendo vocación agraria, no pueden acceder a esa actividad o tienen
que conformarse con trabajar tierras ajenas”.[73]
Esta profunda distorsión, incompatible con cualquier tipo racional de
distribución de la tierra, ha deformado al país. Esto quiere decir que afectó
su base y generó secuencias negativas prácticamente imposibles de corregir.
La causa de esta deformación original
es difícil de establecer; y hoy, si se busca una distribución racional de la
tierra, resulta inútil conocer el régimen español sobre “encomiendas” y
“mercedes”, el avance ambicioso de comerciantes y hacendados en la acaparación
de tierras durante la época colonial y aquel remoto concepto inicial es la
tierra como res nullius o de un
espacio totalmente vacío. No sirve el informe de García y el plan de
colonización de Mariano Moreno o el relevamiento topográfico, cuyo objeto,
según Rivadavia, era repartir la tierra en forma gratuita a los hijos del país.
El reparto arbitrario de tierras públicas, antes y después de la ley de
Enfiteusis, durante el gobierno de Rosas y en las provincias entonces dominadas
por caudillos, oscurecen aún más el origen irracional de la distribución de
tierras.
De éstas cifras elementales surge que
nuestro país padece tanto el mal del latifundio como el de minifundismo. Es
decir, revela otro tipo de contradicción. Las dos dimensiones del problema
–latifundismo y minifundismo- tuvieron la vital de dividir a los hombres en sus
posiciones sobre la distribución de la tierra. Las opiniones o afirmaciones de
uno u otro bando depende del grado en que resultan afectados los intereses. Así
un terrateniente condena al minifundismo; y el chacarero, a su vez, recrimina
al latifundismo. Los terratenientes creen que el minifundismo, bajo un punto de
vista económico, es nocivo y lo culpan al estado por haber permitido a los
acaparadores de tierra adueñarse de más de la mitad del país y convertirse en
terratenientes y déspotas de sus predios.
La responsabilidad del estado es
evidente. los organismos competentes han realizados los estudios técnicos en
las diversa zonas del país y han llevado a cabo los censos respectivos; y como
este específico en esta materia han creado el Consejo Agrario Nacional. Sus
trabajos fueron importantes y ordinariamente consultados. Así mismo la obra del
Consejo Federal de Inversiones, Tenencia de la tierra, considera los aspectos
de la estructura agraria y su incidencia en el desarrollo agropecuario argentino.
El compromiso estatal en la
distribución y tenencia de la tierra se encuentra en la legislación agraria. La
ley es el instrumento con que cuenta el estado para regular en la materia y
establecer normas supuestamente equitativas. Justamente en la citada obra del
Consejo Federal de Inversiones se encuentra el detalle de las leyes:
Leyes agrarias sobre la tierra propiedad de la tierra
a)
Ley de
Hogar Nº 1.501
b)
Ley Nº
10.264 de amparo y donación a la familia
c)
Ley Nº
9.527 y Ley Nº 11.173 y sus modificaciones
d)
Ley Nº
12.626 de creación del Consejo Agrario Nacional
e)
Ley Nº
13.246 y sus modificaciones
f)
Ley Nº
13.273 de defensa de la riqueza forestal
g)
Ley Nº
13.995 de Administración Nacional de la tierra pública
h)
Decreto-Ley
Nº 14.577/1956
i)
Decreto
Nº 5.385/1944 sobre zonas de seguridad
j)
Ley Nº
14.392 con las modificaciones del Decreto-Ley Nº 2.964/58
k)
Leyes
Nº 3.959 Y 4.155
l)
Leyes
Nº 4.863 y modificaciones.[74]
El ciudadano común conoce ciertos
resultados que tiene a la vista cuando recorre el país y escucha un poco. Pero
puede preguntarse:
a)
¿Hubo
falta de planificación?
b)
¿El
reparto de tierras fue arbitrario?
c)
¿Las
leyes sobre propiedad de la tierra fueron malas?
d)
¿O,
por el contrario, fueron buenas, pero las burlaron los acaparadores de tierras?
e)
¿O,
aún más, las burlaron los mismos funcionarios públicos?
f)
¿O, en
realidad, todo fue a causa de una ambición desmedida, del egoísmo insaciable y
de una locura por la tierra?
Se puede decir que en el fondo de todo
se encuentra el egoísmo, el cual dentro del liberalismo de Adam Smith, es algo
así como el primer motor de la economía y de la riqueza del individuo y de las
naciones. Por tratarse de un elemento propio de la moral del individuo, el
egoísmo escapa de las normas del mercado y resulta un tema difícil para la
legislación moderna o positiva. El egoísmo también es hábil para burlar la ley,
además de dominar y explotar al prójimo.
Crítica
del latifundio
La voz de los arrendatarios y
aparceros, aún más de los pequeños y medianos propietarios, y sobre todo de la
dirigencia gremial y cooperativa, ha pronunciado duras críticas contra el
latifundismo. El caso más excepcional de latifundio es el de una familia que
posee más de 2.885.000
hectáreas. Si fuese un hecho absolutamente aislado, no
sería difícil a un estado encontrar la solución adecuada. De todas maneras,
sería interesante conocer cómo una familia pudo apoderarse de una casi
inconcebible extensión de tierra.
Es por lo tanto necesario exponer las
críticas contra el latifundio, teniendo en cuenta las cifras aportadas por los
censos oficiales. Tres hombres representativos, cada uno con su propia óptica,
nos darán razones de su posición contra el latifundio: Celestino Sienrra (h),
con trayectoria en la
Federación Agraria Argentina y en la Asociación de
Cooperativas Argentina (ACA); el ingeniero agrónomo Mario Yuri Izquierda,
conocido como funcionario de la Secretaría General de la Organización de
Estado Americanos (OEA) y estudioso del cooperativismo agrario argentino; y
Milcíades Peña, intérprete y analista de los sucesos que han estructurado a la
sociedad argentina y conocido por sus trabajos en Fichas de Investigación
Económica y Social.
Posición
de Celestino Sienrra
En su crítica encontramos quejas y
argumento. Publicó Campo y ciudad
(1946) y Temas soslayados (1972). En
la tapa de éste último libro se ve un mapa de Argentina dividido por la mitas y
con el siguiente epígrafe: ”El 1.2% de los propietarios (5.661) son dueños de
la mitad del país”. Sienrra no conoce técnicas de investigación social, pero
nos ofrece sobre el tema una encuesta; y además vivió intensamente su mundo, el
del agro, y militó con pasión en sus instituciones.
Nos introduce en el tema de la
siguiente manera:
“Mi paso por la Federación Agraria
Argentina, de sólo dos años dejó marcas indelebles en mi mente, en mi corazón y
en mi alma que me hicieron tomar conciencia, sumadas a otros hechos, de una
realidad atormentadora: el drama de la tierra, el latifundio”.[75]
Con éste texto enuncia el problema, “el
drama de la tierra”, pero de inmediato describe las consecuencias sociales
concretas del latifundio, tomando el caso de las familias campesinas,
posiblemente cuando aún dominaba la elite de la sociedad tradicional.
“El arrendatario chacarero que traté en
aquella época dejo en mi recuerdo que pretendo estampar aquí describiendo su
escenario y la escena. Rancho de paja y tierra, destartalados y fríos; hombres
jóvenes de 45 años envejecidos prematuramente; jóvenes mujeres campesinas
encorvadas; lindas jovencitas ataviadas toscamente; niños tímidos y vergonzosos
huyendo despavoridamente de los visitantes; jóvenes en edad de prestar el
servicio militar, analfabetos en proporción aterradora; cuartos de higiene
consistentes en apenas una letrina cubierta con arpillera; un patio de tierra
sin huerta, sin sombre, sin flores, luz, la del sol, candil o lámpara a
kerosene”.[76]
Sienrra, por otra parte, analizo y
comparó las cifras de los censos nacionales de 1947 y de 1960, haciendo sus
propias deducciones y criticando siempre al latifundio. Lo hizo particularmente
en dos oportunidades. La primera vez en 1955, cuando aún gobernaba Perón y
tenía cartel la frase: “la tierra para el que la trabaja”; y la segunda vez el
iniciarse la década 1970/80 cuando Sienrra alentaba una reforma agraria
cooperativa.
En 1955, con los hombres que los
acompañaban en el consejo de administración de la Asociación de
Cooperativas Agrarias, se dedicó al estudio de la congelación de los
arrendamientos y a su problema de fondo, el latifundio, celebrando reuniones
con la diligencia del cooperativismo agrario. La conclusiones fueron
presentadas al presidente Perón en un extenso memorándum; y la gestión, además,
se acompañó con diversas publicaciones en el periódico La
Cooperación. En esa oportunidad Sienrra argumentó en base
a los resultados del censo de 1947. Y aceptaba un hecho irreversible: en la
medida que avanza la civilización, “se desplazan los hombres del campo hacia
los centros urbanos”[77].
Al gobierno solicitaba un hecho irreversible: en la medida entre a fin de
permitir las operaciones de comprar-vender de campo y de esa manera acceder a
la tierra La congelación de los arrendamientos había permitido cierta
estabilidad, pero paralizaba cualquier iniciativa de mejorar la distribución de
la tierra, se destacaba la inmigración extranjera para poblar el agro y se
refutaba con cierta ironía a los terratenientes diciendo:
“Esos ciudadanos afirman su más
decidida voluntad en apoyo de la fórmula “tierra para el que la trabaja”,
pero... y le meten un pero; hay que andar con cuidado – dicen -, es menester
obrar cuidadosamente en los que respecta a la necesidad de subdivisión de la
tierra, porque en nuestro país es menester de aquellas grandes extensiones, que
trabajadas inteligentemente por sus actuales propietarios, permiten las
selecciones de razas, amplios campos de invernada para lograr carnes de alta
calidad, toros campeones y abundante producción, etc, y porque ya está bastante
subdividida en la tierra Argentina –dicen-, pues el 60% de los productores son
dueños de la tierra que trabajan”.[78]
Al final de este párrafo Sienrra toca
el punto de la contradicción, al cual los terratenientes manejan con un
argumento que él califica de “taparrabo”. T se interna en el tema procesando
los datos oficiales y desenmascarando la posición de sus adversarios:
“En la afirmación de que más del
sesenta por ciento de las explotaciones agrarias del país son propiedad de los
que la trabajan, hay una pequeña verdad y una tremenda mentira. Veamos la
realidad de esta verdad y de esta mentira, a través de los datos del Cuarto
Censo General de la Nación
de 1947, que establece en el país 469.488 explotaciones agrarias, sobre 173.377.627 hectáreas
de tierra y bajo el siguiente régimen:
Propietarios, 171.918 con un total de 62.434.866 hectáreas;
arrendatarios, 157.351 con 38.566.309;
medieros y tanteros, 18.109 con 2.542.507;
ocupantes gratuitos, 15.635 con 4.949.703;
tierra fiscal, 43.456 con 38.819.469;
propietarios y arrendatarios, 25.978 con hectáreas
11.604.816;
propietarios y medieros o tanteros, 1.514 con 355.366;
propietarios y ocupantes gratuitos, 2.156 con 820.969;
propietarios y tierras fiscales, 832 con 3.712.236;
otras formas sin determinar, 32.539 con 9.581.396”.[79]
Estos son los datos básicos, con los
cuales Sienrra efectúa sus deducciones. Se trata de promedios e inferencias,
con una hilación lógica que es necesario respetar; y, aquí, por razón de
espacio, se ofrece la conclusión:
“Es decir, que el total de muy
pequeños, pequeños y medianos propietarios sólo cuentan con5.500.000 hectáreas,
o sea el 8 por ciento aproximadamente de la superficie en poder de los
propietarios”.[80]
La segunda vez que Sienrra se ocupó de
la distribución y tenencia de la tierra –ahora con las cifras del censo de
1960-, sintetizó su pensamiento en un trabajo sobre las Cinco Mentiras. En él procede a refutar uno a uno los principales
argumentos de los latifundistas: agrega algunos datos del empadronamiento de
1965. Aquí transcribimos textualmente:
“Primera mentira:
La distribución de la tierra en Argentina está perfectamente realizada.
La verdad es otra. La pone en evidencia
el Censo Nacional Agropecuario de 1960, que contiene las siguientes cifras:
Superficie de 2.5000 a 5.000 has: 5.798
propietarios con 22.239.940 has.
Superficie de 5.000 a 10.000 has: 3.110
propietarios con 23.928.680 has.
Superficie de más de 10.000 has: 2.551
propietarios con 58.407.136 has.
Si bien el cuadro es ilustrativo, hay
que complementarlo con otras informaciones también contenidas en el Censo de
referencia. Los propietarios de predios cuyas medidas oscilan entre 25 y 2.500
has. son 471.756; en conjunto poseen un total de 75.142.499 has.
Del análisis comparativo podemos
extraer una conclusión dolorosa. En la fecha del censo, 11.456 propietarios
eran dueños de 104.575.756 has, o sea que el 2 y ¼ por ciento de los
propietarios argentinos tenían más de la mitad de la tierra argentina
cultivable.
También vale la pena reparar en otro
“detalle”. Mientras 471.756 propietarios tienen 75.142.499 has, 2.551
latifundios poseen 58.407.136 has. ¿Puede afirmarse, después de leer estas
cifras, que la tierra argentina está perfectamente distribuida?.
Segunda
mentira: El latifundio disminuyo.
La verdad surge de las cifras
estadísticas. El número de explotación que en 1947 era de 307.234
(comprendiendo las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Corrientes, Chaco, La Pampa, San Luis y Santa Fe),
se redujo hasta 263.024 en 1965 (abarcando las mismas provincias). O sea que
hay 44.210 explotaciones menos. Desde 1965 a 1970 se acentúa esta disminución en
forma alarmante, pero no se puede precisar su número porque no es posible
obtener cifras indicativas en ninguna parte.
Al mismo tiempo, hay que decir que la
superficie en propiedad, que en 1960 alcanzaba a 49.904.650, era en 1965 de
62.379.099, pese a ser mucho menos el número de explotaciones.
He extraído los datos del “Análisis del
empadronamiento agropecuario de 1965, por lo que no puede dudarse de la
seriedad.
Tercera
mentira: Se acrecienta el minifundio.
Cabe formular aquí los siguientes
interrogantes: ¿son minifundios las 280.000 propiedades que van de 0 a 5 y 25 hectáreas,
establecidas en su mayor parte en las zonas de riesgo de Mendoza, Río Negro,
Tucumán, Santiago del Estero, etc?; ¿son minifundios aquellas de esas
propiedades que están situadas alrededor de las grandes ciudades argentinas?;
¿son minifundios en su mayor parte en el norte de Buenos Aires, Santa Fe,
Córdoba, Entre Ríos, etc, con promedio de 50 hectáreas?
Basta comparar estas cifras que
expongo, con las extensiones de las explotaciones agrícolas y ganaderas en
otros países del mundo, muchas veces famosos por la alta calidad de su
producción.
Hay que tener en cuenta que en el
propio país, la organización cooperativa facilita abandonar formas silvestres y
obsoletas de explotación, usando para ello los más perfeccionados adelantos
técnicos, a costos reducidos, tal como puede observarse, por ejemplo, en la
poderosa cooperativa de Avellaneda, provincia de Santa Fe, o en el magnifico
conjunto cooperativo instalado en Crespo, provincia de entre Ríos. En ambas
partes, las explotaciones no son, generalmente, muy extensas, porque allí sí
juega la ley de la herencia. En Avellaneda, además de la excelente organización
para la producción avícola de los pequeños predios, se ha iniciado la
explotación familiar de tambos, con rotundo éxito, mediante adecuadas
instalaciones, contando con la colaboración de SanCor y la asistencia
financiera a intereses reducidos que facilita “La Segunda” Cooperativa
Limitada de Seguros Generales.
No puedo dejar de mencionar el
extraordinario y exitoso ensayo que realiza la Cooperativa de Olavarría,
consistente en mantener 3 o 4 novillos por hectárea. Es indudable que no se
puede hablar de minifundios frente a la experiencia industrial cooperativo en
la organización SanCor, magnífico espejo que refleja con claridad meridiana las
posibilidades del cooperativismo para acrecentar y valorar la producción aún en
los predios más pequeños que poseen los socios de las cooperativas que forman
SanCor. En pocas palabras, la ciencia alimentaria, la técnica y los avances en
la genética y otras ciencias, unidas al cooperativismo, modifican el concepto
de minifundio.
Cuarta mentira:
La ley de herencia es la mejor encargada de la subdivisión de tierras.
¿Los veinticinco mil propietarios que
suman en total 130.000.000 de hectáreas, son familiares con padre, madre e
hijos, o son “familias” jurídicas que no tienen padre, madre e hijos, y sí herederos
de paquetes accionarios? Esto tampoco puede averiguarse. Hay un misterio sobre
el tema. Sin embargo, todo hace presumir a quien vive la realidad agraria
argentina, trajinando por sus campos, que una elevada proporción de las grandes
extensiones territoriales pertenecen a sociedades anónimas, o en comandita por
acciones, para las que no operan la ley de herencia.
Me atrevo a sugerir una cifra. El 85%
de las grandes extensiones latifundistas tienen titulares del dominio que no se
verán afectados por la ley de sucesoria.
Quinta mentira:
Es mucho mejor y de mayor rendimiento la explotación agraria que se efectúa
sobre grandes extensiones territoriales.
Las afirmaciones abstractas no pueden
comprobarse. He aquí un caso práctico. En 1950, la Asociación de
Cooperativas Argentinas, bajo mi presidencia, logró la expropiación de un
latifundio denominada “El Pilar”, de más de 14.000 hectáreas.
La cooperativa agrícola de Felipe Solá, donde está ubicado el predio, pasó el
siguiente informe: Antes de expropiarse el fundo se sembraban regularmente
alrededor de 1.200 a
1.500 hectáreas
con forrajeras y algo de trigo. Existían en el campo de 3.000 a 4.000 vacunos, y de
7.000 a
8.000 lanares. Había un capataz y tres puesteros. Los árboles no existían.
Existía sí, una cabaña de la que salió un toro campeón en la exposición de la Social Rural de
Buenos Aires.
Quince años después, en el ciclo
1965/66, se sembraron 4.500
hectáreas de trigo, 400 hectáreas de
cebada y 400 hectáreas
de avena. Además, pastaban en el campo 5.500 vacunos, 15.200 lanares, además,
de contar con 800 cerdos. Había 30 casa de familias, habitadas por 132 hijos,
en viviendas cómodas, con artefactos sanitarios, huertas, jardín, árboles. La
población de Felipe Solá creció y la cooperativa se constituyó en una de las
más sólidas instituciones de la zona. También había dos cabañas que, sino
dieron toros que merecieran en sus narices la medalla del concurso de la Sociedad Rural de Buenos
Aires, eran premiados en las exposiciones regionales y estaban el servicio de
las vacas de la región, veleidades aparte”.[81]
Posición
de Mario Yuri Izquierdo
Por lo menos en dos oportunidades se
ocupó del tema el ingeniero agrónomo Mario Yuri Izquierdo: en 1953 con la
publicación de Cooperativismo Agrario en
Argentina y en 1972 con la edición de
Quince años en el Cooperativismo Agrario Argentino (1953-1958).
Estudió las condiciones injustas que
los terratenientes impusieron a los arrendatarios y aparceros, la repercusión
del “Grito de Alcorta” y las normas
legales que se fueron dando desde 1921 y que se alguna manera fueron
determinando los arbustos.
Yuri Izquierdo alerta sobre diferencias
de datos brindado por el Comité Internacional de Desarrollo Agrícola (CIDA) y
el Instituto Internacional de Estadísticas (IASI). Él tomó las cifras del Censo
Agropecuario del año 1960 y empezó su análisis con un cuadro básico:
El autor estudio primero las
características de las pequeñas y medianas propiedades y su relación con la
producción. Pero luego subraya el problema, el de las grandes extensiones de
tierra: “En el otro extremo, las exportaciones sobre 1000 has. ocupan en número
sólo el 5,6% del total mientras que disponen del 74,7% de la superficie total.
Existen, pues, concentración de la tierra, pudiéndose al respectos, citar
nuevamente al presidente de la Federación Agraria Argentina, quien en la
oportunidad antes mencionada dijo que “en la provincia de Buenos Aires quince
familias poseen alrededor de 2.767.000 hectáreas
y 1299 personal poseen en conjunto cerca de 7.000.000 de hectáreas (...) Diez
firmas extranjeras poseen más de 5.982.00 hectáreas y una sola familia
argentina más de 2.885.000
hectáreas.”[82]
La distancia o desnivel entre número de
propietarios y superficie es el problema. En general Yuri Izquierdo observa una
mejoría a favor del régimen de propiedad y tiene cierta expectativa sobre la
aplicación de la ley Nº 17.523, promulgada en 1967, la cual trata sobre las
relaciones del arrendatario y el establece normas acerca de propuestas y
contrapuestas, de una y otra parte, con miras a obtener el dominio de la tierra
por parte del primero.
El autor afirma sin embargo, que
subsisten los problemas en la tenencia de la tierra y ofrece, siguiendo al
presidente de la
Federación Agraria Argentina, las cifras dadas por el Consejo
Nacional de Desarrollo y el Consejo Federal de Inversiones, que establece “la
cantidad de 465.491 explotaciones agrarias, de las cuales 230.618 (49,6%)
pertenecen al régimen de propiedad; 76.727 (13,9%) al de arrendatarios y 158.146 a otras formas; y
sin determinar qué fácil es deducir, consisten en la mediaría y aparcería, vale
decir, que el 50.4% pertenecía a explotaciones cuya tenencia era precaria”.[83]
Como funcionario de la OEA y extranjero, Yuri
Izquierdo se muestra más cauteloso que Sienrra, pero evidentemente tiene
posición tomada contra los latifundios y cree sinceramente que el régimen de
propiedad es el más apropiado y justo para el productor agropecuario.
Posición
de Milcíades Peña
Los trabajos publicados por el autor se
caracterizan por análisis crítico, histórico-funcional, con la terminología
moderna incorporada desde el marxismo y expresiones fundadas en la
documentación pertinente y a la vez rotundas y con cierta ironía. Es conocida
su crítica a la burguesía industrial argentina: Industrialización, seudoindustrialización y desarrollo combinado; y
Rasgos biográficos de la famosa burguesía
industrial argentina. Los dos trabajos mencionados aparecieron en la
revista Estrategia (1957) y luego en
fichas de Investigación Económica y
Social (1964). Fueron parte de un libro, Industrialización y clases sociales en la Argentina (1986).
Peña tiene un concepto preciso del
latifundio y lo define como concentración de la propiedad de la tierra en manso
de un reducido número de terratenientes. Los terratenientes pueden, con la
tierra, producir o especular; trabajarla directamente o arrendarla; o dejarla
abandonada y sin cultivar. El latifundio entra sí en una categoría social si es
mera concentración de la propiedad de la tierra; y en una categoría agronómica
si se trata de tierra cultivada.
Milcíades Peña estudio dos aspectos
importantes del latifundio; la magnitud de la superficie que poseen y la renta
agraria que disfrutan los terratenientes. De esa manera toca en esencia el
problema, tanto en el aspecto de patrimonio físico como en el de las ganancias
por explotación, en su dimensión económica como en su dimensión social.
a)
Magnitud de las superficies: en éste asunto las cifras son decisivas y Peña las maneja
con habilidad, ilustrando con algunas comparaciones el cuadro estadístico. Dice
textualmente:
“De la magnitud del latifundio dan una
idea los siguientes datos. En la provincia de Buenos Aires 272 personas tienen
en su poder casi la sexta parte del territorio provincial. Son 50.000 kilómetros
cuadrados. Tan solo cinco familias tienen más de 1.000.000 de has. En Santa Fe
entre una empresa extranjera y una docena de familias terratenientes poseen
256.000 has. En Córdoba una sola familia tiene 116.000 has; y 125 familias
usufructúan el 25% de las mejores tierras. En el Pampa una sola compañía tiene
200.000 has. En el lejano Sur 1.804 personas poseen tanta tierra como tienen en
total Italia (310.000
kilómetros cuadrados), Bélgica (30.000 kilómetros
cuadrados) y Dinamarca (38.000 kilómetros cuadrados). Dos compañías
tienen tanta tierra como Suiza y Bélgica reunidas.
El 6% de los propietarios es dueño del
73% de la tierra. Mientras que 160.000 chacareros sólo disponen de 1.500.000
has, 2.100 terratenientes tienen 53,5 millones de has. Consecuentemente, sólo
36 de cada 100 chacareros son propietarios de las chacras que trabajan, siendo
el resto arrendatarios o aparceros”.[84]
b)
La renta agraria:
apoderarse de grandes fundos, en el siglo pasado fue cuestión de astucia y
buenas relaciones. Trabajar personalmente un fundo (estancia) nunca estuvo en
la mente de la mayoría de los terratenientes. En cambio disponía, sin esfuerzos
ni complicaciones, apelar al arrendatario o al aparcero. Milcíades Peña no vuelve
en su exposición a las condiciones en que los terratenientes contrataban a ésta
gente, simplemente toma en cuenta la renta fácil y segura que percibe. Es
decir, obtuvo un campo enorme con algunos certificados y disfruta una renta
extraordinaria del mismo, sin trabajarlo no correr riesgo.
Peña expone textualmente:
“El latifundio significa que los terratenientes se apoderan,
bajo forma de renta agraria, de un elevado porcentaje del producto de la
agricultura; y la masa de la venta agraria indica la masa del poder de compra
restado a la economía nacional y, por lo tanto, la medida que se reduce el
mercado interno para la industria. Entre el 30% y el 50% del valor de la
cosecha levantada para arrendatarios es transferido a los terratenientes”.[85]
Cabe recordar que Peña critica a la
burguesía industrial argentina, uno de cuyos defectos básicos es la relación
desde su origen con los terratenientes y en general con la elite de la sociedad
tradicional. Y culpa al latifundio de la precariedad de la industria, además, lógicamente
de los males que ha producido a la agricultura.
Concepto
de minifundio: Problematización y
camouflage
La clase gobernante, que no fue otra
sino la elite de la sociedad tradicional, elaboró para uso interno un
particular conceptual de minifundio basado exclusivamente en la dimensión
física. Cualquier predio de 3,5 o 10 hectáreas era un minifundio. Además existían
en el país unos 180.000 predios de menos de 25 hectáreas. Este
concepto le servía para afirmar que no hacía falta ninguna reforma agraria,
puesto que la tierra ya estaba subdividida y demasiado subdividida. Como
contraposición y defensa del latifundio agregaba que para cierto tipo de
explotaciones eran necesarias grandes extensiones de tierra.
Los dos conceptos eran falsos o por lo
menos relativamente falsos: ni un predio de 10 hectáreas es un
problema agronómico a denunciar no son necesarias las enormes extensiones de
tierra(más de 10.000
hectáreas) para lograr explotaciones rentables. Aquí se
llegó a aceptar esos dos conceptos falsos por dos razones: a) quienes los
afirmaban tenía autoridad política y los medios para difundirlo; b) y además,
la inmensidad del país y de los grandes latifundios, por contraste,
configuraron en la mente de los argentinos la imagen de miniatura para todo predio de menos de 25 hectáreas.
En su dimensión agronómica el concepto
de una respuesta es suficiente, como unidad económica, para esta explotación?.
Aquí mismo, en varias provincias, existen ejemplos, de explotaciones exitosas
en predios de 10
hectáreas; y el europeo hizo maravillas con menos; y
50hectáreas para él son una barbaridad de tierra.
Por otra parte no son necesarias las
grandes extensiones de tierra, de más de 10.000 hectáreas,
para la explotación ganadera. Este concepto es falso y responde a dos motivos;
la comodidad de vivir bien sin incorporar tecnología y la maravillosa veta de
la especulación sobre el valor de la tierra. Holanda ha pasado los 2.000 kilogramos
anuales de carne por hectárea, mientras nosotros no alcanzamos los 200 kilogramos. Por
lo mismo, con 50
hectáreas el holandés produce 100.000 kilogramos
de carne y aquí una superficie de 50 hectáreas es descalificada para la
explotación ganadera. El argentino sabe que hoy debe abandonar la explotación
extensiva para dar paso a la explotación intensiva, pero aún no adoptó
infraestructura y tecnología para ello y permanece, contradictoriamente, cómoda
en el trabajo (en el anti-trabajo)quejoso en los rendimientos.
La denuncia que hace el terrateniente
del minifundio –como si el minifundio no hubiera sido históricamente una
consecuencia del latifundio, es decir de la gran injusticia del fondo-,
declarando que la tierra está harto subdividida, es una manera de desviar la
atención y cubrir a su feudo de las miradas curiosas y criticas... Hubo casos
en que el terrateniente no permitió la construcción de un camino por
determinado lugar, para que el viajero no contemplara el casco de la estancia e
hiciera siniestras deducciones.
En esta tarea de cubrir practicar una
suerte de camouflage, el terrateniente encontró una especie de complacencia o
complicidad de parte del funcionario público, quien, en lugar de denunciar los
grandes latifundios, que los conocía con las estadísticas en sus manos,
denunciaba la existencia de minifundios y lo denunciaba como problema. De esa
manera, si en la distribución y tenencia de la tierra existe algún problema, es
el del minifundio; y si no se menciona al latifundio, es porque no constituye
un problema y el estado no tiene nada que objetar o regular.
Se puede leer y analizar un texto del
Dr. Horacio Cesar Cursack, interventor del Consejo Agrario Nacional, donde hace
una radiografía de la estructura agraria del país. Es en efecto una radiografía
perfecta, basada naturalmente en cifras oficiales, pero no habla del latifundio,
en cambio, denuncia al minifundio.
El texto:
“A grandes rasgos, esta radiografía de
nuestra estructura agraria nos revela la abrumadora mayoría de explotaciones
medianas y pequeñas que existen en el país; la relativamente alta proporción de
productores que no trabajan tierras propias, el número elevado de explotaciones
cuyo tamaño permite catalogarlas como minifundios; la escasez de tierra pública
que pudieran servir para atender la demanda de quienes, teniendo vocación
agraria, no pueden acceder a esa actividad o tienen que conformarse con
trabajar tierras ajenas; el grado de ocupación de esas tierras públicas, que
plantea la urgencia de su ordenamiento; la cantidad de obras hidráulicas que
posibilitarían una enorme ampliación del área de riego si contaran con la
infraestructura complementaria”.[86]
El texto correspondiente a la
presentación de una publicación oficial, que salió durante el gobierno de María
Isabel Martínez de Perón y con el lema “La tierra para el que la trabaja”. Ni
remotamente habla de algún tipo de reforma agraria, por la sencilla razón de
que tampoco habla de latifundios enormes al servicio de una mezquina
especulación. En cambio, menciona en el primer punto a la “abrumadora mayoría”
de explotaciones medianas y pequeñas y en el tercer punto directamente del
número elevado de minifundios.
Esta manera de mostrar con insistencia
una cosa (el minifundio) y ocultar totalmente otra (el latifundio), a pesar de
las cifras de censos oficiales, revela la buena relación de funcionarios
oficiales con los terratenientes.
Aquél que no conoce y analiza las
cifras de los censos oficiales, fácilmente cree en la versión manejada por
terratenientes y funcionarios. La técnica del sofista consiste sobre todo en
estos juicios:
a)
Si hat
tantos minifundios, quiere decir que no hace falta subdividir la tierra. La
inferencia es falta porque parte del supuesto de que se trata solo de
minifundios, lo cual no es cierto. El argumento de los terratenientes se parece
al de los sofistas griegos: “Lo que no has pedido lo tienes, no has pedido los
cuernos, luego los tienes”. En el caso de los sofistas la premisa es falsa,
porque, ¿no es acaso necesario tener primero la cosa para que sea posible
perderla?. Aquí también el terrateniente habla de un hecho absurdo como es
seguir dividiendo la tierra, es decir, dividir los minifundios, pero no aclara
que nadie busca dividir los minifundios, sino aquellos campos monstruosos de
mucho mas de 10.000
hectáreas.
b)
No es
conveniente subdividir las grandes extensiones de tierra, porque ciertas explotaciones
como la ganadera necesitan tales dimensiones de los predios. Este argumento,
basado en explotaciones extensivas, sólo prueba el atraso tecnológico de los
terratenientes. En efecto, mientras en Estados Unidos y Europa se ha organizado
la explotación ganadera bajo techo, con sistematización genética, productiva,
alimentaria, sanitaria y de control directo, aquí la hacienda anda pastando
suelta y a la buena de Dios. Es claro que con ese tipo de explotación se
necesitan más hectáreas, pero el mayor espacio físico no sirve, pues los
rendimientos de carne por hectárea son muy bajos.
En la distribución y tenencia de la
tierra es necesario, en una sociedad social y económicamente humanizada, tener
en cuenta cinco cosas muy simples:
a)
El sujeto poseedor:
El hombre y éste en absoluta igualdad ante la ley; y en el hipotético caso de
pautas de adjudicación sólo podría tenerse en cuanta una demostrable vocación
por la tarea agraria.
b)
El objeto a poseer:
La tierra y ésta en su dimensión agronómica y en su capacidad de producción
como unidad económica. Su rentabilidad puede estar referida a una familia, a
una cooperativa o a una empresa, y en los niveles de magnitud física y valor
agronómico.
c)
El fruto de la tierra:
la producción agropecuaria, porque es lo único que da sentido al predio y a su
explotación. El abandono de los campos lleva a la miseria; y la especulación
sobre una tierra que no se trabaja es casi una traición al país.
d)
Y el estado: como
legislador y autoridad de aplicación de las leyes sobre tenencias de la tierra.
Las distorsiones y aberraciones en
materia de distribución y tenencia de la tierra, con una larga historia de
burladores de leyes y de repartos arbitrarios del patrimonio nacional, nos han
dejado un cuadro difícil. Caben sólo dos preguntas:
1)
¿Es
necesario una reforma agraria?
2)
Si
fuese necesaria: ¿es posible la reforma agraria?
El tema de la tenencia de la tierra se
ha estudiado desde otro punto de vista: el del rendimiento y el de riesgo,
según se trate de un latifundio o de un minifundio. El problema viene del
escaso rendimiento de las explotaciones agrarias argentinas, hecho denunciado
por numerosos análisis de la realidad agraria y particularmente por Jorge
Federico Sábato. También en esto se han formado dos bandos: los que otorgan una
ventaja a los que tienen grandes extensiones de tierra sobre los pequeños y
medianos propietarios; y los que afirman una paridad de condiciones en materia
de rendimientos y un mismo nivel de riesgos.
Previamente es necesario distinguir:
a)la capacidad agronómica del predio para determinar explotaciones, porque, si
es pequeño con respecto al tipo de explotación, o es grande pero no tiene un
buen régimen de lluvia, se darán las diferencias en materia de riesgo. b) por
otra parte, aquel que tiene un fundo de más de 10.000 hectáreas
tiene de suyo un tipo de ventaja con respecto al pequeño o mediano propietario,
pero no es de orden agronómico, sino especulativo y social. Luego es necesario
considerar un tema de corte moderno, la incorporación de tecnología para
incrementar la producción y alejar los riesgos.
Jorge Federico Sábato, después de
tratar algunos modelos teóricos para incrementar la producción y disminuir los
riesgos (el “trademill” de Cochrane -1958- y la del modelo de innovación
inducida de Hayami y Ruttan -1971), que no tuvieron éxito, alude a los dos
bandos que polemizaron sobre los riesgos según la dimensión de las
explotaciones:
“Ambos temas suscitaron innumerables
discusiones y no menos desacuerdos. Así, por ejemplo, se debatió sobre el
carácter de los productores pampeanos. Mientras algunos señalaban que la
diferencia entre “estancieros” (grandes terratenientes) y “chacareros”
(propietarios o arrendatarios de parcelas medianas o pequeñas) era esencial
(Ferrer, 1963; Giberti, 1964; de Jenvry y Martínez, 1972; Flichman, 1977),
otros quitaban importancia a la distinción y englobaban a todos los productores
en una sola noción de la empresa rural (Schultz, 1968; Martínez de Hoz, 1961)”.[87]
De todas maneras, los problemas del
riesgo de producción y fluctuación de los rendimientos; o el de los riesgos del
mercado y variación de precios, no invalidan las críticas que en este trabajo
se hicieron al latifundio. Además la posición de Schultz y Martínez De Hoz, de
englobar a latifundistas y minifundistas por igual, como si no existieran
ventajas para los primeros, es otra forma de encubrirlas.
Capítulo III
El éxodo rural
“Los diarios “Chispa” y “La Voz de Rojas” se llenaron de avisos que
anunciaban el remate de la chacra”.
¿Y no va a quedarse con nada?. –le pregunté al hombre que
pasó a mi lado dos o tres veces.
¿Quedarme? Ni con una hilacha. En el pueblo vamos a comprar
todo nuevo. No quiero llevarme ni el olor de esta maldita chacra”.[88]
Las causas del éxodo rural
Es cierto, el éxodo rural es un
fenómeno universal y se ha dado en todas las naciones a medida que se
industrializaban, y, además, ponían a la vista la prodigiosa era del consumo.
Las estadísticas han señalado cuantos campesinos egipcios fueron a vivir a El
Cairo, cuándo se radicaron en la capital mejicana o cuantos abandonaron el
campo y las provincias del interior para instalarse en el Gran Buenos Aires.
En nuestro país los censos nacionales
fueron estableciendo la relación entre habitantes urbanos y rurales. El ritmo
de desplazamiento del campo a la ciudad fue claro y semejante a lo que ocurrió
en otros países. En las cifras de los tres primeros censos, el aumento
poblacional y los porcentajes rural y urbano tuvieron relación con la
inmigración europea; y en los tres últimos censos las cifras fueron afectadas
por la afluencia de gente paraguaya, boliviana, uruguaya y aún chilena. La
inmigración de éstos tuvo el mismo sentido que el desplazamiento de nuestro
campesino del interior, los cuales en general buscaron Buenos Aires y sobre
todo el Gran Buenos Aires.
Las causas de la inmigración del campo
a la ciudad fueron múltiples, aquí y en todas las naciones del mundo. En
aquellas naciones industriales del norte el fenómeno se dio antes, en las
primeras etapas de la revolución industrial (1750-1850), mientras que en las
naciones en vías de desarrollo (o colonias),que hoy figuran integrando el
tercer mundo, el desplazamiento se fue dando hace siglos. Esta apreciación,
como tal, es relativa y no debe absolutizarse, ni aplicarse por igual a todas
las naciones y en cada una los mismos ciclos de inmigración.
Tabla
En general, las familias y los grupos
humanos emigran buscando su bienestar. El hombre primitivo que no encontraba
presas para cazar en el lugar, emigraba a otro. El campesino de Tesalia tenía
por lujo visitar Antenas y el de Apulia llegaba a Roma fascinado por su
esplendor, porque las metrópolis siempre tienen un atractivo superior al de los
poblados o ciudades pequeñas y comunes.
Hoy también el campesino argentino, de la Pampa húmeda o de las
tierras áridas, del Chaco o Entre Ríos, busca el bienestar. Esa es la razón
general. Decir que el hombre busca su bienestar es remontarse a un deseo
universal del hombre, porque, ¿quién no busca su propia felicidad?. Esa especie
de necesidad universal de bienestar o felicidad mueve al hombre y también lo
hace emigrar...
Aquí naturalmente se trata de una
emigración concreta, el éxodo rural, ocurrió en el país y dentro de las
inevitables categorías de espacio y tiempo, el aquí y ahora de todo suceso
concreto. Determinar las causas del éxodo rural requiere analizar el medio
rural y el medio urbano; y al protagonista de la emigración, cuyo
comportamiento no puede explicarse sin motivaciones profundas. El que emigra
piensa y siente que el medio rural es negativo para sus aspiraciones, y, al
mismo tiempo, cree que en las grandes ciudades puede alcanzar una vida mejor.
¿Cuáles son los componentes de una realidad negativa en la mente del que ha
emigrado o está por emigrar?.
La
realidad negativa del agro
Dos autores conocidos, Gino Germani y
Coscia, han circunscripto el problema a la desocupación, naturalmente
reconociendo otros motivos secundarios. Estamos de acuerdo que es la más grave,
pero el mismo deriva de una situación creada por la naturaleza de la actividad
agraria y sobre todo por el régimen legal y las costumbres de los dueños de la
tierra.
La demanda laboral del agro es
comparativamente baja con respecto a la que brinda la industria, de tal manera
que no puede esperarse un alto índice de ocupación en el campo. La agricultura
a su vez ocupa más gente que la ganadería, y aquí viene un problema serio que
explica la vida precaria e insegura de muchos chacareros arrendatarios. En
efecto, algunos terratenientes que habían arrendado el campo a varios
chacareros, un buen día decidió cambiar la agricultura por la ganadería y
entonces sobrevino un agudo problema de desocupación. Precisamente la ganadería
fue la actividad por excelencia de las grandes estancias y por esa razón no
solo contribuyeron poco a poblar el espacio rural, sino que se convirtieron en
expulsadora de gente, lógicamente de gente desocupada. Donde hubo agricultura
se afianzó el poblado y tuvo vida el municipio con escuela, iglesia, comisaría,
cooperativa y club social. Con la estancia y la ganadería ocurrió todo lo contrario.
Esta historia social del medio rural merece ilustrarse con algunos testimonios.
Hugo Nario trae este testimonio de José
Américo Ghezzi:
“En el Carmen, donde estábamos
nosotros, de 60 chacareros que había en 1939, cinco años después quedaba la mitad.
Las estancias fueron recuperando los campos consagrados a la agricultura desde
principios de siglo y los volcaron de nuevo a la ganadería”.
“Algunas escuelitas de campo fueron
quedándose sin alumnos y tras los chacareros que se iban se fueron del pueblo
muchos vecinos que quedaron sin trabajo, un tendero, un peluquero, herreros,
almaceneros. Vendían sus chapas y los tirantes del techo para pagar el pasaje y
se iban con lo puesto a Pergamino, a Rosario, a Buenos Aires. De lo que alguna
vez fue su vivienda quedaron solo las paredes y el piso”.
“Todos los días se iba alguno. Al cabo
de los meses se notaba su ausencia por las huellas: los vidrios de las ventanas
rotas, los yuyales avanzando desde el patio y el pueblo cada vez más quieto,
sólo y silencioso”.[89]
A su vez Celestino Sienrra relata un
acto de los chacareros de Coronel Dorrego, enardecidos “por las tremendas
injusticias de que eran víctimas por parte del latifundismo”; y dice que el
administrador del campo “La
Gloria”, señor Pérez Bustos, al recibir a la comisión de
chacareros y escuchar el anuncio de una huelga, contestó enfáticamente:
“Mejor así; afortunadamente tenemos
bien alambrado el campo, que quedará libre para llenarlo de vacas”.
Concluye Sienrra que dos días después
los alambrados del latifundio fueron cortados en cuarenta partes, que se lo
culpó de este hecho sin haber intervenido y que se dispuso su internación en
Ushuaia.[90]
James Scobie expuso las razones –mejor
intereses- de los terratenientes para negarse a subdividir la tierra, colonizar
y afianzar las poblaciones rurales, así como a invertir en otras empresas que
no fueran la adquisición en una renta abundante y cómoda; y además, como clase
gobernante ¿Qué chacarero le podía discutir un contrato?[91]
La ley 13.246, promulgada en 1947, contemplaba
el régimen de Arrendamientos y Aparcerías Rural, y vino a dar cierta seguridad
al chacarero con respecto a las arbitrariedades de los dueños de la tierra,
pero congeló la situación, además de desatar la polémica, paralizando toda
gestión de acceder a la tierra propia.
Por estas razones anunciadas, más los
testimonios, es correcto afirmar que en el fondo de una realidad negativa se
encuentra la inseguridad del hombre
que no tiene propiedades de la tierra. El efecto psicológico de la inseguridad,
particularmente cuando están la esposa y los hijos, es fatalmente deprimente.
Algunos potenciales colonos europeos, que arribaron al país con la intención de
trabajar la tierra, volvieron a su lugar de origen al conocer las condiciones
impuestas por los dueños de la tierra. Se dice – no tengo las pruebas
documentales-, que desde 1860 hasta 1930 llegaron el país unos 33 millones de
inmigrantes, de los cuales sólo quedaron 6 millones y los demás se volvieron al
conocer que después de los indios, del gaucho y de los negros les tocaría a
ellos padecer un régimen humanamente negativo.
La
desocupación
Ya dijimos que el campo no tiene
capacidad de la industria en materia de demanda laboral. También que en todas
las naciones del mundo, a medida que fueron industrializándose y urbanizándose,
los campesinos se desplazaban a las grandes ciudades, concretándose un hecho
irreversible.
Al estudiar las causas de la
inmigración del campesino, George M. Foster analiza los factores de “rechazo”
del campo y de “atracción” de las grandes ciudades. Y, sobre todo, la
“atracción” que ejerce Buenos Aires en la vida de la familia campesina, trae
una conclusión del sociólogo Gino Germani, y dice:
“En su estudio de Buenos Aires, Germani
encontró que el “motivo más poderoso para la migración –la búsqueda de empleo y
mejores condiciones de trabajo”- se veía coronado por el éxito. La mayoría de
los inmigrantes “encontraron trabajo al cabo de una semana de su arribo, otros
un poco después, pero todos o casi todos encontraban ocupación. Además, los
grupos investigadores consideraban que las condiciones de trabajo en Buenos
Aires eran decididamente superiores a las de las áreas de donde habían
emigrado”.[92]
Gino Germani, desde la ciudad, puso el
acento en la desocupación del campesino o en las malas condiciones de trabajo
como causa de la emigración. Adolfo A. Coscia, mirando el problema desde el
campo –él es un experto en asunto agrario-, le asigna una importancia capital a
la desocupación y la considera causa de éxodo rural. Se define con éste texto:
“La mayor parte de los capítulos de
éste trabajo se refieren a la desocupación; el aspecto éxodo rural, al que
consideramos básicamente en puntos aislados de este trabajo”.[93]
Con estas dos autoridades, respaldados
por los testimonios de los emigrados, se puede asignar a la desocupación la
categoría de causa inmediata principal de la desocupación.
Adolfo Coscia estudió previamente el
concepto de desocupado, en un sentido estricto y en un sentido amplio; las
distintas formas de desocupación es decir: a) absoluta, cuando la persona carece de actividad económica;
remunerada; b) parcial, sea porque
su actividad en tiempo o producción es menor a la normal, sea porque percibe
haberes también inferiores a lo normal; c) encubierta,
cuando el empleo existe formalmente pero carece de eficiencia en la realidad. A
continuación enuncia las consecuencias económicas, políticas, sociales y
morales de la desocupación, así como las causas generales, estructurales,
cíclicas y estacionales de la desocupación.
Entrando propiamente en el tema, la
desocupación en el medio rural, particularmente en el sector cerealista, Adolfo
A. Coscia busca las causas concretas. No obstante reconoce que su aporte es
valioso, insistimos que es necesario completar el cuadro de la desocupación y de
la emigración remontándonos a la inseguridad que deriva del régimen de tenencia
de la tierra y que está en la base del problema. Desde luego que no es un tema
agronómico, pero afecta al mundo laboral del campesino y lo mueve a cambiar el
medio rural por el urbano.
Como se trata de causas concretas de la
desocupación en el medio rural, seguiremos de cerca de Coscia y, además,
daremos nuestra opinión.
a)
Causas estructurales:
reducción de la producción cerealera, particularmente del maíz, el cultivo que
demanda mayor mano de obra; crecimiento vegetativo de la población rural y a la
vez retroceso de la demanda laboral por la razón apuntada anteriormente; y la
erosión de la Pampa
húmeda, lo cual resta posibilidades a la agricultura. Aunque sea necesario
enfocar el tema desde otro punto de vista, la erosión y la reducción de la
producción, en el corazón de una tierra fértil, acusa abandono e involución
agraria, de lo cual los primeros culpables son los poderosos de la tierra; y si
realmente siguen la línea de la economía liberal, no pueden trasladar la culpa
únicamente al estado. En este asunto de la desocupación por causas
estructurales, la explicación meramente técnica o agronómica no es suficiente.
Mientras las naciones con tierras viejas y parcelas reducidas incrementaban
calidad y volumen de producción –Europa cada vez nos necesita menos-, aquí se
operaba una regresión agraria y lógicamente afecta a la estructura misma y como
consecuencia los índices de la demanda laboral.
b)
Causa estacionales:
La actividad agrícola, también la ganadera, es cíclica. Todo el mundo sabe que
los picos de trabajo son la siembre y la cosecha, lo cual significa, muy
especialmente en casos de monocultivo, que entre una y otra existe un tiempo en
el que disminuya la mano de obra. El agricultor ha tratado, con la asistencia
del INTA, de los grupos CREA, o de otros medios técnicos, de incorporar nuevos
cultivos y de diversificar la producción. Si las tierras son buenas como ocurre
al sur de Santa Fe, y además lo acompaña el clima, puede realizar dos o tres
cosechas, alternando los cultivos de acuerdo a su ciclo agronómico; y eso
permite al productor agrario retener a su gente y evitar problemas sociales
como es precisamente el éxodo rural. En algunas regiones, como puede ser la
algodonera, el fenómeno migratorio alcanzó características espectaculares, pero
distintas a las de aquellos que “se van para nunca más volver”... en el Chaco o
Tucumán por ejemplo, el fenómeno migratorio tuvo un movimiento de va y viene
según la necesidad y el ritmo propio del ciclo agrícola.
c)
Causas tecnológicas:
Tanto en el campo como en la industria la máquina desplazó al hombre. En este
momento la “robótica” conspira contra la ocupación de obreros y puede tener un
rol negativo para la ocupación de un operario del campo. La única forma de
mantener un aceptable nivel de ocupación en el campo, es decir, en el lugar de
producción de materia prima, es la radicación de plantas agro-industriales. Es
cierto que no se trata de un trabajo propiamente agrario, pero por lo menos se
desarrolla en el medio agrario. Adolfo Coscia dice algo grave: “por otra parte,
la mecanización de nuestras actividades agropecuarias casi nunca aportó al
incremento de la producción sino directamente a la substitución de mano de
obra.”[94]
En efecto, si en la mente del productor agropecuario el tema
de la mecanización no tiene por objeto el aumento de la producción, es porque
no le interesa al país; y si además sólo le interesa la sustitución de la mano
de obra, es porque no le interesa el hombre. El resultado i objetivo que de
sentido a la actividad del productor es justamente producir; y lo que confiere
sentido moral a la vida es la justicia social y el comportamiento con respecto
a los demás.
En este mismo trabajo el lector encontrará el testimonio de
un hombre que desarrolla un actividad agraria, el cultivo de espárragos, y su
posterior procesamiento para la exportación, empleando a 60 personas y
programando incorporar y duplicar su personal. Ese hombre es el productor que
requiere la sociedad y el país.
Para ilustrar, Adolfo Coscia realiza una estimación sobre la
substitución de obreros por maquinas agrícolas, ofreciéndonos el cuadro
siguiente:
|
Maquinaria
|
Relación
|
|
Cortatrilla
|
De uno a diez hombres
|
|
Manipuleo a granel
|
De uno a veinte hombres
|
|
Tractor
|
De uno a cuatro hombres
|
|
Cortatrilla adaptada al maíz
|
De uno a diez hombres
|
|
Camión
|
De uno a diez hombres
|
|
Herbicida
|
De uno a diez hombres
|
Fuente: Adolfo A. Coscia, op. cit. pág. 6
La tecnología sigue avanzando y con ella la substitución de
obreros calificados y peones del medio rural. Sin embargo la ciencia y la
tecnología en manos de hombres con iniciativas y ganas de emprender, también
puede brindar nuevas fuentes de trabajo. Si ya el Instituto de Biofísica de la Academia de Ciencias de
Rusia, ha logrado conformar un sistema ecológica completo en la Estación Experimental
Bios-3, con plantas que por sí solas regeneran el aire y depuran el agua,
además de sentar las bases de los minihuertos del espacio, con mayor razón la
ciencia y la tecnología pueden hacer maravillas en la tierra fértil del planeta
y lograr cultivos nunca visto, alcanzando una diversificación capaz de dar otro
tipo de trabajo.
El
“rechazo” del campo y la “atracción” de las grandes ciudades
La desocupación en el núcleo del
programa rural; y la ocupación pronta es el núcleo de la solución urbana. Pero
existe en el campo una serie de condiciones de trabajo, sobre las cuales fue
tomando conciencia el campesino, es decir el protagonista. Tomar conciencia de
la propia ubicación social, cuando no hay educación, cultura y comunicación,
resulta muy difícil al ser humano.
La incomunicación, por ejemplo, redujo
el mundo social del campesino y lo mantuvo aislado a fines del siglo pasado y
comienzos de éste, en un rancho pampeano rodeado de lejanías o en una enramada,
o cobertizo en el fondo de un quebrachal. En su mundo incomunicado el
“destino”, como decía él, era “aguantar”. Pero también al campo llegaron los
medios modernos de comunicación. El primero fue el telégrafo, pero éste no era
un comunicador masivo, y no llegaba a cada rancho y a la conciencia individual
del trabajador rural. El segundo fue la radio y ésta fue decisiva. El efecto
socio-cultural de la radio en el campo fue un hecho trascendente y merece
estudiarse. Por éste medio el campesino fue tomando conciencia de su puesto en
la sociedad argentina y de la vida de los argentinos en las grandes ciudades;
descubrió que era un marginado y que sus patrones inmediatos los chacareros
arrendatarios, le daban “migajas” porque ellos también recibían migajas de
otros patrones que estaban más arriba. Descubrió el esplendor de las grandes
ciudades, la facilidad para encontrar trabajo en las fábricas y participar de
una vida civilizada. Y descubrió humor y personajes, así como las cotizaciones
de la bolsa de cereales y exportaciones de los productos que él cosechaba y que
otros cobraban....
Aspectos
de “rechazo del campo”
La vida y el trabajo en el campo se
desarrollaban en condiciones duras y penosas. Aún hoy, por lo general, no han
llegado al grado de confort que merece una familia. Esas condiciones, por
siglos oscuras, fueron iluminadas de alguna manera por la difusión de la
cultura y el campesino pudo reflexionar sobre las mismas, verlas y compararlas
y así descubrió que eran negativas y las fue “rechazado”. Paralelamente fue
conociendo las condiciones de vida y trabajo de la ciudad y éstas se
convirtieron para él en “atracción” y a veces en una verdadera seducción
social.
a)
Condiciones de vida:
Vivienda precaria, a veces un rancho, con muebles inadecuados, sin agua potable
e infraestructura necesaria para higiene, sanidad y control de agentes de
diversas enfermedades.
Falta de medios para llegar a la escuela del pueblo, al
almacén, al dispensario, la comisaría y al lugar donde se realizan las fiestas
patronales, la convocatoria de las cooperativas – en caso de un chacarero
asociado – o las “cuadreras”. Aún ahora es necesario ensillar o acondicionar el
sulqui para viajar horas por el camino de una pampa inhóspita.
Falta de juegos y medios de una sana recreación, de niños y
adultos, porque aún no existen organizaciones para ellos. En el fin de semana
el peón de campo lo único que hace es bajar del caballo, entrar a la confitería
(ex boliche) y tomar una ginebra. La monotonía y el aburrimiento van minando la
personalidad del campesino hasta convertirlo en un “castigado por el destino”.
Vida aislada y sin horizontes, con dificultades para superar
problemas de salud y aquellas urgencias que requieren una atención rápida. El
mismo ISSARA, creado para brindar asistencia médica al trabajador del campo, no
pudo realizar en ese sentido una obra significativa y se limitó en un
porcentaje elevado de su presupuesto a pagar los sueldos de cuentos de
empleados de la
Capital Federal – la gran metrópolis precisamente no es
campo- y numerosos avisos publicitarios de medios de prensa que el campesino no
conoce.
b)
Condiciones de trabajo:
Trabajo a la intemperie, con lluvia y barro, aguantando el frío del invierno y
el sol del verano.
Trabajo sin horario, o, como dice el campesino, “de sol a
sol” y “desde el alba hasta la oración”, porque en el campo siempre hay algo
para hacer y nunca sabe uno cuando empieza el descanso.
Trabajo sucio por el barro, el trato con los animales, o la
grasa de algún motor; trabajo que le destroza la ropa y el calzado.
Trabajo con remuneración tan baja, que nunca termina de
pagar las cuantas del almacén.
Trabajo sin horizonte, embrutecedor y sin posibilidades de
progreso económico, cultural y social. Trabajo sin la satisfacción de una
recreación de algún deporte amateur o de una obra literaria.
Estos aspectos enunciados constituyen
un mundo negativo, el del “rechazo”. Es cierto que ahora muchas explotaciones
agropecuarias, como Cerro Pig, Comega, La Estelita, La Mary Marta o El
Centinela, tienen instalaciones eléctricas y comodidades, pero también es
cierto que en un elevado porcentaje aún no se cumplieron los programas de
electrificación rural y mucho menos de los telefonía rural.
La
“atracción” de las grandes ciudades
A través de los medios de comunicación
como la radio, los campesinos fueron conociendo el resplandor de las grandes
ciudades, el servicio eléctrico, las fuentes de trabajo, la provisión de agua
potable, de hospitales, de escuelas primarias, de nivel medio y universidades,
así como centros de esparcimiento y diversión. Algunos campesinos llegaron a
Buenos Aires con el deseo de conocer el puerto, los “rascacielos”, el estadio
de los millonarios o entusiasmados por ver desde las tribunas una partido de
Boca Juniors o Independiente.
Estas y otras cosas son las que
constituyeron el nuevo mundo, el de la “atracción”. Algunos campesinos o
provincianos llegaron a fascinarse por la gran ciudad y se sientes felices de
relatar a los familiares y amigos de su pueblo natal todas las cosas que descubre
en Buenos Aires.
Se encuentra también los hijos de
chacareros o productores agropecuarios, que terminaban la primaria o el
secundario o continuaron estudios superiores y universitarios, obteniendo
títulos que luego no pueden ejercer en el pago. Por ejemplo, aquél que termina
de ingeniero electrónico o de ingeniero electromecánico, dos profesionales que
generalmente tienen aplicación en el mundo industrial. Es lógico que estos
jóvenes no regresen al campo y se radiquen en aquellas ciudades que cuentas con
parques industriales.
Algunas instituciones han trabajado
para detener el éxodo rural. Así lo hicieron algunas cooperativas. Es
conveniente hacer notar que los jóvenes con profesiones técnicas o aquellos que
por la ley de herencia quedaron con una fracción muy pequeña de tierra,
infaliblemente piensan en dejar el campo y establecerse en la ciudad. A esta
decisión sólo se la puede neutralizar con programas agro-industriales, es decir
con fabricas que elaboren la materia prima local y tomen técnicos también en la
zona.
Tercera
Parte
Origen y transformación de
la tecnología agropecuaria
Capitulo I
Evolución de la producción de carnes
Hacia 1900, la ganadería argentina se
componía mayoritariamente de 25 millones de bovinos y 74 millones de lanares.
Desde sus comienzos la actividad pecuaria estuvo basada en las especies
mencionadas y no en aves o cerdos – por ejemplo – y cabe preguntarse por qué.
La respuesta es de orden fisiológico: frente a los monogástricos, la eficiencia
productiva de los rumiantes siempre se pone de manifiesto en toda su magnitud,
cuando el ambiente ecológico es propicio, como para prevalecer a gran escala.
A diferencia del stock vacuno – que con
oscilaciones mantuvo siempre una tendencia hacia el crecimiento – el stock ovino
fue reduciendo su tamaño hasta nuestros días. Las causas de esta reducción ya
aparecen entre 1908 y 1916. Es en estos años que se verifica una expansión
explosiva de las áreas de cultivo, mientras que por otro lado, los ganaderos
asisten deslumbrados a los resultados del incipiente mejoramiento bovino.
Pero además, se advierte por entonces,
un neto desplazamiento de los ovinos hacia regiones de condiciones ecológicas
más duras. De este modo, la
Patagonia – que en 1900 contaba con 3000.000 lanares- se puebla
en 20 años con una majada de 11 millones de cabezas, que serán 16 millones en
1930.
La causa de tan significativa
traslación, estriba en que ya por esa época, una gravitación natural imponía la
optimización del recurso tierra; la rusticidad del ovino determinaba un
desaprovechamiento de regiones con condiciones ideales para producciones más
dinámicas y rentables. Y aquí es oportuno precisar porqué la carne y la lana
ovina carecen de esos atributos. A lo largo de este siglo, han sido muchos los
factores de muy diversa índole que le han retado competitividad.
En primer lugar, según una creencia
generalizada, el hombre de nuestro campo, sobre todo el de la pradera pampeana,
mostró siempre una preferencia natural hacia el vacuno. La oveja impone
trabajos de esquila, descarriada, pelada de ojos, que no son del agrado de
peones y ganaderos.
Con respecto a la carne ovina, las
razones determinantes de su bajo consumo interno, tiene que ver con costumbres
y con motivaciones subjetivas. Es común oír a los habitantes de la Pampa Húmeda, afirmar
que la carne ovina causa al paladar y tiene mayor contenido de grasa. Sin
embargo los consumidores patagónicos no parecen acusar dicho “cansancio”.
Además de estas razones – y de
políticas internas e imposiciones externas desfavorables en buena parte de este
siglo – se le sumó a la lana la competencia del sintético que, en los primeros
años sesenta, fue demoledora.
La evolución de las razas
Es posible que en los tiempos de la
colonia, más de un agudo observador haya pensado en bovinos más acordes con la
óptimas condiciones de la pradera rioplatense. Sin embargo, la mestización del
ganado criollo no se inició hasta después de concluidas las guerras por la
independencia.
Hacia 1825, John Miller importó de Gran
Bretaña al toro Tarquin, un buen representante de la raza Shorthorn, para su
estancia “La Caledonia”
situada en Cañuelas. Los descendientes de este Shorthorn denominados
“tarquinos” fueron utilizados con gran visión por un grupo de criadores, la
mayoría de origen inglés, con fiel fin de mejorar y absorber el ganado criollo.
Aquí aparecen los primeros antecedentes
en la Argentina,
de la especialización en la producción vacuna. Poco a poco fue posible
distinguir dos tipos de tarquinos: unos con características que los definían como
productores de carne; el otro tipo se distinguía claramente por sus
rendimientos lecheros.
Hasta 1862, la raza Shorthorn reinó sin
rivales en las praderas argentinas. Don Leonardo Pereyra importó el toro
“Niágara 2131”
y so vaquillonas, todos de la raza Hereford, oriunda del sudoeste de
Inglaterra. Al poco tiempo, ambas razas se disputaban la supremacía en la
incipiente ganadería mejorada argentina.
Sin embargo, las cosas no quedarían
así. En 1879, Carlos Guerrero importó un toro mocho y negro llamado “Virtuoso”,
representante de la raza escocesa Aberdeen Angus, oriunda del condado del mismo
nombre.
Los ganaderos tildaron de excéntrico a
Guerrero, pues el aspecto de aquel animal no despertó el menor entusiasmo. Con
los años, los “negros” se encargaron de demostrar a una buena cantidad de
criadores, que la primera impresión no siempre vale.[95]
Criollas y europeas
En 1915, Carlos Guerrero trajo al país
toros Charolais para cruzarlos con los negros. Estos animales grandes y
blancos, tenían su origen en Charol, distrito de Loria, Francia. Por mucho
tiempo, su cría no se expandió en la Argentina; la causa eran los eritemas y oftalmía
propias de una piel sin pigmentación expuesta a radiaciones solares intensas.
Pero a partir de 1960, la Asociación de Criadores
desarrolló una intensa campaña publicitaria en base al gran peso y la carne de
estos animales. Muchos ganaderos se sintieron estimulados, de manera que
durante los años ´70 la raza repuntó, sobre todo con destino ala producción de
cruzas.
En 1922, Leonardo Pereyra importó toros
de la raza suiza Fleckvieh de triple propósito: carne, leche y trabajo. En 1966
se fundó en el país la
Asociación de Criadores de Limousine, y fue ésta, la primera
asociación creada fuera de Francia, el país de origen de la raza.
Colón fue el primer introductor de
bovinos al dejar algunos ejemplares en las Antillas. Los bovinos criollos de
los campos argentinos descienden de vacunos españoles de distintas razas,
incluida la de los toros de lidia. En la pampa húmeda los criollos fueron
absorbidos por la razas británicas. Actualmente se extiende por el norte de
Córdoba, el norte de Santa Fe, San Luis, Catamarca, La Rioja, Salta y Jujuy.
Salto
al primer lugar
Resulta difícil sacar conclusiones
válidas y concretas de la evolución de las razas, desde su introducción hasta
nuestros días, por la falta de información estadística.
Se considera a la raza Aberdeem Angus
como la más numerosa, seguida muy de cerca por la raza Hereford y más atrás por
la Shorthorn. Si
éste es el orden según el número de cabezas, resulta interesante destacar cómo
los Aberdeen Abgus y los Shorthorn intercambiaron sus posiciones primera y
tercera, que eran las originales hacia el final del siglo pasado. Y en este
sentido, hay un contraste entre la frialdad con que fueron recibidos los
“negros” y la aceptación que hay tienen.
Las causas de estos comportamientos
tienen mucho que ver con modas periódicas, preferencias personales, costumbres
trasmitidas a través de generaciones de criadores entre otros factores
subjetivos.
Las razas mayoritarias han tenido una
particular evolución según decisiones y acontecimientos ajenos a la naturaleza
de las mismas. Serían ilustrativo tener la evolución de la población de cada
raza, pero estos datos existen hasta 1966. Según Fernández Azcón, presidente de
la Asociación
de Criadores Shorthorn, la población de esta raza estimada en la base a las
entradas en Liniers, no sobrepasa el 8% del stock nacional. El doctor Norberto
Fresco,gerente de explosiones de la Asociación Criaderos
de Hereford, manifestó no ser posible ni siquiera una estimación aproximada de
la población de esa raza; aseguró sí, que los Hereford constituyen más del 80%
de la población bovina al sur del río Colorado, Este dato fue corroborado por
el Ingeniero Alejandro Helman. En cuanto a los Aberdeen Angus, la Asociación afirma tener
cerca del 60% de la población vacuna del país.[96]
Dadas estas posiciones, resulta
interesante preguntarse a qué se deben. ¿Es una escala según calidad? No. En
primer lugar, no existe la mejor raza. Generalmente más de una raza se acerca a
los atributos ideales para prosperar en determinadas circunstancias. Como éstas
suelen variar – han variado en el tiempo – sucede que la dirección que seguía
una raza determinada, deja de ser la más conveniente.
Es posible que por este lado
encontremos la explicación del despegue de los Aberdeen Angus, el rezago de los
Shorthorn, y la posición intermedia de los Hereford.
Tendencias
cambiantes
Hacia 1930 se producía el novillo
“chilled Beef” de gran tamaño, de 480 kilos con 2 años y medio a 3 de edad.
Hacia 1945 se cambia la dirección en el tipo. Se busca el “baby beef”, de 380 a 420 kilos con 18 a 22 meses de edad.
En la Argentina, los primeros
en lograr este tipo fueron los Aberdeen Angus, y esa transición la hicieron a
la par de una importante campaña publicitaria. Los Shorthorn mientras tanto,
comenzaron a sentir los efectos de la consanguinidad en todas partes del mundo.
Esto se debió a que la única fuente de reproductores era Escocia, y de ella,
solamente algunas cabañas; así, los problemas de fertilidad comenzaron a ser
graves.
Las preferencias del mercado cambiaron
nuevamente. Hacia 1970, son los Aberdeen Angus los que llegan ante el “new
type”, representado por ejemplares largos, despegados del suelo, con mucho músculo
y poca grasa. Una vez más la publicidad tuvo mucho que ver para volcar a los
ganaderos hacia el Aberdeen Angus. Los Hereford llegaron al “new type” en
segundo lugar, y ya muy rezagado lo hizo el Shorthorn.
Hasta aquí hemos hablado de “tipos” y
campañas publicitarias. Pero falta determinar los factores de verdadera
importancia económica, relacionados íntimamente con la dinámica del crecimiento
y desarrollo de bovino y con las preferencias de los consumidores.
La
calidad de la carne
La evaluación comparativa de las razas
de acuerdo a las características de importancia económica ha atraído la
atención de los investigadores en las últimas décadas. Una extensa bibliografía
está de acuerdo en que no existen diferentes sustanciales de conformación entre
las razas británicas, si se las mide según el porcentaje de cortes valiosos que
rinde la res en el gancho.
Es necesario precisar que los mercados
europeos insisten en la importancia del músculo y de las carnes magras, sobre
todo a partir de la imposición del “new type”. Sin embargo para el consumo
interno, las reses más adecuadas difieren notoriamente de aquéllas requeridas
para la explotación. El paladar argentino aprecia la infiltración de grasa
intramuscular, sustancial determinante del sabor y la terneza. Además esta
grasa actúa como cubierta protectora de las proteínas musculares durante su
conservación en el frío, o durante la cocción. Es así que cuando se habla de
carne o porción comestible, se incluye al músculo más grasa intramuscular. Es
el llamado “marbling” o veteado.[97]
En este sentido se puede advertir que
no hay diferencias entre las razas británicas, pero sí, entre éstas y las razas
europeas continentales. Las primeras exhiben un veteado pronunciado en sus
cortes más valiosos, mientras que en las segundas, la carne es casi músculo
exclusivamente.
A partir de los trabajos de Luitingh en
1962, se pudo establecer que las zonas ventrales: falda, punta de costillas,
pecho y cuello, o sea, las porciones de menor valor comercial, eran las que
presentaban un desarrollo más tardío. Se crecimiento es más intenso en animales
de dos años y medio y tres años. Resulta entonces que a partir de esa edad, los
novillos tienden a aumentar la proporción del cuarto delantero con respecto al
cuarto trasero, y también de los cortes ventrales de menor valor carnicero.
Sin embargo, en
1966 Butterfield opinó que no existe una edad óptima de faena, pues el toque de
atención lo da el contenido de grasa. Sus trabajos indican que por encima del
20% de grasa separable – no incluye la grasa infiltrada- la proporción de los
músculos más valiosos se ve disminuida. Parece ser que el equilibrio estaría
dado por animales “new type” con algo más de grasa intramuscular.[98]
El vigor híbrido
En los últimos años la genética bovina se ha ensanchado con
la introducción de las razas índicas. Una de las razones para que esto
ocurriera ha sido la búsqueda de mayor productividad ganadera en las zonas
marginales. Poco a poco la conquista de estas áreas se ha ido convirtiendo en
una necesidad, en virtud de la expansión de cultivo.
Las causas de que especies bovinas distintas se cruzaran son
dos: una, la inadaptación de las razas europeas a zonas diferentes de las
templadas o frías; otras, el vigor híbrido de las cruzas, como resultado de la
combinación de dos genotipos muy diferentes entre sí.
Los aportes de las razas europeas son conocidas: velocidad
de crecimiento, calidad de la carne, entre otras. Las cualidades del ganado
cebú por el contrario, están en el plano de la rusticidad.
Orígenes de la cría y la invernada
En el proceso de producción de carne se distinguen dos
etapas bien precisas: la cría y la invernada.
Los orígenes de esta división aparecen con la creación de la Junta Nacional de
Carnes en 1933 y su régimen de tipificación de reses. Poco a poco, los
ganaderos orientaron el desarrollo de sus animales a un cierto “tipo” de
novillo. Hasta ese entonces la norma era tener los animales en el campo hasta
los 5 años de edad, o más, sin ninguna razón concreta.
Con la tipificación de la Junta Nacional de
Carnes se afirmaba una clara correspondencia entre una res perfectamente
determinada y un mejor precio, y esa res se conseguía con animales más jóvenes
y un buen grado de terminación.
Ante todo, rápidamente los ganaderos advirtieron que sólo la
etapa de engorde podía tomas un trámite más acelerado, en base a granos y a
buenos pastos. Por el contrario, la producción de terneros se cumplía lo mismo
en campos mediocres y no adelantaba nada en los mejores. Es así que las etapas
de cría e invernada aparecen naturalmente diferencias según factores biológicos
por un lado, y según un uso más racional del pasto por otro.
Paulatinamente los productores fueron orientando su
actividad de acuerdo a la zona. Poco a poco la cría y la invernada van
determinando un mapa ganadero, con zonas de máximo movimiento en las Pampa
Húmeda y Subhúmeda.
La actividad de estas zonas ha tenido intensidades variables
y si bien, la cría y la invernada son complementarias, factores externos a
ellas inciden para que, por períodos, una se vea favorecida en desmedro de la
otra. Tales factores subyacen en las causas determinantes de niveles de oferta,
de demanda y por ende, de precios.
Causales históricas de la evolución vacuna
La causa primera del
nacimiento ganadero es sin duda las excelentes condiciones ambientales. Pero
además actúan otras, con carácter claramente dinamizador, como son los aportes
tecnológicos y humanos. Ellos son: el alambrado, la expansión del ferrocarril y
la intensa corriente migratoria. Estas introducciones encuentran clima
propicio, una vez pasada la
Conquista del Desierto.
La actividad rural – que no daba ni para harina pues había
que importarla dejó paso a la producción orientada decididamente hacia el
exterior, con enormes volúmenes de carne y de cereales.
En 1900, 25 millones de cabezas se repartían entre las
provincias de Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos y Corrientes. Aquella cantidad
significaba 4 cabezas de ganado por habitante, contra la actual relación de 1.8
cabezas por habitante, estimada en base a la cantidad probable del stock
actual.
En 1908 se exportaba una cantidad de carne equivalente a un
65% de los exportado en 1986 (estimado). En el presente año se ha exportado a
razón de 9 kilos de carne por habitante. En 1908 esa misma relación fue de 24
kilo de carne por habitante. Estas estimaciones ilustran sobre la importancia
relativa que adquirió por aquellos años la actividad en corto lapso. Sus
efectos generaron una intensa reactivación de la producción primaria, expuesta
por el incremento de 7 millones de cabezas en 13 años a partir de 1895.[99]
Todo esto era así, no como un objeto alcanzado mediante
políticas dirigidas expresamente al mismo, sino por circunstancias en parte
fortuitas y en parte impuestas desde el exterior.
Las causas para la continuidad de este proceso estaban en la
avidez de materias primas por parte del Viejo Mundo, y por las políticas de
libre cambio, que practicaban los países importadores. Tal situación resulta
más clara cuando se tiene en cuenta que en la Argentina había 4 reses
por habitante, mientras que en Inglaterra la relación era de medio bovino por
habitante, al igual que en los Estados Unidos. En los países del Mediterráneo y
en el Imperio Austrohúngaro, la relación era menor.
Pero desde fines de la Primera Guerra
Mundial – 1918- ya comenzaban a insinuarse políticas proteccionistas de
autoabastecimiento, en virtud de las dificultades sufridas para proveerse de
alimentos durante la contienda.
Condiciones para la dependencia
Cuando despuntó el siglo XX, dos grupos de circunstancias
ostentaban características que hacían que ambos encajaran perfectamente. Por un
lado, en las verdes praderas argentinas se daba materia prima en abundancia, en
medio de condiciones ambientales ideales. Por otro lado, un país
industrializado, con vocación y experiencia colonialista, aportaba capitales y
tecnología y, desde luego, el poder de decisión era patrimonio de este último
país, el Reino Unido, ya que poseía el dinero y era el comprador de los
productos de su propia industria.
Una vez puesta en marcha semejante combinación, le fue
prácticamente imposible a la
Argentina, zafarse de rígidos condicionamientos por más de 5
décadas.
Enmarcada en dicho condicionamientos, la primera causa de
los bajos precios de la hacienda no fue el desequilibrio entre la oferta y la
demanda. Lo fue sí, la misma estructura económica sobre la cual marchaba la
industria frigorífica, para exclusivo beneficio del capital extranjero. La
falta de normas, contralor o tipificación en la comercialización de las reces,
hacía que el precio quedara fijado según la voluntad y los intereses de los
frigoríficos extranjeros.
A partir de 1918 se sumo otra causa. Aquí podemos encontrar
los raíces del motor que alimenta a los ciclos. En relación con la
disponibilidad de carnes, la demanda baja ostensiblemente, y con ella el precio
de la carne. Aquí se pone de manifiesto por primera vez la gran sensibilidad de
la demanda a las condiciones externas, especialmente a cualquier contingencia
política, ya se trate de contiendas bélicas o de imposiciones económicas.
Las fisuras de la dependencia
Las causas que comienzan a fisurar la dependencia se generan
en primer lugar en sus propias bases. Cuando aparecen crisis –guerras o
depresiones- enseguida queda al descubrimiento las deficiencias estructurales –
y en el tema que nos ocupa- las primeras en aparecer fueron las de tipo
comercial.[100]
La venta de carne argentina al exterior estaba basada en la
exclusividad en cuanto a demanda (británica). Deteriorada ésta por las
dificultades de la primera post-guerra, la relación entre ambos países se
resiente. Desde luego que los efectos se sientes con más rigor en el país
dependiente. Al industrializado no le resulta tan grave disminuir las compras
de carne. En cambio el país dependiente recibe un duro impacto cuando se
encuentra con que su único comprador –o abrumadoramente mayoritario- decide
reducir sus importaciones.
Hay que tener en cuenta que el comportamiento del Reino
Unido era perfectamente coherente con la naturaleza de este tipo de demanda.
Los mercados de carne son inestables por su propia conformación en las áreas
importadoras. Los países europeos perdían rápidamente la avidez de la carne,
cuando los ingresos de la población disminuían.
El tiempo es el encargado de poner de manifiesto otras
deficiencias más profundas y decide que las meramente comerciales. Su paso trae
nuevas tecnologías, nuevos enfoques, nuevas mentalidades y nuevas economías de
escala. Los frigoríficos extranjeros nacidos con el siglo, no lo siguieron en
su marcha. Después de cinco décadas se encontraron con playas de faena
inadecuadas, sistemas de refrigeración antieconómicos y una cadena sobredimensionada
que incluía la compra de hacienda, transporte propio y red de carnicerías en el
reino Unido, Otro aspecto causal de la fisura, fue el haber perdido la
condición de comprador casi exclusivo.
Dicha pérdida se entronca con otra causa, esta vez generada
en el ámbito frigorífico argentino, al cual sí hizo esfuerzos para marchar a la
par del avance tecnológico. A partir de 1964, la liberación del mercado
cambiario permite a la
Argentina introducir modernos conceptos en la industria, en
los mercados y en el esquema de producción que incluía un mayor grado de
elaboración de los productos. Estos cambios sustentaron la captación de nuevas
corrientes comerciales externas, nuevas formas de comercialización y de
consumo, y, en definitiva, la expansión y diversificación de los mercados. Todo
esto terminó por quebrar la hegemonía británica.
Producción Ovina
La relevancia de la producción ovina en el siglo pasado se
puede advertir con algunas cifras; en los años ´90, los lanares – ovinos
criollos - aumentan en 8 millones de
cabezas, y finalizan el siglo con un stock de más de 79 millones. Pero más
espectacular es el ritmo de su producción: a partir de 1855 y en los 30 años
siguientes, el volumen de lana colocado en el exterior se multiplica por 10,
con 125.000 toneladas en 1885 y con 200.000 toneladas en 1895.
El stock llega a 1913 con 83 millones de cabezas. La Primera Guerra
Mundial y sus consecuencias en los países compradores, conforman la causa de la
primera gran reducción en el número de ovinos. La segunda reducción sobreviene
con la crisis mundial de 1930, de modo que en 16 años se liquida el 47% del
stock, quedando 44 millones de cabezas.
Si bien la ganadería vacuna estaba sujeta a los mismos
avatares y a la decisión de la demanda europea, en la Argentina los
productores van perfilando una actitud diferencial frente a ovinos y vacunos,
ya desde 1910. Las causas de este comportamiento ya fueron comentadas y se
refiere a la rusticidad de los ovinos, y al poco apego que los cuidados
necesarios hacia ellos despertaban entre los criollos.[101]
A partir de 1937 y por espacio de 15 años, se verifica un
repunte en la actividad. La magnitud de la faena en esos años nada tiene que
ver con la actual: en 1937 se faenaron 10 millones de cabezas, en 1947, 16, en
3 millones y en 1982, 250.000 cabezas. En los años ´40 el stock sigue
incrementándose hasta 1952, donde llega a los 52 millones. Desde ese año hasta
1974 se liquidan unos 18 millones de lanares; la provincia de Buenos Aires
pierde un 33% de sus existencias; La
Pampa un 69%; Córdoba un 62% y Entre Ríos un 51%. Estos
significa para las provincias patagónicas un 44% del total de ovinos del país,
en 1975. En la actualidad se estima que esa región cuenta con el 52% de los
ovinos argentinos, con un total en el país de 32 millones de cabezas.
Mercados desaprovechados
La evolución de la faena observa una tendencia decreciente.
Hasta 1979,el número de cabezas con destino a frigoríficos, fábricas y
mataderos fue levemente superior al número faenado en las estancias, el cual se
mantiene constante según el cuadro 2. En cuanto al consumo se destinan unas
108.000 toneladas de carne por año a partir de 1970, salvo el lapso 1974-77 en
que el consumo es menor. Por habitante y considerando el lapso 1970-84, sólo en
1970 el consumo estuvo cerca de los 6 kg. anuales; en los años siguientes, el
consumo per capita no supera los 4 kilogramos.
Producción porcina
La referencia casi excluyente de los argentinos por la carne
vacuna no se repite en otras naciones. Por el contrario, en el mundo suman más
los consumidores de carne porcina, desde el momento en que la producción
mundial de esta carne porcina, desde el momento en que la producción mundial de
esta carne ha superado entre 1979 y 1981 a la carne bovina.
Este hecho – sorprendentemente para muchos – nos lleva a
mirar con más detenimiento a una actividad muy relegada en el país, a indagar
su desarrollo según marcos ecológicos y económicos.
Entre los investigadores no hay acuerdo sobre quién inauguró
la producción ganadera, si los cerdos o los bovinos, pero no menos es caso
seguro que la domesticidad de aquéllos es anterior a la del caballo y se viene
dando desde la Edad
de Piedra.
El cerdo fue introducido en América por Colón en 1493. Su
diseminación por el continente se inició en la isla de Santo Domingo, pasó a
América del Sur, y desde Brasil, la especie llegó a Buenos Aires en 1537.
Por más de 300 años estos animales deambularon por el país
sin encontrar condiciones de verdadera domesticidad, pues los blancos estaban
muy ocupados en enfrentar a los indios como para criar ganado.
Los cerdos dejaron su estado salvaje cuando las condiciones
lo permitieron. Hacia 1860, un clima más pacífico, los campos alambrados y las
flamantes industrias de salazón y chacinados, sentaron las bases para una
actividad porcina más concreta. Esta recibió un nuevo impulso con el “boom”
agrícola de fines de siglo y con el advenimiento de la industria frigorífica. [102]
Las razas
Los inmigrantes europeos, con larga tradición en la cría de
cerdos, estimularon la importancia de razas mejoradas a partir de 1900.
La raza Yorkshire fue la primera en arribar desde el condado
del mismo nombre en Inglaterra. Se caracterizó por su cuerpo largo, pelaje
blanco, orejas medianas y erectas tipo asiáticas. Una vez en el país su
popularidad fue decreciendo por no ser lo suficientemente rústica dadas las
condiciones de cría imperantes. A partir de 1978 los cabañeros decidieron prestarle
más atención, y actualmente ocupa el tercer lugar en el stock porcino.
La raza Duroc Jerset también fue una de las primeras en
llegar, en 1907. A
diferencia de la anterior, se adaptó sin problemas gracias a su gran
rusticidad, heredada del cerdo salvaje del oeste europeo y de los cerdos
africanos. Es precoz para crecer, aunque con tanto en contra, dada su tendencia
a producir reses gordas. No obstante, una cuidadosa selección ha logrado
encaminar a los Duroc hacia las carnes magras que el mercado requiere. Es de
piel rosada, pelaje rojo, cabeza relativamente pequeña. Esta raza es la de
mayor difusión en el país.
En 1916, se introdujo la raza Hampshire desde los Estados
Unidos, pero no cobró importancia, recién en los años ´60. Seres, es mejor en
cuanto a tipo carnicero. Tiene un característico cinturón blanco que desciende
por las manos. Los productores lo aprecian porque se adapta bastante al sistema
extendido de cría y su velocidad de crecimiento es buena.
Recién en 1933 llegaron los primeros ejemplares Landrace.
Esta raza tiene su origen en los países escandinavos y se caracteriza por su
cuerpo largo, su dorso recto, pelaje blanco, orejas grandes e inclinadas como
una visera, tipo célticas. Su alto grado de mejoramiento lo exhibe en
condiciones de alta tecnología; la cría a campo no le es apropiada.
La raza Spotted Poland es de origen norteamericano y deriva
de la raza Poland China de pelaje negro con pequeñas partes blancas. La primera
es overa. En el país se la conocía tiempo atrás pero tomó impulso a partir de
1978 cuando se introdujo un buen número de ejemplares. Es rústica precoz y
aceptable calidad de res.
Producción avícola
La imagen de los actuales establecimiento avícolas ha dejado
muy atrás a la del gallinero de tejido hexagonal, así infaltable en todo
establecimiento de campo. Si bien siguen existiendo ya no cumplen el rol de
hace 25 años, de ser los principales proveedores del consumo de huevos y
carnes.
La evolución de la avicultura en la Argentina, responde en
general a las mismas razones que impulsaron los cambios en otros países como
los Estados Unidos, Canadá, Australia y países europeos.
Aunque parezca una razón un tanto simplista, la existencia
de gallinas en el país es la primera a considerar en virtud de ser uno de los
animales domésticos “que todo el mundo tiene” o mejor ducho “que tenía”, dado
su reducido tamaño, su mansedumbre y sus productos: carne y huevo. Hasta hace
25 años, las gallinas se podían encontrar en el terrenito del fondo de muchas
casa suburbanas; obviamente no ocurría lo mismo con vacas y cerdos, aunque
tampoco era imposible encontrarlos.
Además apuntamos esto, porque si bien el consumo de los
productos aviares no tuvo punto de comparación con la carne vacuna, siempre
existió a una escala “casera” muy bien apreciada.
Por ser rápidamente perecedera, más que el huevo, la carne
aviar producida en condiciones tan extensivas y en forma tan atomizada, tenía
sus dificultades para llegar masivamente a los consumidores urbanos,
especialmente en los grandes poblados. En cambio, el comerciante de los pueblos
pequeños, siempre tenían un granjero conocido y cercano que lo abastecía de
huevo fresco y de pollos del día.
Otra razón para que la avicultura evolucionara como lo hizo,
también es simple y se trata de la disponibilidad de granos – maíz
fundamentalmente – como materia prima para alientos balanceados.
La tercera razón – apoyada en las dos primera – constituye
la causa motora que convirtió a la avicultura en una industria, y es la
tecnología.
Estructura para la rapidez
No obstante lo anotado, hacia 1960 ya existían en el país y
cerca de los centros urbanos, establecimientos avícolas semi-industriales.
Estos trabajaban con razas puras y de ellos surgieron cabañas avícolas
nacionales que se preocupaban en reponer periódicamente sus planteles con
reproductores extranjeros de calidad. En base a ellos, los trabajadores de
selección hicieron posible el registro genealógico de aves ponedoras llevado
por la Dirección
de Granja de la Secretaría
de Agricultura y Ganadería.
Pero ya por ese entonces, la investigación genética en los
países de vanguardia habían establecido los cruzamientos más eficaces. Así
resultaron aves de manifiesto vigor híbrido, las cuales a su vez, darían origen
a las aves comerciales de marca, de alto potencial productivo. Estos híbridos –
mundialmente populares en poco tiempo – ponían en 1980 300 huevos por años
contra 150 en 1960. En cuanto a carnes, antes de 1960 una ave alcanzaba los dos
kilos a los tres meses con seis kilos de grano; en 1980 ese peso se consigue a los
dos mese con cuatro kilos de grano.
Tales resultados fueron posibles gracias a los avances en
genética, nutrición, manejo y sanidad, como partes armónicas de un delicado y
complejo conjunto tecnológico.
En los países de avanzada, las aves seleccionadas por alta
producción se originan según una estructura piramidal, en cuyo vértice superior
se ubican las empresas seleccionadoras, encargadas de la producción de líneas
puras, de cruzamientos y de intensos estudios genéticos.
Esta actividad necesita para su desarrollo, de grandes
capitales y recursos humanos altamente especializados; así es que están a cargo
de empresas internacionales como Arbor Acres, Dekalb, Hubbard, por citar
algunas.
Estas empresas abastecen a las llamadas empresas de
multiplicación, ya sea de líneas puras para continuar la investigación o de
aquellos reproductores que serán los padres de las aves comerciales; éstas a su
vez, se criarán en los establecimiento comerciales.
Pollos en la vertical
Con la incorporación de los híbridos, en la Argentina surgen las
cabañas de selección y las de multiplicación. La mayoría son representantes de
las marcas comerciales multinacionales mencionadas previamente. En realidad las
cabañas de selección en el país eligen a las mejores aves, pero en base al material
provisto por la empresa cuya marca comercial aquéllas representan.
De este modo, se siguen importando los planteles de
reproductores básicos a bisabuelos de los parrilleros y de las pollitas de alta
postura comerciales. No obstante, hay por lo menos una empresa en Mar del Plata
que está trabajando en una incipiente genética avícola nacional.
Al igual que los Estados Unidos, la Argentina incorporó
paulatinamente el sistema de integración vertical para la producción del
parrillero. El producto de pollos, y a manera de defensa ente las crisis
cíclicas ganaderas, se integró a las empresas que manejan el alimento
balanceado por ser el insumo motor de la actividad. Además esas empresas lo
abastecen de pollitos BB, productos veterinarios y asesoramientos técnico. Esta
integración tuvo el gran efecto de liberar al consumo carne aviar a menos
precio en todo el territorio. Como inconveniente, aparece el productor con poco
o ningún poder de decisión.
La producción de huevos aún no se ha integrado en su
totalidad a la industria del balanceado.
En cuanto a la tecnología, las instituciones oficiales como
INTA, universidades, CONICET, desarrollan planes de investigación en nutrición,
manejo, sanidad y en menor grado, en mejoramiento genético. En este plano aún
subsiste cierta dependencia con los Estados Unidos, Francia, Brasil e
Inglaterra.
Las razas avícolas
Las gallinas vienen acompañando al hombre desde la Prehistoria. En el
antiguo Egipto habían adquirido una importancia considerable. Ya por ese
entonces se practicaba la incubación artificial en hornos muy toscos pero
eficaces.
Como todos los animales domésticos, las gallinas descienden
de especies salvajes que se fueron cruzando entre sí, y fueron mejorando a lo
largo de miles de años. Las actuales razas pertenecen a la especie Gallus
domesticus, formada al parecer por especies
salvajes como el Gallo Rojo de la Junta, el Gallo Gris de la Jungla y el Gallo del
Ceylan.
Las razas para carne utilizadas en el país tienen origen
inglés y americano. Las razas más pesadas forman el grupo inglés. La ponedora
más notoria –Leghorn- es de origen italiano y fue mejorada por americanos e
ingleses.
Hasta 1960, el pollo de campo era la principal fuente de
carne aviar en la
Argentina. El consumo por habitante por año era de cuatro
kilos, de los cuales sólo un kilo provenía de los pocos establecimientos
semi-industriales cercanos a las ciudades. Hacia 1980, el consumo había subido
a 12 kilos de carne aviar por persona; actualmente ese nivel de consumo parece
mantenerse.
La actividad avícola avanzó estos años a base de conquistas
tecnológicas ya mencionadas, y de aquéllas referencias a infraestructura,
instalaciones, frigoríficos y envasados con claro sentido empresarial e
industrial. Los resultados se notaron sin demora. Los pollos crecían y
fabricaban carne tan cerca de la precisión industrial como de la variación
biológica. Después, veloces técnicas de faena, procesamiento, envasado y
distribución se encargaron de poner el producto al alcance de todos los
consumidores.
Semejante disponibilidad influyo en los precios. En 1960, y
por kilo, el precio de la carne avícola triplicaba a la vacuna. En los últimos
años –Cuadro siguiente- la relación entre los precios de ambos productos no
llegó a duplicarse. En síntesis, el pollo se volvió más accesible; determinar
cuánto, se hace engorroso si se considera las oscilaciones erráticas en
relación de ambos productos.
La política económica – o la falta de ella según se mire –
actuó sobre la carne vacuna con efecto de inestabilidad y precios bajos. En los
últimos 7 años por lo menos, el precio del vacuno – dentro de un nivel bajo –
dibujó picos y depresiones de tendencia incierta. Dado su peso en el consumo de
carnes, no sólo no le dejó demasiadas oportunidades al pollo para mejorar su
posición, sino que además originó las oscilaciones aludidas.
Por otro lado, la producción de carne avícola debió
enfrentar la inflación reflejada en sus insumos con pocas posibilidades de
contrarrestar efectos.
Huevos
A pesar de la falta de relajamientos oficiales sobre el
número de aves, se estima en el país una población de 16 millones de gallinas
ponedoras y una producción de unos 3.000 millones de huevos por año, y un
consumo por habitante de 100 unidades (algunos estimadores dan 110 ó 115).
La oferta de huevo está atomizada, y tiene un espectro
productivo que va desde avicultores con pocas decenas de huevos hasta aquéllos
con una producción de cientos de cajones diarios. Del lado de la demanda actúa
desde el modesto comerciante minorista, hasta importantes cadenas de
supermercados.
La producción de huevos responde a una demanda inelástica,
donde pequeñas oscilaciones en la producción total, pueden dar lugar a marcados
descensos en los precios percibidos por el productor.
La Argentina los exportó hasta
fines de los años ´60, pero como se trata de un bien existente en todo el mundo
y como Europa – nuestra principal área compradora – se sumó al “boon” de
producción intensiva, las ventas al exterior terminaron o se dieron sólo
excepcionalmente.
Capitulo II
Ampliación de la frontera agropecuaria
Desarrollo de los cultivos
Una pala o un tosco arado no eran instrumentos adecuados
para un verdadero hombre. Así, pensaba el gaucho desde su misma aparición por
las intensidades pampeanas. Sólo eran dignos de su destreza u coraje, el lazo y
las boleadoras, el dominio del caballo y la conducción de la tropa para la cual
contaba con gran resistencia física y mente alerta.
Durante todo el siglo pasado, tal mentalidad se mantuvo en
todos sus términos, aún cuando ya el trigo hacía listones en la pampa junto a
las vías férreas. Pero para el gaucho, cultivar la tierra significaba
residencia, lentitud y rutina; además no apetecía los frutos agrícolas; la
carne asada le daba energías y entonaba su ánimo con mate y algún aguardiente
de paso por los pueblos. Así sólo le atraía perseguir el horizonte con la
haciendo, durante días de marcha.
Pero en la
Argentina aparecía ilimitado el recurso más escaso de Europa:
La tierra. Esta fue la atracción para
contingentes de inmigrantes que buscaban hacer un pequeño capital por medio de
la agricultura.
Riesgo artificial aborigen
El avance de la agricultura argentina, lento a mediados de
siglo y espectacular hacia 1900, se cimentó en los inmigrantes en lo que a
recurso se refiere. Sin embargo, desde épocas precolombinas ya existía la
agricultura en el hoy territorio argentino, y de ella eran responsables los
aborígenes asentados en el norte, éste y en la región andina.
Los valles quebradas del noroeste hasta la sierra de San
Luis y Córdoba, tenían cultivos de maíz con riesgo. Sus pobladores integrantes
de la raza diaguitas mostraban gran influencia de la civilización inca y
practicaban una agricultura de avanzada, con canales y acequias para regar el
maíz. Estos indígenas mantenían una gran riqueza varietal, sobre todo en la
quebrada de Humahuaca. El maíz más cultivado era de espigas gruesas y cortas,
con granos harinosos de todos colores. Existían también tipo dentados pero eran
menos frecuentes. El maíz dulce era netamente andino y muy bien cultivado.
Además eran comunes los maíces piscingallos.
El maíz también se cultivaba en las regiones chaqueñas y
mesopotámicas, territorio de las tribus guaraníes. Practicaban una agricultura
primitiva, ayudada por las frecuentes lluvias. Este maíz, a diferencia de la
región anterior, tenían espigas y granos amarillos la mayoría de las veces.
Otro maíz característico de esa zona era el de endosperma corneo, mas o menos
anaranjado, muy parecido al colocado hoy.1
La tierra no cuenta
Desde la fundación del Fuerte Sanct Spiritu por Gaboto en
1527, hasta 1580 en que Garay funda Buenos Aires, introdujeron desde Europa
semillas de trigo, cebada, algodón, arroz y algunos frutales. En el último
cuarto del siglo XVI, floreció la agricultura de Córdoba, pues la región tenía
como base las prácticas evolucionadas de los indios con el cultivo del maíz.
En 1607, Córdoba exportó harina a Brasil y además contaba
con tres molinos hidráulicos, mientras que en Buenos Aires había uno solo.
En la Rioja,
en el siglo XVIII, se producía harina de calidad pero en cantidad
insuficientes. Santiago del Estero, producía trigo de calidad superior a los
producidos en el resto del país. Tucumán cultivaba en los llanos trigo,
aceitunas y manzanos. En Salta prosperaban trigo, maíz, viñas, legumbres y
arroz, pero el tabaco y la caña de azúcar eran los cultivos más lucrativos. San
Juan hacía trigo y Mendoza Trigo, alfalfa, maíz cebada y viñedos. Santa Fe
tenía trigo que maduraban en cuatro meses, pero sus actividades más redituables
eran el comercio de maderas, cueros, cedas y lanas. Además se sembraban algodón
y tabaco.
En cambio las zonas que daban al Río de la Plata y al Atractivo,
albergaban la vida pastoril, donde actuaban el gaucho, el caballo y el ganado.
En ellas, los cueros y las carnes saladas deban recursos muy superiores con un
trabajo infinitamente inferior.
En 1800, once labradores producían alimentos para 216
personas por un valor de 1,34 pesos. En una estancia de 10.000 cabezas
trabajaban un capataz y diez peones y producían carne para 493 personas por un
valor de 5.250 pesos. Para la comparación no hacía falta tener en cuenta las
extensas áreas requeridas por la ganadería, porque tierra había de sobra.
La agricultura en estas zonas se limitaban a pequeñas
parcelas cercanas a los pueblos, trabajadas por españoles e italianos. Entre
las muchas causas que impedían su expansión estaba la falta de mano de obra
para las tareas agrícolas; el gaucho las despreciaba. Jamás hacía huerta o
jardín no consumía pan, leche ni verduras. Hasta 1860, se importó trigo de los
Estados Unidos, Chile y Australia, azúcar de Brasil, Cuba y Francia; tabaco de
los Estados Unidos, Cuba y Brasil; aceite de España, Francia e Italia.
En sesenta años, la pampa bonaerense dibujó un mapa agrícola
enteramente nuevo. Hacia 1910, la zona triguera se extendía en una faja de 300 kilómetros de
ancho desde Santa Fe hasta Bahía Blanca. Pero en 1850 no sólo no había áreas
agrícolas extensas sino que las fronteras dentro de la pampa mayor parte del
territorio. Hacia el norte estaban los indios del Chaco, que generalmente
llegaban hasta una líneas tendida desde la ciudad de Santa Fe a Mendoza, San
Luis y Río Cuarto en una serie de fortines que continuaban por Junín, 9 de
Julio, Azul y Tandil. Más allá de ésta frontera la vida era muy peligrosa y
dentro de ellas la inseguridad era constante. La agricultura no era posible.
Por otro lado, el medio de transporte fue una valla tan
poderosa como los indios para el avance agrícola. Hasta 1870, la carreta fue el
principal medio para transportar cargas. Manchaban con seis bueyes de tiro y
eran apropiada para llevar cueros, vellones y carnes a distancias de 30 a 120 km. hasta la costa
rioplatense. Las cargas voluminosas como maíz o trigo o productos perecederos
como frutas y hortalizas, no convenía para medio tan lento y reducido.
A su vez, la carreta jamás hubiese contribuido a que tales
rubros se expandieran no a que fueran productos de exportación. Para ir de
Rosario a Córdoba, las carretas tardaban un mes; de Buenos Aires a Córdoba 3 o
4 meses. Así los costos eran altísimos. Resultaba mucho más caro transportar
una tonelada de carga de Buenos Aires a Salta, que de Buenos Aires s Liverpool.
Hacia 1870, el transporte ferroviario costaba menos de la décima parte que el
de la carreta.
De modo que los cultivos existentes se limitaban a tierras
contiguas a las ciudades, en pequeñas parcelas según la tradición europea. Pero
la producción de ellas era insuficiente; el pan escaseaba en la llanura
rioplatense y los precios de leche, huevo, verduras y manteca eran más altos
que en Europa.
Otros obstáculos para la introducción de cultivos era la
psicología del criollo. Si se quedaba en los pueblos se convertía en
comerciante, según la oportunidad y sus posibilidades. También podía ser
asalariado de algúna industria “rudimentaria”. Los pobladores del campo se
dedicaban a las tareas ganaderas en las estancias, y por lo general, antes de
permanecer mucho tiempo en una, preferían ir ofreciendo sus servicios, por
distintas zonas. A la mayoría de los criollos no se les ocurría labrar la
tierra. La economía pastoríl resultaba natural para ellos, así fueran
estarcieron, abogados, comerciantes o gauchos.
El ferrocarril resultó rápido, barato y de gran capacidad en
relación a la carreta. Su incorporación a la pampa significó el necesario
cambio tecnológico para posibilitar una agricultura creciente.
El primer ferrocarril instalado en 1857 fue un sobreviviente
de la guerra de Crimea con recorrido de 10 km, desde Buenos Aires hasta San José de
Flores. En 1870, se instala el ferrocarril central Argentino que unía Rosario
con Córdoba.2
Una vez suprimida la amenaza de los indios, el ambiente de
la pradera pampeana comenzó a ser propicio. Pero el efecto del ferrocarril
resultó aún más contundente que la paz conquistada. Las vías férreas fueron
conductor y soporte de la incipiente agricultura extensiva, y un incentivo más
para la ganadería. Donde llegaba el ferrocarril los productos, ya fueran
agrícolas o pecuarios adquirían, más valor, y los agricultores y su trigo se
aventuraron a más de 30 km.
de cada pueblo. La década del ´80 señaló un período de rápida expansión para
los ferrocarriles; ellos significaron mucho en el auge económico general,
verificado en los últimos 15 años del siglo pasado.
Hasta 1870, había 770 km. de vías; en 1880, 2.500 km. y 12.500km. en
1891.
Además del ferrocarril y de la ausencia de indios, la
formación de colonias fue decisiva para el trigo extensivo. Los primeros
intentos de colonización estuvieron a cargo de Rivadavia en 1825. Pero los
hechos civiles impidieron la prosperidad de pequeños grupos de colonos
escoceses, ingleses y alemanes traídos ese año.
Durante la época de Rosas la inmigración europea continuó,
pero no resultó significativa para la agricultura. A Rosas no le interesaba
para nada la colonización agrícola.
En 1856, se funda la colonia de Esperanza a 35 km. de Santa Fe,
considerada líder en su tipo. Al poco tiempo se fundan otras en el centro de la
provincia y en Entre Ríos. El constante aumento de la población urbana que traía a Europa el gusto por el
pan, aumento su demanda y mantuvo los precios elevados. En Argentina, a
principio de los años sesenta seguía siendo un importador neto de trigo.
En la provincia de Santa Fe la actividad no tenía demasiado
arraigo, de modo que vacunos y lanares no quitaron espacio ni oportunidad a la
agricultura.
Esa fue la causa para que esa zona se convirtiera en un polo
de desarrollo agrícola, ni bien tuvo recursos humanos adecuados. Pero así y
todo la colonización en los años sesenta fue lenta, le faltaba un transporte
acorde.
El ferrocarril llegó a Santa Fe en 1870 y en los años
siguientes se fueron fundando más colonias a lo largo de las vías. La distancia
entre Santa Fe y los consumidores de trigo se había achicado notoriamente.
En sus primeras etapas, la agricultura de relevancia
significó trigo. Las colonias se fueron en Córdoba con los inmigrantes que ya
no podían absorber las de Santa Fe. El trigo aumentaba en forma proporcional a
las colonias. En 1871 sale un pequeño embarque hacia Paraguay, en 1872 y en 1873 a Bélgica, y a
Inglaterra en 1874. En 1878 la exportación de trigo superó a la importación.
El trigo y los
intereses ganaderos
No obstante, el auge de las colonias no alcanzó para
modificar decisivamente a la economía argentina. Los intereses ganaderos tenían
en la provincia de Buenos Aires un baluarte intacto. Pero fueron precisamente
esos intereses los que introdujeron a la agricultura en la zona de pastoreo.
Alrededor de 1890, el mejoramiento vacuno en base a toros
británicos estaban en pleno desarrollo, y la alfalfa fue cobrando importancia
como alimento necesario para animales de mejor calidad. Además, el ferrocarril
estimuló este proceso, pues agilizó el comercio de lanas, cueros y carnes.
Para progresar en el mejoramiento de la hacienda, a los
ganaderos se les hizo fundamental contar con buenas pasturas, pero se
encontraron sin implementos, sin experiencia y, sobre todo, sin la menor
predisposición para sembrar y roturar. La mano de obra para estas labores eran
muy cara y escasa. Entonces surgió como solución el sistema de arrendamiento
para agricultores inmigrantes. El contrato era por tres años, y establecía la
condición de que al cabo de ese tiempo, debía quedar implantado un alfalfar en
el campo.3
Si algún agricultor exportador de los últimos años del siglo
pasado hubiera podido observar las especulaciones financieras de los años
1980-1985 período de inflación, se asombraría de encontrar después de casi 100
años, el mismo descenso diario de moneda argentina. Pero suspiraría aliviado.
La indexación no fue invento de sus tiempos. Las características estructurales
del papel moneda argentino, tendieron a estimular la expansión agrícola en
medio de la depresión económica presentada a comienzos de la última década del
siglo. En 1885, la moneda tuvo su respaldo sobre la base del patrón oro, pero
no lo tuvo más en poco tiempo. El valor del peso papel fluctuó constantemente y
se lo determino en base a la cotización del oro. Desde los años 80 la tendencia
era inflacionaria, y según la oposición política de aquel entonces, el gobierno
estimulaba la inflación con emisión deliberada y hasta ilegal de papel moneda.4
Por esos tiempos, el productor triguero tal inflación le
multiplicaba rápidamente sus ganancias. Ese papel moneda emitido con tanto
entusiasmo, le permitía al productor pagar sus gastos depreciados, mientras que
por sus exportaciones a Europa, recibía oro o su equivalente.
Desastre del
monocultivo
Si bien cada tonelada de trigo exportada rendía brillantes
ganancias, la situación real del productor era bien deslucida y cuando no,
angustiosa. Así como el criollo tenía su particular manera de ver las cosas,
los inmigrantes tenían la suya, basada en antiguas costumbres europeas, las que
se volvieron muy limitadas al transplantarlas a un medio totalmente diferente.
Ya por el año 1880 – o aún antes – aparecen los primeros
antecedentes de suelos agotados y de los desastres del nomocultivo. Pero los
agricultores se lanzaban a la siembra de trigo con fanatismo. Razonaban en una
dirección: con 200 o 300
hectáreas de trigo ganaban 5 veces más que con 50 o 60 hectáreas. Les
faltaba considerar la frecuencia de cosechas pobres o pérdidas totalmente a
causa de sequías, langostas, tizón, roya, granizo, vuelco. Apostaban todo el
campo al trigo y luego esperaban los sucesos. Si eran malos, - funestos incluso
– se resignaban a esperar mejor suerte en el año próximo. Si la tenían, podían
cubrir las pérdidas del año anterior. Y sino, las dificultades económicas
podían llegar incluso a la ruina total.
Estudios de la época habían determinado que la chacra ideal
era de 65 hectáreas,
de las cuales 60 se podían repartir entre pasturas, trigo, trébol, porotos y
mezcla de trigo y trébol.
De esta forma era posible reparar los riesgos con pérdidas
pequeñas en años malos. Pero el agricultor no lograba ver este lado de la
cuestión.5
Es necesario subrayar que el agricultor arrendatario no
tenía opciones. El terrateniente determinaba que cultivaba, donde trillar el
trigo y dónde venderlo. Las casas permanentes, huertas, frutales, despertaban
una fuerte oposición en el dueño de la tierra, pues para él eran más que
obstáculos en las tierras determinadas a futuros pastorales.
Impulso
importado
Se puede decir que la Argentina agrícola se inició a instancias de un
impulso importado. Desde luego que el esfuerzo y el trigo europeos no lo
hicieron todo, pues el país aportó la oportunidad y el espacio necesario. Esto
no significa que el país no tuviera otra cosa, pues entre otros existía el maíz
como cultivo – un obsequio que América le hizo a Europa – pero las condiciones
históricas determinaron que el destino agrícola argentino se iniciara con
brazos extrajeron y con el trigo, “un obsequio que Europa le hizo a América”.
Como resultado, se partió de una pampa agrícola inexistente
en 1850 y se llegó a más de seis millones de hectáreas sembradas en 1910. El
maíz no estuvo ausente. En seguida encontró su lugar en el norte de la
provincia de Buenos Aires y en el sur de Santa Fe, y en 1910, había mas de 3
millones de hectáreas maiceras. Pero tradición de los inmigrantes hizo del
trigo el pionero y el que ocupó siempre la mayor superficie.
El Trigo
El trigo vino a América con Colón en 1493. Por lo menos eso
es lo que se infiere, según referencias en cuanto que la tripulación del
segundo viaje contaba con trigo para elaborar galletas, y se da como probable
que parte de esa semilla fue sembrada en suelo americano. Las variedades
introducidas eran de Italia, Francia, Hungría y Rusia.
El trigo interesaba también al Uruguay. En 1912, Alberto
Boerger pionero en la investigación agrícola uruguaya, inició en el
departamento de Cerro Largo el mejoramiento del trigo, proseguido más tarde en
el departamento de Colonia junto a Enrique Klein.
En la
Argentina y por iniciativa oficial, en 1913 comienza su
actividad el genetista Williams Backhouse en la Estación Experimental
de Pergamino.6
Por su parte Enrique Klein prosigue en su propio criadero de
Alberti, provincia de Buenos Aires, sus estudios en la Estación Experimental
La Estanzuela
de Colonia. Lanza al mercado la primera variedad mejorada de origen uruguayo.
Su performance productiva fue netamente superior a la de las variedades
introducidas y así se vio claramente la consecuencia de estas latitudes para
estas latitudes. Pero favorito tenía el inconveniente de ser de mala calidad
industrial. Esto constituyo un factor de desprestigio para la variedades
nuevas.
Mientras tanto W. Backhouse en Pergamino, seguía la búsqueda
de trigo resistente a la raya de la hoja pues era uno de los mayores problemas
del cultivo. Estas investigaciones dieron lugar a una de las variedades que más
persistieron. La misma se logró por el cruzamiento de una variedad local, con
una variedad china resistente a la raya. Se difundió a partir de 1927 y tras
estar 30 años en plaza, se retiró del mercado.
Si bien no había dudas en cuanto a la conveniencia de los
trigos mejorados, presentaron igual algunos inconvenientes. Es posible que el
entusiasmo haya sido el responsable de algunas variedades que se divulgaron sin
la suficiente experiencia, los resultados inciertos se sucedieron y la
confusión ganó a muchos productores. Por otro lado, hacia 1930 las cosechas
eran sumamente voluminosas y exigían soluciones urgentes. en 1935 se creó el
Tribunal de Fiscalización de Semillas cuya acción constituyo el complemento
ordenador que le estaba faltando al mejoramiento triguero.
Los resultados no tardaron; ya en 1937, la calidad comercial
e industrial de las cosechas así como sus rendimientos, se notaban
sencillamente superados.
En la formación de variedades mejoradas, tuvieron gran
importancia algunos progenitores, que dejaron a sus descendientes la gran
capacidad de adaptación al ambiente argentino. Uno de ellos fue el cruzamiento
IX realizado por Enrique Klein en La Estanzuela, entre las selecciones Barletta 7 d,
procedente de una población de Entre Ríos y una selección de trigo uruguayo
denominado 44 d. Este cruzamiento figura en la ascendencia de más de 48
variedades argentinas. Otro tanto puede decirse de la variedad 38 ma, que fue
progenitora de Klein Cometa, un trigo que en 1955 representó el 51% de la
producción total del país.7
El maíz híbrido
El maíz también era mejorado. En la Estancia Experimental
de Pergamino, el doctor T. Breggaer asumió la dirección de los trabajos de
mejoramiento del maíz de 1926. Por su parte, la Facultad de Agronomía y
Veterinaria de Buenos Aires en su Intitulo de Genética, también se ocupó del
maíz. En 1945, el Intitulo Experimental de Investigaciones Agrícolas de Santa
Fe presentó el primer híbrido doble de maíz colorado duro criado en el país y
difundido con el nombre de Santa Fe Nº . A éste le siguió Pergamino Nº 2.
Durante 1946 y 1947 se crearon establecimiento privados dedicados a la
producción de híbridos.
Sorpresiva
importancia del maíz
El maíz, a la zaga del trigo en cuanto a espacio ocupado,
adquiere una sorpresiva importancia como producto exportado. Las 4.800.000
toneladas enviadas al exterior en 1912
significaron un salto sideral si se las compara con las 125.185 toneladas exportadas
un año antes. Por lo menos hasta fines de la Primera Guerra
Mundial se mantiene primero, si bien el trigo se le acerca con suerte variable
según los años.
Durante los años ´20 sigue la puja con volúmenes oscilantes
pero sin sorpresas. En 1927 se vende por primera vez mas de 8 millones de
toneladas de maíz y en 1931 se superan los 9 millones de toneladas. Durante
esos años, las ventas de trigo no son tan voluminosas salvo en 1929 en que se
exportan más de 6 millones de toneladas. El maíz vuelve a los 9 millones de
toneladas recién en 1937 para declinar notoriamente hasta 1945, período en el
cual sus ventas quedan por debajo de las trigueras.
Lino
Las primeras siembras de lino en la Argentina datan de 1800
en las cercanías de la ciudad de Buenos Aires. Aún antes en una Quinta de la Recoleta en 1748, el lino
sembrado tiene el fin de producir aceite. A partir de 1880 se expande como
cultivo oleaginoso, y se extiende por la provincia de Buenos Aíres y luego a
las de Santa Fe y Córdoba.8
Por su condición de oleaginoso, el lino fundamenta una industria
aceitera muy amplia desarrollada durante la Segunda Guerra
Mundial. Siempre hubo interés en industrializar la fibra desperdiciada en la
paja de los rastrojos. Las primeras empresas orientadas a procesar la fibra se
establecieron a principios de siglo sin mayor éxito. En el período anterior a
la última guerra se intenta el cultivo de lino como planta textil actividad que
se incorpora a la economía del país con la instalación de hilanderías, cuyo
productos estaban destinados al mercado interno.
Alrededor de 1930 se advierte un marcado progreso
tecnológico en el cultivo y en la industria textil. Es en esa década que las
exportaciones de lino representaron entre un 75 y un 80% del total de lino
comercializado en el mundo. En el espectro interno, era el tercer cultivo en
orden de importancia después del maíz y el trigo.
Antes de 1940, la cosecha anual argentina oscilaba entre el
millón y medio y los dos millones de toneladas, y varias veces fue superior a
la de los Estados Unidos, con 368.000 toneladas en 1935. Pero a partir de 1939,
la unión tuvo que intensificar forzosamente la producción de oleaginosos, y de
importadora pasó a ser exportadora de aceite de lino. Semejante cambio, tenía
que afectar necesariamente a la
Argentina, cuya exportaciones se dirigían con preferencia a
los mercados que ahora tenía su nuevo competidor.
Hasta 1945, el lino ocupó en la Argentina el tercer
lugar en cantidades de hectáreas sembradas. Se destino era la exportación de
semillas en su casi totalidad, pues la producción carecía de importaciones.
Girasol y Sorgo
El girasol se origino en la región central de los Estados
Unidos. Los girasoles cultivados por indios americanos se introdujeron en
España en el siglo XVI como planta ornamental.
En la
Argentina, se lo introduce a mediados del siglo XIX, y se fue
utilizando en su primera etapa como alimento para las aves del corral. A partir
de 1900 se lo utiliza como alimento pata las colonias israelitas que se habían
establecido en zonas de Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos. A partir de 1920
se inicia su industrialización, llegándose a exportar pequeños volúmenes de
aceite. Es a consecuencia de la Segunda Guerra Mundial que se produce su mayor
expansión. El crecimiento del área de siembra se debe a la afirmación de la
industria del aceite comestible en el país, dada la imposibilidad de importar
aceite de oliva de los países europeos. También influyó el aumento de la
población y su nivel de vida. Otra razón para su expansión es la ventaja que
ofrece la especie como oleaginosos, en relación a la lenta evolución productiva
de los olivares nacionales y su mejor adaptación a las condiciones y
variaciones climáticas en relacione al maní.
Después de la Segunda Guerra Mundial y como consecuencia de una
política de bajos precios se produce una notable disminución de su áreas de
siembra que lega a su punto más bajo entre 1952 y 1955, a partir de este
último año, el cultivo se ha mantenido con excepción del periódo1962/64, por
arriba del millón de hectáreas.[103]
Los sorgos son considerados en su mayoría de origen africano
y parte asiático. En esos continentes, los sorgos han figurado como las plantas
más alimenticias, y se han cultivado desde la más remota antigüedad.
La difusión y cultivo de los sorgos se ha cumplido en la Argentina en tres
etapas. La primera va desde 1916 hasta 1948. La segunda arranca en ese año y se
extiende hasta 1957. Y la tercera va desde ese año hasta el presente.
En la primera etapa, los cultivos eran hechos con semillas
de sudán y kafires, todos de alto porte. Este conjunto presentaba un sinfín de
plantas no uniformes en altura y madurez, circunstancias que dificultaban la
cosecha y la hacían antieconómica.
En la segunda etapa, se produce la primera gran defunción de
los sorgos en el país, que coincide con la introducción en los Estados Unidos
de variedades enanas de sorgos graníferos muy uniformes y fáciles de cosechar.
En la tercera etapa, se inició con la introducción de
semilla híbrida en escala comercial. Esto determinó un gran despliegue de
actividades en empresas extranjeras y nacionales.[104]
En los últimos 25 años, la evolución tecnológica en el
sector agropecuario, contiene avances decisivos. Los mismos, no sólo
determinan, mayores rendimientos en los cultivos económicamente más
importantes, sino que se constituyeron en sí mismos, fuente de nuevas
conquistas tecnológicas. Obviamente, el aprovechamiento de esas fuentes y el
seguimiento de sus posibilidades se dan principalmente en los países
desarrollados. Salvo casos aislados, el impulso y los estudios básicos para la
innovación vinieron del exterior. A continuación, los centros tecnológicos del
país – INTA, ministerios provinciales, universales – se encargaron de
desarrollar esos estudios de acuerdo a las características particulares de las
diferentes regiones agropecuarias.
Se puede decir que hay un avance tecnológico – variable
según los casos – para todos los cultivos de importancia económica, pero donde
el avance se volvió decisivo fue en maíz, sorgo y girasol con la creación de
híbridos, el trigo con la introducción de germoplasma mexicano, y en soja,
como, nueva incorporación a la lista de rubros importados más importantes.
Ahora bien, al analizar los cultivos afectados en cuanto a
calidad, rendimiento, potencialidades, cabe preguntarse qué paso con la onda
expansiva de los hallazgos tecnológicos, que en otros países provocaron cambios
visibles en sus producciones agrícolas y en sus economías. En la Argentina dicho impacto
se reflejó más que nada en un gran distanciamiento entre rendimientos posibles
y rendimientos reales. Los primeros se ven en las parcelas experimentales y en
establecimientos aislados. Los segundos se observan en los rendimientos
promedios nacionales y provinciales, que si bien se encontraron para algunos
cultivos en las últimas dos décadas, los mismos no fueron espectaculares.
En la
Argentina, el desarrollo comercial de los híbridos de maíz,
comienza en los años ´40. En realidad, desde muy antiguo, el hombre había
observado los efectos de la heterosis, tanto en las plantas como en los
animales. Es decir, los hijos de padres bien distintos eran más vigorosos. De
ahí que a ese efecto también se lo conoce como vigor híbrido.
En maíz, la investigación científica de líneas puras, bien
diferentes entre sí, y el resultado de cruzarlas se inició a principios de siglo
en los Estados Unidos[105].
Al principio se obtuvieron híbridos simples, dada la escasa producción de las
líneas endocriadas en cuanto a semilla. En 1919 surgieron los híbridos dobles,
y ahí sí, fue posible el desarrollo comercial de la heterosis.
La ventaja principal que ofrecen los híbridos es su mayor
rendimiento. Pero también llevan incluidos un trabajo de adaptación a las
condiciones ambientales. Dicho trabajo se realiza mediante la selección por la
resistencia a enfermedades, plagas, factores climáticos.
Las semillas híbridas han tenido consecuencias decisivas
para la actividad de los establecimientos. Cada hectárea cosechada dio más
quintales. La media de la década del sesenta y la de los ochenta, sufrieron un
aumento del 63%. La mano de obra se volvió más productiva. En los años ´60 para
producir un quintal de trigo se necesitaba 38 minutos/hombre[106].
Para 1984, ese tiempo se había reducido a 14 minutos.
Aquí se puede inferir que el impacto fue más producto en la
productividad de la mano de obra que en la unidad de superficie. Actualmente,
en 38 minutos un hombre casi triplica la cantidad de grano producido, pero una
hectárea no llega a duplicar la producción.
Sin embrago, el potencial genético de esos híbridos, da para
multiplicar varias veces los rendimientos desde la segunda década del siglo. Se
advierte que el promedio nacional de los años ´80, sólo duplica a aquellos.
En éste sentido se puede afirmar que condicionantes
económicas y políticas determinaron que la tecnología se aplicará a medias.
Esto se advierte en maíz y en los demás cultivos, por lo que el comercio
correspondiente irá después de la presentación de soja y trigo, que son los
cultivos más ilustrativos en ese punto.
Soja
La soja se cultiva desde hace milenios en la China y otros países orientales.
A la Argentina
llegó en 1930 pero no entusiasmo a los productores, porque las malezas y las
plagas dejaban muy poco para cosechar. Por experiencia ahora productores y
técnicos saben que si la soja no prosperaba era porque le faltaba la técnica del
cultivo adecuada. Este enfoque debió ser el que motivó a los titulares de la
cátedra de Cultivos Industriales de la Facultad de Agronomía y Veterinaria de la Universidad Nacional
de Buenos Aires – Ingenieros Carlos Remusi y Antonio Parcela – a iniciar la
investigación de la especie, bajo condiciones ecologías argentinas. Tales
estudios comenzaron en 1958. Por ese entonces la soja era un rubro de
movimiento comercial considerable a nivel mundial.
Los ensayos se sucedieron en numerosos lugares del país, hasta
1964 en que los mismos se amplían. Se va confeccionando un mapa fenológico y a
poco se van ajustando todas las variables de manejo que exija el cultivo. Desde
la variedad más adecuada para cada zona, condiciones de semillas, condiciones
de suelo y humedad, control de malezas y plagas. En 1970 se creó la Comisión permanente para
el fomento para el cultivo de la soja, con la finalidad de canalizar esfuerzos
para su estudio y para concretar precios, provisión de insumos e interesar a
sectores industriales.
En 1976 se creó la comisión para el conocimiento de la soja
en la alimentación humana. Estuvo integrada por nutricionistas, ingenieros
agrónomos, médicos, industriales, e interesados en conocer a la especie desde
ese aspecto. La crisis industrial de los primeros años 80´, y algunos
desencuentros internos dejaron son efecto en 1981.[107]
En 1976, la soja es el nuevo rubro que se agrega a la lista
de exportaciones importantes con un volumen pequeño (76.000 toneladas). Al año
siguiente la Argentina
exporta un volumen nueve veces mayor. En 1980, la Argentina ya es el
cuarto productor de soja y el segundo exportador después de los Estados Unidos.
Un despegue tan vertical y acelerado se puede explicar,
analizando las bases tecnológicas en que se apoyo este cultivo. Los trabajos de
la Cátedra de
Cultivos Industriales de la
Universidad de Buenos Aires (UBA) y de los organismos que se
incorporaron después – INTA, Facultad de Agronomía, de Tucumán y Corrientes –
lograron despejar al cultivo de malezas y plagas convirtiéndolo en uno de los
más prolijos y productivos. El conjunto tecnológico logrado, estuvo disponible
para productores que lo adoptaron completo.
Cabe preguntarse si la tecnología existe para trigo, maíz
fue menos accesible en todos éstos años. No. Pero ocurrió que entre los
cultivos citados y las nuevas técnicas que fueron apareciendo se interpusieron
de manera variable la costumbre y la tradición. En la soja no existió ese
espacio. Cuando se difundió la hizo pegada al paquete tecnológico, de modo que
el producto incorporó cultivo y técnica, como un todo invisible.
A su vez, la tecnología de la soja tuvo su fundamento en la
rentabilidad. Del mismo carecieron casi siempre el trigo y el maíz, o por lo
menos cuando la hubo, ésta no fue brillante como para promover el uso de
fertilizantes.
Una de las características de la soja es que su tecnología
los excluye, por lo menos en lo que a producto nitrogenado se refiere. Ese
espacio lo ocupan los inoculantes, insumo imprescindible para que la soja
produzca su propio nitrógeno y deje un remanente en el suelo.
En un primer momento, este insumo se importó, pero desde
hace 7 años, se lo produce localmente y su uso es económicamente accesible.
El productor dispone de información suficiente sobre las
variedades más apropiadas para su zona y el momento y modo de cultivarlas.
Todas son de origen estadounidense, pero en el suficiente trabajo de
aclimatación, según las dificultades características fenólogicas de cada una de
ellas. El productor también dispone de semillas de calidad, resultantes de la
multiplicación de las variedades introducidas y se originan en Universidades o
estaciones experimentales oficiales o en criaderos privados.
Es fácil advertir el poco tiempo que hubo en desarrollar
cultivares e investigarlos exhaustivamente, dada la acelerada expansión. En
éste sentido, el INTA ha sido la primera institución en registrar cultivares.
Por otro lado, la soja le da al productor la posibilidad de
aprovechar semilla de su propia producción, dado el carácter autogámico de la
especie, que le permite conservar su pureza varietal a través de sucesivas
generaciones. En ese sentido, la producción de semillas de soja como negocio no
es nada brillante comparado con el de las semillas de híbrido.
Hasta aquí hemos expuesto los aspectos tecnológicos
derivados de la propia naturaleza de la especie. A éstos hay que sumarles los
concernientes a condiciones externas de las plantas. Ellos tienen que ver con
el control de malezas mediante agroquímicos eficientes, control de insectos y
maquinaria adecuada. Tales factores culturales ya estaban al alcance del
productor a partir de mediados de 1975. La Comisión Permanente
para el Cultivo de la Soja,
se encargó de efectivizar la importación trifluoralina, el herbicida de
presiembra que se popularizo rápidamente. Más tarde estaban en el mercado otros
productos sobre todo de post-emergencia[108]
que aseguraban un control total de malezas.
En cuento a la maquinaria, la cosechadora de plataforma
flexible[109]
permitieron una recolección eficiente. Además el resto de las maquinarias
requería por el cultivo, también tenía su propia evolución, en cuanto a la
procesión de las tareas y a la celeridad de las mismas. Ambas maquinarias y
fundamentalmente agroquímicos se constituyeron en el complemento imprescindible
para desatar lo que después pasó a ser además, un slogan comercial: “el boom de
la agricultura”.
Para 1976, era visible el uso diferente que se hacía en la
región maicera, es decir, el norte de la Provincia de Buenos Aires y el sur de la Provincia de Santa Fe.
Como único cultivo, la soja ocupo un 20% de la superficie tradicional destinada
a maíz.[110]
Como cultivo de segunda siguió el trigo en números establecimientos de la zona
y convirtió a la rotación trigo-soja en una practica de gran rentabilidad. Si
bien no existen datos estadísticos, dicha rotación fue otro éxito agrícola de
fines de los años 70´y comienzos de los 80.
Sin embargo para 1983, muchos productores advertían el
desgaste de los suelos sometidos a un uso tan intensivo.[111]
Según la disertación brindada por el ingeniero Carlos
Sinegalezzi en la
Asociación de Cooperativas Argentina, muchos productores,
estaban abandonando la rotación trigo-soja, y volviendo al maíz como único
cultivo en el año, porque el suelo no les respondía. Al año siguiente rotaban
con soja. El disertante afirmaba: “Tenemos que desturbar lo menos posible el
suelo, dejar los residuos en superficie, captar el agua de lluvia, que no se
escurra. No Es fácil. Pero en eso creo que se va a basar el éxito de que
podamos mantener una agricultura prolongada con un nivel de productividad
bueno. Debemos evitar que el suelo se siga degradando como está ocurriendo
ahora”.[112]
En este sentido, el INTA trabaja en estudio sobre labranzas
conservacionistas, como labranza bajo cubierta, labranza reducida y siembra
directa, en control de malezas con herbicidas.
La aparición de la soja significó un aporte muy trascendente
a la agricultura argentina. Las contribuciones son numerosas. Una de ellas es
el mejoramiento del suelo dada su condición de leguminosa. Facilita de alguna
manera el control del sorgo de Alepo y del gramón.
Pero lo más importante, es que demostró la estrecha relación
entre la rentabilidad de un cultivo y la incorporación de tecnología. Dado un
buen precio y un mercado seguro, el área sembrada de 1973 se multiplico por
seis en 8 años.
La rentabilidad de la soja en relación a la de los demás
cultivos se puede comparar, cotejando los respectivos márgenes brutos. Otra
manera de hacerlo, es establecer para cada cultivo la cantidad de quintales
necesarios para adquirir insumos.
Trigo y girasol
El mejoramiento del trigo fue incesante a partir de la
iniciativa de los genetistas citados en la parte correspondiente a su
introducción.
En los primeros años 60, aparece un cambio importante en la
introducción de germoplasma mexicana. En el país, es el INTA, el que inicia los
trabajos de investigación con dicho material genético y es el que mantiene un
fluido contacto con el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo
(CIMMYT). Como las regiones trigueras son varias, y cada una tiene sus propias
características ecológicas, el INTA se vio ante una vasta tarea, imposible de
abarcar en un tiempo razonable. Es así que dedica sus esfuerzos a la zona
triguera que comprende el sur de Santa Fe, norte de Buenos Aires, este de
Córdoba (Región triguera norte). Las empresas privadas como Buck y Klein
(nacionales) trabajan en la creación de variedades con germoplasma tradicional
para la región triguera sur.
En general se puede advertir un rendimiento mayor de las
variedades con germoplasma mexicano, cultivadas en sus zonas optimas. En tanto,
las variaciones genéticamente tradicionales se comportan mejor en zonas
marginales. Además dichas variedades en ningún momento se descuidaron.
Sin embrago, el progreso en este sentido se puede medir, en
kilos de granos cosechados por hectárea y en posibilidades productivas, de gran
impacto económico para el productor, como fue el doble cultivo anual trigo-soja
ya comentado. Aún queda por resolver, la baja calidad panadera del trigo argentino,
que se hace más notoria –lamentablemente- en años de mayor rendimientos.
En cuanto al girasol la innovación más importante ha sido la
creación de híbridos. Aquí también se dieron las ventajas de la heterosis, como
mayor rendimiento, mejor resistencia a las plagas, enfermedades, y variaciones
climáticas. Se puede decir que dicha innovación, sacó al girasol de los
potreros más pobres y se lo ascendió de categoría, con la incorporación de
semillas híbridas, y técnicas de siembra y de cultivos acordes.
Nuevas tecnologías
Si se considera globalmente la incorporación de tecnología a
los cultivos sucintamente reseñados el progreso ha sido muy importante en
cuanto a rendimientos en condiciones experimentales y en establecimientos de
avanzada. Se habla de la ausencia de los fertilizantes como una de las causas
de que los promedios nacionales no reflejan el impacto de la tecnología
disponible.
Muchos son los factores que inciden en la aplicación y en el
desarrollo de tecnologías. En la
Argentina son de diversa índole e interactúan entre sí. Son
económicos, financieros, políticos, estructurales, que se originan dentro y
fuera del país.
Lo cierto, es que la tecnología se aplicó a medias, y si
bien el productor le brindó mayores posibilidades técnicas y operativas no lo
sacó del nivel económico fluctuante en los últimos 20 años. Para encontrar una
gran diferencia en la situación actual del productor hay que remitirse a las
primeras de éste siglo, según se describió en el inciso a).
El cambio sustancial se concreta cuando tractores y
cosechadoras se generalizan. Después se suceden más cambios graduales en las
tareas del campo en el mejoramiento de las máquinas según se verá en el
capítulo III.
En materia de producción de alimentos, el mundo ya ha dado
un nuevo salto tecnológico con la biotecnología y la ingeniería genética. En la Argentina ya se están
abordando esos campos, y así debe ser, para incorporar y adoptar
inmediatamente, igual necesita la información de lo que ocurre en el exterior
en materia tecnológica, aunque más no sea para “saber de que se trata”.
Mientras tanto, la tecnología, aún esta por aplicarse como un todo.
La biotecnología es considerada como parte del actual
desarrollo explosivo de la información. Es más, la transferencia de información
genética es muchisimo más compleja, más acabada y más fructífera, que la
tecnología de las computadoras y que todos sus sistemas de codificación. Los
descubrimientos sobre dicha transferencia son espectaculares y variados, pero
aún la naturaleza se reserva muchos mensajes cifrados.
En el tema de biotecnología se hacen trabajos desde hace
años y se está en la formación de recursos humanos. Con ese fin, el INTA envió
profesionales al exterior. Uno de ellos estudia ingeniería genética en
Copeahague, y otro a Munich para familiarizarse con el manipuleo de plantas
bajo condiciones de las nuevas tecnologías.[113]
La ventaja de la biotecnología sobre la trasferencias
naturales de información genética es la velocidad.
El INTA ya tiene estudiadas las técnicas propuestas en el
exterior. Con el cultivo de anteras se consigue cultivar gametos masculinos de
las plantas.
En probetas o en tubos adecuados y en medio del
correspondiente material nutritivo, esas células se multiplican, forman un
callo primario y, después la planta entera. También se esta tratando de
cultivar células femeninas, pero con ellas todavía quedan cosas por resolver.
Todas estas técnicas están en desarrollo y aún encierran algunas dificultades.
Las anteras a cultivar se eligen de una planta resultado de
un cruzamiento. Las gametas de la primera generación o filial uno –F1- ya
tienen los caracteres recombinados. El cultivo de las mismas produce obviamente
células haploides, es decir que tienen una sola dotación de cromosomas. Con las
duplicación de los mismos, se consigue un planta normal, una vez regenerada. En
una sola generación se consigue el mismo resultado, que con los métodos
tradicionales demandaba de 8 a
9 generaciones, según la secuencia referida más arriba. En el INTA Castelar se
toman las anteras para cultivos al años siguiente, es decir, en equivalente a
lo que sería la F2.
El ingeniero Edward Favret, Jefe del Departamento de
Genética del INTA de Catelar, ha explicado las dificultades que representan
estos trabajos. El planteo es fácil. Pero el cultivo de anteras no es muy
eficiente por el momento, enfatiza el ingeniero Favret. Muy pocas anteras
producen callos y no todas regeneran plantas. Muchas de ellas no sirven porque
son defectuosas, no tienen clorofila, y mueren después. De modo que el número
de plantas logrado es muy bajo. Cuando la eficiencia es pequeña se recurre a la
gran escala.
Hay plantas que se presentan muy bien a la técnica como el
tabaco, donde la eficiencia es lata. En general se logran más plantas en
dicotiledóneas que en monocotiledóneas. “Y es justamente en gramíneas y
cereales donde nosotros estamos más interesados” subraya el ingeniero Favret.
La recolección de anteras en el momento preciso, determina
que en un lapso muy breve del año haya mucho trabajo. Las plantas son muy
exigentes en cuanto ala período de floración. No florecen hasta tanto no se
hayan cumplido las condiciones del fotoperíodo.
En plantas de días largos como el trigo, la tarea se puede
facilitar in tanto. Si el trigo se lo pone a un régimen de luz continua, la
planta florece cuando uno quiere, y se obtienen varias generaciones en un año
son moverse del lugar. Cundo se decide manejar artificialmente el fotoperíodo,
agregar luz no es un problema. Pero quitar luz, para las plantas de día corto,
ya es más complicado. Se necesitan mucho espacio para encerrarlas.
“Las cámaras de crías que tenemos en el Centro son
relativamente pequeñas. Con ellas se han conseguido tres generaciones por año
en cereales de primavera”.
El INTA estudia las tecnologías que se producen fuera del
país, para ver si pueden funcionar para nuestras condiciones.
El segundo propósito es tratar de producir tecnología
propia. Se busca preparar personal a muy alto nivel, porque hay muchos tópicos
en los cuales Argentina tiene chances de competir.
Señala el ingeniero Favret que en el caso del maíz, el
Centro ha desarrollado una metodología de formación de líneas. El método busca
mantener en ellas la variación genética que pueden contener. Uno de los
problemas del mejoramiento de plantas, es que con él se va agotando la
variabilidad genética. “El método desarrollado por nosotros trata de subsanar
ese problema”.
Otra mata importante a resolver es tratar de acotar el
tiempo que lleva la aptitud combinatoria. El mismo representante en término
medio, el 75% del costo de la producción de híbridos. Hasta ahora para
conseguir un buen híbrido, no hay más remedio que probar líneas, ver cuales son
las mejores, y cuales de ellas se combinan mejor entre sí. Es el método de
prueba y error. “Si tiene buena combinatoria mejor entre sí, consigue un buen
híbrido”, señala el ingeniero Favret.
La selección de líneas en todo el país es muy poco
frecuente. Hay muy pocas líneas productivas por cantidad de trabajo.
Un tema de gran interés es la multiplicación vegetativa
cuando se tiene un buen material. El INTA recién comienza esos estudios. Se
comenzó, con el cultivo de tejidos para librar a las plantas de algunos virus.
De esta forma se puede recuperar una planta sana de una enfermedad. Es
importante en flores y citrus, o sea en plantas que tiene graves problemas de
ataques de virus.
A partir de esta experiencia, el INTA está considerando la
posibilidad de hacer la multiplicación vegetativa en plantas que tienen una
generación muy larga. Es el caso de los frutos y de las especies forestales.
La ingeniería genética se desarrolla a partir del momento en
que se podía pasar del material genético o ADN de una especie, a otra especie.
Los principios en que se basa la inserción de genes foráneos son los mismos,
independientemente de que las células sean de origen vegetal, animal o
bacteriano.
El INTA de Castelar aún no hace este tipo de trabajos. Se
está en los preparativos. Las endonucleasas de restricción son importantes y
caras por consiguiente. Ellas se producen en los Estados Unidos en buena medida.
En cambio, el Centro está llevando adelante un plan práctico cuya tecnología se
conoce, que consiste en detectar virus en plantas. El método permite
diagnosticar y determinar cual es el virus presente, de modo que resulta de
gran interés para aplicarlo en papa sobre todo. Con él, la Argentina se libraría de
importar semillas de Canadá o de Holanda.
Canales para la divulgación de tecnologías
Sin duda la creación del Instituto Nacional de Tecnología
Agropecuaria en 1956 no sólo sentó las bases para la investigación y el
desarrollo de una tecnología para el agro argentino según el marco de sus
propias condiciones, sino que fue creando los canales para el intercambio entre
el técnico y el productor. Este aspecto de la extensión reconoce como
antecedente a la puesta en marcha del Plan de Agronomía Regional Piloto de
1954.
Actualmente, las instituciones o empresas que asesoran a los
productores es la siguiente de acuerdo al listado preparado por el ingeniero
agrónomo Ricardo Arroyo[114]
·
El
INTA, organismo público nacional, que cuenta con 226 agencias de extensión
funcionando en todo el país, con un total de 333 extensionistas para el sector
productivo y 141 para la atención del Hogar Rural y Juvenil.
·
Ministerios
provinciales que disponen de servicios de extensión descentralizados. Tal los
casos de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Misiones, etc.
·
Organismos
tecnológicos privados, fundamentalmente los Consorcios Regionales de
Experimentación Agrícola (CREA) que adquieren su verdadero impulso hacia fines
de los años sesenta y hasta 1983 tenían en funcionamiento 125 grupos.
·
Servicios
tecnológicos del sector cooperativo, uno de los que más ha aportado en los
últimos años para el crecimiento del sistema de Trasferencia de Tecnología al
productor. Mencionamos por ejemplo, a la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA) que
disponía ya en 1979 de 190 profesionales en esas funciones en 111 cooperativas;
a la Federación
Argentina de Cooperativas Agrarias (FACA) con 115 ingenieros
agrónomos asistiendo a los profesionales; a San Cor Cul Ltda, con su
Departamento de Grupos de Asesoramiento Integral (GAI), etc.
·
Empresas
privadas proveedoras de insumos y bienes de capital, tratan de llegar al
productor para imponer sus productos (agroquímicos, semillas, maquinarias) a
través de los clásicos métodos de extensión: avisos, lotes demostrativos,
reuniones grupales, etc. No sólo se trata de vender sino de asistir en el uso
correcto del productor de modo que obtenga su capacidad preestablecida y no se
convierta, por errores de empleo, en un efecto demostrativo negativo.
·
Empresas
privadas elaboradoras de productos agropecuarios: disponen usualmente de una
estructura de asistencia altamente especializada, que suele ser más intensiva
(1 técnico cada 25/100 productores) y aún a veces de mayor dimensión que los
servicios oficiales que operan en una provincia. Esto se debe a las formas de
financiamiento adoptadas (compra anticipada de producción, provisión de
insumos) y la necesidad de estabilizar un nivel de calidad elevado del
producto. Pueden citarse las empresas de productos lácteos, las tabacalera, las
de chacinados, etc.
·
Últimamente
también entidades financieras han innovado al incorporar un Plan de Extensión
Agropecuaria a sus servicios habituales, promoviendo así una asistencia
crediticia y tecnológica al mismo tiempo.
·
La
actividad del profesional libre asesorado técnicamente ha experimentado,
asimismo, una importante evolución en las décadas recientes. En términos
generales puede estimarse que por cada extensionista oficial hay alrededor de
15 profesionales libres ejerciendo esas tareas.
·
Finalmente
también las entidades rurales disponen de algunos servicios para sus asociados:
laboratorios, consultas, etc.
Condicionantes
para la innovación tecnológica
En enero de 1986 se firmó el convenio de creación de
ARGENTEC –Argentina Tecnológica- con el propósito de apoyar financieramente a
empresas innovadoras, dispuestas a crear nuevas conocimientos o a captar y adecuar las tecnologías
importadas. En esa oportunidad el Dr. Aldo Ferrer, presidente del Banco de la Provincia de Buenos
Aires se refirió a la evolución que había sufrido en los últimos años la idea
de eficiencia en la investigación y en la producción de bienes. Recordó que
durante todo ese siglo y especialmente después de la Segunda Guerra
Mundial, el concepto de economía de escala, llevó a la creencia generalizada,
que solo se podía producir por medio del gigantismo. Evidentemente, tales
criterios implicaban un desalentador panorama para países como la Argentina y en general
para los países latinoamericanos.
Si bien las economías de escala siguen en muchas áreas
teniendo plena vigencia, la idea del gigantismo ya no domina a las mentes
creativas.
En la
Argentina, para llevar a cabo trabajos biotecnológicos de
media complejidad, se necesitan instalaciones con elementos sencillos y
disponibles en el mercado nacional. Ejemplos de estos trabajos son el cultivo
in vitro de embrión, trozos de hojas y de maristemas, para más tarde regenerar
a partir de ellos la planta entera.
En un trabajo realizado por el ingeniero agrónomo Miguel
Angel Rapela[115]
se analiza la necesidad de incorporar innovaciones en éste campo. En el ítem
que titula Dependencia Tecnológica y Conclusiones, dice así:
“Según un informe presentado recientemente, el monto
estimado de inversiones en biotecnología para 1984 en E.E.U.U. es de u$s
2.500.000.000; de las 5 (cinco) empresas biotecnológicas más importantes, la
más antigua fue fundada en 1971; la relación de inversiones de capital en
biotecnología para 1984 es de 3:1 a favor de la industria privada con el
estado; la proyección de ventas de productos biotecnológicos en agricultura (en
base a la venta de semillas mejoradas mediante técnicas de ADN recambiante) es
de u$s 6.000.000.000 para el año 2000.
Este monumental apoyo de capital ha generado la
popularización del potentamiento, tanto del procedimiento biotecnológico como
del producto terminado, aún si la investigación fue llevada a cabo en
organismos estatales universitarios. Esto, que es el punto más grave de la
situación provoca un bloqueo de acceso normal de información a través de
revistas científicas y agrava una dependencia tecnológica que, para un país
agropecuario como el nuestro, puede llegar a ser definitiva.”
El contenido de esta información es harto elocuente y todo
comentario posterior solo
contendría la reiteración de la gravedad del mismo.
Capitulo III
Causas
y consecuencias en la evolución de la mecanización agrícola
Si bajo una visión global consideramos ala mecanización
agrícola como una herramienta aplicada a la producción de los alimentos, cabe
preguntarse cuáles han sido hasta ahora sus aportes y que de nuevo se puede
esperar de ella en el futuro.
La evolución de la mecanización agrícola en la Argentina – y en
relación directa a la habida en el mundo- se puede analizar según sus efectos
en el hombre, en los frutos, y en el suelo mismo.
Con respecto ala hombre, produjo la misma clase de
consecuencias que acompañaron el surgimiento de todos y cada uno de los
adelantos tecnológicos a lo largo de la Historia. Según la
magnitud de los mismos, afectaron con intensidad diferentes las relaciones
laborales y sociales. Así, la aparición del arado hace milenios, la
introducción del tractor y de la cosechadora, provocaron en su momento un
impacto de desequilibrio en sus relaciones humanas y también, la creación de
nuevas condiciones para alcanzar muy lentamente un equilibrio distinto.
En cuanto a los frutos del suelo, se resumen sus efectos en
la productividad, y –en medida variable- en una mejora en la calidad de
aquellos.
Con respecto al suelo, los implementos de labranza –e
indirectamente el tractor- además de la eficiencias en el laboreo, promovieron
una suerte de conmociones en el suelo y en el estudio del mismo, que dieron
lugar a polémicas y teorías sobre la labranza y sus fundamentos, algunas de las
cuales llegaron a poner en tela de juicio incluso, su real necesidad.
Si se tiene en cuneta los adelantos tecnológicos actuales y
sus aportes, incorporados hasta el presente, incluyendo las últimas
sofisticaciones electrónicas, cabe no esperar de aquí en mas, innovaciones
revolucionarias en la mecanización. Parecería que en el tema está todo dicho.
Hay sí, un amplio espacio potencial en cuanto a las posibilidades de la
automatización aplicada al agro, cuya evolución podría dar la pista para un
tercer salto tecnológico – suponiendo su posibilidad- en la mecanización
agrícola. También es posible suponer, que si bien ese hipotético tercer salto
se inicia dentro de lo que hoy llamamos mecanización agrícola pese se
desarrolla a través de la cibernética, la información u otra tecnología ya
inventada o por inventarse, probablemente terminará siendo de otra naturaleza y
tendrá otro nombre y otro lugar en la clasificación de tecnologías.
De los saltos tecnológicos primero y segundo, nos ocuparemos
a continuación.
El implemento y la tierra
Parafraseando a André Voisin -”el pastoreo es el encuentro
entre la vaca y el pastor”- se podría decir que el laboreo es el encuentro
entre el implemento y el suelo. La simpleza del aserto se contrapone con las
consecuencias que ha tenido dicho encuentro, las cuales han sido la base de la
evolución de la maquinaria agrícola, en el mundo y en el país.[116]
Al analizar cómo el hombre a través de los tiempos fue
desarrollando y perfeccionando la tarea del producir alimentos, se puede
considerara al arado como el primer salto tecnológico de dicha tarea.
Se puede decir de la evolución de la maquinaria agrícola
está pautada por las consecuencias directas de la tierra roturada y por los
frutos que de ellas se han conseguido a lo largo de los siglos. También por los
avances en la mecánica e industrias afines.
Con respecto al efecto directo del laboreo, no solo salieron
nuevos arados e implementos para llamado laboreo secundario, sino que además
fueron variando las teorías sobre la esencia misma de esa práctica.
¿Precursor de qué arado?
La historia del arado contiene a la historia de la
agricultura. El arado de los pueblos más antiguos no era otra cosa que un
tronco de árbol bifurcado. La rama más corta y afilada hacía de teja. Los
romanos inventaron la reja de hierro a la que le sumaron luego la vertereda.
Sus avances tecnológicos no pararon ahí, pues llegaron a usar arado con rueda y
otros perfeccionamientos. Tales adelantos aparecen en las obras de Virgilio,
Plinio y Catón.
En este punto, una buena pregunta es la de si la rama
bifurcada de los antiguos en cuanto a su efecto en el suelo, es la precursora
del arado y sus efectos, tal como los conocemos hay. Mas bien parece ser la
precursora del abresurco de una sembradora, o mejor aún, de los implementos de
labranza vertical, o los de mínima labranza, incluidos los de labranza cero.
Los efectos del arado
Para las zonas agrícolas argentinas, al igual que las demás
regiones agrícolas del mundo, el uso ininterrumpido del arado de reja y
verdadera trajo consecuencias negativas para el suelo.
Ellas llevaron a reconsiderar el fin mismo de la labranza,
sus efectos en la tierra, y la verdadera necesidad de la misma. De estas
condiciones surgieron polémicas y una variante en la concepción del laboreo,
que significo la remoción de la tierra sin invertirla.
Al respecto, cabe dos precisiones. Una es que el laboreo
vertical –así se los denomina- no desplazó enteramente al arado de rejas. Los
estudios continuaron, y le determinaron a aquel, el lugar y el momento más
apropiado para su uso, pero sin desconocer sus efectos negativos.
Una segunda precisión es que la labranza vertical no es un
descubrimiento reciente. Según se desprende de las obras virgilianas[117]
tenían sus teorías sobre las labranzas y sobre el modo de realizarlas. No se
acostumbraba en aquellos tiempos, invertir enteramente el pan de tierra. Los
romanos se preocupaban de roturar profundamente la tierra con lo que ellos
llamaban el “rastrum” o implemento provisto de poderosas cuchillas verticales.
Mediante la reja y la vertedera solo invertían las capas superficiales del
suelo.
Cuando hace 250 años se introdujo el arado de rejas en
Inglaterra, había condiciones y razones que justificaban tal introducción. Las
mismas ya no existían en aquel país, ni tampoco existieron nunca en buena paste
de las mejoras tierras agrícolas argentinas. Las razones aludidas tienen que
ver con el desmonte de bosques vírgenes. El terreno desmontado destinado a las
sementeras eran invadidos constantemente por rebrotes forestales. Los
agricultores tenían sólo picos, palas y arado, todos ineficaces para combatir a
las malezas invasoras. Entonces el arado se le adosó una vertedera. Así fue
posible vencer malezas y arbustos de 1.700 y subsiguientes, no comía lo
necesario. El arado de rejas y vertedera pasó a ser sinónimo de progreso y de
alimentación para la poblaciones enteras.
Los argumentos que esgrimen los partidarios de la labranza
vertical están basados en preguntas de sentido común y en profundos estudios
edáficos. En la Argentina
estos argumentos se conocen por lo menos desde 1935. En muchos de ellos
incluso, se cuestionen la finalidad misma de la labranza.
El placer de arar
Con el uso del arado, el hombre aprendió a que cada vez que
convertía un suelo en tierra arada, el nivel de fertilidad descendía
progresivamente y que cuando se abandona un suelo a la vegetación espontánea
dicho nivel sube. Dice J. Papadakis[118]
que cuando el hombre transformó por primera vez un suelo virgen en tierra
arada, observó que los rendimientos disminuían año a año. Entonces ese suelo y
transformo otro en tierra arada. “Cuando por casualidad o por necesidad volvió
al primero, notó que había recobrado su fertilidad y aprendió así a dejar
abandonado el suelo un cierto tiempo, entre dos períodos de cultivo”.
Al mismo tiempo, parecería que el hombre olvidó la razón por
la cual había empezado a trabajar el suelo. Ella era la de descartar las
plantas que él no deseaba, beneficiando así a las plantas útiles. Con el tiempo
creyó que remover el suelo se hacía necesario para que las plantas crecieran.
Fue así que dos conceptos diferentes quedaron confundidos y
se tardó mucho tiempo en advertir la necesidad de separarlos. Uno se refiere al
hecho de abrir un surco para colocar la semilla, ya con la rama bifurcada, ya
con un moderno equipo de labranza cero. El otro –de consecuencias bien
distintas- es el de remover toda la capa arable, a lo ancho y en profundidad,
afectando los lugares donde irá la semilla y los lugares donde no irá.
¿Cuál es la razón para remover la tierra en éstos últimos?
En 1943, E. Faulkner afirmó[119]
que hasta ese momento, nadie había dado una razón científica para arar. Sin
embrago, al autor le resulta bastante sencillo contestar a la pregunta: ¿por
qué aran los agricultores?. Para aquellas idiosincrasias que hacen un culto del
esfuerzo y del sacrificio, la respuesta que va a continuación puede parecer
irreverente: “A los agricultores les gusta arar. Se ara casi universalmente. Si
ver cómo se va dando vuelta el suelo no les causa placer, sabiendo al mismo
tiempo que al arar eliminan la broza que más tarde será un obstáculo para
sembrar y cultivar, ararían manos.”
Opiniones diferentes
El INTA[120]
considera los tipos de labranzas, y aconseja a los productores sobre los aspectos
a tener en cuanta para obtener de ellas el mejor provecho. Pero en ningún
momento descarta a la llamada labranza tradicional. Con respecto a éste dice:
“La incorporación de los restos de la cosecha, de la
vegetación de la pradera y al aireación del suelo mediante el arado estimulan
el desarrollo de pequeños organismos. Estos descomponen en forma rápida la
materia orgánica incorporada e incrementan la cantidad de nitrógeno disponible
o aprovechable por las plantas”.
Para el INTA, una buena arada entierra la materia orgánica
entre los panes de tierra y deja, entre ellos asomado en la superficie parte de
esa materia orgánica. Y esto, según la opinión de la entidad, facilita la
penetración, absorción y almacenamiento del agua, y la rápida descomposición de
los residuos vegetales.
Sobre éstos puntos es diferente la opinión de Papadakis.
Dice al respecto:
“La creencia largamente aceptada[121]
según la cual cultivando el suelo para formar sobre él será un colchón mullido
se economiza humedad es errónea. El agua no se mueve por capilaridad más que
unas pocas pulgadas y el movimiento es tan lento que no tiene ninguna
importancia desde el punto de vista de la pérdida de humedad o del crecimiento
vegetal”.
“Por lo que hace a la aireación, el suelo se halla siempre
suficientemente aireado para las necesidades del crecimiento vegetal salvo en
los casos en que se halla anegado”.
En el estudio realizado por AACREA,[122]
se señala que por efecto del arado de rejas, los rastrojos se descomponen a
cierta profundidad, con presencia parcial de aire. Esto conduce a una escasez
de microorganismos aeróbicos, sistematizadores de geles, que son aglutinantes
de las partículas del suelo. Tal escasez impide su estructuración.
Para el INTA[123],
el suelo de implementos de labranza que no invierten el suelo –arado de cincel,
vibrocultivador- puede contribuir a mantener el suelo en buenas condiciones de
productividad. Como razones cita a una
menor degradación del suelo, mantenimiento de la estructura superficial, menor
pérdida de materia orgánica y ausencia de pisos de arado.
En el estudio de AACREA el arado de cinceles tiene tres
efectos en el suelo. El primero tiene que ver con la estructura del suelo. Como
este arado no entierra los rastrojos, éstos se descomponen en presencia de
microorganismos aeróbicos, los cuales forman sustancias gelatinosas, que
estructuran el suelo gracias a su acción aglutinante.
El segundo efecto es una disminución de la fertilidad actual
al comienzo de su uso. Se puede dar en este caso un descenso en los
rendimientos. Estudios del INTA Pergamino corroboran este efecto. Los mismos se
hicieron con implementos agrícolas tradicionales y no tradicionales, con los
siguientes resultados.
En cuanto a su tecnología, el desarrollo de la maquinaria
agrícola en el país se caracterizó por
basarse en tecnologías extranjeras, y en marchar a la zaga de aquellas,
a veces sin gran distancia aparente, a veces con una brecha considerable.
Los diseños y productos ingresan al país desde comienzos del
siglo. Dicho ingreso se acentuó después de la Segunda Guerra
Mundial, y estuvo siempre a cargo de unas pocas empresas transnacionales, con
gran capacidad de inserción y de creación tecnológica. El interés de esas
empresas fue el de comercializar los productos terminados en distintos países
–entre ellos la Argentina-
para lo cual instalaron la infraestructura necesaria[124].
Pero los diseños y técnicas empleadas no se transfirieron en ningún momento, a
los incipientes fabricantes locales, que comenzaban a ofrecer al mercado,
implementos sencillos de tecnología disponible. Estos estaban basados en
maquinaria extranjera, pero con adaptaciones a la agricultura local.
La evolución más significativa de la maquinaria agrícola se
pone de manifiesto en los mecanismos de alta complejidad. Sin embrago, existen
diseños sencillos de aparición posterior a las ya muy perfeccionados arados de
rejas y de discos.
En la década del 70, los fabricantes locales lanzaron al
mercado los arados de cincel, cuya estructura más simple que la de los arados
mencionados se adecuaban más a los principios de la labranza conservacionista,
en contraposición a la labranza tradicional.
Los mismo puede decirse de los cultivos y los vibrocultivadores
para el laboreo secundario. La estructura de ambos es menos compleja que la de
la rastra de discos por ejemplo, pero el primero responde a una mejor
conservación de la estructura del suelo, y el segundo a una mejor preparación
de la cama de siembra.
Otro caso similar es el de los aplicadores a sogas, de menor
contenido tecnológico que los pulverizadores[125]
pero su efectividad se basa en dispositivos ingeniosos y en la oportunidad de
aplicación.
Sembradoras
Si se considera ahora la evolución de implementos de mayor
complejidad las sembradoras, las pulverizadores y las cosechadoras, dan una
clara idea de la naturaleza de las innovaciones y de su grado de incorporación.
Fue en el transcurso de este siglo (siglo pasado) que se
concretó la mecanización de la siembra. Si bien hay indicios sobre la
existencia de un aparato sembrador entre los chicos de la Antigüedad, no ocurre
lo mismo con los griegos y los romanos. Las obras de Virgilio hablan de aradas
y cosechas mecanizadas, pero no mencionan la siembra. A lo largo del siglo
pasado, los intentos sucesivos por mecanizar la siembra, lograron poco a poco
diseñar y mejorar las máquinas sembradoras.
La sembradora al coleo, fue desde el punto de vista técnico,
una transición entre la siembra a mano y la siembra en líneas. Aquella máquina
sustituyo la mano del hombre, como único aporte de haber facilitado el transporte
de un mayor volumen de semillas. Pero la labor en sí, ganó muy poco, porque
igual había que enterrar la semilla mediante una rastra. Así, las semillas
quedaban a distintas profundidades, y algunas incluso, insuficientemente
cubiertas de tierra.
Con la siembra en línea, se alcanzaron en la práctica buena
parte de las posibilidades que ofrece la mecanización en dicha tarea. Sus
ventajas resultaron evidentes para los cultivos de grano grueso. Ellos
necesitaban prolijas líneas en la sementera, distanciadas uniformemente, con el
fin de facilitar las posteriores labores de escarda. Sus principios mecánicos
resultaron apropiados para la siembra de maíz, algodón, sorgos, legumbres,
girasol, soja, maní, etc.
La siembra en línea también resultó eficaz para los granos
finos como el trigo, lino, cebada, avena, alfalfa, tréboles y demás forrajeras.
Aunque éstos cultivos no necesitaban líneas que facilitaran la escarda, el
sistema permitió colocar la semilla a una profundidad y a un distanciamiento
uniforme. Así se consiguió asegurara el necesario contacto entre tierra y
semilla, y por ende, una germinación más pareja.
Cuando los fabricantes locales se lanzaron a la fabricación
de sembradoras tomaron como modelos los diseños de las empresas
multinacionales. Obviamente, las incorporaciones tecnológicas se realizaron con
un retraso variable respecto a Europa y las ruedas con neumáticos.
En los años ´60, las sembradores aún tenían levante mecánico
y ruedas metálicas. Es durante la década pasada que se incorporan en los productos
locales el levante hidráulico y las ruedas con neumáticos.
Durante los años ´80, se introdujo la automatización en los
marcadores. Estos órganos accesorios que le indican al tractorista, el límite
entre la parcela sembrada y la parcela a sembrar, fueron mecánicos primero, y
semiautomáticos desde hace unos 10 años. Últimamente han aparecido modelos con
marcadores enteramente automáticos.
A partir de la década del ´60 se han sucedido mejoramientos
en los componentes de la unidad de siembra, con el propósito de darle una mayor
precisión a la dosificación de la semilla y a la descarga efectiva de la misma.
El número de semillas dañadas se redujo por medio de dosificadores neumáticos,
y también se logró con los mismos, mayor velocidad de trabajo. En los años ´80,
se han introducido detectores electrónicos para localizar fallas.
Con respecto a las labranzas conservacionistas, se ha
pensado en sembradoras acordes, ya que es el implemento que sigue a las
primeras.
En realidad, se utilizan las máquinas convencionales con
adaptaciones y accesorios necesarios. La práctica ha demostrado que se pueden
realizar muy buenas siembras sobre rastrajos, sin necesidad de cambiar todo la
sembradora. Para la siembra de grano fino, existen la posibilidad de doble
disco abresurcos, con lugar del tradicional disco y zapata. Con aquel se
mejoran notoriamente la siembra con rastrojos en superficie. Estos abresurcos
se fabricaron localmente después de 1980.
Para la siembra de granos gruesos, también se los usa, solo
con cuchillas adicionales. Con respecto a la compactación, la tendencia en las
siembras de granos finos y granos gruesos, es la de tipo lateral que se
consigue mediante dos ruedas dispuestas en forma de V. Así se evita la
compactación sobre la semilla, se evitan dificultades en la emergencia, y sobre
todo, el suelo corre menos peligro de plancharse.
También se fabricaron localmente a partir de 1980,
sembradoras de grano grueso para la labranza mínima.
Aplicaciones de plaguicidas
Los plaguicidas en su gran mayoría se aplican en forma
líquida. Las formulaciones en polvo, y los granulados, se aplican en menos
escala.
Existe en el mercado una gran variedad de equipos, y en los
últimos años exhiben un mejoramiento tecnológico apreciable.
El último avance es el de los equipos automotrices, que se
caracterizan por distribuir altos volúmenes por unidad de superficie. Desde los
años 60´y hasta que aparecieron las máquinas automotrices, hubo dos tipos de
equipos, los de arrastre y los equipos montados en tres puntos, sobre el tractor.[126]
En la década pasada, aparecieron dispositivos pulverizadores
de cerámica, con visibles ventajas sobre los de bronce, en cuanto a su
resistencia a la corrosión. Aparecieron las bombas a pistones, con mayor
presión de trabajo que las centrífugas. Surgió también la alimentación por
pico, si bien se sigue usando el botalón en muchos modelos. Todos estos cambios
contribuyeron a una mayor precesión en las aplicaciones y mayor facilidad de
tareas.
La aplicación aérea de plaguicidas no revolucionó los
tratamientos fitosanitarios, pero sí dio algunas ventajas con respecto a los
terrestres. Entre ellos se cita la mayor velocidad de trabajo, la independencia
del estado del suelo, el menor consumo de agua y combustible por hectárea, y el
menor daño al cultivo.
Tienen también sus inconvenientes, como el peligro de
deriva, aviso previo a los centros apícolas, y mayor dependencia de las
condiciones ambientales referidas al viento y a la humedad.
Las pulverizaciones de fabricación local datan de los años
´60. En la década siguiente se fabrican las abonadoras al voleo. En los últimos
años han salido al mercado fertilizadoras neumáticas con dispositivos
electrónicos que permite regular la dosis de fertilizantes sobre la marcha.
Cosechadoras
Alrededor de 1930, aparecieron las cosechadoras automotrices
de industria local. Verdaderos pioneros combinaron componentes importados
(motor, instalación) con dispositivos modificados en la argentina.
En peste sentido, resulta muy elocuente, el relato que nos
hace M. D. Ibarra:
La cuna de las cosechadoras argentinas modernas, fueron la
fragua y el martillo de las viejas herrerías de campaña, donde nuestros imagineros criollos o acriollados, ya
para fines del siglo pasado (antepasado), realizaban casi todas las
reparaciones de las trilladoras importadas, para incursionar posteriormente en
avanzadas adaptaciones, que elevaban el rendimiento original hasta duplicarlo y
triplicarlo. En septiembre de 1967 pude conversar largamente con uno de esos
imagineros, el inventor y fundador de empresas don Miguel Druetta, que por
entonces tenía 72 años. Entre otras cosas me dijo: “A las trilladoras inglesas
las hacíamos rendir el triple. Entre 1895 y 1910 las trilladoras se usaban tal
como venían de origen, pero los trilladores empezamos a trabajar sobre ellas y
esas máquinas que venían para 200 ó 300 quintales en jornadas de 15 horas,
fueron llevadas a 750 y 900 quintales en jornadas de 13horas. También debo
recordar a los que hicieron otro tanto con los motores de vapor que las
accionaban con la famosa etapa de “baja presión” de los motores, lograron
aumentar un 25% la potencia de algunos modelos. Y también recuerdo a mi amigo
Andres Rosso, de Leones, que con su hermano fabricó el primer aparato
acarreador del cereal (cinta transportadora) que evitó el lento, sucio y
sacrificado trabajo humano de levantar la horquilla limpia del cereal, hasta
embocar en la trilladora. Estos improvisados ingenieros criollos hicieron
milagros. Y algunos habían hecho 2º grado...”
Entre los imagineros argentinos (o radicados en el país) que
hicieron posible las adaptaciones de trilladoras importadas y dieron los
primeros pasos de la actual industria de la cosechadora, cabe citar el ya
nombrado Miguel Druetta y a los también desaparecidos Alfredo Daniele, Snatiego
Puzzi, los hermanos Julián, Romualdo y Tomás Araus, Andrés Bernardín y Santiago
Giub Giubergia; a los que se deben agregar los más recientes (luego de 1940)
Vicente y Rogelio Boffelli; los hermanos Marani y Roque Vassalli, entre muchos
otros. Y a los también desaparecidos hermanos Juan y Emilio Senor.
En los años ´50 aparece una innovación trascendente,
enteramente argentina. Fue la plataforma recolectora de maíz. Desde el punto de
vista laboral, subsanó al evidente escasez de mano de obra, que por esos años
habían producido la intensa industrialización del país.
La plataforma recolectora, formada por cabezales que avanzan
sobre las líneas del cultivo, también fueron perfeccionadas en los últimos
años. Desde un principio, cada cabeza contó con los rolos espigadores. Luego
aparecieron los rolos nervados, con nervaduras longitudinales hasta su
terminación. Se han difundido últimamente debido a que se atoran menos, son más
livianos y eficaces.
Los cabezales admiten otras modificaciones. Por ejemplo,
para la recolección de cultivos caídos de sorgos se utiliza la plataforma
maicera con algunos cambios en los cabezales. Los mismos consisten en invertir
en sentido de rotación de los rolos espigadores. Complementan el trabajo, una
cuchilla para cortar tallos, y un molinete impulsador para evitar atoradas. La
plataforma así preparada, también es eficaz en cultivos normales.[127]
La incorporación de innovaciones en cosechadoras se hizo en
forma paulatina. La hidráulica fue sustituyendo a los dispositivos mecánicos en
buena parte de los controles y acciones de la máquina con el propósito de
facilitar ciertas tareas.
Mientras en los años ´60, el levante de la plataforma, el
control de velocidad del molinete, el control de su altura, los frenos y la
dirección eran mecánicos, en los años ´80 pasaron a ser todos hidráulicos.
En cuanto a la electrónica, sólo las máquinas importadas
presentaban monitores para la detección de roturas, pérdida de granos y control
de velocidades de órganos. En las máquinas nacionales se observa un incipiente
uso de la electrónica para detectar roturas o atascamientos.
Evolución energética
La utilización de la tracción animal fue un periodo de
transición entre la tracción a sangre y la tracción motorizada. Cuando el
hombre utilizó al animal de tiro, amplio sus fuentes valiéndose de carros,
arados y algunos aperos de labranza. A mediados del siglo XIX comenzó la etapa
de tracción animal de máquinas agrícolas de mayor envergadura como las
cultivadoras y las máquinas de recolección.
Al principio, el motor ejecutó los mismos trabajos que el
animal de tiro pero lo hizo más rápido y sin cansarse. En los comienzos, el
movimiento fue siempre hacia delante, como en el animal de tiro. Poco a poco,
el hombre fue advirtiendo la posibilidad de las maquinas motorizadas, de la
marcha atrás y la posibilidad de reunir varios procesos de trabajo en unos
solo.
La fuerza motriz modificó las relaciones del hombre con las
máquinas en la industria y en la agricultura. Pero en una y otra actividad, las
relaciones fueron distintas[128].
Mientras en la industria, el operario estaba condicionado a la maquina en una
tarea repetitiva, el agricultor aplicaba la máquina según su criterio, y en
forma discontinua.
Cuando el motor de combustión interna ay la energía
eléctrica invadieron en el mundo, al sector industrial, la actividad agrícola
quedó técnicamente muy atrás. Daba la impresión de que las características de
la producción agraria impedían cualquier incorporación de técnicas
trascendentes. Sin embargo, la fuerza automotriz alcanzó también a la agricultura
y se constituyo en el segundo salto tecnológico. Dicho salto queda
materializado sobre todo en el tractor, por sus posibilidades y las
consecuencia que tuvo para los cultivos y para los agricultores.
La historia del tractor comienza en los Estados Unidos
alrededor de 1870 donde se conciben los primeros modelos tomados como base a
las locomotoras ferroviarias. Precisamente ese era el aspecto que tenían los
primeros tractores llegados al país.
Con la introducción de la cosechadora (1920), se crea un equipo
de gran eficacia junto al tractor[129].
Así, las ventas de ambos tipos de máquinas evolucionaron en forma explosiva.
De las máquinas agrícolas, el tractor es la que reúne el
mayor contenido tecnológico. De ahí que después de su aparición, en el
transcurso de los 20 años siguientes, los tractores nacionales se hayan quedado
visiblemente atrás con respecto a los producidos en los países de origen.
Cuando a fines de los años ´50 aparecieron los primeros
modelos argentinos, éste no exhibieron mayores diferencias con los importados.
pero hacia los años ´70, ya era evidente que éstos últimos eran producto de una
investigación sin restricciones en las corporaciones de origen.
Si bien para esa época, los fabricantes nacionales –filiales
de las casas matrices- introdujeron mayor potencia, mayor número de marchas y
sistemas hidráulicos en la direcciones y en los frenos, igual quedaron
rezagados. La tracción en los cuatro ruedas aparece sólo en los tractores del
único fabricante de capital, nacional.[130]
Actualmente, los tractores disponibles en plaza están
bastante actualizados en la incorporación de innovaciones, sobre todo los
modelos de gran potencia. Pero en este tema, como en cualquier otra actividad
todo se circunscribe al marco económico imperante. En la Exposición Rural
de Palermo de 1986, Zanello (único fabricante de capital nacional) exhibió como
“novedad”, un tractor de potencia media, sin cabina y con adelantos mecánicos
que permiten labores eficientes, pero que no encarecen la máquina. Si bien
desde el punto de vista de las innovaciones, este tractor queda atrás de otros
modelos, brinda al productor, alguna posibilidad de acceder a él. En este caso,
como en las restantes actividades agropecuarias, dada la crisis de
rentabilidad, no están demás los paliativos, que permiten de laguna manera
continuar trabajando, hasta tanto se presenten tiempos mejores.
Siempre se señala como atributo más saliente de la
mecanización el de haber ahorrado fuerza de trabajo humano y animal en las
tareas del campo. Pero tuvo – y tiene- otra característica: la de la
unificación de las operaciones. Los ejemplos son muy numerosos. Las sementeras
quedan más parejas pues las semillas son uniformemente distribuidas en espacio
y profundidad. Cuando se fertiliza, la aplicación del producto se hace más
exacta, y los cultivos se cosechan en su momento óptimo gracias a la rapidez de
la recolección. Ejemplos similares pueden encontrarse en la producción animal,
como la mecanización del tambo.
Al observar los avances tecnológicos exhibidos en la Centésima Exposición
Rural en Palermo, cabe algunas reflexiones y muchos interrogantes. En primer
lugar, la incertidumbre se plantea entre el actual cuadro de situación
reflejado en la frase hecha: “Al grano le falta precio”. En ella está
sintetizada una cadena crítica: los precios son bajos, el productor no
invierte, envejece el parque de maquinarias y la industria camina a menos de
media marcha.
Por el momento resulta imposible predecir si alguna vez se
incorporará significativamente la tecnología de automatización exhibida. En ese
sentido no hay un impedimento insalvable, pero existen obstáculos serios. Entre
ellos está la falta de rentabilidad y una cierta influencia psicológica del
corporativismo, analizada en el capítulo V de la primera parte. Dicha influencia,
un tanto desintegradora también afecta ala aplicación de tecnologías en las
restantes actividades productivas.
Si embargo, está claro que la automatización ofrece una
nueva dimensión de la mecanización. Existen sensores especiales, capaces de
detectar características ambientales o de un producto. Actualmente la
información procesada y la capacidad de almacenamiento de datos son un valioso
instrumento para extender las posibilidades creativas del hombre.
Simultáneamente estos sensores y los procesadores de la información ofrecen
mejores oportunidades de mejorar ampliamente el control de los implementos. No
solamente se podrá conseguir un grado de uniformidad mucho más lato, sino que
también será posible desviar deliberadamente
según cálculos exactos, dosis, densidades, profundidades, etc.
Es decir, que en lugar de operaciones uniformes, serán
posibles operaciones que variaran según el criterio del operador. Por ejemplo,
los requerimientos de laboreo varían a través de un campo, según varían en los
tipos de suelo. Las cantidades necesarias de pesticidas varían con factores
tales como el grado de ataque en los cultivos.
La variabilidad que puede observarse bajo condiciones
normales de campo, surgiere que el cuidadoso control de las condiciones podría
contribuir a un significativo incremento en la productividad, tanto por unidad
de superficie como por hombre y por máquina empleada. Los avances registrados
en maquinarias e implementos constituyen un eficaz complemento al mejoramiento
de variedades, a través de técnicas tradicionales y de la biotecnología.
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